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Miedo y control

Esta mañana, he recibido un nuevo aviso. El segundo si cuento el de ayer.

Estos dias pasados mi vida es una vorágine de cambios. Toda mi vida me lleva a hoy. Y es realmente impresionante y hermoso como la vida nos lleva de la mano, si la dejamos.

Cada día aprendo más sobre mi y el ahora. Quiero vivir de manera total y plenamente consciente en el ahora, sin pasado ni futuro. Claro que existe el espacio temporal pero no me apego a él. Sé que si el sabado y domingo quiero comer en casa, tendré que hacer la lista de la compra. Pero no me preocupa. No sé como expresarlo mejor. No encerrarse en el pasado y en el futuro, vivir plenamente el ahora me esta ayudando a no sufrir. Y al mismo tiempo no sentir ese sufrimiento, me ayuda a centrarme más en el presente.

Ayer fuí al terapeuta. Y fué toda una experiéncia cuando me preguntó si sabía, si era consciente que estaba de luto. Sentí algo en mi interior, dolor, pena, agobio, escojer vosotros el término. La sensación era como muy bien describió Julian, como si te atasen el corazón. Y me dió deberes respecto a mi luto. Le hablé de que yo no sentia como tal, pues no veo dolor en todo lo ocurrido. Sino agradecimiento, por ayudarme a llegar hasta aquí. Hasta estos primeros pasos a la consciencia. 

Julian, ayer me ayudó a entender plenamente qué es el ahora. El me explicó como lo veía. Y entonces comprendí. No es solo ver o vivir el momento sino saber y sentir que sientes en tu interior. A la pregunta sobre que hacer con ese dolor, esa emoción o sensación me dijo lo que ya sabía: nada. Solo observarlo. Observandolo llegué en varias partes a que sudedia. Primero me di cuenta de como habia dado valor negativo a la palabra luto. Una carga emocional, muy grande y negativa. Pues eso me decia, que no habia vuelta atras. Saber eso, ser consciente me alivió. Pero el dolor se fué limpiamente cuando llegué a ser consciente de que estaba siendo negativo. La negatividad forma parte de nuestro ego. Esta ahí siempre para cerrarnos las puertas. Y yo no quiero ser negativo. Tomé mi elección de ser positivo, de luchar y ganar a mi mente, mi ego. Tomo mi elección de confiar en la vida. Soy consciente de que en mi vida habra de todos los colores. Desde el blanco al negro como si de un arcoiris se tratara. Desear que siempre sea blanco es absurdo. Creer que yo puedo controlar mi vida, también. Lo único que puedo hacer es vivirla de la mejor manera, siendo consciente y autosuficiente. Aceptando que cada momento el arcoiris puede cambiar de color.

Hoy ha sucedido lo mismo. Justo después de responder un correo a Pedro, tenia una sensación parecida a la de ayer. Lo he observado. Profundizado en el dolor. Y me ha llegado su mensaje alto y claro. Xavy, te estas engañando, cuando bajes la guardia volveras a ser como antes. Y al ver el mensaje, lo he tenido claro. Mi ego se defiende con uñas y dientes. Me pone la zancadilla con lo que me siento más debil, en este momento: mi miedo a volver atras. Así que no lo he apartado, ni luchado. He continuado observando. No ha desaparecido. Mi ego esta ahí. Pero observarlo me ha ayudado a comprender que yo mismo tengo la respuesta. La llave a mi dolor, esta en el tiempo y en no bajar la guardia. Si sigo con esta consciencia, aprendiendo, y no deseando controlar sino aceptando este miedo como lo que es, cada dia desaparecerá un poco más. Porque al final, la consciencia y mi trabajo, esfuerzo o poner la etiqueta que querais, prevaleceran.

Me voy al gimnasio, ale.

Carta de San Valentín.

Hola, amor.

Sé que no te gustan los regalos en fechas como hoy. Pero la vida me ha llevado a poder darte este regalo, en estos días.

Te hecho de menos. Pero voy a dejar de hacerlo. He pensado en tí y recordado cada momento que no te he encontrado. Pero trabajo para no pensar, ni recordarte. Agarraba el dolor, el sufrimiento de no tenerte. Cada día me volvía loco saber que como me dijistes nunca mas te tendría entre mis brazos.

Dicen que el amor es una enfermedad. Y es cierto, sino se sabe amar. Estoy aprendiendo a amarte, siempre lo haré, pero no más desde el pasado o el dolor. Creía que tenias mi vida en tus manos y ahora elijo yo las riendas de mi destino. Un destino que espero nos lleve a los dos juntos de la mano. Si ese no es nuestro destino, no sera  por falta de amor. Sino porque así la vida lo quiere.

Estos son mis regalos. Soltarte, olvidar el dolor, olvidar el pasado y amarte.

Te amo.

No darse por vencido.

Es lo más importante en esta vida, llena de obstáculos. Caer, levantarse, aprender y seguir forma parte de nuestro crecimiento. Solo hay que fijarse en los primeros pasos de un bebe. Las manos del amor de sus padres estan ahí, para que lo sostengan cuando lo necesita y lo animen cuando desista.

Yo tengo la bendita suerte de cada vez que me caigo, tener unas manos que me alzan y me animan a seguir adelante. Amo la vida y la persona en que me estoy convirtiendo. Yo mismo. Mi mayor obstáculo de todos no es otro, que yo, mi mente. Me caí y unas manos me sostuvieron. Estoy de pié y con ganas de seguir avanzando. Estoy recuperando la confianza en mi, en la vida y en cuantos me rodean. No es el final de un camino, sino un nuevo principio. Otro intento de levantarme y aprender a caminar por el camino de la vida con pasos firmes.

Sé que volveré a caer, a tropezar, pero no me daré por vencido. Sé que siempre tendré las manos de la vida que me volveran a levantar, que me animará a seguir intentándolo.

Oportunidades

Cuanto más vivo, más me sorprende la vida.

Es increible la cantidad de oportunidades que nos da la vida para aprender algo tan simple como vivir. Al menos, hablo personalmente. Y además siempre hay ángeles alrederor cuya intención es la de ayudarnos. Pueden ser amigos o a veces desconocidos, que estan ahí justo cuando más lo necesitas. Incluso nuestro cuerpo, si lo escuchamos nos guia. Cuando algo falla en nuestra vida, se refleja en alguna parte de nuestro cuerpo. Si estamos con los ojos abiertos, incluso la vida nos da pistas en forma de señales que se repiten. Estoy convencido de ello.

Estos días pasados me dolía el alma. No es una exageración, porque así lo sentía. Pero la vida me ha dado otra oportunidad, que no quiero desaprovechar. Es absurdo apenarse por las oportunidades pasadas porque ya han pasado. Sino cojer bien fuerte la que tienes en la mano. Y eso vuelvo a hacer.

En Valencia me hablaron del poder de ser autosuficiente. Y eso quiero ser yo, autosuficiente en mi vida. Pero con la humildad de saber pedir ayuda, si la necesito. O preguntar sino sé como llegar a ella.

En nuestras vidas hay toda una colección de barreras que nos bloquean el paso, a las oportunidades. La mayor de ellas es nuestro ego. A nuestro ego lo acompaña la desconfianza, que ciega cualquier señal, síntoma. Tenemos una consciencia y la mayoria de las personas no la sabemos aprovechar, solo utilizamos un porcentaje mínimo de ella. No podemos o queremos ver que algo falla en nuestras vidas. Es mejor no verlo porque así no duele y no hay que esforzarse. Acaso no vemos lo absurdo de nuestro comportamiento? Es cierto que es dificil, canviar, reeducarse, romper con todo y ser uno mismo. Requiere esfuerzo y compromiso en desear uno mismo y no una marioneta de nuestro pasado, de la sociedad. Pero no hay mejor premio que ser uno mismo de manera consciente. Si fuésemos más conscientes de nuestras vidas. Conscientes de nuestros sentimientos. No creo que hubiese tanto dolor, en el mundo. Si aprendiésemos todos a aprovechar cada oportunidad que nos regala la vida, sin miedo, confiando plenamente en nuestro destino no habría tanta infelicidad.

Estamos en una sociedad que prevalece el miedo. La seguridad de las casas, buscar la vida perfecta, lo refleja. Demos un paso adelante y gritemos, NO! No quiero el miedo, en mi vida. Quiero ser feliz.

Peterpan

Esta mañana me he despertado pronto, a las 4 más o menos. Estos días no me encontraba nada bién. Estaba completamente aletargado. El sentimiento de hechar de menos, los carnavales y el recuerdo de mi ultimo carnaval, el dia de San Valentin. Me dejé desviar de mi camino recto. Aceptaba lo que me ocurría y lo abrazaba, creyendo que así me libraría antes. Gran error.

Al ver mi correo, ví que alguien con el nick de peterpan había escrito en el blog de relaciones de pareja: (http://relacionesdepareja.wordpress.com/). Su comentario fué como un cubo de agua fría a primera hora de la mañana. Y me ayudó.

Sus palabras me ayudaron a ver cómo estaba de sumido en la pena. Dejarme arrastrar por ellos, no me ha sido nada bueno. Ahora voy a estar más alerta, os lo aseguro. Entras casi sin darte cuenta. Primero es la pena que siente tu corazón, después dejas que te envuelva, hasta que te asfixia y no te das cuenta. Empiezas a abandonarte a la inseguridad, a los miedos. Y yo no quiero eso en mi vida.

Una de las mejores ayudas, es la confianza. Las palabras de peterpan han sido un estimulante que me despierta del letargo que me encontraba estos dos dias pasados. Debo confiar en que todo lo ocurrido en mi vida me ayudará a aprender para un futuro mejor. Confiar en que pase lo que pase, mi corazón me llevará a buen camino.

Reconozco que para mí, no tener una palabra suya, no saber si nos dará una oportunidad. Es muy duro y dificil. No sé si llega a saber cuanto la amo o cuanto la hecho de menos.  Pero si todo esto esta ocurriendo lo mejor es aprender de ello. Igual que confío en la bondad del ser humano, debo aprender a confiar en su amor y que pase el tiempo que pase, algun día tendremos nuestra oportunidad. Y si no es así, aceptarlo y seguir adelante.

Hoy me he dado cuenta de algo que no me ha gustado. He bajado la guardia. Ayer por cómo me sentía, no fuí a algo que me gusta mucho, aprender a bailar salsa. Hace dos dias, me llamaban al teléfono y no tenía ganas ni de contestar. Las palabras de peterpan, justo en este momento es una buena ayuda para confiar. Confiar en que a veces ocurren milagros.

He aprendido que sí, hay que aceptar. Uno debe aceptar lo que la vida le ofrece, ser consecuente de sus actos y sentimientos. Pero uno no debe dejarse llevar por lo peor de si mismo. Hay que luchar contra cualquier tipo de sentimiento negativo que nos afecte, negativamente. El canvio que veo en mi, me ayuda a ver que todo polo negativo puede convertirse en positivo, con ganas, esfuerzo y a veces, la ayuda de un desconocido. Aqui dejo una ayuda escrita por peterpan; ponerse la musica lo más alto posible y cantar a todo grito. No importa si cantamos mal o no. Lo importante tampoco es si cantamos, bailamos o corremos. Lo realmente importante es hacer algo que nos desbloquee de esa pena, esa tristeza, haciendo aquello que nos gusta con toda nuestra energia.

Si, siento pena por no poder compartir mi vida junto a ella. Pero nadie sabe el futuro. Si a veces tengo miedo de que me olvide, sé que me ama pero la vida quizas le traiga a alguien a quien quiera…pero eso no es confiar sino dejarme llevar por mi parte oscura. He tenido mucha suerte en mi vida, una madre que me quiere, unos amigos que se preocupan por mi, físicamente estoy sano, he conocido y vivido con la mujer de mi vida, las palabras de un desconocido en el momento oportuno, ahora se que no tengo motivos para dejar de confiar en mi vida, sino todo lo contrario. Y si el destino o nuestro futuro hace que conozca a alguien que ame, yo debería sentirme contento porque ella estará bien y feliz. No es algo que pueda aprender en un dia pero si aceptar como parte de la vida.

Tal como dice Julian, hay cosas que no puedo controlar, la vida es así. Hay que saber aceptar que lo que no podemos controlar no debería afectarnos negativamente cuando existe, la confianza. La confianza es el polo opuesto a los miedos. Nos trae luz y esperanza, calor y fe.

Grácias, Peter Pan.

Cosa de dos.

Hay una cosa que he aprendido de todo lo ocurrido, en nuestra relación. Por mucho que se piense, se diga o se muestre en televisión, una pareja o relación es cosa de dos. Y eso no hay que olvidarlo nunca.

No se trata de ir siempre juntos. Ni de vivir cada uno su vida. Una relación de pareja es vivir dos personas una vida en conjunto. Si él o ella no puede es por algun motivo, mejor hablarlo y aclararlo lo antes posible. A mi siempre intentaron mostrarme lo divertido que puede ser un viaje en equipo. No solo hacerlo, sino programarlo, buscar lugares, mirar fechas… Lo mismo es cuando se cocina. Se va a buscar una pelicula al videoclub. O cuando estais solos.

Muchas personas, y entre ellas me cuento yo, vivimos la relación desde bases equivocadas, la desconfianza, la individualidad, el orgullo, y más. Esas son enfermedades que dañan todo lo que toca. En un libro recientemente leí, y estoy totalmente de acuerdo, que la desconfianza nace del miedo.

Sea quien sea que desconfíe de los dos busca ese miedo, plántale  cara y háblalo. Ese miedo, esa desconfianza, desaparecerá. Sino es así vuelve a buscar más adentro, busca cuales son tus miedos y empieza a preguntarte si son reales. Nuestra mente nos juega malas pasadas muchas veces. Y lo que tanto tememos, de lo que tanto desconfiamos no deja de ser producto de nuestra imaginación. Un miedo no real. 

Muchas personas seguro que tienen miedo a que la relación fracase, piensan en el futuro. Pero no vemos lo absurdo que es? La relación es el ahora. El presente puro. Si empezamos a preocuparnos por lo que nos ocurrirá, damos pie a que ocurra. Las personas hemos tenido mucho tiempo olvidado, algo con lo que nacimos. La confianza. Segun mi terapeuta, y creo que tiene razón cuando nacemos confiamos nuestra vida a nuestros padres. De pequeños creemos todo lo que nos dicen porque confiamos, en ellos. Pero nosotros dejamos que nuestro entorno, los golpes que nos dan, vaya minando esa confianza.

Esa confianza, como todo en la relación: es cosa de dos. No puedes estar bien o sentirte bien sino confias en la persona con la que te relacionas. Mira dentro de ti, y pregúntate en que porcentaje confias en tu relación. Sino es 100%, hábla con él o ella y arregla ese porcentaje. Busca siempre el 100% porque nuestras mentes, nuestros hábitos pasados,volveran a actuar. El secreto es estar alerta. Cuanto más tiempo tengamos el 100%, en nuestras vidas. Cuanto más trabajemos para que ese porcentaje no baje, que crees que va a ocurrir?

Al iniciar una relación, uno no se plantea si confía o no en la otra persona, simplemente lo hace. Hasta que aparece la mente, las dudas, el entorno. No dejemos que eso ocurra. Librémonos de vivir infelizes de la mejor manera, confiando uno en el otro. A veces creemos que lo que nos hace desconfiar es una tontería pero creerme, si no la limpiais lo antes posible, tarde o temprano hara daño. Cualquier cosa, la minucia que sea, hablarla con vuestra relación, la llave es hablar, hablar y hablar.

Otra cosa que se olvida y que creo es realmente importante, es  la confianza de los dos como pareja. Si los dos teneis una buena base: vuestra amistad, vuestro amor, vuestro cariño. Pase lo que pase, esa relación no tiene por que romperse. Toda relación tiene momentos difíciles, críticos y duros igual que buenos, maravillosos y sorprendentes. Así es la vida. Pero si creeis en vosotros mismos, si creeis en vuestra pareja,  y si creeis en vuestro amor pase lo que pase se podrá superar. Yo confío en ello.

Segunda visita.

Era importante para mí llegar a tiempo. Y pagar las dos visitas.

Mi visita era a las 5 de la tarde del martes. El tren llegó a las 2 de la tarde. Y yo tenía hambre. Me acerqué donde Julian tiene la consulta y busqué un bar donde tomar algo caliente. Mientras me comía el bocadillo observé como el camarero y una mujer tenian algo especial. Eso que yo tenia, olvidé y tengo por la mujer que amo. La heché de menos.

Me sentía bién y aliviado. El dolor que sentía dentro de mí había mermado gracias a unas palabras de Julian, en su libro. En su primer libro, igual que en todos habla del miedo. Pero en concreto lo que me alivió fué ver que yo no puedo controlar lo que pueda sentir nadie por mí. Durante el viaje, mi mente me machacaba constantemente con pensamientos sobre que siente la mujer que amo por mi, que encontrará otra persona que amar, que cuanto más tiempo pase más posibilidades hay de que alguien aparezca en su vida…y cosas por el estilo. Sé que mi mente es mi peor enemiga. Y que esta enferma.

Gracias a Julian y sus libros, veo como de intoxicado estoy y he estado. En su libro “Sin miedo al miedo” describe como el miedo nos paraliza. El miedo es la base de muchos temores “no reales” que se anclan en nuestras vidas. Y estoy de acuerdo, en cada una de sus palabras.

Recuerdo como toda mi vida ha sido marcada por el miedo a no ser querido. Se ancló de tal manera en mi vida que me olvidé de quererme y de querer a los demás. Sé que mi familia me queria y quiere, y que la mujer que amo, me ama y amará siempre aunque sea en la distancia, si así ella lo prefiere. Pero mis complejos, el deseo de gustar a los demás, el deseo de ser inteligente, y algunos más, eran puro miedo como sentimos la mayoría de las personas. Un miedo básico al rechazo. Tal como dice Julian, en el libro: “Vivir con miedo es la peor manera que conozco de vivir y la mejor manera de ser muy infeliz teniendolo todo para ser muy feliz. El miedo es la enfermedad de la infelicidad y la infelicidad la enfermedad de nuestros dias”.

Segun Julian, hay dos miedos virtuales que són el embrión de todos los miedos que sufrimos a lo largo de nuestra vida: el miedo al fracaso y el miedo al rechazo. En mi vida he sentido muchas veces esas dos pandemias, dentro de mí. Es hora de decir, basta ya! Ahora puedo ver el fracaso y el rechazo, como son. El fracaso es algo que alguien le puso etiqueta un dia y yo me lo creí. Pues ahora sé que no soy un fracasado, ni porque no trabaje, tenga poco dinero, no tenga mujer e hijos…etc. Fracasado es solo aquel que deje que dicha raíz brote en su consciencia. No es la mejor época de mi vida. Y he cometido muchos errores, en ella. Pero tampoco sabía lo que estoy aprendiendo a cada día que pasa. Y valoro cada enseñanza que me regale la vida. He sido y soy muy afortunado por tener a mi alrederor gente que se preocupa por mi y quiere. He disfrutado cada instante, tanto bueno como malo, con la mujer de mi vida. Alguien se entregó en cuerpo, mente y alma a mi porque me amaba. Todo esto y más, no me hacen sentir como un fracasado sino más bien como una persona muy,muy afortunada.

También pude ver los ojos del rechazo. Cuando era pequeño me acuerdo como escondía la barriga para gustar a las chicas. Más reciente, muchas mañanas sentía ese temor cuando miraba a sus ojos perdidos en sus pensamientos. Sentia rechazo cuando veía que no tenía amigos. No tenía porque yo no hacía paso por tenerlos, pero me sentía rechazado de la sociedad. Cuando discutía algun punto de vista y alguien no veía las cosas como las veía, me sentia rechazado. Incluso a veces saber que no era correcto lo que decía, pensaba o hacía producían rechazo de mi mismo. Después de todo mi viaje, lo que siento ahora no es rechazo. El rechazo nos distancia de la confianza. Y aunque es un proceso lento, duro, y con altibajos cada día confío más en mi vida, en mi corazón y en el amor. En esta visita me fijé que Julian, no tiene recepcionista y le solicité el puesto de trabajo. Sé que es algo que me habría gustado hacer. Él se negó por ser mi terapeuta y porque siente la necesidad de trabajar solo un tiempo, lo entendí perfectamente y donde antes habría habido una huella de rechazo, solo había la huella de la comprensión.

Me pidió que hablase sobre nuestro distanciamiento, me sorprendió en un primer instante porque la anterior visita me dijo que hablariamos de mi pasado. Pero no sé por qué sabía que había la posibilidad que no fuese así. Y después de la sorpresa inicial, llegó la aceptación.

Le hablé de todo el recorrido existido entre nosotros. Le hablé de la gran mujer que és y como nos conocimos. Y de como luchó por dar un poco de luz a este pobre idiota. Como era de madura y yo de inmaduro. Le hablé de como se sacrificó varias ocasiones y de mi falta de confianza. A lo que llegamos al punto del que habla en su libro y me alivió: la confianza.

Muchas personas tienen su eje en el control, yo entre una. Cuando algo se desestabiliza, se vienen abajo porque su vida esta basado en el control. Yo vivía con ese control: Soy joven y tenía que trabajar. Debía cuidar de mi madre, aunque sacrificase mi vida en ello. Tenía que tener el máximo dinero posible porque se supone que da la felicidad. Y aunque no los tenía, debía tener amigos con quien salir de marcha y pasarmelo bien, porque eso se supone que tenia que tener: fiesta. Cuando ella llegó a Quito, y vi que la situación no era como creía que iba a suceder, quise controlar la situación.

Pero hay algo que a la gran mayoria se nos olvida o no somos conscientes, y es que la vida no es control. Y que cuanto más deseamos controlar algo o a alguien, más daño nos hacemos. La vida, tal como me decían, es más simple.

Por último Julian, me pidió que le hiciese un ejercicio para la semana que viene. Un listado de mis miedos, ahora. Lo haré Julian, pero te puedo adelantar ya uno, no volver a andar a su lado.

Regreso

El martes, tenía visita con Julian (terapeuta), a las 5 de la tarde. Es por eso que cojía de la estación de tren de Valencia, a las 11 de la mañana.

Fué curioso ir a 200 km por hora. El tren de ida a Valencia tardó media hora más. Las dos veces, fuí solo sin compañero. La ida, me tocó sentarme en el único asiento solitario del coche. La vida me refleja tal y como me siento. Es increible lo que una persona puede llenar tu corazón, alma y vida. Y lo vacio que te sientes cuando no respiras el aire que respira.

A la llegada a Valencia, tal como me había dicho me esperaba Pepa, y Juanito. Una pareja de amigos. Era agradable ver que a su bien llevada edad, todavía se comportasen como si de niños se tratase. A la salida de la estación, Pepa, tenía planeado una ruta para enseñarme las maravillas de su ciudad. Pero Juanito, no és adivino, así que tomamos camino diferente, hasta que Juanito volvió al inicio de la ruta planeada. Que bonito fué ver su compañerismo. No había nada de ego, ni de si yo tengo razón o no. Solo una persona con una intención y otra sabiendo adaptarse.

El viernes por la noche, Amparo y yo fuímos a tomar unos montaditos a un bar conocido por ella. Lo más gracioso fué cuando ella no queria postres y el camarero nos recitó su pequeña lista. A la palabra creppe los dos nos miramos y ya supimos que lo compartiriamos. Amparo y yo, a pesar de no conocernos demasiado, compartimos en confianza bonitos momentos de transparencia y claridad.

La primera comida fué burla de Amparo, la hija de Pepa. Por lo que interpreté, los macarrones, son el salvavidas de Pepa, a la hora de la comida. Pero a mí, me gustaron, así que no tuve inconveniente. Estos días me alojé en casa de Amparo. Una mujer, de trato fácil y agradable. Las pecas en su rostro y su sonrisa, hacen de ella una mujer atractiva. Pero como me pasa, últimamente, la veia como lo que era, una mujer agradable y linda. No la mujer a la que amo y que deseo. En este viaje, he visto que resulto agradable a la vista de algunas mujeres. En un paso de peatones, cuando preguntaba por una calle, en la compra, los ojos intrigados de varias mujeres me buscaban, lo notaba, pero en mi interior solo hay unos ojos marrones y lindos a los que me deseo entregar en cuerpo y alma.

Amparo me ofreció dormir en su cama, mientras ella dormiria en el sofa cosa que le agrada, como a mí últimamente. Hablamos de ello y al final aceptó que yo durmiese, en el sofa. Tanto ella, como yo coincidimos en el motivo por el cual dormimos en los sofas. El sábado fué dia de perderme por las calles de Valencia. Primero fuí a la estación para pedir el billete de vuela a Barcelona. La chica de la taquilla de Renfe, me comentó que si llevaba el antiguo (en el billete tiene que poner ida y vuelta), tenía un descuento importante. Cosa a la que accedí. El problema es que el billete estaba en el libro escrito por mi terapeuta.

Perderme esa mañana por las calles de Valencia fué agradable y desagradable a la vez. Hacía un bonito día. Valencia, esta muy bonita. Personalmente tuve la impresión de que era una ciudad tranquila, limpia y agradable. Su nucleo es pequeño, pero su casco antiguo es enorme. Me gusta hacer fotos con la cámara nueva, no soy un artista, pero de las cámaras que conozco sus fotos són las que más me gustan. Un hombre negro, al verme hacer fotos a un monumento me preguntó si me gustaba el arte. Su simpatía era contagiosa. Igual que la de unas personas disfrazadas, que estaban desayunando delante del mercado central. Yo hacia fotos al mercado, cuando uno de ellos, gritó: “todos, mirad al pajarito, mirad”. Fué una mañana de largo paseo en la que cada paso que daba la echaba de menos. Mi compañera, al menos para mi, hace que todo sea más bonito, que la vida sea más de lo que nunca ha sido para mí. Una de las cosas más agradables en mi vida, es hacerle fotos y ahora que valoro realmente que significa compartir, no había nadie con quien compartir.

Sera casualidad o no, pero Pepa durante estos días no volvió a repetir menú. Sus comidas han sido un descanso a mi mal comer. Tengo que poner control a comer bien. Sé cual es el motivo, yo mismo, y solo es ponerme a ello, pero me cuesta mucho. Los macarrones, el cocido con garbanzos, las tortillas o la sopa de verduras fueron bien refugiados en mi cuerpo.

El sábado por la noche, Amparo y yo fuímos a casa de su hermana Majo y Rafa. Su hijo no estaba pero si Balto, un lindo perro blanco que me observaba con ojos inteligentes. Me avisaron que era desconfiado, pero su comportamiento me transmitió lo contrario. La cena, creación de Rafa fué una delicia. Un pastel de carne, muy bueno y facil de hacer. Pero antes y para acompañar la botella de vino que llevamos, un queso fresco, tomate y mojama, nos esperaban. Sentí una sensación familiar y conocida cuando para fumar había que ir a la cocina. Como no sabían si me gustaba la fruta o el dulce, compraron un pequeño pastel. Y de paso celebramos el cumpleaños de Rafa, un hombre inteligente y afable cuya vida parece ser guiada por los hilos del destino. Conversamos largo sobre la vida de Rafa y la mía. Me dieron buenos consejos, Majo, es persona de acción. Y por sus experiencias, cree que todo es igual. Yo los escuché de verdad. Pero no entienden que me prometí respetar a la persona que amo. En sus últimas palabras me pidió silencio y distancia, y yo deseo regalarle mi respeto.

El domingo, Pepa y Juan, me enseñaron parte del nucleo y el casco antiguo de la ciudad. Fuímos hasta el Miquelet, la catedral, las torres de la ciudad… Pepa es una buena compañera de viaje, sabía como me encontraba y no paraba de hablarme para que mi mente estuviese más cerca de Valencia que de Barcelona, no lo consiguió pero agradezco su intento. Lo que me gustó fué averiguar de donde venia la expresión: “estar en la luna de valencia”. Tomamos un descanso, en su bar favorito delante de la plaza de la catedral. Y nos dirigimos a la casa de dos aguas: un museo que visité solo (pepa no sube escaleras y juan pasa), donde se refleja la vida de la realeza de Valencia.

De regreso a su casa, en el bus, me dió una bajada de tensión. Un mareo acompañado de un sudor frio sacudió mi cuerpo. La concentración en la respiración, controló la situación. Después de la comida, Pepa en su sillón, y Juan y yo en el otro nos relajamos. Entonces ocurrió. Ýo no estaba dormido. Tenia mis ojos cerrados y escuchando la televisión cuando de repente apareció en mi mente la imagen del interior de un ascensor, acompañado de una sensación de malestar. La imagen era muy clara, la sensación no tanto. Lo vinculé al instante con la única persona que he tenido estas curiosas conexiones. No sé si era una broma de mi mente pero deseo que sí. O al menos que ella esté bién. Y que esa sensación no fuese más que producto de mi imaginación.

Pepa y Juan, hablaron de otra pequeña excursión, para el lunes. Pero mi dolor de pierna, el tiempo y mi estado de ánimo no acompañaban. Así que disfruté de su compañia y del placer que me produce lavar los platos. En este viaje, ya no los vería más así que me despedí de ellos. Con el secreto deseo de volver, volver acompañado.

Cada dia, cada tertulia, cada instante he sentido como la hechaba de menos. Desearía poder hacer lo que me pidió en uno de sus últimos mensajes: soltarla. Pero como evitar lo que tu corazón siente, como evitar ser consciente de no compartir tu vida con la única compañera que quieres, como evitar amar lo mejor de tu vida.

En el regreso, leer el libro de Julian, me ayudó a entender algo. Pero esto, ya, es otro post.

No sé cuando volveré a viajar. Tengo dos proyectos de viajes cortos para este més de febrero. A final de mes, visitar a una familia amiga en Valencia. Y posiblemente ir a tomar un café a Galicia. Si, solo ir a tomar un café y volver. La verdad? No sé si podre aguantar, tanto, sin viajar. El viaje ya forma parte de mi vida. Lo más duro es afrontar viajar sin “ella”.

Me gusta viajar de mochilero. Dejarme llevar por lo que suceda. No me molesta dormir en la calle o en un rincón de una casa. No me importa comer aquello, que no conozco ni he probado. Me gustan los hoteles y la comodidad. Pero no es lo mismo. Formo parte de un grupo, de internet, que te dejan dormir en su casa. Convives con ellos, comes con ellos, es genial. Lo más bonito es el contacto humano y espontaneo.

Mucha gente cree que viajar significa, MUCHO DINERO. Y muchas personas sabemos, que eso NO es verdad. “Ella” y yo hemos viajado a Perugia (Italia), por 18€ todo incluido. Hemos viajado a Santander, Malta, Suramérica del mismo modo. Mis próximos viajes “largos” seran de la misma manera.

Mis proyectos futuros, no sé todavía cuales van a a ser. Antes debo centrarme. Pero me gustaría volver a Suramérica. También deseo ir a Africa, lugar donde nos prometí un safari fotográfico. Hacer el camino de Santiago. Visitar Irlanda. Tengo curiosidad por la India y el mundo en general. Sea donde sea, donde me lleve el futuro, todo viaje que pueda hacer sera gracias a “ella”. Gracias a ”ella” descubrí el mochilero que soy.

Si quieres saber cómo viajar, comer, o alojarse gratis, al menos lo más económico posible. Si quieres saber cómo viajar con los mínimos gastos, y otros trucos, no dejes de visitar esta web guia:   http://viajarsindinero.blogspot.com/

Me voy a Valencia.

El tren sale a las 11 de la mañana. Me gusta viajar, pero hoy es diferente. Me siento como anulado. Desearia que mi estado emocional fuese más alegre para poder sentir y entregarme mejor a Pepa y los demás, pero no lo es. Acepto y respeto lo que hay, solo, ganas de ver a mis amigos valencianos. Sera mi primer viaje solo. Un viaje que desearia compartir con alguien en concreto, pero estas son las consecuencias de mis actos, de quien fuí. Aceptalo, respira hondo y sigue, Xavy.

Ayer de camino a la salsa, en el tren, alguien por teléfono me daba su opinion sobre lo escrito en mi anterior post. Y me hizo ver, que la palabra “ella” quizas fuése dolorosa. He reflexionado y creo que tiene razón, así que intentaré evitarla. A veces la palabra “ella”, suena a etiqueta o despreciativa y no es lo que siento en mi interior. En mi interior siento amor y respeto hacia un gran ser humano, que odia las etiquetas.

Este blog es personal, donde expreso lo que siento y nunca con la intención de hacer daño a nadie. Todo lo contrario! Es como mi diario personal. Que comparto con la esperanza de que si alguien lo lee, y le sirve de algo para no caer en mis errores, perfecto! Si en algun momento he dañado a alguien con mis comentarios, lo lamento.

También me ayudó a ver cómo mis hábitos llevan el camino hacia la negligencia. En el anterior post, hablé de ello. Y es verdad, una buena planificación, una consciencia del tiempo me ayudaria después a no sentirme mal o culpable por ir corriendo sin necesidad. Hoy doy mi primer paso, me he propuesto estar en la estación a las 10.

Fué agradable mantener la conversación en el tren. Lo cierto es que a veces me siento solo. Por eso me gusta viajar en tren, porque como mínimo tengo un contacto social. Pero incluso algo tan banal como cojer el tren, me lleva mucho más alla. Me enseñaron donde sentarme, la importancia de quitarse la chaqueta para después al salir no cojer frio, me pregunto si justo donde me siento habra estado ocupado… No es algo que haga con la mente. Y cerrarme a ello, no me sirve. Así que lo acepto.

Soy un peliculero. Ayer la clase de salsa fué un poco aburrida ya que la unica chica que hay, no vino. Y fuímos Jose, Diego el profesor y yo, los que practicamos los pasos básicos de la salsa caleña. Pero de camino al Underground, me acordé de como la semana pasada corria como un loco porque deseaba ser puntual y en mi interior habia la esperanza de ver una bailarina en concreto. Sabiendo que no estaría. Pero como evitar lo que sientes dentro de tu alma? Es lo mismo que cuando suena el teléfono, o miro mi correo. No me duele no ver rastro, de lo que mi corazon siente. Al contrario, cuando veo que quien llama es mi madre o otra persona es como afrontar la realidad, pero por un segundo parece que mi corazón se acelere un poco más hasta volver a la normalidad. Lo dicho, soy un peliculero.

En un blog, he visto una técnica que quizas me ayude. Como mínimo la probaré. Mal no me va a hacer. Se trata de poner una alarma en el reloj, para que suene cada dos horas, más o menos. Cuando suena la alarma entras en tu consciencia. Para quien no lo sepa, entrar en la consciencia, es ser totalmente consciente del ahora. Justo cuando suena la alarma, miras ese ahora, miras dentro de ti, sientes tu interior, ves como te sientes, si justo en ese momento estas lavando los platos tomas más consciencia de lavar los platos…etc. Y no paras la alarma hasta que no lo hayas echo. Esto lo aprendí de mi maestra y desearia darle las gracias por todo.

Ya son casi las siete. Me voy a Valencia y volveré el martes.

Primera visita.

Ayer fué curiosa mi vida. Fué un gran día de aprendizaje, de consciencia y de canvio.

Como me suele ocurrir desde hace dias me quedé dormido en el sillón y, me desperté a las 4 de la mañana. Ví como amaneció y tal como dice sirah, mi sensibilidad dió pie a unas ganas muy grandes de pasear mientras amanecía al lado de “ella”. Tan solo por el placer de compartir el inicio de un nuevo día juntos de la mano.

Me puse a trabajar en el blog de música: http://djxavy.wordpress.com/. Básicamente en mejorar y actualizar la sección de los Top40USa: http://djxavy.wordpress.com/2010/01/25/top40usa/. Este blog de música me gusta. Disfruto con él porque puedo transmitir lo que siento a traves de la música. Y la sección de los Top40 es, espero, una ayuda en un futuro. Trabajaba en él disfrutando cuando se convirtió en meta acabar antes de ir a ver al terapeuta. No es que fuese una necesidad, pero faltaba tan poco. Además, queria ponerlo en Facebook. Pasarlo a mis contactos. Y que ellos lo pasen a otros, si les gusta. Ví que ya no estaba disfrutando, sino que me sentía arrastrado por la necesidad de acabar. Creo que también era porque en el enlace de los top40 puse un enlace a un blog, de “ella”.

Yo deseaba ayudarla. Si muchas personas entran en mi blog y ven su enlace, entraran en el suyo. “Ella” esta consiguiendo ganarse la vida, gracias a su trabajo y blogs. Y yo queria aportar mi granito de arena.

El caso es que yo tenía visita al terapeuta a las 4 de la tarde. Y eran las 2 y todavía estaba en casa. Sabía dentro de mí que algo andaba mal. A prisa y corriendo averigué como llegar. Y fuí a la estación. Pare un segundo para sacar dinero en La Caixa. Pero no pude. Mis prisas, mi ego, el no planificar me llevaron a teclear una contraseña erronea. Pero lo acepté y esperé que la visita se pudiese pagar con tarjeta.

La consulta esta cerca del corte ingles de diagonal en la Avda. Carlos III. Yo soy nuevo, con los medios de trasnporte. Y sabía que había que cojer la linea 3 de metro para llegar. Pero no donde. Así que pregunté. Y una mujer muy amable, me ayudó. Prácticamente me guió hasta la puerta de la consulta. Fué muy fluido encontrala a ella. A la salida de la parada. Me dijo como salir, la salida de la derecha. Pero yo no escuchaba. Si, oia palabras, pero no estaba en la consciencia. Mi ego, todavía estaba ahí. Y me equivoqué de salida. La mujer vino por mí, y me corrigió.

El ego, estaba por mi miedo. Dos semanas pasadas he pasado una pequeña depresión. Una depresión producida por pena. Sentia que la echaba tanto de menos que sentia como mi interior se desgarraba. Y desde hace dos dias esa sensación se calmó. Mi cabeza estaba absorvida por el miedo a que yo pudiese volver atras, a dejar de sentir. Ahora veo que eso no es problema, se trata de elección. Y mi elección es aquello que me haze feliz, aquello que me aporta comprensión con la vida y el amor, mi elección, es “ella”.

Al final llegué a la puerta de la consulta pero con las prisas no habia cojido el papel donde tenia apuntado el numero. Habian dos numeros iguales lo que uno era bis. Pero por mi memoria en el piso buscado, habia un dentista asi que debia ser el bis. Justo estaba mirando, un señor salia, y aproveche para entrar y mirar los buzones. Pero donde debia estar el terapeuta habia otro nombre y profesión. Justo cuando me iba a dar por vencido y a llamar para explicar lo ocurrido. Y que seguramente me encontraba en una calle equivocada, apareció Julian, con su sonrisa.

Dos momentos muy fluidos, en muy poco espacio de tiempo me hicieron recordar, algo que leí hace poco. Cuando estas abierto la vida fluye. Pero yo no me sentia abierto, que ocurria.

La consulta de Julian, es nueva y huele a nuevo. Es agradable, elegante y transmite la misma sensacion que la sonrisa de Julian, calidez. A mi pregunta de si podia pagar con tarjeta, me contesto que no. Cosa que habia escrito en su correo cuando quedamos. Así que volvi a intentarlo con la Caixa de al lado. Tuve que darme por vencido. Y después de decirselo a Julian y pedirle visita para otro dia, el me mostró una de las mayores virtudes: la confianza. Quedamos que la semana que viene le pagaré las dos visitas.

Hablar con él, fué de gran ayuda. Fué una primera visita pero clave para darme cuenta de donde estoy. A mi pregunta de que es lo que deseaba de mi trabajo con él. Le respondí la verdad, conectar más con mi corazón. Vivir con mi corazón creo que es la base para caminar mejor por el camino recto. Hablamos lo que dura la visita 45 minutos. Hacia el final fue clave una pregunta. Como me sentia yo. Y no le supe responder. Le explique que dependia que dias era de una manera otros de otra. Y el me ayudó a ver que no era eso lo que me preguntó. Sino que me preguntaba lo que sentia respecto a algo, en el PRESENTE.

Ahí fué donde ví a mi ego. Justo en ese momento vi como habia interpretado su pregunta en vez de escucharla tal y como era. Con “ella” muchas veces me habia sentido mal por como era de literal. Y me di cuenta de que ese es el camino. Ser literal decir lo que haces y hacer lo que dices, son fundamentales para evitar el ego. Fué una gran lección. Y ahora comprendo, mucho más de lo que entendía.

Hablando con Julian, vimos como estoy de enfermo. Tengo una manera de pensar arraigada en anclajes y hábitos que él me ayudará a superar. Necesito esa ayuda. Porque no creo que por mi mismo lo consiga. “Ella”, muchas veces lo intentó. Y siempre le daré las gracias por ello. Pero a pesar de su esfuerzo, mi ego era demasiado grande. Esa es la verdad.

A la salida, tuve una extraña sensación. Tuve pena por no poder compartir junto a “ella”, este nuevo paso. Creo que le habría gustado Julian. Y más compartir a mi lado, el inicio de esta nueva etapa. Pero la situación es esta y la he creado yo. Así que acepto las consecuencias y sigo adelante.

Ayer era el cumpleaños de mi madre. Y me recordé de una sección en CUERPOMENTE que hablaba de como mejorar la calidad de vida. Uno de los puntos era el sistema de prioridades. Y en vez de ir a la conferencia de Excellence. Escuche a mi corazon y elejí la priodidad de pasar un rato con mi madre. Me alegro de ello.

Mi madre esta canviando, un montón. Siento su amor hacia mi. No se esconde detras de su super-ego como hacia siempre. Puedo hablar y sincerarme. Y ella no se corta en decirme si me equivoco. Cosa que agradezco de corazón porque justo ahora es cuando más necesito, la verdad.

Fué ella la que me recordó la importancia de la consciencia del cuerpo. Que no porque me sienta mal o porque dormir en el sillon me reconforte, tengo que olvidarme de dar a mi cuerpo el descanso que necesita. Y tiene razón. Dormir en la cama, se me hace dificil porque no esta “ella” y es algo que debo y voy a superar porque mi cuerpo lo necesita. Fué mi madre la que me hizo reflexionar sobre como habia sido arrastrado por la mañana por mi ego y deseo de acabar. Cuando pasó olimpicamente de la plancha, trabajo que tenia previsto, y lo canvió por una priodidad:estar conmigo y compartir ese rato. Hablar con mi madre también me ayudó a conectar mejor con mi corazón. Cuando me regaló unas mochilas y un par de cosas más, sentí que no era expresivo con mis sentimientos. Lo agradezco, valoro pero mi lenguaje corporal no muestra ningun sintoma. Son años de malos habitos. Y eso ha de canviar. Porque si lo siento dentro de mi porque no puedo expresarlo con mi cuerpo? Así que en vez de hacerlo, se lo dije con lo que mejor se me da ultimamente, la palabra. Y me sinceré con ella. Fué agradable que se acostase un rato a mi lado, en la cama. Me escuchase y me apoyase. Gracias, mama.

Por la mañana, justo después de poner el blog de música en Facebook. Alguien, me dijo que le había gustado. Me puse en contacto con él para que lo pasase a sus amigos. Así la podíamos ayudar a “ella”, eso pensaba yo. Al fín lo ví. Esa era la sensación que tenía dentro de mí. “Ella” me dijo corto y cierro. Pero yo no habia cerrado. Ayudarla era una excusa para tener algun tipo de conexión con “ella.” Y eso no es respeto. Mi ego, mi pena habia encontrado una manera de acercarme a “ella, justo lo que no desea. Estaba actuando, igual que siempre, en base al yo quiero sin tener en cuenta lo que quieren los demas. Algo que me prometí, no volvería a ocurrir. Lo he visto a tiempo, y no me siento mal por ello. Puedo corregirlo. Pero tal como me decia “ella”, mi ego es muy listo y tengo que estar más presente y consciente. Supongo que una ayuda sera darme cuenta de cuando hago algo con deseo egoista, me siento arrastrado, y preguntarme si lo que hago es porque yo quiero, sin tener presente que quieren los demas. Una de las cosas que más amo de la vida, es la libertad. Y si amas o sientes algo por alguien tienes que respetar su libertad. “Ella” no necesita mi ayuda, ni me la pidió. Tengo que respetar su decisión y aprender. Cuando me necesite o quiera verme, sera cuando ella lo sienta así. Quizas sea pronto, sea tarde o sea nunca. Pero no me queda más que respetar y tener fe.

En mi vida hay continuos canvios, igual que en la de todos. Ahora tengo la oportunidad de parar, aprender y dejarme ayudar. No soy perfecto, ni me importa serlo. Solo quiero ser quien soy en esencia, llegar a ello. Creía que estaba llegando y ahora sé que és solo el principio. Tengo fé en mi trabajo, fé en la vida. Ayer solo fué un dia más, en la que hubo, una primera visita.

Amanecer

Son las 7 de la mañana

y esta amaneciendo

un nuevo dia empieza

lo acepto con alegria.

El horizonte aclara

los arboles se mueven

el basurero pasa

y los perros duermen.

Desearia pasear

sentirte a mi lado

compartir junto a ti

todos mis dias.

Hecho de menos

cada dia

compartir a tu lado

un nuevo dia.

Los amigos

Yo siempre creí que mi vida cadecía de ellos. Y al mirar atras, y el presente, veo y valoro a cada uno de ellos. Sentía que cadecía de ellos porque no tenía lo que se cree que es un amigo. Alguien con quien sales de fiesta, te lo pasas bien, te vas de acampada…etc. Nada de eso existió en mi infancia. Eso me trajo muchos problemas tanto emocionales como psicológicos. Hasta que he aceptado mi vida tal y como fué.

Pero siempre he tenido la suerte de que personas, incluso desconocidos, veian algo en mi que me regalaban su confianza y su amistad. Se preocupaban por mi y me valoraban. Era yo el que caminaba con la venda en los ojos y no sabia valorarlo.

Mi madre, se esta convirtiendo en una buena amiga. No siempre lo hemos sido. No podía comunicarme con ella. El pasado, los miedos, malentendidos y egos pueden hacer mucho daño. Ahora, como ocurrió el sábado, puedo hablar con ella desde el corazón. Y si algo falla, le encontramos solución. Le puedo pedir que no me hable de algo y me sabe respetar. Respetamos la opinion y eleccion de cada uno. Me siento contento por ella, pues a traves de mi canvio, ella también esta canviando.

Puedo decir que tengo amigos, personas que se preocupan por mi, que me valoran como ser humano y que me regalan su afecto y su cariño. Amigos que me dicen la verdad, y que ahora escucho y respeto.

Un amigo al que perdí hace mucho tiempo, por falta de madurez. Me regaló su perdón. Es inteligente, calculador y quisquilloso pero no me pregunteis por que, le quiero.

Otro amigo al que siempre he respetado. Hace poco me ofreció ser socio junto a él de un negocio. Es buen comerciante pero sobretodo amable. Y sé que conmigo o sin mi, le ira bien.

Hace poco pedí a dos amigos que recorren suramérica, en bicicleta unirme a ellos (http://www.a20porhora.com/). Creía que tal como me siento, alejarme y viajar con ellos me seria de ayuda. Ahora sé que estaba equivocado. Viajaré cuando me salga la oportunidad y la desee. No para huir. Ellos me respondieron de manera muy linda y honesta. Y me ofrecieron su ayuda. Quizas antes habria reaccionado de otra manera. Pero ahora les agradezco y valoro de corazón su sinceridad, honestidad y ayuda.

Esta semana dos personas, dos buenas amigas, me han hecho ver como de mal acostumbrado estoy, a no hablar y encerrarme. Cuando sufro, callo y me lo trago. No estoy habituado a llamar para hablar de como me siento. Una de ellas, me dijo y con razón que igual que a mi me gusta ayudar y escuchar, hay que dar la oportunidad a las personas que estan a tu lado, en lo bueno y en lo malo. Y eso he hecho hoy.

Hace unos 27 meses, conocí a la mejor de mis amistades. Alquien que se entregó completamente a ayudarme a  hacer de mí alguien mejor, alguien más consciente. Y lo consiguió. Su entrega es tal que solo deseaba una cosa: nuestra felicidad. Luchó contra si misma, canvió, dejo atras sus deseos, me apoyó, me respetó y sufrió. No se dió por vencida, y a cada golpe que yo le daba a su gran corazón, ella se levantaba y continuaba luchando por lo que ella creía; en nosotros. Yo no veia ni valoraba su esfuerzo. Como dice la canción, no era más que un pobre idiota. Nunca pidió nada que no pudiese dar. Lo que más necesitaba que era mi comprensión, mi respeto y mi cariño, yo no se lo supe regalar. Hay personas que marcan nuestro destino, ella marcó mi vida y aunque ahora ella no lo quiera, siempre tendra mi amistad, mi respeto y mi amor.

Igual que ellos, a lo largo de mi vida han habido y habran personas que marcan la diferencia. La diferencia entre un conocido y un amigo.

Dicen que quien pierde un amigo pierde un tesoro. Y es cierto. Porque los amigos son lo que nos dan lo mejor de si mismos, sin esperar nada a cambio. Nos quieren, valoran, apoyan y escuchan solo porque somos nosotros. Deberíamos saber valorarlo, pues quien tiene un amigo tiene el mejor tesoro.

I Ching

Antes no lo hacía pero el I Ching, no deja de ser una herramienta que me ayuda. Aunque crea o no, en ella. Igual que pregunto por el futuro, mi corazón esta con “ella”. Y no puedo evitar preguntarle: “como esta”?

Esta ha sido la respuesta, sino me preocupase, no la habría escrito esperando que un dia o otro pueda leerla.

Solución general: El agua son las emociones, el fuego es la luz de la razón, es el camino hacia el verdadero conocimiento, por lo tanto, si en el signo anterior había peligro, en este hay luz para encontrar el camino adecuado en la vida. Queremos ser libres, y creemos que la libertad es no tener que depender de nada ni de nadie. Sin embargo, vivimos sometidos a las leyes de la vida, somos como una llama que vive adherida al tronco del cual arde. Nadie puede escapar a esas leyes, nadie puede escapar a su naturaleza original, y quien en su ignorancia lo intenta, se separa de si mismo, se aleja de la armonía con su interior y con el mundo, y eso solo le trae sufrimientos. Mutación de la línea 3:Cuando vemos lo inevitable como una cadena que impide nuestra libertad y como consecuencia nos dejamos dominar por sentimientos tristes o negativos, perdemos también nuestra libertad interior. Solución general: Cuando un obstáculo se opone a la unión, el éxito se obtiene atravesándolo con una enérgica mordedura. Esto rige en todas las circunstancias.Este signo hace referencia a situaciones donde la conducta de ciertas personas es muy peligrosa o muy dañina. No se trata de desavenencias, de malentendidos, sino que se trata de personas que están haciendo daño conscientemente, que están obstaculizando con ello la unión entre personas destinadas a estar unidas. Debido a la gravedad de su comportamiento, aquí no se recomienda llegar a un acuerdo a medio camino, sino que se recomienda una actuación enérgica que castigue el comportamiento de esas personas, las cuales solo dejaran de hacer daño cuando reciban el castigo. Es decir, cuando las personas no son muy egoístas, ni su comportamiento es muy grave, lo conveniente es llegar a un acuerdo. Sin embargo, hay personas que solo mejoran su comportamiento cuando reciben un castigo.

No es la primera vez que me sale este aviso del I Ching. Si la persona que merece recibir el castigo soy yo, lo acepto. Estoy dispuesto a aceptar todo castigo por mi comportamiento egoista, por mi falta de consciencia. Tal como dice el I Ching, gracias a él estoy canviando y mejorando.

Lo que me disgusta y preocupa es la mutación de la linea 3. Realmente creo que nada es inevitable. Todo puede canviar y más si se desea hacerlo. No me importa que “ella” no quiera ni verme, ni saber nada de mi, me lo gané. Pero no hay persona más libre que ella, no quiero que el mal creado por mi la ate al dolor y el sufrimiento. Tiene que ser quien es realmente: un espiritu con verdadera libertad interior, sin cadenas, libre y sin dejarse dominar por sentimientos tristes o negativos.

Angeles

En la vida de cada persona, me gusta pensar que existen angeles. Las denominaré así a esas personas que estan ahí a nuestro lado. Quizas no sea de manera física. Pero las sientes. Son personas que, como es el caso que quiero describir, unas palabras suyas te invitan a seguir adelante, cuando te caes te ayudan a levantarte, personas que se entregan totalmente porque ven algo en ti que ni tu eres capaz de ver.

Puedo decir que soy una persona afortunada. En mi vida han aparecido varios angeles. Desearia destacar sobretodo “ella” y su amiga. “Ella” además de un gran angel que canvió el rumbo de mi vida, es una persona maravillosa a la que siempre amaré. Como todo ser humano tiene sus problemas. Y a veces da tanto a los demas, que sus fuerzas recaen. No creo que la gran mayoria de las personas a las que ha ayudado sepan reconocer como se entrega. Y eso es duro. Creerme cuando os digo que no hay persona más obstinada que ella. Si cree en ti, te dara lo mejor de ella. Por mi dió su corazón. Y yo se lo rompí. No por falta de amor por mi parte sino por otros motivos. Uno de ellos, el no saber valorar.

Su amiga, es una mujer que me regaló su amistad, confianza y esfuerzo. Esta llena de energía y de amor. A veces cuando la ves tienes la sensación de que justo antes de encontrarla se ha tomado tres tazas de café. Pero cuando te habla, es como si lo hiciese tu hermana mayor. Te habla desde la sabiduria de su vida y experiencias. Te regala su total confianza. Y es admirable porque hara siempre lo que cree correcto.

Este post va dirigido a ellas y, como ellas los, millones de angeles que revolotean a nuestro alrederor. Personas que no tienen super poderes. Son como tu y yo. Lo que las hace extraordinarias, es su capacidad de entrega total. Su capacidad de amar.

A todos los angeles de mi vida. A todos los angeles, que siempre estan ahi para los demas: GRACIAS

Ayudar y compartir

Nunca fuí persona de compartir. Es más nunca me había dado cuenta, conscientemente, de que significaba compartir. Sí hacía las cosas, incluso podía ayudar porque siempre me ha gustado ayudar. Tal como decía “ella”, en mí hay un deseo de servir para verme recompensado de una manera u otra, así mi busqueda de reconocimiento social, afectivo o emocional sería saciado.

Pero en el viaje, o quizas no, algo canvió. No sé como definirlo, en realidad. Pero un día algo empezó a destacar en mis priodidades como ser humano: el deseo de compartir. Reconozco que es una etapa nueva para mi. Igual que otras por las que me estoy adentrando. Me gustó compartir mi vida con personas a las que no conocía, el dia a dia. Siento una gran diferencia entre el deseo de ayudar a lavar unos platos, “intentar” pescar, ir a comprar al pueblo más cercano, lavar la ropa…etc y hacer lo mismo por el deseo de compartir el momento y disfrutar de él.

Puede padecer lo mismo, pero no lo és. En la ayuda hay una identidad, un motivo. En el compartir, no.

Ayer fuí a mi primera clase de salsa, en Underground. Todo y que corrí, llegué pocos minutos tarde. No llegar tarde se esta convirtiendo en uno de mis proyectos personales. No es que me sienta culpable si no llego. Pero la base de mi proyecto, es hacer lo que digo, ni mas ni menos. La sonrisa de Diego, el profesor, ya estaba esperándome igual que Jose, el compañero, con el que comparto las clases. Empezamos a calentar los cuerpos a ritmo latino. Y después de unos básicos, llegó la compañera con la que compartimos las clases. Es increible ver como cuando ves a Diego desplazarse por la pista, parece tan sencillo. Lo malo, es cuando te ves en el espejo. Si hago los mismos movimientos que él, porque parece que él flote con sus pies y yo parezco un pato mareado? Sus palabras, siempre son de ánimo. Y segun él, no lo hacia mal. Solo me falta soltar los hombros. La compañera también fué muy agradable, con su sonrisa de ánimo y su mirada divertida. Probamos un par de giros y una silueta que me gustó. A veces, notaba como la música entraba dentro de mí. Resumiendo puedo asegurar que fué una experiencia bonita y que practicaré todos los dias los pasos que me recomendó el “maestro Diego”.

Sabeis cuando vuestro corazón va a medias? Esa sensación de estar bien, que haceis lo que deseais, que os gusta la gente con la que estais, pero que os falta algo? Personalmente, la sensación que tenía era la de vacío. Un vacío en lo más profundo de mí por no poder compartir con “ella” esa clase. Sé que le habría gustado Diego, el local, la música y ver como yo me esforzaba por aprender. A mi me habría gustado sentirla entre mis brazos, ver su sonrisa, su movimiento de caderas y el olor de su pelo.

Yo no pensaba en eso. Lo sentía dentro de mí, igual que podia sentir el dolor en mi pierna. O igual que sentia, el placer de Diego cuando nos enseñaba. Cuando acabó la clase y me dirigí a la estación. Tuve una intensa necesidad. La necesidad de compartir mi vida.

Toma de decisiones

Es curiosa la vida. Sabeis ese refran que dice que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana? Cuando llegamos del viaje no sabía que hacer. Antes me habria creado angustia esta situación. Y mas si le sumo lo que siento. Pero la vida me trajo a Paco. Un buen amigo que me ha propuesto crear una sociedad abriendo una cervezeria en Badalona. Significaría trabajar con él, siendo socios. Y muchas horas detras de la barra. Eso es algo que me ayudaría dejar de sentir. Pero no es lo que deseo. Así que le propondré de actuar como socio capitalista. Si me encierro, sé que no avanzaré. Y crecer y avanzar es lo que más deseo. Así que veremos por donde sale el sol.

En la cena con Juan Manuel y Katy, unos amigos colombianos, se planteó que se queden el local donde yo vivo de manera okupa. Esta opción me permitiria buscar un piso o habitacion de alquiler. Y podría viajar que ahora mismo es lo que el cuerpo me pide.

La semana pasada conocí a alguien interesante y que creo me puede ayudar. Me puse en contacto y una sesion con el, es cara (al menos para mi). Por otra parte ayer me salió la posibilidad de ir a Valencia, la semana que viene. Y segun tengo entendido mi visita seria de ayuda. La visita al terapeuta seria el miércoles. Si voy a Valencia no podré ir a la primera terapia. Y tampoco ir a la clase de salsa que me apunto hoy.

Despues de reflexionar, creía que lo mejor era ir a Valencia (incluso me planteo ir en bicicleta). Sé que unos días lejos de aquí me ayudaran a respirar mejor, haciendo lo que me gusta: viajar. (Habia escrito una palabras que he borrado porque me he dado cuenta que venian de la cabeza y no del corazón. Describia que no dejaria de sentir el dolor que siento, pero se que no es verdad. Tengo fe en que por fin todas las piezas se pongan en su lugar. Fe en que mi esfuerzo y trabajo con la consciencia me ayuden a seguir el camino recto. Tengo fe en nosotros como un todo. Y eso hace que mi dolor vaya desapareciendo)

Por fin, se ha impuesto el sentido comun. Me he acordado de lo que “ella” siempre me decía. Que escojiese lo que era mejor para mi. Y en realidad lo que siento que es mejor, es la terapia. Quizas no me sirva de ayuda pero quiero darle una oportunidad. Me es igual que sean 65 euros o 600, si realmente me ayuda. Valencia, no va a desaparecer. Y hoy hablaré con Diego el profe de salsa, de ver como lo organizamos si no voy el jueves que viene. Esperaré al miércoles que tengo la visita, y el jueves por la mañana iria a Valencia. Si tengo que perder la clase. Entonces iria el viernes por la mañana, para no dejar escapar la oportunidad de aprender algo que realmente deseo.

A veces, nos dejamos llevar por la cabeza o por lo que creemos mejor para los demas en la toma de decisiones. Pero si uno se para y escucha a su corazón (o verdad profunda) que es lo mejor para uno mismo, ves como las nubes se didipan.

Mi corazon sabe que es lo que quiere. Y sabe que es lo mejor para él. “Ella”. No sabeis como me ha canviado esta personita de metro cincuenta. Ni todo el bien que ha aportado a mi vida. Sus conocimientos forman parte de los mios.  Puedo decir que le debo quien soy y quien sere. El no poder ni hablar con ella, lo acepto como lo que es, el efecto de un comportamiento envenenado. Un amigo o dos se que no me entienden. Su comportamiento seria el de olvidar y “rehacer” una nueva vida. Yo me pregunto como olvidar lo mejor de tu vida. Como olvidar a la persona por la que tus sentimientos han sido mas intensos y puros. Yo no puedo olvidar, ni hacer como si no hubiese pasado nada. Así que por eso he tomado la decision de esperar. No voy a esperar agarrado a su recuerdo en mi mente. Ni voy a esperar sufriendo. No voy a esperar poder tenerla de nuevo entre mis brazos si ella no lo desea. Voy a esperar de manera abierta. Viajaré. Conoceré a personas nuevas en mi vida. Haré aquello que me aporte felicidad, por muy duro que sea no poder compartirlo junto a la persona que amas. Aprenderé aquello que me aporte un bien a mi espiritu y curiosidad. Quizas deje de sentir lo que siento, o no. Quizas ella se vuelva a enamorar y desaparezca de mi vida. Pero ahora por ahora mi elección es creer y tener fe en nosotros. Tal como me dijo “ella”, el tiempo nos da la verdad.

No es mi intención insultar a nadie. Solo transmito una frase que vi ayer en la serie “Bones” y de la que estoy totalmente de acuerdo. Al menos en lo que a mi respecta.

Hace ya muchos dias, tomé la decisión de ser completamente sincero, honesto y transparente. Esta decisión fué tomada con la consciencia de mejorar mi comunicación. Durante mi viaje por Ecuador y Colombia, conocí a personas que lo eran. Pero se quedaban pequeñas al lado de “ella”. Una persona que siempre transmite lo que siente y que es capaz de luchar contra su mente y seguir lo que le dicta el corazón. Ese es el camino que estoy siguiendo.

Ayer, como hago habitualmente me colé en el tren de Vilassar. Y a medio camino un revisor me pidió el billete. Le dije que no lo tenía, y al preguntarme donde me dirigia, respondí que hacia Badalona. Yo mismo me sorprendí de mi respuesta instintiva y de mis palabras de excusa barata. No es esa persona quien deseo ser. Estuve a punto de levantarme y decirle la verdad al revisor. Pero estaba con un compañero charlando. El caso es que ví algo en mi que no me gustó. Por muchas veces que se vuelvan a presentar oportunidades me he prometido no caer en lo mismo. Y si caigo no me voy a sentirme culpable por ello sino que me voy a dar cuenta y continuaré aprendiendo y luchando por ser yo mismo. Lo seré, siempre que siga lo que me dicta el corazón por muy duro que me resulte.

Al llegar a barcelona me dirigía a Excellence. Pero algo muy dentro de mí me impulsó a detenerme. No sabeis como me costó superar mi miedo. Hace poco en la conferencia de Julian Jorge Rodriguez, pensaba que yo no tenia miedos. Ayer tenia miedo a que no me contestase, miedo a ser el olvido de la persona que amo. El miedo es algo que uno si quiere crecer debe superar. Algo dentro de mi me empujaba a hablar y transmitir lo que siento. No era la cabeza, de eso estoy seguro porque lo siento dentro muy dentro de mi. Deseaba hablar con “ella” en persona o por movil. Las personas nos escudamos con mucha facilidad en e-mails y mensajes de movil. No señor, hay que dar la cara por muy duro que resulte. Mirar a los ojos y transmitir tu mensaje. Me daba miedo que solo una palabra mia pudiese crear mas dolor, asi que como acostumbro a hacer ultimamente consulté al I Ching, por la mañana. Y seguí mi corazon por la tarde.

Justo despues de enviar el mensaje, me senté en un banco de Paseo de Gracia. Todo mi cuerpo temblaba y no era del frío que hacía. Ya no quería ir a Excellence. Solo deseaba poder verla, hablar e intentar comunicarle en palabras lo que mi corazón grita todos los días. Pero he echo demasiado daño a esta relación. Quizas un daño de por vida, no lo sé. He sido un idiota que no supo aprovechar la oportunidad que la vida le brindó. No me siento culpable de ello, yo no sabía todo lo que estoy descubriendo. Esta experiencia me esta aportando la necesidad de aprender mas sobre mi, las relaciones y que hacer para no volver a hacer daño a nadie mas ni a mi. Deseo dejar constancia de todo mi camino para ayudar a quien pueda interesar a no caer en mi falta de consciencia. Es por eso que he decidido crear otro blog, llamado: relaciones de pareja.  http://relacionesdepareja.wordpress.com/

Como dice ella, quizas algun dia podamos volver a hablar. Esperaré ese momento con paciencia y amor. Por mucho daño que hize, no dejo de creer. Su amor por mi, fué real, se que es real todavía. Quizas no pueda tenerla nunca mas entre mis brazos, ni verla dormir. Pero no puedo dejar de luchar por lo que siento en lo mas profundo de mi alma. No se cual sera mi futuro. Solo conozco mi presente y lo abrazo con los brazos abiertos. He tomado la decision de darle tiempo al tiempo, porque sino me engañaria a mi mismo. Y dejaria de ser la persona en la que me estoy convirtiendo.

Los hombres somos idiotas porque no tomamos consciencia del valor de que alguien nos ame. Hay el topico de que los hombres pensamos con la ….., y es verdad. Podemos seducir y hacerlas sentir bien cuando nos interesa.  Pero la gran mayoria no somos capaces de dar lo que nos piden: poder confiar en nosotros, caminar a nuestro lado, compartir, dejar ayudarnos, que las escuchemos e intentemos comprenderlas, que las respetemos, que las hagamos reir y sentir vivas, que les demos el cariño que tanto necesitamos todos, hacerles sentir libres, sentirse amadas. Realmente es pedir tanto? Acaso nuestra esencia no pide lo mismo? Quizas no podemos porque somos idiotas.

Parece frase de película y en este caso, lo es. Me estoy dando cuenta de que pocas personas lo hacemos. Pueden haber muchos motivos. Quizas porque tal como me ocurre a mi, en estos momentos, escucharlo me duele. Y la cabeza hace de las suyas. No me fío de mis pensamientos (yo mismo me doy cuenta que son peligrosos y dañinos). Y por mucho que me duela tal como dice Tolle, estoy aprendiendo a aceptar lo que siento y punto.

Mi corazon desea estar junto a “ella”. No sabeis cómo. La echo tanto de menos que a veces creo que en lo más hondo de mi ser, se esta desgarrando algo. Todo yo deseo cojer el telefono y llamarla. Pero sé que eso le haría más daño. Y no quiero comportarme, más, como lo hize siempre: de manera egoista e inconsciente.

Así que aguanto ese dolor, lo acepto y vivo el momento en el que vivo. Acepto mis miedos y los soporto de la mejor manera posible. Tengo miedo a que “ella” no se de cuenta que podemos lograrlo. Miedo a que el tiempo nos distancie más. Es una sin razón, ya que no sé si tendremos o me dara la oportunidad de continuar juntos de la mano. Desearía tener más fe en la vida, en el amor. Es por eso que veo cuanto me falta por avanzar, en el camino. Y por eso, busco la ayuda que necesito.

Una parte de mí, siempre ha tenido FE. No en la religión (aunque a veces rezo) o nadie específico. Sino en la vida. Quiero dejar esta oración:

Vida mia y vida suya

haz de nuestro camino, la luz

no permitas que ella sufra

ni una lágrima más derrame

Sean juntas o separadas

si ella es feliz, yo aprenderé a serlo

si nuestros caminos se juntan

dame ayuda y sabiduria

para corresponderle como se merece.

Tú, sabes más que nosotros

guia nuestros pasos

a un futuro mejor

Amen.

Videoclips, la música que entiendes, letras de canciones, top 40 de las últimas novedades y mucho más en:
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Dia 22

Ayer jueves, dia 21, tuve una linda tarde. Fuí a comer con Benji, al club náutico de Badalona. Y después, cojí el tren (colándome) dirección a Barcelona. Había una presentación de un libro que me gustó y del que he hablado, en el post “la verdad”. Para salir sin pagar del tren, sé que hay dos salidas. Una en el clot y la otra creo que en Paseo de Gracia, ya lo confirmaré. (Sería interesante que algun blog recogiese lugares y como colarse, como bus, renfe…etc en Barcelona. Luego con los lectores se podrian ir añadiendo más y más). Mientras espero y subo el tren, de manera inconsciente se me acelera el corazón. Busco entre la gente, un rostro conocido que nunca aparece. No pienso ni en ello, hasta que soy consciente de que mi mirada la busca.

No tenía previsto salir en Clot. Pero un impulso me hizo atravesar la puerta. Ni yo lo entendía. “Ella”, recorre a menudo ese mismo pasillo y escaleras. Casi me faltaba el aire. Me obligué a no pensar en ello. Y con la música en mis oidos y a ritmo de los bytes de la música me dirigí a la calle Balmes, donde me esperaba la libreria Excellence.

Ese día, había sesion doble. Una conferencia (que se aplazó) y la presentación. Después, me dirigí pocos metros más al sur donde esta situado el que es actualmente mi local favorito: Underground. Sé que hacían la primera clase de salsa. Y deseaba conocer a Guillermo, el profesor.

La música subía por las escaleras, y antes de llegar a la pista donde estaban los alumnos y maestro, mi cuerpo ya se había rendido al ritmo de la música latina. Guillermo, es un chico joven argentino, cuyo cuerpo delgado, parece haber sido creado para dar belleza y elegancia a los ritmos caribeños. Cuando ví como enseñaba, su paciencia, alegría contagiosa, y cariño tomé mi decisión. La semana que viene sera mi primera clase. No sé si habra pareja de baile para mí, yo me ofrecí a llevar mi vieja escoba. Como siempre, detras de la barra, estaba la atenta mirada de Merche. No sé por qué, pero me cae bién. Quizas sea porque siempre que la he visto su rostro esta siempre vestido con una bonita sonrisa.

Mi última cita, era con un grupo de gente que se reunen todos los jueves para encontrarse y tratar temas relacionados con la energia positiva. Tarde!. Marcharon 10 minutos antes de llegar yo. No me extrañó, eran casi las once de la noche. De vuelta en el tren, me encontré un viejo conocido de Vilassar.

Y ahí empezó, el día 22. Creo que nunca olvidaré ese número. Igual que el 26. El 26 es y será siempre mi número favorito, fué cuando nos conocimos. El 22 fué cuando llegamos de Madrid a Barcelona.

Esta visto que no soy el mismo. Nadie lo és. Los dias pasan e igual que nuestros cuerpos se transforman. “Nosotros”, también. Ese viernes, tenía una cena con una buena amiga. Me sentía contento porque iba a estrenar mi faceta de cocinero. Y además tenía “conejillo de indias”.

No me resigno a estar sin “ella”. Pero acepto y creo, que por primera, vez su decisión con amor. Como decían, hoy en la película “Como Dios”: libre albedrio, no se puede doblegar la voluntad de las personas. Después de mirar hacia atras en mis correos, me doy cuenta de lo obsesionado que estaba. Cómo llegué a manipular para conseguir lo que “YO QUERIA”, que era no perderla. Sin tener en cuenta, que es lo que ella queria o necesitaba.

El viernes, caí en el pozo. Un pozo de dolor, de recuerdos, de autocompasión. Como dice Tolle, caí en mi “ego”. No luché, ni me resistí a lo que sentía. Fué una mañana entera, escribirle una carta que no envié. Gracias a Dios, mi consciencia, mi amor hacia ella y el I-Ching me ayudaron a no hacerlo. El dolor era insoportable y no deseaba “contagiarlo”, así que llamé a mi amiga y postergué la cena para otro dia.

Por suerte, todos los dias tienen 24 horas. Tanto los buenos como los malos. Seguramente volveré a tener en algun momento “picos de dolor”. Pero ahora lo sé y estoy preparado. Mi terapia, este blog, me ayuda. Y saber que ella rie, y vive la vida con alegria, también. Tengo amigos, que me regalan su cariño, paciéncia y comprensión. Eso es de gran ayuda. Y mi madre, me dice “las verdades”.

Dicen que quien siembra vientos recoje tempestades. No niego lo que hice, ni que me equivoqué. Acepto lo que siento tal como es, un milagro. Pues no hay nada mas importante que venir a este planeta y amar a alguien.

La verdad.

Dejarme pediros un favor a todos. Por favor, tomaos un segundo y ahora mirar dentro, muy dentro vuestro. Mirar en vuestra alma, consciencia, corazon, como deseeis llamarlo. Y contestar a esta pregunta: Estais plenamente convencidos de que no vale la pena?

Si vuestra respuesta es afirmativa, y creeis que no vale la pena el amor,  la familia, las relaciones, el cariño, los sentimientos. Si realmente vuestro corazón…os dice que no valen la pena sentimientos como: ternura, amistad, amor, afecto, compañerismo, no continues perdiendo el tiempo. Y gracias, por ser sinceros.

Si dentro de vosotros, todavía queda algo, una brasa, un resquicio, una mota de vuestros sentimientos, de vuestras emociones, sensibilidad, seguir leyendo por favor.

Lo que digo por muy repititivo que suene, es pura verdad. No algo que se olvida. Ni palabras con el proposito de convencer a nadie. Es la pura realidad. A una pregunta realizada al I-Ching, me respondió algo que me sorprendió: “No podemos establecer contacto con la persona que nos puede aportar la felicidad. En esta situación se trata de permanecer perseverantes pues esa persona finalmente nos otorgará la felicidad que esperábamos”. Esta mañana he vuelto a preguntar, y me dejaré guiar.  Por que, hoy deseo hablar sobre la verdad? Por una frase: “En este mundo dinámico, la inacción puede ser una elección fatal. Decidir no hacer nada es hacer algo; es bloquear inconscientemente nuestro interés y el cuidado de lo que naturalmente nos importa” . Porque me importais, no puedo no hacer nada y resignarme.

Ayer, fuí a la presentación del libro “sin miedo a la verdad” de Julian Jorge Rodriguez, en Excellence. Un encanto de persona. Nuestras miradas se encontraron varias veces y prometo que me sentí como si estuviésemos los dos solos en la sala de conferencias. Y en su libro y lo hablado me baso para escribir sobre la verdad.

Me gustaría decirte antes, por que insisto en las relaciones, emociones y sentimientos. Porque són auténticos porque son verdad. Y segun mi punto de vista, en lo que nos convierte en humanos. Lo haremos mal o bien, pero si amas, y deseas envejecer al lado de alguien. Compartir el resto de tu vida junto a la suya. Supongo que una parte de vosotros siente o ha sentido lo mismo. Sabeis que se siente, cuando le tocais la espalda, le acariciais, le veis dormir o como se seca el pelo. Se siente una ternura, un cariño o amor que no habeis vivido nunca. Este tipo de sentimiento es tan especial que es muy dificil volver a sentirlo, por nadie. Y no es solo, algo físico. Realmente, creemos que esto es porque si? Personalmente creo que nuestras relaciones, sentimientos, y emociones pueden ser el motor de nuestra felicidad. Y no se merece nuestra felicidad otro esfuerzo o los que sean necesarios? Es por eso que insisto.

En la tertulia de ayer, me sentí identificado en varias partes. Julián, hablaba de la negación como camino a evitar la verdad profunda.

Según él, la negación, es el primer mecanismo mas usado, para evitar la verdad. Me acordé de casi todas las veces que he negado algo que me afectaba negativamente. Esta parte pertenece a un pasado reciente del que personalmente, aprendí mucho. Igual que poco me importa el dinero. Poco me importa que piensen de mi. No me importa ya tener la razon o no. Todos tenemos nuestra verdad y razon, segun nuestra perspectiva, segun el momento, segun nuestro estado de animo, y muchas variantes. Muchisimas veces se han preocupado por nosotros. Nos has intentado ayudar a ver situaciones, peligros… y nosotros nos hemos negado. Deberiamos ser capaces de valorar el esfuerzo, la sinceridad de quienes nos han intentado ayudar  porque aeguramente tenian razón. No hablo de aceptar la ayuda, el consejo, opiniones de todo el mundo pero sí de aquellos que nos aman y se preocupan por nosotros con la mente abierta. Por muy dura que pueda ser una crítica o comentario, antes de negar, aceptemos la verdad.

El tercer peldaño o mecanismo sería la resignación. Cuantas veces lo he echo personalmente. En la resignación se acepta la realidad, le das la importancia real que tiene, pero niegas su posible solución. Eso me ocurrió hace poco. Después de leer unos últimos correos, en mi espera en el aeropuerto de Quito yo esperaba un canvio. Un canvio que yo idealizé y nunca se habló. No supe aceptar la realidad. Y me hundí, no lo entendía. Y me resigné. Eso lo puedo ver ahora con perspectiva. No quiero volver a sentirme resignado nunca más. Por eso también, este post. Sería genial que al menor síntoma de resignación, se tomase un respiro. Seria cuestion de hablar y buscar soluciones. Pero por favor, no nos resignemos cuando sí que hay solución, cuando todavía podemos canviar algo de nuestras vidas, mejorar las cosas.

El cuarto y último peldaño o mecanismo es la impotencia. Cuantas veces alguien se ha sentido así?. Cuantas veces nos hemos sentido victimas indefensas hacia alguien o hacia la vida. Julian, dice una frase que creo completamente. “sómos más fuertes de lo que creemos”. Creo en ella porque la he vivido en mi piel. Creo en ella porque sé que las relaciónes son más fuertes de lo que creemos. No dejemos que la impotencia rompa nuestros vínculos, con la pareja, los hijos, las amistades…

Una frase que se dió, en la charla, y me gustó fué: ¡Evitar la verdad no es la solución, sino el problema a solucionar! No podemos permitir que esto siga pasando. No podemos permitir que nuestros miedos, nuestro pasado siga arrinconandonos y arruinando nuestras relaciónes. Demos un paso al frente y digamos: BASTA YA! 

El primer paso es mirar a la verdad a la cara, reconocerla por más que nos desagrade o duela. Y repetirnos: “así son las cosas, o al menos, así las veo yo en estos momentos”. Esto es lo que nos toca ahora vivir. Negar lo que ocurre, o quitarle importancia, o negar la posibilidad de cambiar esa realidad es la gran mentira del miedo a la verdad. Creer que no podemos hacer frente a la verdad es una creencia falsa, una ilusion mental, creada por nuestros miedos, que nos lleva a renunciar. Entonces dejamos de luchar por lo que más queremos. Yo no deseo dejar de luchar, y vosotros?. Personalmente si fuese necesario ir a un especialista, lo haria. Si fuese necesario dejarlo todo y empezar de nuevo, lo haria. Si fuese necesario subir el Everest, lo haria. Haria todo lo posible por seguir luchando por lo que más quiero.

Nuestros miedos lo confunden todo y nos dificultan el camino hacia la verdad. El miedo siempre intenta que no encontremos respuestas claras. Según, Julian. Hay dos tipos de verdades: Superficial y Profunda.

La superficial, es una verdad epidermica, inestable, dependiente del entorno,. Es impulsiva y espontánea, un automatismo que busca satisfacer nuestro ego (control, poder y reconocimiento) Esta verdad es tan inestable que se viene abajo al menor contratiempo. La verdad superficial no nos puede enseñar el camino de la felicidad, de la paz interior y el crecimiento personal. Es como un buen calmante que nos mitiga el dolor durante un tiempo, pero que no puede curar las heridas. Ejemplo:

Imaginate que la persona que mas quieres en este mundo hace algo que te decepciona mucho. En ese preciso momento, se activa “la verdad superficial del dolor” que sientes en tu interior. Sólo tu sabes cuanto te duele ese dolor, pero seguramente, te duele mucho. Ese dolor es una mezcla de la decepcion presente (nivel consciente) y del miedo a sufrirla en el futuro (nivel inconsciente). Quieres que desaparezca ese dolor y volver a sentirte bien ahora mismo (evitar el sufrimiento presente) y tu mente quiere que no pueda volver a ocurrirte lo mismo de nuevo (evitar el sufrimiento futuro).

La verdad superficial, ofrece dos caminos:

El primero es agredir: la estrategia de pagarle con la misma moneda. Consiste en vomitar el dolor que tienes en tu interior con la intencion de sacarlo hacia fuera y hacerle sentir mal a la persona que te ha decepcionado.

El segundo camino es ignorar: para dejar de sufrir la verdad superficial nos propone dejar de pensar en ello y hacer como si nada o bien acabar con la relación.

En realidad, ni agredir ni ignorar va a solucionar nada. Pero tenemos una tercera opción. Conectar con la verdad profunda de nuestro dolor sin huir de el, dandonos un tiempo para sentirlo, escucharlo, comprenderlo y aceptarlo antes de tomar una decision precipitada, de la que seguramente nos vamos a arrepentir.

La verdad profunda es una verdad que sentimos en nuestro interior, es una verdad que nos aporta tranquilidad y estabilidad aunque no siempre resulte agradable contactar con ella. Es una verdad que no se resiste a cambiar cuando las cosas cambian. Es una verdad flexible y respetuosa que no siente la necesidad de convencer a nadie o de imponerse por encima de las verdades de otras personas, pero que tiene la necesidad de ser compartida porque se actualiza con las verdades ajenas. Es una verdad que no siempre nos dice lo que queremos escuchar pero que siempre tiene algo bueno y positivo que aportarnos y puede que tambien sea una verdad que ayude a otras personas a descubrir las suyas. Acceder a ella nos resulta tremendamente util porque nos enseña donde estamos (que sentimos, que necesitamos y qué queremos hacer), de donde venimos (qué asuntos no resueltos del pasado se han activado ante lo que ha ocurrido en el presente) y hacia donde vamos (que podemos aprender de lo ocurrido en el presente para mejorar algo en el futuro).

Habitualmente la verdad superficial se coloca encima de la verdad profunda (especialmente cuando tenemos miedo). La verdad superficial se coloca encima de la verdad profunda, ocultando aquellas verdades que nos da miedo mirar. La verdad superficial es como una cortina de terciopelo, bonita cuando la miras y suave cuando la tocas, pero un autentico muro que nos impide ver lo que pasa a nuestro alrederor, mas alla de las cortinasque el miedo pone entre nosotros y la verdad.

Hay que ser valiente para descorrer esas cortinas. Si decides mirar al otro lado de la cortina que el miedo ha colocado en tu vida, tendras acceso a verdades más profundas, probablemente más incomodas a corto plazo pero tambien mas verdaderas a largo plazo. Apareceran nuevas verdades que abriran tu mente convirtiendo los malos pensamientos en buenas oportunidades.

Ayer alguien me avisó de mis posts vacios. Los dejaba vacíos para acordarme de lo que desearia transmitir más adelante. Pero como Paua, me indicó para eso esta el borrador. Intenté darle las gracias por correo electrónico, pero el sistema no me deja. Así que desearia hacerlo desde aquí. Os habeis dado cuenta del pesimismo generalizado respecto a la sociedad? Que si el consumismo, que si los jóvenes, que si no hay respeto.

A mi, siempre me ocurre lo mismo cuando me encuentro a alguien como ayer. Alguien que ve a un principiante en su blog y se toma la molestia, de invitarle a corregir un error de principiante. A eso yo le llamo humanidad. Y lo que me ocurre es que me siento agradecido de formar parte de ella.

Paua, gracias.

Sensaciones

Tengo la sensación de que algo se nos escapó. Soy plenamente consciente de mis sentimientos. Y sé que por poco, lo logramos. Es una sensación extraña. Estar tan cerca y dejar que se escape el tren. Yo lo dejé escapar.

Todas las cosas que hice mal, que me impulsaban a ser quien fuí se estan desvaneciendo. Pero “ella” no lo sabe, ni lo ve.

Tengo la sensación, de que aquí, no hago nada “socialmente”. Pero no me importa porque sé que trabajo, trabajo cada día, trabajo cada momento. Cosas que no veía y ahora veo. Sentimientos que ahogados estaban, salen de nuevo a flote. Soy una persona sensible y emocional, que detras de una gran armadura, se escondía. Y como el caballero de la armadura oxidada, de ella se desprende.

Tal como el I-Ching, me decía: “El camino del crecimiento interior, del crecimiento espiritual, no consiste en conquistar metas, ni en subir altas montañas, sencillamente consiste en limpiar nuestra naturaleza interior de todas las impurezas y errores que hemos ido acumulando en nuestro vivir diario.” Y eso estoy haciendo. Vaciarme, mientras espero el siguiente paso a seguir.

Tengo la sensación de que este es mi presente, pero no aquí. Quiero viajar. Quiero dejar mi vieja vida. Y empezar una nueva. Por mi, por “ella” y por nosotros. Será sin “ella”, pero quien sabe? Hay muchas bifurcaciones, en nuestros caminos. Y yo simpre tendré la esperanza, de estar en el lugar y en el momento preciso. Mi vida, curiosamente, ha sido así.

Siento continuamente, su presencia. Todo mi ser desea, llamarla y decirle que todo va a ir bien. Todo yo deseo, abrazarla y pedirle que no nos demos por vencidos. Pero no es eso lo que ella quiere, y he aprendido a aceptar lo que quieren los demás. No solo lo que “yo quiero”.

Antes me obsesionaba perderla, ahora no. Antes miraba continuamente sus fotos. Ahora muy de vez en cuando. Y cuando lo hago siento una ternura y dulzura, que no puedo describir. La siento continuamente, casi como si notase su estado de ánimo. Es una sensación muy rara, estar tan cerca y tan lejos.

Son sensaciones, que siento dentro de mi. Cada dia. Cada momento. Sensaciones y sentimientos.

Maria Fernanda

Ayer domingo, fué el gran día.
Copas y miradas se alzaron
por vos y por tu marido.
Uno y uno, juntos en el camino.

Tus padres, hermanos y familia
ahí estaban, testigos de tu felicidad
compartiendo a tu lado
ese dia tan especial.

No es broma, cuando te digo
que yo sin estar tambien estaba.
Que mi mente y mi corazón
junto a vosotros cantaba, reia y bailaba.

Un nuevo camino, os espera
cojidos de la mano avanzad
sin prisas y sin tiempo
de la mano juntos, los problemas superad.

Un brindis, un viva los novios
una mirada y un beso
se vive en vosotros
una bendita fortuna, la fortuna del amor.

Os deseo que este nuevo camino
junto al que es ahora tu marido
este lleno de risas, alegria y felicidad
os deseo amor y libertad.

Y si en un alto del camino
surgen inconvenientes o problemas
acordaos juntos, siempre
de no soltaros las manos.

Os quiero.

Underground

Estos dias, de silencio, me apunto a lo que me llama la atención. Me obligo a no cerrarme y dejar que la vida me guíe.

En Facebook, ví algo sobre clases de salsa. “Ella”, con infinita paciéncia, me enseñó lo básico. Es hora, de seguir. Quien sabe? Quizas algun día, podamos volver a bailar juntos, en otra vida. Pero estoy seguro de que es algo que me va a gustar y divertir.

LLego antes de la hora citada. Y Merche, me dice muy amablemente, que se ha postergado a la semana que viene. Pero me invita a volver sobre las 10 de la noche, que es cuando hay una pequeña fiesta. Tengo casi dos horas de, no hacer. Así, que busco un refugio donde protegerme del frío.

Paseando, veo una librería que me llama la atención. Sus libros me invitan a leer. Y su música, me relaja. Al entrar la chica detras del mostrador, me ofrece una agenda de actividades. Y casi me da la risa. No me había dado cuenta de qué librería era, entré en Excellence, en Balmes 191. “Ella” y yo visitamos el otro Excellence, en Ramblas, en otra vida. Me recomendó sus coloquios y actividades.

Después de la grata sorpresa, fijo mi punto de mira en una cafeteria, en la calle Tuset. Original, lo tiene el nombre: Café Gran Tuset. Y ahí, me refugié más de una hora. Con mi libro, mi café y la agenda de actividades de Excellence. Saboreando el café, leí algunos coloquios que me resultan interesantes y a los que asistiré.

Poco antes de las 10. Me dirigí al Underground. Un local pequeño pero con mucho encanto situado en la C/ Granada del Penedes. No había mucha gente. Al menos hasta que me fuí. Merche, detras de la barra nos regalaba su sonrisa al ritmo de la música que inundaba la sala. Y conocí a una linda chica argentina, que me agradó conversar y sobretodo escuchar. Dos o tres parejas bailaban y eso me gustó. Pues sus sonrisas y alegria, mi corazón contagiaban. Habia un chico, que me divertia, al ver como patadas daba al culo de su compañera de baile. Hacia del baile un show. La compañia, era grata. El local y la música también. Que más se puede pedir? Bailar yo. Pero eso sera, otro día.

También hay Jam Sessions de blues, el martes. Y música en directo, todos los dias.

I-Ching

El I Ching, Yijing o I King (en chino tradicional: 易經; en chino simplificado: 易经; en pinyin: yì jīng) es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos.

El término i ching significa ‘libro de las mutaciones’. El texto fue aumentado durante la dinastía Chou y posteriormente por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta, y no confucianista. Se cree que describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la posición correcta. Es un libro adivinatorio y también un libro moral, a la vez que por su estructura y simbología es un libro filosófico y cosmogónico.

Lo encontrareis, en : http://www.mesopotamia-2001.com/iching/html/iching2.html

A mi pregunta, esa fué la respuesta: 35 (Chin: el progreso – Arriba Li, lo adherente, el fuego – Debajo K’un, lo receptivo, la tierra)

Solución general: La idea, la imagen de progreso nos la da el sol que va elevándose sobre la tierra. Es un progreso rápido y fácil, que a la vez implica una claridad de alcance cada vez mayor.
El camino del crecimiento interior, del crecimiento espiritual, no consiste en conquistar metas, ni en subir altas montañas, sencillamente consiste en limpiar nuestra naturaleza interior de todas las impurezas y errores que hemos ido acumulando en nuestro vivir diario. Cuando esa naturaleza está limpia somos inocentes, sinceros, somos nosotros mismos, pero también somos sabios pues hemos aprendido a vivir en armonía con nosotros mismos y con el universo, y quien es sabio es feliz.

Mutación de la línea 1:

Estamos en los inicios del progreso y tenemos dudas acerca de si seremos aceptados o rechazados. El consejo del I Ching es que continuemos lo que hemos emprendido siguiendo siempre el camino recto.

Mutación de la línea 2:

No podemos establecer contacto con la persona que nos puede aportar la felicidad. En esta situación se trata de permanecer perseverantes oues esa persona finalmente nos otorgará la felicidad que esperábamos.

Mutación de la línea 4:

En épocas de progreso es fácil caer en la tentación de juntar y acumular muchas cosas, sobre todo si ocupamos un puesto que en justicia no nos corresponde. La falta de egoísmo es lo correcto.

Sun: la merma

Solución general: Pese a su nombre, este signo no significa en todos los casos negativo. Aumento y merma llegan cada uno a su debido tiempo, por lo tanto se trata de adaptarse a ambas situaciones. No hay signos buenos ni malos, todos son sabios, y la sabiduría podemos adquirirla por igual en los signos favorables como en los negativos.
El sabio reprime su cólera y refrena sus impulsos. A nosotros nos corresponde imitar al sabio. Hemos de mermar mediante la serenidad las fuerzas que impulsan nuestra cólera, nuestra ira, y así elevaremos nuestros aspectos superiores. Siempre que mermamos una cosa elevamos otra. Cuando mermamos nuestros aspectos negativos elevamos los positivos.

Tossa de Mar.

Una buena amiga, sabe que no estoy en mi mejor momento. Así que me invitó a pasar el fin de semana, con ella, en Tossa de Mar. Siémpre me ha gustado ese lindo pueblo de la costa brava. Me hacía mucha ilusión, un fin de semana en Tossa y con una amiga a la que quiero y respeto muchísimo. Ella, es inteligente, divertida y un encanto de persona.

Pero la vida no tenía esos planes, en marcha. Y por circunstancias. El martes me llamó para aplazarlo, para el fin de semana siguiente. Lejos de chafarme, como habría echo antes, acepté lo que el destino trazara en mi camino. Y de repente la solución: “¿Por que, no vienes mañana?”.

Preparar la mochila, fué un placer. Me dí cuenta de cuanto me había enseñado “ella”. Quizas no fuese necesario, pero las zapatillas para la ducha en su bolsa de plástico, el pijama, la toalla, el gorro y el braguero, mostraban que esa parte de “precaución” la había echo mía. Yo no era, así.

El camino, fué una delicia. En muchas ocasiones, “ella” visitaba mi mente. Tal como “ella” y Tolle dicen, lo veía y no luchaba. Me concentraba en mi respiración, las vibraciones del motor, el tacto del volante…No era fácil. Pero algo me aliviaba. El coche se quedó en reserva, y fué curioso porque otras veces, pensaba: “es igual, llegaré a Tossa”. Y cuando vi esas dos palabras: “es igual”, reaccioné. No, no es igual porque estar manejando con la reserva me tendría en tensión. Así que paré a poner gasolina.

A la llegada, tuve que esperar a mi amiga. Y paseé. Qué frio, Dios! Solo llevaba la ropa que me compre expresamente, para la última vez que la ví. Así que después de comprar el pan, que mi amiga me pidió, la esperé en el coche. Ella, pasó delante del carro, me vió y se pensó que yo era un hombre mayor,jajaja. A mi saludo, me vió y después del abrazo, sus primeras palabras fueron: “…no me gustas, estas demasiado delgado”. Jajaja, me encantan las personas honradas y transparentes, ella lo és.

Qué contenta estaba ella, con sus escaleras nuevas. Una de las cosas que trabajo, en esta nueva etapa, es darle muchísima importancia a COMPARTIR. Así que compartí su alegría bajando y subiendo las escaleras, dos veces. La recompensa fué su risa y su comentario: “nunca cambiaras”. Después de indicarme donde dormiría, fuímos rápidamente a por la cena.

Es increible, cómo algo tan sencillo, como unas judías verdes con patata, y un poco de pescado con escalivada pueden llegar a satisfacerme. No habría canviado ese “menú” ni por todo el oro del mundo. Era divertido ver a mi amiga en la cocina, yo deseaba compartir el trabajo, pero no me dejaba. Y mientras se hacía la cena, “merendamos” un poco de ese delicioso pan con queso. Ella, no se entregó al champan…”nada de gas”. Pena, penita, pena, a mi no me importa el gas.

Hablamos y hablamos. Su “filosofía de vida” ha canviado. Una persona dulce, protectora, super cariñosa y amorosa. Se ha convertido en una mujer fuerte, independiente y de fuerte caracter. Ella me hablaba de la importancia de mirar por uno mismo. De ser egoistas. Pero entonces, donde esta la entrega? Las relaciones, se basan en la entrega y el afecto, no? Si una persona basa sus preferencias en el “yo quiero”, donde queda el compartir, el probar y vivir de manera fluida? Ella se ha endurecido con el paso del tiempo, es más selectiva a la hora de decidir qué es lo que quiere o a quien. Yo la entendía, antes era así. Pero mi viaje, convivir con “ella”, y mis deseos de algo más, me llevan por otro camino. Soy y seré más sociable, aprenderé a compartir por el placer de compartir, y por mucho que me cuesta me adapto a la vida tal como venga. No digo que mi amiga no sea sociable, no comparta y no se adapte. Todo lo contrario. Es una belleza de persona. Pero en lo que a relaciones se refiere, se ha vuelto más selectiva. Y eso es lo que yo no deseo. Tal como decía “ella” y creo en ello seleccionar, clasificar, igual que juzgar y muchas cosas más, te cierra las puertas a esa fluidez, que deseo.

Después de ver el episodio de “House”, y quedarnos medio dormidos en el sofa, nos acostamos.

El sonido de sus pasos, me despertaron.

Deseaba desayunar con ella, y despedirme. Así que me desperté y fuí a su encuentro en la cocina, donde tomamos algo ligero. Cuando se fué mi amiga al trabajo, me encarchofé en el sofa. Y leí varias recetas de cocina para microondas. Mi próximo propósito es, cocinar. Algo que me gusta pero, que siempre he dejado en las manos de los demas.

Después de la ducha, tomé la decisión de pasear por las solitarias calles de Tossa. Todo me recordaba a “ella”. Cuando fuímos en verano. Recordaba las calles, paseadas juntos. Y la conversación que tuvimos. La iglesia cerrada la noche anterior, estaba abierta. Así que entré, y rezé. Si hay algo, hablé con “ello”. La última foto fué al castillo. Igual que siempre, el olor a mar, el viento, los ruidos de las gaviotas, me emocionan. Me sentía bien por estar ahí, lo malo era no poder compartirlo junto a “ella”.

La libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres «el pensador». En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior. Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes —la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna— surgen de más allá de la mente.

Empiezas a despertar.

INTRODUCCIÓN POR ECKHART TOLLE

Desde su primera publicación, en 1997, El poder del ahora ha impactado sobre la conciencia colectiva del planeta mucho más de lo que jamás me hubiese imaginado. Ha sido traducido a quince idiomas, y diariamente recibo cartas de todas partes del mundo en las que los lectores me cuentan que sus vidas realmente han cambiado con las enseñanzas del libro.

A pesar de que los efectos de la locura de la mente egotista siguen siendo visibles por todas partes, algo nuevo está surgiendo. Hasta ahora, nunca ha habido tantas personas preparadas para deshacerse de los modelos mentales colectivos que desde tiempos inmemoriales han vinculado a la humanidad con el sufrimiento. Un nuevo estado de conciencia está surgiendo. ¡Ya hemos sufrido bastante! Incluso está emergiendo de tu interior en este mismo momento, mientras coges el libro entre tus manos y lees estas líneas que hablan de la posibilidad de vivir una vida liberada en la que ni te haces sufrir a ti mismo ni a los demás.

Muchos de los lectores que se pusieron en contacto conmigo me comunicaron su deseo de que los aspectos prácticos de las enseñanzas contenidas en El poder del ahora fuesen presentados en un formato más accesible, para poder utilizarlos a diario. Ese pedido se convirtió en el motor que impulsó este libro.

No obstante, además de los ejercicios y las prácticas, esta obra también contiene una selección de pasajes del libro original que permiten recordar algunos de sus conceptos e ideas, y que espero se convierta en el manual que os ayude a incorporar tales nociones en vuestra vida cotidiana.

Muchos de esos fragmentos son particularmente adecuados para la lectura meditativa. Cuando practicas la lectura meditativa no lees con el fin de recopilar nueva información, sino para entrar en un estado de conciencia diferente a medida que lees. Esta es la razón por la cual puedes repasar el mismo pasaje una y otra vez, y en cada ocasión sentirlo fresco y novedoso. Sólo las palabras que fueron escritas o pronunciadas en un estado de presencia poseen ese poder transformador, que es el poder de despertar la presencia en el lector.

Es preferible que leas estos párrafos lentamente. En muchas ocasiones desearás hacer una pausa para reflexionar en silencio, reposadamente; en otras, sencillamente, quizá prefieras abrir el libro al azar y leer algunas líneas.

Aquellos lectores que se sintieron intimidados o abrumados por El poder del ahora encontrarán también en esta obra una introducción a la transformación de la conciencia humana.

ECKHART TOLLE,

9 de julio de 2001

PRIMERA PARTE

ACCEDER AL PODER DEL AHORA

Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro, alcanza su propia
Fuente y regresa a casa, a lo No Manifestado.

CAPÍTULO UNO

SER E ILUMINACIÓN

Más allá de la miríada de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte existe la Vida Una, eterna y omnipresente. Muchas personas utilizan la palabra Dios para describirla, pero yo suelo llamarla Ser. La palabra Ser no explica nada, pero la palabra Dios tampoco. Ser, no obstante, tiene la ventaja de ser un concepto abierto. No reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental del Ser, y nadie puede pretender su posesión exclusiva. Es tu esencia misma; puedes acceder a ella inmediatamente como el sentimiento de tu propia presencia.

Por eso sólo hay un pequeño paso entre la palabra Ser y la experiencia del Ser.

EL SER NO SÓLO ES TRASCENDENTE; TAMBIÉN IMPREGNA PROFUNDAMENTE cada forma, y su esencia es invisible e indestructible. Esto significa que ahora mismo puedes acceder al Ser porque es tu identidad más profunda, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de aferrarlo con la mente. No trates de entenderlo.

Sólo puedes conocerlo dejando la mente en silencio. Cuando estás presente, cuando tu atención está plena e intensamente en el ahora, puedes sentir el Ser, pero nunca podrás entenderlo mentalmente.

La iluminación es recuperar la conciencia del Ser y residir en ese estado de «sensación-realización».

La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, con algo que es esencialmente tú, y sin embargo es mucho mayor que tú. Es encontrar tu verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma.

La incapacidad de sentir esta conexión crea la ilusión de que estás separado de ti mismo y del mundo que te rodea. Entonces te percibes, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo, y los conflictos internos y externos pasan a ser la norma.

El mayor obstáculo para experimentar la realidad de tu conexión es la identificación con la mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. Ser incapaz de dejar de pensar es una enfermedad terrible, pero no nos damos cuenta de ella porque casi todo el mundo la sufre y se considera algo normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar el reino de quietud interior que es inseparable del Ser. También crea un falso yo fabricado por la mente, que lanza una sombra de miedo y sufrimiento.

La identificación con la mente produce una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación. Esa pantalla se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y tu prójimo, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios; crea la ilusión de separación, la ilusión de que tú y el «otro» estáis totalmente separados. Entonces te olvidas del hecho esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, eres uno con todo lo que es.

La mente es un instrumento soberbio si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa de forma in-apropiada, se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: por lo general no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Ésa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.

Es como si estuvieras poseído sin saberlo, y crees que la entidad posesora eres tú.

LA LIBERTAD COMIENZA cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes —la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna— surgen de más allá de la mente.

Empiezas a despertar.

LIBÉRATE DE TU MENTE

La buena nueva es que puedes liberarte de tu mente, que es la única verdadera liberación. Y puedes dar el primer paso ahora mismo.

EMPIEZA POR ESCUCHAR LA VOZ QUE HABLA DENTRO DE TU CABEZA, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años.

Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua.

Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.

Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente.

Así, cuando escuchas un pensamiento, no sólo eres consciente del pensamiento, sino también de ti mismo como testigo del pensamiento. Ha hecho su aparición una nueva dimensión de conciencia.

CUANDO ESCUCHAS EL PENSAMIENTO, sientes como si hubiera una presencia consciente —tu yo profundo— por debajo o detrás de él. De este modo el pensamiento pierde su poder sobre ti y se disuelve rápidamente, porque ya no energetizas tu mente mediante la identificación con ella. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.

Cuando el pensamiento se aquieta, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de «no-mente». Al principio las brechas serán cortas, tal vez duren unos segundos, pero gradualmente se irán prolongando. Cuando ocurren estas discontinuidades, sientes cierta quietud y paz dentro de ti. Es el principio del estado natural de sentirte unido al Ser, generalmente nublado por la mente.

Con la práctica, la sensación de quietud y de paz se va ahondando. De hecho, esa profundidad no tiene fin. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría de Ser.

En este estado de conexión interna estás mucho más alerta, más despierto que en el estado de identificación mental. Estás plenamente presente. Y también se eleva la frecuencia vibratoria del campo energético que da vida al cuerpo físico.

A medida que profundizas en este reino de la no-mente, como a veces se le denomina en Oriente, vas alcanzando el estado de conciencia pura. En ese estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes. Sin embargo, no es un estado de egoísmo, sino de desprendimiento y generosidad. Te lleva más allá de lo que pensabas que era «tu identidad». Esa presencia es esencialmente tú, y al mismo tiempo es inconcebiblemente mayor que tú.

EN LUGAR DE «OBSERVAR AL PENSADOR», también puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente.

Esto es algo por demás satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas. Ésta es la esencia de la meditación.

En TU VIDA COTIDIANA puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma.

Por ejemplo, cada vez que subas o bajes las escaleras en tu casa o en tu puesto de trabajo, presta mucha atención a cada escalón, a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente.

O cuando te laves las manos, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas con esa actividad: el sonido y la sensación del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del jabón, etc.

O cuando entres en tu coche, después de cerrar la puerta, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia.

Hay un criterio que te permite medir el éxito logrado en esta práctica: el grado de paz que sientas en tu interior.

El paso más vital en tu camino hacia la iluminación es éste: aprende a no identificarte con tu mente. Cada vez que creas una apertura en el flujo mental, la luz de tu conciencia se fortalece.

Puede que un día te sorprendas sonriendo a la voz que suena en tu cabeza como sonreirías a las travesuras de un niño. Esto significa que has dejado de tomarte el contenido de tu mente tan en serio, y que tu sentido de identidad ya no depende de él.

ILUMINACIÓN: ELEVARSE POR ENCIMA DEL PENSAMIENTO

A medida que uno crece, va formándose una imagen mental de sí mismo basada en su condicionamiento personal y cultural. A este yo fantasma lo llamamos ego. El ego es tu actividad mental y sólo puede funcionar mediante el pensamiento constante. El término ego tiene distinto significado según se trate de una persona u otra, pero cuando lo uso aquí me refiero al falso yo, creado por una identificación inconsciente con la mente.

Para el ego, el momento presente apenas existe. Sólo considera importantes el pasado y el futuro. Esta inversión total de la verdad explica por qué, en la modalidad ego, la mente es tan disfuncional. Siempre está tratando de mantener el pasado vivo, porque ¿quién serías sin él? Y se proyecta constantemente hacia el futuro para asegurarse la supervivencia y buscar en él una sensación de liberación o satisfacción. Dice: «Algún día, cuando haya ocurrido esto, lo otro o lo de más allá, estaré bien, en paz, seré feliz.»

Incluso cuando parece que el ego está en el presente, no ve el presente: lo percibe equivocadamente porque lo mira con los ojos del pasado. O reduce el presente a ser un medio para un fin, un fin que siempre reside en el futuro proyectado por la mente. Observa tu mente y comprobarás que funciona así.

El momento presente contiene la clave de la liberación, pero no puedes encontrar el momento presente mientras seas tu mente.

Alcanzar la iluminación significa elevarse por encima del pensamiento. En el estado de iluminación sigues usando la mente cuando la necesitas, pero de un modo mucho más enfocado y eficaz que antes. La empleas principalmente con fines prácticos, pero eres libre del diálogo interno involuntario, y vives en la quietud interior.

Cuando empleas la mente, y en particular cuando necesitas dar una solución creativa a algo, vas oscilando cada pocos minutos entre la mente y la quietud, entre la mente y la no-mente. La no-mente es conciencia sin pensamiento. Sólo la no-mente permite pensar creativamente, porque da al pensamiento un poder real. El pensamiento por sí solo, desconectado del vasto campo de la conciencia, se convierte rápidamente en algo estéril, insano, destructivo.

EMOCIÓN: LA REACCIÓN DEL CUERPO A LA MENTE

La mente, tal como yo uso la palabra, no es únicamente el pensamiento. Incluye también las emociones y las pautas de reacción inconscientes, tanto mentales como emocionales. La emoción surge en el punto donde cuerpo y mente se encuentran. Es la reacción del cuerpo a la mente o, dicho de otra forma, el reflejo de la mente en el cuerpo.

Cuanto más te identificas con el pensamiento, con lo que te gusta o disgusta, con tus juicios e interpretaciones, es decir, cuanto menos presente estás como conciencia observante, más fuerte es la carga de energía emocional, seas consciente de ella o no. Si no puedes sentir tus emociones, si estás desconectado de ellas, acabarás sintiéndolas a un nivel puramente físico, como un problema o síntoma físico.

Si TE ES DIFÍCIL SENTIR TUS EMOCIONES, empieza por enfocar la atención en el campo energético interno de tu cuerpo. Siente el cuerpo desde dentro. Así estarás en contacto con tus emociones.

Si realmente quieres conocer tu mente, el cuerpo siempre te dará un reflejo fiel; por tanto, observa la emoción o, más bien, siéntela en tu cuerpo. Si existe un conflicto aparente entre ambos, el pensamiento es el que miente y la emoción dice la verdad. No la verdad última de tu identidad real, sino la verdad relativa de tu estado mental en ese momento.

Es posible que aún no puedas hacer consciente la actividad de tu mente inconsciente en forma de pensamientos, pero siempre se reflejará en el cuerpo como una emoción, de la que sí puedes tomar conciencia.

Observar una emoción es básicamente igual que escuchar u observar un pensamiento, tal como he descrito el proceso anteriormente. La única diferencia es que, mientras el pensamiento está en tu cabeza, la emoción tiene un fuerte componente físico, de modo que se siente principalmente en el cuerpo. Puedes dejar que la emoción esté ahí sin ser controlado por ella. Ya no eres la emoción; eres el observador, la presencia que mira.

Si practicas así, todo lo que es inconsciente en ti saldrá a la luz de la conciencia.

ADQUIERE EL HÁBITO DE PREGUNTARTE: ¿Qué está pasando dentro de mí en este momento? Esa pregunta te orientará en la dirección correcta. Pero no analices, simplemente observa. Enfoca tu atención hacia dentro. Siente la energía de la emoción.

Si no hay ninguna emoción presente, lleva la atención más profundamente al campo energético de tu cuerpo. Es el pasadizo hacia el Ser.

CAPÍTULO DOS

EL ORIGEN DEL MIEDO

El estado de miedo psicológico está divorciado de cualquier peligro real e inmediato. Puede adoptar diversas formas: desazón, preocupación, ansiedad, nervios, tensión, temor, fobia, etc. El miedo psicológico del que hablamos siempre se refiere a algo que podría ocurrir, no a algo que ya está ocurriendo. Tú estás en el aquí y ahora, mientras que tu mente está en el futuro. Esto crea una brecha de ansiedad. Y si te has identificado con tu mente y has perdido el poder y la simplicidad del ahora, esa brecha de ansiedad será tu constante compañera. Siempre puedes afrontar el momento presente, pero no puedes afrontar algo que sólo es una proyección mental; no puedes afrontar el futuro.

Además, mientras sigas identificándote con tu mente, el ego dirigirá tu vida. Debido a su naturaleza fantasmal, y a pesar de sus elaborados mecanismos de defensa, el ego es muy vulnerable e inseguro, y se siente amenazado constantemente. Por cierto, esto sigue siendo verdadero aunque externamente esté muy seguro. Ahora bien, recuerda que una emoción es la reacción del cuerpo a la mente. ¿Qué mensaje recibe continuamente el cuerpo desde el ego, desde ese falso yo fabricado por la mente?: peligro, estoy amenazado. ¿Y qué emoción genera este mensaje continuo?: miedo, por supuesto.

El miedo parece tener muchas causas: miedo a la pérdida, miedo al fracaso, miedo a que nos hieran, y así sucesivamente; pero, en definitiva, todos los miedos pueden resumirse en el miedo del ego a la muerte, a la aniquilación. Para el ego, la muerte siempre está a la vuelta de la esquina. En este estado de identificación con la mente, el miedo a la muerte afecta a todos los aspectos de tu vida.

Por ejemplo, algo tan aparentemente trivial y «normal» como la necesidad compulsiva de tener razón en una discusión y demostrar que el otro está equivocado —defender la posición mental con la que te has identificado— se debe al miedo a la muerte. Si te identificas con una posición mental y resulta que estás equivocado, tu sentido de identidad, basado en la mente, se sentirá bajo una seria amenaza de aniquilación. Por tanto, tú, como ego, no puedes permitirte estar equivocado. Equivocarse es morir. Esto ha motivado muchas guerras y ha causado la ruptura de innumerables relaciones.

Cuando dejas de identificarte con la mente, el hecho de tener razón o estar equivocado es indiferente para tu sentido de identidad; de modo que esa necesidad compulsiva, apremiante y profundamente inconsciente de tener razón, que es una forma de violencia, deja de estar presente. Puedes expresar cómo te sientes y lo que piensas con claridad y firmeza, pero tal expresión no estará teñida de agresividad ni actitud defensiva. Tu sentido de identidad deriva entonces de un lugar más profundo y verdadero dentro de ti, no de la mente.

OBSERVA CUALQUIER ACTITUD DEFENSIVA que surja en ti. ¿Qué estás defendiendo?: una identidad ilusoria, una imagen mental, una entidad ficticia. Haciendo consciente este patrón y observándolo, puedes romper la identificación con él. El patrón inconsciente comenzará a disolverse rápidamente a la luz de tu conciencia.

Este es el final de todas las discusiones y juegos de poder, que son tan corrosivos para las relaciones. El poder sobre los demás es debilidad disfrazada de fuerza. El verdadero poder está dentro, y está a tu disposición ahora.

La mente siempre trata de negar el ahora y de escapar de él. En otras palabras: cuanto más te identificas con tu mente, más sufres. O puedes decirlo de este otro modo: cuanto más capaz seas de valorar y aceptar el ahora, más libre estarás del dolor y del sufrimiento, más libre de la mente egotista.

Si no deseas crear más dolor para ti mismo ni para los demás, si no quieres añadir más dolor al residuo del pasado que aún vive en ti, no crees más tiempo, o crea el imprescindible para gestionar los aspectos prácticos de la vida. ¿Cómo dejar de crear tiempo?

DATE CUENTA INEQUÍVOCAMENTE DE QUE EL MOMENTO PRESENTE es lo único que tienes. Haz del ahora el centro fundamental de tu vida. Si antes vivías en el tiempo y hacías breves visitas al ahora, establece tu residencia habitual en el ahora y haz breves visitas al pasado y al futuro cuando tengas que resolver los asuntos prácticos de tu vida.

Di siempre «sí» al momento presente.

ACABA CON LA ILUSIÓN DEL TIEMPO

La clave es ésta: acaba con la ilusión del tiempo. Tiempo y mente son inseparables. Retira el tiempo de la mente y ésta se para, a menos que elijas usarla.

Estar identificado con la mente es estar atrapado en el tiempo: vives de forma compulsiva y, casi exclusivamente, mediante el recuerdo y la anticipación. Esto produce una preocupación interminable por el pasado y el futuro, y una falta de disposición a honrar y reconocer el momento presente y permitir que sea. La compulsión surge porque el pasado te da una identidad y el futuro contiene una promesa de salvación, de una realización de algún tipo. Ambas son ilusiones.

Cuanto más te enfocas en el tiempo —pasado y futuro— más pierdes el ahora, lo más precioso que hay.

¿Por qué es lo más precioso? En primer lugar, porque es lo único que hay. Es todo lo que hay. El eterno presente es el espacio dentro del que se despliega tu vida, el único factor que permanece constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en que tu vida no fuera ahora, ni lo habrá jamás. En segundo lugar, el ahora es el único punto que puede llevarte más allá de los limitados confines de la mente. Es tu único punto de acceso al reino informe e intemporal del Ser.

¿Has experimentado, hecho, pensado o sentido algo fuera del momento presente? ¿Piensas que lo harás alguna vez? ¿Es posible que algo ocurra o sea fuera del ahora? La respuesta es evidente, ¿no es cierto?

Nada ocurrió nunca en el pasado; ocurrió en el ahora. Nada ocurrirá nunca en el futuro; ocurrirá en el ahora.

La esencia de lo que estoy diciendo aquí no puede entenderse mentalmente. En el momento que lo entiendes, se produce un cambio de conciencia de la mente al Ser, del tiempo a la presencia. De repente, todo se vivifica, irradia energía, emana Ser.

CAPÍTULO TRES

ACCEDE AL PODER DEL AHORA

Las dimensiones intemporales están acompañadas por otro tipo de conocimiento, un conocimiento que no «mata» el espíritu que habita en cada criatura y en cada cosa. Un conocimiento que no destruye la sacralidad y el misterio de la vida, sino que muestra un profundo amor y reverencia por todo lo que es. Un conocimiento del que la mente no sabe nada.

ROMPE LA VIEJA ESTRUCTURA de resistencia al momento presente, de negación del presente. Convierte en práctica el hecho de retirar la atención que prestas al pasado y al futuro cuando no sean necesarios. Sal de la dimensión temporal lo más posible en tu vida cotidiana.

Si te resulta difícil entrar directamente en el ahora, comienza observando tu habitual tendencia mental a escapar de él. Observarás que el futuro suele imaginarse como mejor o peor que el presente. Si el futuro imaginario es mejor, te da esperanza o expectativas placenteras. Si es peor, crea ansiedad. Ambas son ilusorias.

La autoobservación permite la entrada automática de más presencia en tu vida. En el momento de darte cuenta de que no estás presente, estás presente. En cuanto eres capaz de observar tu mente, ya no estás atrapado en ella. Ha entrado en juego otro factor que no es mental: la presencia del testigo.

Mantente presente como observador de tu mente, de tus pensamientos y emociones, así como de tus reacciones a las diversas situaciones. Interésate al menos tanto por tus reacciones como por la situación o persona que te hace reaccionar.

Nota también cuántas veces tu atención se va al pasado o al futuro. No juzgues ni analices lo que observas. Contempla el pensamiento, siente la emoción, observa la reacción. No las conviertas en un problema personal. Entonces sentirás algo más poderoso que cualquiera de las cosas observadas: la presencia misma, serena y observante, que está detrás de tus contenidos mentales; el observador silencioso.

Se necesita una intensa presencia cuando ciertas situaciones provocan una reacción muy cargada de emoción, como cuando tu autoimagen se ve amenazada, cuando te topas con un desafío existencial que te da miedo, cuando las cosas «van mal» o surge un complejo emocional del pasado. En todos estos casos, tiendes a volverte «inconsciente». La reacción o la emoción se apodera de ti: te «conviertes» en ella. Eres el actor que la representa. Te justificas, acusas al otro, atacas, te defiendes…, pero no eres tú: es una pauta reactiva, es la mente en su modalidad habitual de supervivencia.

La identificación con la mente da a ésta más energía; la observación de la mente le quita fuerzas. La identificación con la mente crea más tiempo; la observación de la mente te abre a las dimensiones intemporales. La energía retirada de la mente se convierte en presencia. Si puedes sentir lo que significa estar presente, resulta mucho más fácil elegir salir de la dimensión temporal —cuando no necesitas el tiempo por motivos prácticos— y entrar profundamente en el ahora.

Esto no reduce tu capacidad de usar el tiempo —pasado o futuro— cuando tienes que referirte a él por alguna causa concreta. Tampoco reduce tu capacidad de usar tu mente; de hecho, la aumenta.

Cuando utilices la mente, ésta será más aguda, estará más enfocada.

El principal foco de atención de la persona iluminada está siempre en el ahora, aunque sigue manteniendo una conciencia periférica del tiempo. En otras palabras: continúa usando el tiempo del reloj, pero es libre del tiempo psicológico.

ABANDONA EL TIEMPO PSICOLÓGICO

Aprende a usar el tiempo en los aspectos prácticos de tu vida —podemos denominarlo el «tiempo del reloj»—, pero regresa inmediatamente a la conciencia del presente cuando esos asuntos prácticos estén resueltos. Así no habrá una acumulación de «tiempo psicológico», que es la identificación con el pasado y la continua proyección compulsiva hacia el futuro.

Si te marcas un objetivo y avanzas hacia él, estás usando el tiempo del reloj. Eres consciente de adonde quieres ir, pero valoras y das la máxima atención al paso que estás dando en este momento. Si te centras excesivamente en el objetivo, quizá porque estás buscando la felicidad, la realización, o completar tu sentido de identidad, dejas de honrar el ahora. Entonces se queda reducido a un simple paso intermedio sin valor intrínseco que te permite acceder al futuro. El tiempo del reloj se convierte en tiempo psicológico. Tu camino de vida deja de ser una aventura y se reduce a una necesidad obsesiva de llegar, de alcanzar, de «lograrlo». Dejas de mirar y de oler las flores que están a los lados del camino y dejas de interesarte por la belleza y el milagro de la vida que se desarrolla a tu alrededor cuando estás presente en el ahora.

¿Estás siempre tratando de llegar a otro lugar distinto de donde estás? ¿Son la mayoría de tus acciones sólo un medio para conseguir un fin? ¿Pospones siempre la satisfacción o la reduces a breves placeres como el sexo, la comida, la bebida, las drogas o las emociones intensas y la excitación? ¿Estás siempre centrado en conseguir, alcanzar y llegar a ser, o, alternativamente, estás siempre buscando una nueva emoción o placer? ¿Crees que si adquieres más cosas te sentirás más realizado, serás lo suficientemente bueno o estarás psicológicamente completo? ¿Esperas que un hombre o una mujer dé sentido a tu vida?

En el estado de conciencia normal, es decir, no iluminado, el poder y el infinito potencial creativo que residen en el ahora quedan totalmente oscurecidos por el tiempo psicológico. Tu vida pierde la cualidad vibrante, la frescura, la maravilla. Las viejas pautas de pensamiento, emoción, conducta, reacción y deseo se expresan en acciones absolutamente repetitivas; son un guión mental que te da una especie de identidad, pero distorsiona o encubre la realidad del ahora. A continuación la mente crea una obsesión en la que el futuro sirve para escapar de un presente insatisfactorio.

Lo que percibes como futuro es parte intrínseca de tu estado de conciencia ahora. Si tu mente lleva una pesada carga del pasado, experimentarás más de lo mismo. El pasado se perpetúa a sí mismo por la falta de presencia. La calidad de tu conciencia en este momento es lo que conforma el futuro, que, por supuesto, sólo puede ser experimentado como el ahora.

Y si la calidad de tu conciencia en este momento es lo que determina el futuro, ¿qué determina la calidad de tu conciencia? El grado de presencia que tengas. Por tanto, el único lugar donde puede ocurrir el verdadero cambio y donde puede disolverse el pasado es el ahora.

Quizá te cueste reconocer que el tiempo es la causa de tus sufrimientos y de tus problemas. Crees que están causados por situaciones específicas de tu vida, y desde el punto de vista convencional eso es verdad. Pero hasta que no enfrentas la disfunción fundamental de la mente —su apego al pasado y al futuro y su negación del ahora—, en realidad los problemas son intercambiables.

Si hoy desaparecieran milagrosamente de tu vida todas las causas de sufrimiento o infelicidad, pero no estuvieras más presente, más consciente, pronto te encontrarías con una serie de problemas similares, como una sombra que sigue tus pasos. En último término sólo hay un problema: la mente ligada al tiempo.

En el tiempo no hay salvación. No puedes ser libre en el futuro.

LA PRESENCIA ES LA LLAVE de la libertad, de modo que sólo puedes ser libre ahora.

ENCUENTRA LA VIDA SUBYACENTE EN TU SITUACIÓN DE VIDA

En lugar de hablar de tu «vida» deberías ser más preciso y hablar de tu «situación de vida», que está hecha de tiempo psicológico: pasado y futuro. Ciertas cosas del pasado no fueron como deseabas. Aún sigues resistiéndote a lo ocurrido en el pasado, y ahora te estás resistiendo a lo que es. Lo que te hace seguir adelante es la esperanza, pero la esperanza hace que estés enfocado en el futuro, y ese enfoque permanente perpetúa tu negación del ahora y, por tanto, tu infelicidad.

Olvídate de tu situación de vida durante un tiempo y presta atención a tu vida.

Tu situación de vida existe en el tiempo. Tu vida es ahora.

Tu situación de vida es un asunto mental. Tu vida es real.

Encuentra la «puerta estrecha que conduce a la vida». Se llama el ahora. Reduce el ámbito de tu vida a este momento. Tu situación de vida puede estar llena de problemas —como lo están la mayoría de ellas—, pero averigua si tienes algún problema en este momento. No mañana, ni dentro de diez minutos, sino ahora. ¿Tienes un problema ahora?

Cuando estás lleno de problemas no hay espacio para que pueda entrar nada nuevo, no hay lugar para una solución. Por eso, cuando puedas, date espacio, crea el espacio que te permita encontrar la corriente de vida que subyace a tu situación de vida.

EMPLEA TUS SENTIDOS PLENAMENTE. Trata de estar donde estás. Mira a tu alrededor. Simplemente mira, sin interpretar. Observa la luz, las formas, los colores, las texturas. Sé consciente de la presencia silenciosa de cada cosa. Sé consciente del espacio que permite que cada cosa sea.

Escucha los sonidos; no los juzgues. Escucha el silencio debajo de los sonidos. Toca algo, cualquier cosa, y siente y reconoce su Ser.

Observa el ritmo de tu respiración; siente cómo fluye el aire dentro y fuera, siente la energía de vida dentro de tu cuerpo. Permite que todo sea, tanto dentro como fuera. Permite y reconoce la «cualidad» de las cosas. Entra profundamente en el ahora.

Estás dejando atrás el mundo mortecino de la abstracción mental, del tiempo. Estás saliendo de la mente alocada que agota tu energía de vida, del mismo modo que está envenenando y destruyendo la Tierra. Estás despertando del sueño del tiempo al presente.

TODOS LOS PROBLEMAS SON ILUSIONES MENTALES.

CENTRA TU ATENCIÓN EN EL AHORA y dime qué problema tienes en este momento.

No me estás dando ninguna respuesta porque es imposible tener un problema cuando tu atención está plenamente en el ahora. Hay una situación que tiene que ser afrontada o aceptada, eso sí. Pero ¿por qué convertirla en un problema?

Inconscientemente, a la mente le encantan los problemas porque te dan cierta identidad. Es algo normal; y es una locura. «Tener un problema» significa dar vueltas mentalmente a una situación sin tener verdadera intención o posibilidad de hacer algo respecto ahora. Inconscientemente estás haciendo del problema parte de tu identidad. Acabas sintiéndote tan agobiado por tu situación de vida que pierdes la sensación de la vida, del Ser. O llevas en tu mente la pesada carga de un centenar de cosas que tendrás que hacer en el futuro, en lugar de centrar tu atención en lo único que puedes hacer ahora.

CUANDO CREAS UN PROBLEMA, creas dolor. Basta con hacer una simple elección, con tomar una simple decisión: pase lo que pase, no generaré más dolor para mí mismo. No me crearé más problemas.

Aunque es una elección simple, también es muy radical. No podrás tomar esa decisión a menos que estés realmente muy harto de sufrir y consideres que ya has tenido suficiente. Pero tampoco podrás mantenerla a menos que hayas accedido al. poder del ahora. Si no generas más dolor para ti mismo, tampoco lo generarás para los demás. Y tampoco contaminarás la hermosa Tierra, tu espacio interno, ni el psiquismo colectivo con la negatividad de los problemas.

Si surge una situación que tienes que afrontar ahora, la acción surgida de tu conciencia del momento presente será clara e incisiva. También es más probable que sea efectiva. No será una reacción surgida de tu condicionamiento mental previo, sino una respuesta intuitiva a la situación. En ciertos casos en los que la mente ligada al tiempo reaccionaría, te parecerá más eficaz no hacer nada y simplemente permanecerás centrado en el ahora.

LA ALEGRÍA DE SER

Para notar si te has dejado atrapar por el tiempo psicológico, puedes usar un criterio muy simple.

PREGÚNTATE: ¿Hay alegría, fluidez y ligereza en lo que estoy haciendo? Si no la hay, es que el tiempo encubre el momento presente y percibes la vida como una carga o como un esfuerzo.

Si no hay alegría, fluidez o ligereza en lo que haces, eso no significa necesariamente que tengas que cambiar lo que haces. A veces, simplemente, basta con cambiar la manera de hacerlo. El «cómo» siempre es más importante que el «qué». Trata de conceder mucha más atención a lo que haces que al resultado que esperas obtener. Centra toda tu atención en lo que el momento te ofrezca. Esto implica aceptar plenamente lo que es, porque no puedes conceder toda tu atención a algo y al mismo tiempo resistirte a ello.

En cuanto honras el momento presente, toda infelicidad y esfuerzo se disuelven, y la vida empieza a fluir con alegría y suavidad. Si tus actos surgen de la conciencia del momento presente, cualquier cosa que hagas, hasta la acción más simple, quedará impregnada de calidad, cuidado y amor.

NO TE PREOCUPES POR EL FRUTO DE TUS ACCIONES: mantente atento a la acción misma. El fruto ya vendrá cuando corresponda. Ésta es una práctica espiritual muy poderosa.

Cuando cesa el esfuerzo compulsivo por alejarse del ahora, la alegría de Ser fluye en todo lo que haces. En cuanto tu atención se orienta hacia el ahora, sientes una presencia, una quietud, una paz. Ya no dependes del futuro para conseguir la satisfacción o la realización; no buscas en él la salvación. Por tanto, no te apegas a los resultados. Ni el éxito ni el fracaso pueden cambiar el estado de tu Ser interno. Has encontrado la vida subyacente en tu situación de vida.

En ausencia del tiempo psicológico, tu sentido de identidad procede del Ser, no de tu pasado personal. Y así la necesidad psicológica de convertirte en algo distinto de lo que eres deja de presionar. En el mundo, en lo relativo a tu situación de vida, puedes hacerte rico, adquirir conocimientos, tener éxito, liberarte de esto o de aquello, pero en las dimensiones profundas del Ser ya eres completo y total ahora.

EL ESTADO INTEMPORAL DE CONCIENCIA

Cuando cada célula de tu cuerpo esté tan presente que vibre de vida, y cuando puedas sentir esa vida en cada momento como la alegría de Ser, entonces puedes decir que te has liberado del tiempo.

Liberarse del tiempo es liberarse de la necesidad psicológica del pasado para tener una identidad; y del futuro, para hallar la realización. Representa la transformación de conciencia más profunda que se pueda imaginar.

CUANDO HAS OBTENIDO LOS PRIMEROS ATISBOS DEL ESTADO INTEMPORAL DE CONCIENCIA, empieza un ir y venir entre la dimensión temporal y la presencia. Empiezas por darte cuenta de que tu conciencia raras veces está verdaderamente en el ahora. Pero saber que no estás presente es ya un gran éxito: ese saber es presencia, aunque al principio sólo dure unos segundos de reloj antes de que vuelvas a perderla.

A continuación, y cada vez con más frecuencia, eliges enfocar la conciencia en el momento presente más que en el pasado o en el futuro, y al darte cuenta de que has perdido el ahora, eres capaz de permanecer en él no sólo un par de segundos, sino periodos más largos, tal como se perciben desde la perspectiva externa del tiempo del reloj.

Así, antes de establecerte firmemente en el estado de presencia, es decir, antes de poder ser plenamente consciente, pasas un tiempo yendo y viniendo entre la conciencia y la inconsciencia, entre el estado de presencia y el estado de identificación con la mente. Pierdes el ahora y vuelves a él, una y otra vez, hasta que finalmente la presencia se convierte en tu estado predominante.

CAPITULO CUATRO

LA DISOLUCIÓN DE LA INCONSCIENCIA

Es fundamental que lleves más conciencia a tu vida en las situaciones ordinarias, cuando todo va relativamente bien. Así irá creciendo el poder de tu presencia, que genera en ti y a tu alrededor un campo de alta frecuencia vibratoria. Ninguna inconsciencia ni negatividad, ninguna discordia o violencia podrán entrar en ese campo y sobrevivir, del mismo modo que la oscuridad no puede sobrevivir en presencia de la luz.

Cuando aprendes a ser testigo de tus pensamientos y emociones, que es parte esencial del estar presente, te sorprende el ruido de fondo de la inconsciencia ordinaria y te das cuenta de que muy pocas veces te sientes verdaderamente cómodo contigo mismo, si es que te ocurre alguna vez.

A nivel mental, encontrarás abundantes resistencias en forma de juicios, descontento y proyecciones mentales que te alejan del ahora. A nivel emocional, notarás una corriente subterránea de incomodidad, tensión, aburrimiento o nervios. Todos estos contenidos son aspectos de la mente en su habitual modalidad de resistencia.

OBSERVA LOS DIVERSOS MODOS EN QUE LA INTRANQUILIDAD, el descontento y la tensión surgen en ti como consecuencia de juicios innecesarios, resistencias a lo que es y la negación del ahora. Lo inconsciente se disuelve cuando lo iluminas con la luz de la conciencia.

Cuando aprendas a disolver la inconsciencia ordinaria, la luz de tu propia presencia brillará con fulgor, y será más fácil afrontar la inconsciencia profunda cuando sientas su atracción magnética. Sin embargo, puede que la inconsciencia ordinaria no resulte fácil de detectar, porque es muy común.

ACOSTÚMBRATE A HACER UN SEGUIMIENTO DE TU ESTADO EMOCIONAL Y MENTAL mediante la autoobservación.

Una buena pregunta que podrías plantearte frecuentemente es: «¿Estoy relajado en este momento?»

O también puedes indagar: «¿Qué está ocurriendo dentro de mí en este instante?»

Interésate al menos tanto por lo que ocurre dentro de ti como por lo que pasa fuera. Si consigues que lo de dentro esté bien, lo de fuera encajará en su lugar. La realidad primaria está dentro; la secundaria, fuera.

Y NO TE RESPONDAS A ESTAS PREGUNTAS INMEDIATAMENTE. Dirige tu atención hacia dentro. Mira dentro de ti.

¿Qué tipo de pensamientos está produciendo tu mente? ¿Qué sientes?

Dirige tu atención al cuerpo. ¿Notas alguna tensión?

Cuando detectes cierto nivel de incomodidad, el ruido de fondo, observa cómo estás evitando, resistiéndote o negando la vida por negar el ahora.

Hay muchas maneras de resistirse inconscientemente al momento presente. Con la práctica aumentará tu poder de autoobservación, tu capacidad de hacer un seguimiento de tu estado interno.

DONDEQUIERA QUE ESTÉS, MANTENTE PLENAMENTE PRESENTE

¿Estás estresado? ¿Estás tan agitado tratando de llegar al futuro que el presente queda reducido a un medio para alcanzarlo? Lo que causa tensión es estar «aquí» queriendo estar «allí», o estar en el presente queriendo estar en el futuro. Es una disyuntiva que te desgarra por dentro.

¿Te absorbe mucha atención el pasado? ¿Sueles hablar de él y pensar en él positiva o negativamente? ¿Piensas en los grandes logros que has alcanzado, en tus aventuras y experiencias, o en tu historial de víctima y en las cosas horribles que te sucedieron? ¿O quizá piensas en lo que tú hiciste a otra persona?

¿Qué crean tus pensamientos: culpa, orgullo, resentimiento, ira, lamentos, autocompasión…? Entonces, además de reforzar un falso sentido de identidad, estás ayudando a acelerar el proceso de envejecimiento de tu cuerpo produciendo una acumulación de pasado en tu psique. Verifícalo por ti mismo observando a las personas cercanas que tengan una fuerte tendencia a aferrarse al pasado.

HAZ MORIR EL PASADO CADA MOMENTO. No lo necesitas. Refiérete a él sólo cuando sea absolutamente relevante para el presente. Siente el poder de este momento y la plenitud del Ser. Siente tu presencia.

¿Estás preocupado? ¿Sueles pensar mucho en «lo que pasaría si…»? Entonces estás identificado con tu mente, que se proyecta en una imaginaria situación futura y genera miedo. No hay modo de poder afrontar esa situación, porque no existe. Es un fantasma mental.

Sin embargo, puedes parar esa locura que corroe la salud y la vida volviendo a tomar conciencia del momento presente.

SIENTE TU RESPIRACIÓN. Siente el aire que fluye dentro y fuera de tu cuerpo. Siente tu campo de energía interna. Lo único que tienes que afrontar, con lo que tienes que lidiar en la vida real —en oposición a las proyecciones mentales imaginarias—, es este momento.

Pregúntate qué «problema» tienes ahora mismo, no el año próximo, mañana o dentro de cinco minutos. ¿Qué está mal en este momento?

Siempre puedes lidiar con el ahora, pero nunca podrás lidiar con el futuro, y tampoco tienes que hacerlo. La respuesta, la fuerza, la acción justa o el recurso estarán allí cuando los necesites, no antes ni después.

¿Estás acostumbrado a «esperar»? ¿Pasas buena parte de tu vida esperando? Para mí, «esperar a pequeña escala» es esperar en la cola de correos, en un atasco de tráfico, en el aeropuerto, esperar a que llegue alguien o hasta acabar un trabajo. «Esperar a gran escala» es esperar a las próximas vacaciones, a tener un trabajo mejor, a que crezcan los niños, a establecer una relación significativa, a triunfar, a hacer dinero, a ser importante, a iluminarte. Es bastante común que la gente se pase toda la vida esperando para empezar a vivir.

La espera es un estado mental. Significa básicamente que quieres el futuro y no quieres el presente. No quieres lo que tienes y quieres lo que no tienes. Cuando esperas estás creando un conflicto inconsciente entre tu aquí y ahora —el lugar donde no quieres estar— y el futuro proyectado —el lugar donde quieres estar—. Esto reduce mucho tu calidad de vida, obligándote a perder el presente.

Por ejemplo, mucha gente espera que le llegue la prosperidad, pero ésta no puede llegar en el futuro. Cuando honras, reconoces y aceptas plenamente tu realidad presente —dónde estás, quién eres y lo que estás haciendo ahora mismo—; cuando aceptas plenamente aquello de lo que dispones, entonces agradeces lo que tienes, agradeces lo que es, agradeces Ser. La verdadera prosperidad es sentirse agradecido por el momento presente y por la plenitud de la vida ahora mismo. No puede llegar en el futuro. Más adelante, con el tiempo, esa prosperidad se manifestará de diversas formas.

Si estás insatisfecho con lo que tienes, o incluso frustrado o enfadado por tus carencias actuales, eso puede motivarte a hacerte rico; pero, aunque acumules millones, seguirás sintiendo la carencia interna, y en el fondo continuarás estando insatisfecho. Puede que hayas tenido muchas experiencias interesantes de las que pueden comprarse con dinero, pero las experiencias van y vienen, y siempre te dejarán con una sensación de vacío, necesitado de nuevas gratificaciones físicas o psicológicas. No habitarás en el Ser, sintiendo la plenitud de la vida ahora, que es la única prosperidad verdadera.

RENUNCIA A LA ESPERA COMO UN ESTADO MENTAL.

Cuando te sorprendas cayendo en el estado de espera… sal de inmediato. Ven al momento presente. Simplemente sé y disfruta siendo. Si estás presente no tienes ninguna necesidad de esperar.

Así, la próxima vez que alguien te diga: «Siento haberte hecho esperar», puedes responder: «No te preocupes. No estaba esperando. Simplemente estaba aquí, disfrutando, contento de estar conmigo mismo.»

Éstas son algunas de las estrategias mentales para negar el momento presente que forman parte de nuestra inconsciencia ordinaria. Resulta fácil pasarlas por alto porque son parte de la vida cotidiana: el ruido de fondo del descontento perpetuo. Pero cuanto más te dediques a hacer un seguimiento de tu estado interno emocional y mental, antes sabrás que te has dejado atrapar en el pasado o en el futuro, es decir, en la inconsciencia, y más rápido despertarás del sueño del tiempo al presente.

Pero ten cuidado: el falso yo infeliz, basado en la identificación con la mente, vive en el tiempo. Él sabe perfectamente que el momento presente supone su muerte y se siente amenazado. Hará todo lo que pueda por sacarte del ahora. Intentará mantenerte atrapado en el tiempo.

En cierto sentido, el estado de presencia puede ser comparado a una espera. Se trata de un tipo de espera completamente distinto que requiere que estés plenamente alerta. Algo podría ocurrir en cualquier momento, y si no estás absolutamente alerta, absolutamente en calma, te lo vas a perder. En ese estado, toda tu atención está en el ahora. No te queda nada de atención para soñar despierto, pensar, recordar, anticipar. En esa espera no hay tensión ni miedo; sólo una presencia alerta. Estás presente con todo tu Ser, con cada célula de tu cuerpo.

En ese estado, el «tú» que tiene un pasado y un futuro, al que solemos dar el nombre de personalidad, apenas está presente. Sin embargo, no se pierde nada de valor. En esencia, sigues siendo tú mismo. De hecho, eres más plenamente tú mismo que nunca o, más bien, sólo ahora eres verdaderamente tú mismo.

EL PASADO NO PUEDE SOBREVIVIR EN TU PRESENCIA

Los desafíos del presente sacarán a la luz lo que necesites saber de tu pasado inconsciente. Si te sumerges en el pasado, se convertirá en un pozo sin rondo: siempre hay más. Puede que pienses que necesitas más tiempo para entender el pasado o para liberarte de él; en otras palabras, puede que pienses que el futuro acabará liberándote del pasado. Pero eso es una ilusión. Sólo el presente puede liberarte del pasado. Ahondar en el tiempo no puede liberarte del tiempo.

Accede al poder del ahora: esa es la clave. El poder del ahora no es más que el poder de tu presencia, tu conciencia liberada de las formas del pensamiento. Así que afronta el pasado desde el presente. Cuanta más atención concedes al pasado, más lo energetizas, y más probable es que te construyas una «identidad» con él.

Entiéndeme bien: la atención es esencial, pero no al pasado como pasado. Presta atención al presente; presta atención a tu comportamiento, a tus reacciones, estados de ánimo, pensamientos, emociones, miedos y deseos, tal como surgen en el presente. Ellos son el pasado en ti. Si puedes estar suficientemente presente como para observarlos, sin criticarlos ni analizarlos, sin juicio alguno, entonces estás afrontando el pasado y disolviéndolo con el poder de tu presencia.

No puedes encontrarte volviendo al pasado. Te encuentras viniendo al presente.

CAPÍTULO CINCO

LA BELLEZA SURGE EN LA QUIETUD DE TU PRESENCIA

Se necesita presencia para tomar conciencia de la belleza, de la majestad, de la sacralidad de la naturaleza. ¿Has mirado alguna vez la infinitud del espacio en una noche clara, quedándote anonadado ante su absoluta quietud e inconcebible enormidad? ¿Has escuchado, realmente escuchado, el rumor de un arroyo de montaña en el bosque? ¿Y el sonido de un mirlo al atardecer un tranquilo día de verano?

Para tomar conciencia de este tipo de estímulos la mente tiene que estar serena. Tienes que abandonar momentáneamente tu equipaje personal de problemas, de pasado y de futuro, y todo tu conocimiento, porque, de no hacerlo, verás pero no verás y oirás pero no oirás. Tienes que estar totalmente presente.

MÁS ALLÁ DE LA BELLEZA DE LAS FORMAS EXTERNAS, hay otra cosa: algo innombrable, inefable, algo profundo, interno, la esencia sagrada. Donde y cuando quiera que encontramos algo bello, percibimos el brillo de esta esencia interna, que sólo se nos revela cuando estamos presentes.

¿Podría ocurrir que esta esencia innombrable y tu presencia fueran una única y misma cosa?

¿Estaría ahí si tú no estuvieras presente?

Profundiza en ello. Descúbrelo por ti mismo.

LA REALIZACIÓN DE LA CONCIENCIA PURA

Cuando observas la mente, retiras conciencia de las formas mentales, y esa conciencia se convierte en el observador o testigo. En consecuencia, el observador —conciencia pura más allá de la forma — se fortalece y las formaciones mentales se debilitan.

Cuando hablamos de observar la mente estamos llevando a la esfera personal un evento de significa- do cósmico: a través de ti, la conciencia está despertando de su sueño de identificación con la forma y se está retirando de la forma. Esto presagia un suceso —y a la vez forma parte de él— que probablemente aún queda en un futuro lejano. Ese suceso es el fin del mundo.

PARA MANTENERSE PRESENTE EN LA VIDA COTIDIANA resulta útil estar profundamente arraigado en uno mismo porque, de lo contrario, la mente, que tiene una enorme inercia, te arrastra como la crecida de un río.

Mantenerte presente significa habitar tu cuerpo plenamente. Tener siempre parte de tu atención en el campo energético interno de tu cuerpo. Sentir el cuerpo por dentro, por así decirlo. La conciencia corporal te mantiene presente. Te ancla en el ahora.

El cuerpo que puedes ver y tocar no puede llevarte al Ser. Pero este cuerpo visible y tangible sólo es un caparazón externo o, más bien, una percepción limitada y distorsionada de una realidad más profunda. En tu estado natural de conexión con el Ser, esa realidad más profunda puede sentirse a cada momento como el cuerpo interno invisible, la presencia interna que te anima. Por tanto, «habitar el cuerpo» es sentirlo desde dentro, sentir la vida dentro del cuerpo y así llegar a saber que eres más allá de la forma externa.

Estarás desvinculado del Ser mientras tu mente consuma toda tu atención. Si te ocurre esto —y a la mayoría de la gente le sucede continuamente—, significa que no estás en tu cuerpo. La mente absorbe toda tu conciencia y la transforma en materia mental. No puedes dejar de pensar.

Para hacerte consciente del cuerpo, necesitas reorientar tu conciencia mental. Ésta es una de las tareas más esenciales del camino espiritual porque libera enormes cantidades de conciencia que habían quedado atrapadas en el pensamiento inútil y compulsivo. Una manera eficaz de hacerlo es retirar el foco de atención del pensamiento y dirigirlo hacia el cuerpo, donde, al principio, podremos sentir el Ser como un campo energético invisible que da vida a lo que percibimos como nuestro cuerpo físico.

CONECTA CON EL CUERPO INTERNO

Por favor, inténtalo ahora mismo. A lo largo de esta práctica quizá te resulte útil mantener los ojos cerrados, pero más adelante, cuando «estar en el cuerpo» sea algo fácil y natural, ya no será necesario.

DIRIGE TU ATENCIÓN AL CUERPO; siéntelo desde dentro. ¿Está vivo? ¿Hay vida en tus manos, brazos, piernas y pies, en tu abdomen, en tu pecho?

¿Puedes sentir el campo de energía sutil que impregna la totalidad del cuerpo y llena de vida vibrante cada órgano y cada célula? ¿Puedes sentirlo simultáneamente en todas partes de tu cuerpo como un campo de energía unificado?

Sigue concentrándote en las sensaciones de tu cuerpo interno durante unos momentos. No empieces a pensar en él. Siéntelo.

Cuanta más atención le concedas, más clara e intensa será la sensación. Sentirás como si cada célula estuviera más viva, y si tienes muy desarrollado el sentido visual, puede que recibas una imagen de tu cuerpo volviéndose luminoso. Esa imagen podrá ayudarte temporalmente, pero presta más atención a la sensación que a cualquier figuración que pueda surgir. Una imagen, por muy hermosa o intensa que sea, ya tiene una forma definida, y no te permite profundizar tanto como la sensación.

ENTRA PROFUNDAMENTE EN EL CUERPO

Para entrar aún más profundamente en el cuerpo, practica la siguiente meditación. Diez o quince minutos de reloj deberían bastar.

ASEGÚRATE DE QUE NO HAYA DISTRACCIONES EXTERNAS, como teléfonos o personas, que puedan interrumpirte. Siéntate en una silla, pero sin apoyarte en el respaldo. Mantén la columna erguida. Eso te ayudará a estar alerta. Como alternativa, elige tu posición favorita de meditación. Mantén el cuerpo relajado. Cierra los ojos.

Realiza unas cuantas respiraciones. Siente que respiras hacia el bajo vientre. Observa cómo se expande y se contrae ligeramente con cada inspiración y espiración.

Después toma conciencia de todo el campo energético interno del cuerpo. No pienses en él; siéntelo. Al hacerlo, arrebatas conciencia a la mente. Si te sirve de ayuda, usa la visualización de la «luz» que he descrito anteriormente.

Cuando sientas claramente el cuerpo interno como un campo unificado, abandona, si te es posible, cualquier imagen visual y céntrate exclusivamente en la sensación. Si puedes, abandona también cualquier imagen que pueda quedarte del cuerpo físico. Lo único que te quedará es una sensación omniincluyente de presencia o «de Ser», y sentirás que el cuerpo interno no tiene límites.

A continuación ahonda con tu atención en esa sensación. Hazte uno con ella. Fúndete con el campo energético, de modo que desaparezca la percepción de dualidad entre el observador y lo observado, entre tú y tu cuerpo. Poco a poco se va disolviendo la distinción entre lo interno y lo externo, de modo que ya no queda cuerpo interno. Entrando profundamente en el cuerpo lo has trascendido.

Mantente en el reino del puro Ser el tiempo que te resulte cómodo; después vuelve a tomar conciencia del cuerpo físico, de tu respiración y de los sentidos físicos, y abre los ojos. Observa tu entorno durante unos minutos meditativamente —es decir, sin ponerle etiquetas mentales— y mientras tanto sigue sintiendo tu cuerpo interno.

Tener acceso al reino de lo informe es muy liberador. Te libera del vínculo con la forma y de la identificación con ella. Lo llamamos lo No Manifestado, la Fuente invisible de todas las cosas, el Ser dentro de todos los seres. Es un reino de profunda quietud y paz, pero también de alegría e intensa vitalidad. Cuando estás presente, te haces en alguna medida a la luz, a la pura conciencia que emana de la Fuente. También te das cuenta de que la luz no está separada de quien eres, sino que constituye tu esencia misma.

Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro, alcanza su propia Fuente y regresa a casa, a lo No Manifestado.

Después, cuando vuelve al mundo manifestado, retomas la identidad en la forma a la que habías renunciado temporalmente. Tienes un nombre, un pasado, una situación de vida, un futuro. Pero ya no eres la misma persona que antes; un aspecto esencial ha cambiado porque has vislumbrado una realidad dentro de ti que «no es de este mundo», aunque tampoco está separada de él, del mismo modo que no está separada de ti.

Ésta debe ser tu práctica espiritual:

EN LOS QUEHACERES DE TU VIDA no concedas el ciento por ciento de tu atención al mundo externo y a la mente. Mantén parte de tu atención dentro.

Siente tu cuerpo interno mientras participas en tus actividades cotidianas, especialmente cuando te relacionas con otras personas o con la naturaleza. Siente la quietud en lo profundo de él. Mantén la puerta abierta.

Es muy posible ser consciente de lo No Manifestado a lo largo de la vida. Lo sientes como una profunda paz de fondo, una quietud que nunca te abandona, pase lo que pase fuera. Así te conviertes en un puente entre lo No Manifestado y lo manifestado, entre Dios y el mundo.

Este es el estado de conexión con la Fuente, que llamamos iluminación.

PROFUNDIZA TUS RAÍCES INTERNAS

La clave está en mantenerse permanentemente en un estado de conexión con tu cuerpo interno, sentirlo en todo momento. Esto profundizará y transformará tu vida rápidamente. Cuanta más conciencia dirijas hacia el cuerpo interno, más elevada será su frecuencia vibratoria, de manera parecida a una luz que brilla más a medida que giras el interruptor progresivo y aumenta el flujo eléctrico. En ese alto nivel energético la negatividad ya no puede afectarte, y tenderás a atraer nuevas circunstancias que reflejen esa frecuencia elevada.

Si mantienes la atención en el cuerpo siempre que te sea posible, estarás anclado en el ahora. No te perderás en el mundo externo ni en la mente. Los pensamientos y las emociones, los miedos y los deseos, pueden seguir presentes en alguna medida, pero ya no se adueñarán de ti.

POR FAVOR, ANALIZA DÓNDE ESTÁ TU ATENCIÓN en este momento. Estás escuchándome o estás leyendo estas palabras en un libro. Ese es el centro de tu atención. También eres consciente periféricamente de tu entorno, de otras personas, etcétera. Además, puedes tener cierta actividad mental en torno a lo que estás oyendo o leyendo, algún comentario mental.

Pero no es necesario que nada de lo anterior absorba toda tu atención. Intenta mantenerte simultáneamente en contacto con tu cuerpo interno. Mantén parte de la atención dentro de ti; no dejes que toda ella fluya hacia fuera. Siente tu cuerpo desde dentro como un campo energético unificado. Es casi como si estuvieras escuchando o leyendo con todo tu cuerpo. Practica esto en los próximos días y semanas.

No entregues toda tu atención a la mente y al mundo externo. Intenta concentrarte en lo que haces con todos los medios a tu alcance, pero al mismo tiempo siente tu cuerpo interno siempre que puedas. Mantente arraigado en tu interior. A continuación observa cómo eso cambia tu estado de conciencia y la cualidad de tus acciones.

Por favor, no te limites a aceptar o negar lo que digo. Haz la prueba.

EL FORTALECIMIENTO DEL SISTEMA INMUNOLÓGICO

Hay una meditación de autosanación, simple pero poderosa, que puedes practicar cuando sientas la necesidad de fortalecer tu sistema inmunológico. Es especialmente eficaz si la utilizas cuando percibes los primeros síntomas de una enfermedad, pero también funciona con enfermedades que ya están instauradas si la usas con la suficiente frecuencia y concentración. Asimismo, contrarrestará las alteraciones sufridas por tu campo energético a causa de cualquier negatividad.

De todos modos, la práctica de la presencia en el cuerpo momento a momento no tiene sustituto posible, y si no se realiza, el efecto de la meditación sólo será temporal. Veamos los detalles prácticos.

CUANDO TENGAS UNOS MINUTOS LIBRES, y especialmente por la noche antes de dormir y a primera hora de la mañana antes de levantarte, «inunda» tu cuerpo de conciencia. Cierra los ojos. Túmbate de espaldas. Ve llevando la atención, sucesivamente, a las distintas partes del cuerpo: manos, pies, brazos, piernas, abdomen, pecho, cabeza, etc. Siente la energía dentro de esas partes con toda la intensidad posible. Mantente en cada una de ellas durante quince segundos aproximadamente.

A continuación, deja que tu atención recorra el cuerpo unas cuantas veces como una ola, de los pies a la cabeza y de la cabeza a los pies.

Con dedicar un minuto a esta parte es suficiente. A renglón seguido, siente la totalidad de tu cuerpo energético como un campo de energía unificado. Mantén la sensación durante unos minutos.

Permanece intensamente presente durante ese tiempo, presente en cada célula de tu cuerpo.

No te preocupes si tu mente consigue apartar tu atención del cuerpo ocasionalmente y te quedas perdido en algún pensamiento. En cuanto te des cuenta de que eso ha ocurrido, reorienta tu atención hacia el cuerpo interno.

EL USO CREATIVO DE LA MENTE

Si necesitas usar la mente para un propósito específico, úsala en combinación con tu cuerpo interno. Sólo si eres capaz de mantenerte consciente sin pensamientos podrás usar la mente creativamente, y el camino más fácil para entrar en ese estado es a través del cuerpo.

CUANDO NECESITES UNA RESPUESTA, UNA SOLUCIÓN O UNA IDEA CREATIVA, deja de pensar momentáneamente y concentra la atención en tu campo de energía interno. Toma conciencia de la quietud. Cuando vuelvas a pensar, tu pensamiento será fresco y creativo. En cualquier actividad relacionada con el pensamiento, practica el hábito de alternar entre unos minutos de pensamiento y otros tantos de una especie de escucha interna, de quietud interna.

Podríamos decirlo así: no pienses únicamente con tu cabeza, piensa con todo tu cuerpo.

DEJA QUE LA RESPIRACIÓN TE LLEVE AL CUERPO

Si en algún momento te resulta difícil contactar con el cuerpo interno, suele ser más fácil empezar centrándose en la respiración. La respiración consciente, que es una intensa meditación por derecho propio, te pondrá gradualmente en contacto con el cuerpo.

SIGUE LA RESPIRACIÓN CON TU ATENCIÓN, el aire que entra y sale del cuerpo. Inspira y siente el abdomen expandirse y contraerse ligeramente con cada inspiración y espiración.

Si te resulta fácil visualizar, cierra los ojos y obsérvate rodeado de luz o inmerso en una sustancia luminosa, en un mar de conciencia.

A continuación inspira esa luz. Siente que la sustancia resplandeciente llena todo tu cuerpo y lo hace luminoso.

A partir de ahí, gradualmente, céntrate más en la sensación. No te apegues a ninguna imagen visual. Ahora estás en tu cuerpo. Has accedido al poder del ahora.

CAPÍTULO SEIS

DISOLVER EL CUERPO-DOLOR

El amor es un estado de Ser.

Tu amor no está afuera; está en lo profundo de ti.

Nunca puedes perderlo, no puede dejarte.

No depende de otro cuerpo,

de otra forma externa.

La mayor parte del dolor humano es innecesario. Lo crearás tú mismo mientras la mente no observada dirija tu vida. El dolor que produces en el ahora siempre surge de una falta de aceptación, de una resistencia inconsciente a lo que es.

Como pensamiento, la resistencia es un juicio de algún tipo. Como emoción, es algún tipo de negatividad. La intensidad del dolor depende del grado de resistencia al momento presente y ésta, a su vez, depende de lo fuerte que sea tu identificación con la mente. La mente siempre trata de negar el ahora y de escapar de él.

En otras palabras: cuanto más te identificas con tu mente, más sufres. O puedes decirlo de este otro modo: cuanto más capaz seas de valorar y aceptar el ahora, más libre estarás del dolor y del sufrimiento, más libre de la mente egotista.

Algunas enseñanzas espirituales afirman que, en último término, todo dolor es ilusorio. Eso es cierto, pero la cuestión es: ¿es esta afirmación verdadera para ti? El mero hecho de creerla no hace que sea verdad. ¿Quieres seguir experimentando dolor el resto de tu vida y continuar diciendo que es una ilusión? ¿Te liberas así del dolor? Lo que nos importa aquí es cómo plasmar esa verdad, cómo hacerla real en tu propia experiencia.

El dolor es inevitable mientras sigas identificándote con tu mente, es decir, mientras sigas siendo espiritualmente inconsciente. Me refiero básicamente al dolor emocional, que también es la principal causa del dolor físico y de las enfermedades físicas. El resentimiento, el odio, la autocompasión, la culpabilidad, la ira, la depresión, los celos, e incluso la menor irritación…, todos ellos son formas de dolor. Y cada placer o cumbre emocional contiene dentro de sí la semilla del dolor: su opuesto inseparable, que se manifestará con el tiempo.

Cualquiera que haya tomado drogas para sentirse «mejor» sabe que después de la subida viene la bajada, que el placer se convierte en algún tipo de dolor. Muchas personas saben también que las relaciones íntimas pasan rápidamente de ser una fuente de placer a convertirse en una fuente de dolor. Vistas desde una perspectiva superior, las polaridades positiva y negativa son las dos caras de la misma moneda, y ambas forman parte del dolor subyacente, inseparable del estado de conciencia del ego en el que te identificas con la mente.

Tu dolor tiene dos niveles: el dolor que creas ahora y el dolor del pasado que aún vive en tu cuerpo y en tu mente.

Mientras no seas capaz de acceder al poder del ahora, cada dolor emocional que experimentes dejará tras de sí un residuo de sufrimiento que vive en ti. Se mezcla con el dolor del pasado que ya estaba allí, alojándose en tu cuerpo y en tu mente. Y aquí se incluye, por supuesto, el dolor que sufriste de niño, causado por la inconsciencia del mundo en el que naciste.

Este dolor acumulado es un campo de energía negativa que ocupa tu cuerpo y tu mente. Si lo consideras una entidad invisible por derecho propio, te acercas bastante a la verdad. Se trata del cuerpo-dolor emocional.

El cuerpo-dolor tiene dos estados posibles: latente o activo. Puede estar latente el 90 por 100 del tiempo, aunque en una persona muy infeliz puede llegar a estar activo el 100 por 100 del tiempo. Algunas personas viven casi totalmente a través de su cuerpo de dolor, mientras otras lo experimentan sólo en ciertas situaciones, como en las relaciones íntimas o en situaciones relacionadas con pérdidas o abandonos del pasado, dolores físicos o emocionales, etc.

Cualquier cosa puede activarlo, pero resuena especialmente con los- dolores del pasado. Cuando está preparado para despertar de su estado latente, un pensamiento o un comentario inocente hecho por alguien cercano a ti puede ser suficiente para activarlo.

ROMPER LA IDENTIFICACIÓN CON EL CUERPO-DOLOR

EL CUERPO-DOLOR NO QUIERE QUE LO OBSERVES DIRECTAMENTE y lo veas como es. En el momento que lo observas, en cuanto sientes su campo energético dentro de ti y llevas tu atención hacia él, la identificación se rompe.

Ha aparecido una dimensión superior de conciencia. Yo la llamo presencia. Ahora eres el testigo u observador del cuerpo-dolor. Esto significa que ya no puede usarte pretendiendo ser tú, ya no puede alimentarse a través de ti. Has encontrado tu mayor fuerza interior.

Algunos cuerpos-dolor son molestos pero relativamente inocuos, como un niño que no deja de lloriquear. Otros son monstruos depravados y destructivos, auténticos demonios. Algunos son violentos físicamente, y muchos son emocionalmente agresivos. Algunos atacan a la gente cercana, la gente que rodea a la persona, mientras que otros pueden atacar a su anfitrión. En ese caso, tus pensamientos y sentimientos relativos a tu propia vida se vuelven profundamente negativos y autodestructivos. Las enfermedades y los accidentes suelen producirse así. Algunos cuerpos-dolor llevan a sus anfitriones al suicidio.

Cuando pensabas que conocías a alguien y de repente te enfrentas con esta detestable criatura alienígena por primera vez, es probable que te lleves un buen susto. Pero es más importante observarla en ti mismo que en otras personas.

BUSCA CUALQUIER SEÑAL DE INFELICIDAD EN TI, del tipo que sea; puede tratarse del despertar del cuerpo-dolor. A veces toma la forma de irritación, impaciencia, un estado de ánimo sombrío, deseo de hacer daño, ira, furia, depresión, la necesidad de dramatizar las relaciones, etc. Atrápalo en el momento en que despierta de su estado latente.

El cuerpo-dolor, como cualquier otra entidad existente, quiere sobrevivir, y sólo puede hacerlo si consigue que te identifiques inconscientemente con él. Entonces puede emerger, apropiarse de ti, «convertirse en ti» y vivir a través de ti. Necesita conseguir su «alimento» a través de ti.

Se alimentará de cualquier experiencia que resuene con su energía característica, algo que produzca dolor del modo que sea: ira, ganas de destruir, odio, pena, drama emocional, violencia e incluso enfermedad. Cuando se ha apropiado de ti, el cuerpo-dolor crea en tu vida una situación que refleje su propia frecuencia energética para poder alimentarse de ella. El dolor sólo puede alimentarse de dolor. El dolor no puede alimentarse de alegría; le resulta totalmente indigesta.

En cuanto el cuerpo de dolor se apropia de ti, quieres más dolor. Te conviertes en una víctima o en un agresor. Quieres causar dolor, sufrirlo, o las dos cosas. En realidad no hay mucha diferencia entre ambas. Como no eres consciente de lo que haces, afirmarás vehementemente que no quieres sufrir. Pero si miras de cerca, verás que tu manera de comportarte y tu forma de pensar están diseñadas para perpetuar el dolor, tanto para ti mismo como para los demás. Si realmente fueras consciente de él, este patrón se disolvería, porque desear más dolor es una locura y nadie está conscientemente loco.

El cuerpo-dolor, que es la oscura sombra proyectada por el ego, en realidad teme la luz de tu conciencia. Tiene miedo de que lo descubras. Su supervivencia depende de que sigas identificándote inconscientemente con él, así como de tu miedo inconsciente a afrontar el dolor que habita en ti. Pero si no lo afrontas, si no llevas la luz de tu conciencia al dolor, te verás obligado a revivirlo una y otra vez.

El cuerpo-dolor puede parecerte un monstruo peligroso que no te atreves a mirar, pero te aseguro que es un fantasma insustancial incapaz de prevalecer ante el poder de tu presencia.

Cuando te conviertes en el observador y empiezas a dejar de identificarte, el cuerpo-dolor sigue operando durante cierto tiempo e intenta engañarte para que vuelvas a identificarte con él. Aunque ya no le das energía mediante la identificación, tiene cierta inercia, como una rueda que continúa girando aunque no esté recibiendo impulso. En este estadio puede crear tensiones en distintos puntos del cuerpo, pero no durarán.

Mantente presente, mantente consciente. Sé el guardián siempre atento de tu espacio interno. Tienes que estar lo suficientemente atento como para observar el cuerpo-dolor directamente y sentir su energía. Entonces no podrá controlar lo que piensas.

No olvides que en cuanto tu pensamiento se alinea con el campo energético de tu cuerpo-dolor, te identificas con él y vuelves a alimentarlo con tus pensamientos. Por ejemplo, si la vibración energética predominante del cuerpo-dolor es la ira y cultivas pensamientos iracundos en los que te repites lo que alguien te hizo y cómo le vas a responder, entonces te has vuelto inconsciente y el cuerpo-dolor se ha convertido en «ti». Debajo de la ira siempre hay dolor.

O cuando te invade un estado de ánimo sombrío y empiezas a entrar en un patrón mental negativo pensando en lo horrible que es tu vida, tu pensamiento se ha alineado con tu cuerpo-dolor y tú te has vuelto inconsciente y vulnerable a sus ataques.

Ser «inconsciente», tal como uso la palabra aquí, significa identificarse con algún patrón emocional o mental. Implica una ausencia total del observador.

TRANSMUTACIÓN DEL SUFRIMIENTO EN CONCIENCIA

La atención consciente sostenida corta el vínculo entre el cuerpo-dolor y el proceso de pensamiento, y pone en marcha el proceso de transmutación. Es como si el dolor se convirtiera en combustible para la llama de tu conciencia, que a partir de ese momento arde con más fulgor. Este es el significado esotérico del antiguo arte alquímico: la transmutación de metales inferiores en oro, o del sufrimiento en conciencia. La división interna se cura y vuelves a estar completo. A partir de entonces tu responsabilidad consiste en no crear más dolor.

ENFOCA TU ATENCIÓN EN LO QUE SIENTES DENTRO DE TI. Identifica el cuerpo-dolor y acepta que está ahí. No pienses en él, no dejes que el sentimiento se convierta en pensamiento. No juzgues ni analices. No te fabriques una identidad con el dolor. Mantente presente y continúa siendo un observador de lo que ocurre dentro de ti.

Toma conciencia no sólo del dolor emocional, sino también de «aquel que lo observa», el testigo silencioso. Éste es el poder del ahora, el poder de tu propia presencia consciente. Observa qué ocurre a continuación.

IDENTIFICACIÓN DEL EGO CON EL CUERPO-DOLOR

Este proceso que acabo de describir es muy poderoso, pero también muy simple. Podría enseñarse a un niño, y es de esperar que algún día sea una de las primeras cosas que los niños aprendan en la escuela. Una vez aprendido el principio básico de mantenerte presente como observador de lo que ocurre dentro de ti —«entendiéndolo» por experiencia directa— tienes a tu disposición la más potente herramienta de transformación.

Esto no niega que puedas hallar intensas resistencias internas a soltar la identificación con tu dolor. Ello ocurrirá particularmente si has vivido muy identificado con tu cuerpo-dolor durante casi toda tu vida, y toda o la mayor parte de tu identidad está invertida en él. Esto significa que a partir del cuerpo-dolor te has fabricado un yo infeliz y te identificas con esa ficción mental. En tal caso, el miedo inconsciente a perder tu identidad creará una fuerte resistencia a cualquier desidentificación. En otras palabras, preferirás sentir dolor —ser el cuerpo-dolor— que dar un salto a lo desconocido y arriesgarte a perder tu familiar identidad desgraciada.

OBSERVA TU RESISTENCIA INTERNA. Observa el apego a tu dolor. Mantente muy alerta. Observa el peculiar placer que te proporciona ser infeliz. Observa la tendencia compulsiva a hablar o a pensar en tu desdicha. La resistencia cesará si la haces consciente.

Entonces puedes llevar tu atención al cuerpo-dolor, mantenerte presente como testigo e iniciar así su transmutación.

Tú eres el único capaz de hacerlo. Nadie puede hacerlo por ti. Pero si tienes la suerte de encontrar al alguien que es intensamente consciente, si puedes estar con esa persona y unirte a ella en el estado de presencia, eso te ayudará y acelerará las cosas. Tu propia luz pronto se fortalecerá.

Si ponemos un tronco que está empezando a arder junto a otro que ya está ardiendo intensamente, y después de un rato volvemos a separarlos, el primero arderá con mucha más intensidad. Después de todo, es el mismo fuego el que arde en ambos. Una de las funciones del profesor espiritual es ser ese fuego. Algunos terapeutas también pueden realizar la misma función, siempre que hayan ido más allá del nivel de la mente y puedan crear y mantener una intensa presencia consciente mientras trabajan contigo.

Lo primero que has de recordar es que mientras sigas identificándote con el dolor, no podrás liberarte de él. Mientras parte de tu sentido de identidad siga invertido en tu dolor emocional, sabotearás o te resistirás inconscientemente a cualquier intento de sanar ese dolor.

¿Por qué? Simplemente porque quieres mantenerte intacto, y el dolor se ha convertido en una parte esencial de ti. Éste es un proceso inconsciente, y el único modo de resolverlo es hacerlo consciente.

EL PODER DE TU PRESENCIA

VER REPENTINAMENTE que estás o has estado apegado a tu dolor puede ser muy impactante. En el momento de darte cuenta, ya has roto el apego.

El cuerpo-dolor es un campo energético, casi como una entidad, que se ha alojado temporalmente en tu espacio interno. Es energía de vida que se ha quedado atrapada, energía que ya no fluye.

Por supuesto, el cuerpo-dolor existe por ciertas cosas que ocurrieron en el pasado. Es el pasado vivo en ti, y si te identificas con el cuerpo-dolor, te identificas con el pasado. Tener identidad de víctima es creer que el pasado tiene más fuerza que el presente, que es lo opuesto a la verdad. Es creer que otras personas, y lo que te hicieron, son responsables de quien eres ahora, de tu dolor emocional y de tu incapacidad de ser tú mismo.

La verdad es que el único poder existente está contenido en este momento: es el poder de tu presencia. Cuando lo sabes, también te das cuenta de que ahora mismo eres responsable de tu espacio interno —nadie más lo es— y de que el pasado no puede prevalecer ante el poder del ahora.

La inconsciencia lo crea, la conciencia lo transmuta en conciencia. San Pablo expresó este principio universal de una manera muy hermosa: «Todo se muestra cuando queda expuesto a la luz, y lo que queda expuesto a la luz se convierte en luz.»

Del mismo modo que no puedes luchar contra la oscuridad, tampoco puedes luchar contra el cuerpo-dolor. Si lo intentaras crearías más conflicto interno y prolongarías el dolor. Basta con observarlo. Observarlo implica aceptarlo como parte de lo que es en este momento.

CAPÍTULO SIETE

DE LAS RELACIONES ADICTIVAS A LAS RELACIONES ILUMINADAS

RELACIONES DE AMOR-ODIO

A menos que accedas a la frecuencia consciente de la presencia, todas las relaciones, y en particular las relaciones íntimas, acabarán fracasando y siendo disfuncionales. Puede que parezcan perfectas durante un tiempo, mientras estás «enamorado», pero esa perfección se altera invariablemente a medida que van produciéndose discusiones, conflictos, insatisfacciones y violencia emocional o incluso física…, momentos de tensión que suceden con creciente frecuencia.

Parece que la mayoría de las «relaciones amorosas» pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor-odio. En ellas, el amor puede dar paso en un abrir y cerrar de ojos a una agresividad salvaje, a sentimientos de hostilidad o a la total ausencia del afecto. Esto se considera normal.

Si en tus relaciones experimentas tanto un sentimiento de «amor» como su opuesto —agresividad, violencia emocional, etc.—, entonces es muy probable que estés confundiendo el apego adictivo del ego con el amor. No puedes amar a tu compañero o compañera un momento y atacarle al siguiente. El verdadero amor no tiene opuesto. Si tu «amor» tiene un opuesto, entonces no es amor, sino la intensa necesidad del ego de una identidad más completa y profunda, necesidad que la otra persona cubre temporalmente. Este es el sustituto de la salvación que propone el ego, y durante un breve episodio parece una verdadera salvación.

Pero llega un momento en que tu pareja deja de actuar de la manera que satisface tus demandas, o más bien las de tu ego. Los sentimientos de miedo, dolor y carencia, que son parte intrínseca del ego pero habían quedado tapados por la «relación amorosa», vuelven a salir a la superficie.

Como en cualquier otra adicción, pasas buenos momentos cuando la droga está disponible, pero, invariablemente, acaba llegando un momento en el que ya no te hace efecto.

Por eso, cuando los sentimientos dolorosos reaparecen los sientes con más intensidad que antes y, lo que es peor, ahora percibes que quien los causa es tu compañero o compañera. Esto significa que los proyectas fuera de ti y atacas al otro con toda la violencia salvaje de tu dolor.

Tu ataque puede despertar el dolor de tu pareja, que posiblemente contraatacará. Llegados a este punto, el ego sigue esperando inconscientemente que su ataque o sus intentos de manipulación sean castigo suficiente para inducir un cambio de conducta en la pareja, de modo que pueda seguir sirviendo de tapadera del dolor.

Todas las adicciones surgen de una negativa inconsciente a encarar y traspasar el propio dolor. Todas las adicciones empiezan con dolor y terminan con dolor. Cualquiera que sea la sustancia que origine la adicción —alcohol, comida, drogas (legales o ilegales) o una persona—, estás usando algo o a alguien para encubrir tu dolor.

Por eso hay tanto dolor e infelicidad en las relaciones íntimas en cuanto pasa la primera euforia. Las relaciones mismas no son la causa del dolor y de la infelicidad, sino que sacan a la superficie el dolor y la infelicidad que ya están en ti. Todas las adicciones lo hacen. Llega un momento en que la adicción deja de funcionar y sientes el dolor con más intensidad que nunca.

Ésta es la razón por la que la mayoría de la gente siempre está intentando escapar del momento presente y buscar la salvación en el futuro. Si concentrasen su atención en el ahora, lo primero que encontrarían sería su propio dolor, y eso es lo que más temen. ¡Si supieran lo fácil que es acceder ahora al poder de la presencia que disuelve el pasado y su dolor, a la realidad que disuelve la ilusión! ¡Si supieran lo cerca que están de su propia realidad, lo cerca que están de Dios!

Eludir las relaciones en un intento de evitar el dolor tampoco soluciona nada. El dolor sigue allí de todos modos. Es más probable que te obliguen a despertar tres relaciones fracasadas en otros tantos años que pasar tres años en una isla desierta o encerrado en tu habitación. Pero si puedes llevar una intensa presencia a tu soledad, eso podría funcionar para ti.

DE LAS RELACIONES ADICTIVAS A LAS RELACIONES ILUMINADAS

TANTO SI VIVES SOLO COMO SI VIVES EN PAREJA, la clave es estar presente e intensificar progresivamente tu presencia mediante la atención al ahora.

Si quieres que florezca el amor, la luz de tu presencia debe ser lo suficientemente intensa como para no verte arrollado por el pensador o por el cuerpo-dolor, ni los confundas con quien eres. Conocerse como el Ser que está debajo del pensador, la quietud que está debajo del ruido mental, el amor y la alegría que se encuentran debajo del dolor, eso es libertad, salvación, iluminación.

Desidentificarse del cuerpo-dolor es llevar la presencia al dolor y así transmutarlo. Desidentificarse del pensamiento es poder ser el observador silencioso de tus pensamientos y de tu conducta, especialmente de los patrones repetitivos de tu mente y de los roles que representa tu ego.

Si dejas de investirla de «yoidad», la mente pierde su cualidad compulsiva, formada básicamente por la constante tendencia a juzgar y a resistirse a lo que es, creando así conflicto, drama y más dolor. De hecho, en el momento en que dejas de juzgar y aceptas lo que es, eres libre de la mente. Has creado espacio para el amor, para la alegría, para la paz.

PRIMERO DEJAS DE JUZGARTE A TI MISMO; después dejas de juzgar a tu pareja. El mayor catalizador del cambio en las relaciones es la aceptación total de tu pareja tal como es, dejando completa- mente de juzgarla y de intentar cambiarla.

Eso te lleva inmediatamente más allá del ego. A partir de entonces todos los juegos mentales y el apego adictivo se acaban. Ya no hay víctimas ni verdugos, ni acusadores ni acusados.

La aceptación total también supone el final de la codependencia; ya no te dejas arrastrar por el patrón inconsciente de otra persona, favoreciendo de ese modo su continuidad. Entonces, o bien os separáis —con amor—, o bien entráis juntos más profundamente en el ahora, en el Ser. ¿Es así de simple? Sí, es así de simple.

El amor es un estado de Ser. Tu amor no está fuera; está en lo profundo de ti. Nunca puedes perderlo, no puede dejarte. No depende de otro cuerpo, de otra forma externa.

EN LA QUIETUD DE TU PRESENCIA puedes sentir tu propia realidad informe e intemporal: es la vida no manifestada que anima tu forma física. Entonces puedes sentir la misma vida en lo pro- fundo de los demás seres humanos y de las demás criaturas. Miras más allá del velo de la forma y la separación. Esto es alcanzar la unidad. Esto es amor.

Aunque es posible tener breves atisbos, el amor no puede florecer a menos que estés permanentemente liberado de la identificación mental y tu presencia sea lo bastante intensa como para haber disuelto el cuerpo-dolor, o hasta que puedas, al menos, mantenerte presente como observador. De ese modo, el cuerpo-dolor no podrá arrebatarte el control y destruir el amor.

LAS RELACIONES COMO PRÁCTICA ESPIRITUAL

Como los seres humanos nos hemos ido identificando progresivamente con la mente, la mayoría de las relaciones no tienen sus raíces en el Ser, y por eso se convierten en fuente de dolor, dominadas por problemas y conflictos.

Si las relaciones energetizan y expanden los patrones mentales del ego y activan el cuerpo-dolor, tal como ocurre actualmente, ¿por qué no aceptar este hecho en lugar de intentar huir de él? ¿Por qué no cooperar con él en lugar de evitar las relaciones o de seguir persiguiendo el fantasma de una pareja ideal que sea la respuesta a todos tus problemas o el complemento que te haga sentirte realizado?

El reconocimiento y la aceptación de los hechos te permite cierta libertad respecto a ellos.

Por ejemplo, cuando sabes que hay desarmonía y lo tienes presente, ese mismo hecho constituye un factor nuevo que no permitirá que la desarmonía se mantenga invariable.

Cuando sabes que no estás en paz, ese conocimiento crea un espacio tranquilo que envuelve tu falta de paz en un abrazo amoroso y tierno, y después transmuta en paz la ausencia de paz.

No hay nada que puedas hacer respecto de tu transformación interna. No puedes transformarte a ti mismo y, ciertamente, no puedes transformar a tu pareja ni a ninguna otra persona. Lo único que puedes hacer es crear un espacio para que ocurra la transformación, para que entren la gracia y el amor en tu vida.

De modo que cuando veas que tu relación no funciona, cuando haga asomar tu «locura» y la de tu pareja, alégrate. Lo que era inconsciente está saliendo a la luz. Es una oportunidad de salvación.

REGISTRA CADA MOMENTO, registra en especial tu estado interno en cada momento. Si estás enfadado, debes saber que estás enfadado. Si te sientes celoso, si estás a la defensiva, si sientes el impulso de discutir, la necesidad de tener razón, si tu niño interno pide amor y atención o si sientes dolor emocional del tipo que sea, conoce la realidad de ese momento y registra ese conocimiento.

Entonces la relación se convierte en tu sadhana, tu práctica espiritual. Si observas un comportamiento inconsciente en tu pareja, rodéalo con el abrazo amoroso de tu conocimiento y no reacciones.

La inconsciencia y el conocimiento no pueden coexistir durante mucho tiempo, aunque el conocimiento no esté en la persona que actúa inconscientemente, sino en la otra. A la forma energética que reside detrás de la hostilidad y el ataque, la presencia del amor le resulta absolutamente intolerable. Si reaccionas a la inconsciencia de tu pareja, tú mismo caes en la inconsciencia. Pero si a continuación recuerdas que has de conocer y registrar tu reacción, no se pierde nada.

Las relaciones nunca habían sido tan problemáticas y conflictivas como ahora. Como tal vez hayas percibido, su finalidad no es hacerte feliz o satisfacerte. Si sigues intentando alcanzar la salvación a través de una relación, te sentirás desilusionado una y otra vez. Pero si aceptas que la finalidad de las relaciones es hacerte consciente en lugar de hacerte feliz, entonces te ofrecerán salvación, y te habrás alineado con la conciencia superior que quiere nacer en el mundo.

Para quienes se aferren a los viejos patrones, cada vez habrá más dolor, violencia, confusión y locura.

¿Cuántas personas se requieren para hacer de tu vida una práctica espiritual? No te preocupes si tu pareja no quiere cooperar. La cordura —la conciencia— sólo puede llegar al mundo a través de ti. No tienes que esperar a que el mundo se vuelva cuerdo, o a que otra persona se vuelva consciente, para iluminarte. Podrías esperar eternamente.

No os acuséis mutuamente de ser inconscientes. En el momento en que empiezas a discutir, té has identificado con una posición mental, y junto con esa posición estás defendiendo tu sentido de identidad. Entonces el ego se pone al mando. Estás siendo inconsciente. En ocasiones, puede ser apropiado que señales a tu pareja ciertos aspectos de su comportamiento. Si estás muy alerta, muy presente, podrás hacerlo sin que el ego se inmiscuya, sin culpar, acusar ni decir al otro que está equivocado.

Cuando tu compañero o compañera se comporte inconscientemente, renuncia a juzgarle. El juicio sólo sirve para confundir el comportamiento inconsciente de la otra persona con su identidad real o para proyectar tu propia inconsciencia en la otra persona y confundir tu proyección con su identidad.

Esta renuncia a juzgar no implica que no reconozcas la disfunción y la inconsciencia cuando las veas. Significa «ser el conocimiento» en lugar de «ser la reacción» y el juez. Entonces te liberarás totalmente de la necesidad de reaccionar, o reaccionarás conservando el conocimiento, el espacio en el que la reacción puede ser observada y se le permite ser. En lugar de luchar en la oscuridad, pones luz. En lugar de reaccionar a la ilusión, eres capaz de verla y de traspasarla.

Ser el conocimiento crea un espacio claro de presencia amorosa que permite a todas las personas y cosas ser como son. No hay mayor catalizador de la transformación. Si haces de esto tu práctica, tu pareja no podrá seguir a tu lado y continuar siendo inconsciente.

Si los dos llegáis al acuerdo de que la relación va a ser vuestra práctica espiritual, tanto mejor. Entonces podréis expresar vuestros pensamientos, sentimientos o reacciones en cuanto se produzcan, de modo que no crearéis un desfase temporal que pudiera agriar una emoción no reconocida ni expresada.

APRENDE A EXPRESAR lo que sientes sin culpar.

Aprende a escuchar a tu pareja de manera abierta, sin ponerte a la defensiva.

Dale espacio para expresarse. Mantente presente. Acusar, defenderse, atacar…, todos los patrones diseñados para fortalecer o proteger el ego, o para satisfacer sus necesidades, están de más. Es vital dar espacio a los demás y también dártelo a ti mismo. El amor no puede florecer sin espacio.

Cuando hayas resuelto los dos factores que destruyen las relaciones, es decir, cuando hayas transmutado el cuerpo-dolor y dejes de identificarte con la mente y las posiciones mentales —y siempre que tu pareja haya hecho lo mismo—, experimentarás la dicha del florecer de una relación. En lugar de reflejaros mutuamente el dolor y la inconsciencia, en lugar de satisfacer vuestras mutuas necesidades egocéntricas, os reflejaréis el amor que sentís en vuestro interior, el amor que acompaña a la toma de conciencia de vuestra unidad con todo lo que es.

Ése es el amor que no tiene opuesto.

Si tu pareja sigue estando identificada con la mente y el cuerpo-dolor, y tú ya te has liberado, esto representará un gran reto, pero no para ti, sino para tu pareja. No es fácil vivir con una persona iluminada o, más bien, es tan fácil que el ego se siente amenazado.

Recuerda que el ego necesita problemas, conflictos y «enemigos» que fortalezcan su sensación de separación, de la que depende su identidad. La mente no iluminada de tu pareja se sentirá muy frustrada porque no te resistes a sus posiciones mentales fijas, lo que significa que se irán debilitando y temblarán, e incluso existe el «peligro» de que se derrumben, produciendo una pérdida de identidad.

El cuerpo-dolor está pidiendo feedback y no lo está obteniendo. La necesidad de argumentar, dramatizar y estar en conflicto no está siendo satisfecha.

RENUNCIA A LA RELACIÓN CONTIGO MISMO

Iluminado o no, sigues siendo un hombre o una mujer, de modo que en lo relativo a tu identidad en la forma sigues estando incompleto. Eres la mitad de un todo. Esta falta de totalidad se siente como atracción hombre-mujer, el tirón hacia la energía de la polaridad opuesta, por muy consciente que seas. Pero, en el estado de conexión interna, sientes ese tirón en la superficie o en la periferia de tu vida.

Esto no significa que no te relaciones profundamente con los demás o con tu pareja. De hecho, sólo puedes relacionarte profundamente si eres consciente de Ser. Viniendo del Ser, eres capaz de concentrar la atención más allá del velo de la forma. En el Ser, hombre y mujer son uno. Puede que tu forma siga teniendo ciertas necesidades, pero el Ser no tiene ninguna. Ya es completo y total. Si esas necesidades se satisfacen, es muy hermoso, pero no supone ninguna diferencia para tu estado interno profundo.

Por eso es perfectamente posible que una persona iluminada, si no satisface la necesidad de una polaridad masculina o femenina, sienta que le falta algo o que está incompleta en el nivel externo de su ser, y al mismo tiempo puede estar totalmente completa, satisfecha y en paz por dentro.

Si no puedes sentirte a gusto cuando estás solo, buscarás una relación para remediar tu inquietud. Puedes estar seguro de que la incomodidad reaparecerá bajo otra forma dentro de la relación, y probablemente pensarás que tu pareja es responsable de ello.

LO ÚNICO QUE TIENES QUE HACER ES ACEPTAR PLENAMENTE ESTE MOMENTO. Entonces puedes estar cómodo en el aquí y ahora, y a gusto contigo mismo.

Pero ¿necesitas tener una relación contigo mismo? ¿Por qué no puedes simplemente ser tú mismo? Para tener una relación contigo mismo te divides en dos: «yo» y «mí mismo», sujeto y objeto. Esta dualidad mental es la causa fundamental de toda la complejidad innecesaria, de todos los problemas y conflictos de tu vida.

En el estado de iluminación, tú eres tú mismo: «tú» y «tú mismo» se funden en uno. No te juzgas, ni sientes pena por ti, ni te sientes orgulloso de ti, ni te quieres, ni te odias, etc. La división causada por la conciencia autorreflexiva queda sanada, la maldición desaparece. Ya no hay un «yo» que tengas que proteger, defender o alimentar.

Cuando estás iluminado, hay una relación que dejas de tener: la relación contigo mismo. Una vez que has renunciado a ella, todas las demás relaciones serán relaciones de amor.

TERCERA PARTE

ACEPTACIÓN Y RENDICIÓN

CAPÍTULO OCHO

LA ACEPTACIÓN DEL AHORA

Cuando te rindes a lo que es

y estás plenamente presente, el pasado ya no tiene ningún poder.

Entonces se abre el reino del Ser,

que había quedado oscurecido por la mente.

De repente, surge una gran quietud dentro de ti,

la sensación de una paz insondable.

Y en esa paz hay una gran alegría.

Y dentro de esa alegría hay amor.

Y en su núcleo más interno está lo sagrado,

lo inconmensurable, Eso que no puede ser nombrado.

LA IMPERMANENCIA Y LOS CICLOS DE LA VIDA

Hay fases de éxito en que las cosas vienen a ti y se desarrollan, y fases de fracaso en que las cosas se marchitan, se desintegran y tienes que dejarlas ir para que puedan surgir otras nuevas, o para que se produzca la transformación.

Si, llegado a ese punto, te apegas y te resistes, te estás negando a seguir el flujo de la vida, y eso te hará sufrir. La disolución es necesaria para que se produzca un nuevo crecimiento. Ambos aspectos no pueden existir separadamente.

La fase descendente del ciclo es absolutamente esencial para la realización espiritual. Debes de haber fracasado rotundamente a algún nivel, o haber experimentado una pérdida seria o un dolor, para sentirte atraído por la dimensión espiritual. O quizá el éxito mismo haya perdido significado, quedándose vacío y convirtiéndose en fracaso.

El fracaso reside oculto en cada éxito, y el éxito en cada fracaso. En este mundo, es decir, en el nivel de las formas, todos «fracasamos» antes o después, y todas las realizaciones acaban convirtiéndose en nada. Todas las formas son impermanentes.

Puedes mantenerte activo y disfrutar manifestando y creando nuevas formas y circunstancias, pero ya no te identificarás con ellas. No las necesitas para tener una identidad. Ellas no son tu vida; sólo son tu situación de vida.

El ciclo tiene una duración variable que va de unas pocas horas a varios años. Hay ciclos largos y ciclos breves dentro de los ciclos largos. Muchas enfermedades se generan por luchar contra las fases de baja energía, que son vitales para la regeneración. La acción compulsiva y la tendencia a extraer la propia autoestima y la identidad de factores externos, como el éxito, es una ilusión inevitable mientras te identifiques con la mente.

Esto hace que no puedas aceptar las fases bajas del ciclo, que no las dejes ser. Finalmente, la inteligencia del organismo puede adueñarse de la situación como medida de autoprotección y provocar una enfermedad que te obligue a detenerte para que pueda tener lugar la necesaria regeneración.

En cuanto la mente juzga que un estado o situación es «bueno», le toma apego y se identifica con él, tanto si se trata de una relación como de una posesión, un papel social, un lugar o tu cuerpo físico. La identificación te hace feliz, hace que te sientas bien contigo mismo, y ese estado o situación puede llegar a convertirse en parte de quien eres o de quien crees ser.

Pero nada es duradero en esta dimensión donde la polilla y el orín consumen. La situación acaba, o cambia, o puede producirse un cambio de polaridad: lo que ayer o el año pasado era bueno, súbita o gradualmente se vuelve malo. La misma situación que antes te hacía feliz, ahora te hace desgraciado. La prosperidad de hoy se convierte en el consumismo vacío de mañana. La boda feliz y la luna de miel se convierten en un doloroso divorcio o en una convivencia infeliz.

O también puede ocurrir que desaparezca una situación y su ausencia te haga infeliz. Cuando el estado o situación con el que la mente se ha identificado cambia o desaparece, ésta no puede aceptarlo. Se apegará al estado que ha desaparecido y se resistirá al cambio. Es casi como si nos cortaran un miembro del cuerpo.

Esto significa que tu felicidad y tu infelicidad son, de hecho, la misma cosa. Sólo las separa la ilusión del tiempo.

NO OFRECER RESISTENCIA A LA VIDA es estar en un estado de gracia, tranquilidad y ligereza, un estado que no depende de que las cosas sean de cierta manera, buenas o malas.

Parece paradójico y, sin embargo, cuando desaparece la dependencia interna de la forma, la situación general de tu vida, lo que tiene relación con las formas externas, parece mejorar enormemente. Las cosas, las personas o las situaciones que creías necesitar para ser feliz ahora llegan a ti sin esfuerzo ni lucha por tu parte, y eres libre de disfrutarlas y apreciarlas mientras duren.

Todas esas cosas, evidentemente, seguirán teniendo un final, los ciclos irán y vendrán, pero cuando desaparece la dependencia, desaparece también el miedo a la pérdida. La vida fluye con tranquilidad.

La felicidad derivada de una fuente secundaria nunca es muy profunda. Sólo es un pálido reflejo de

la alegría de Ser, de la vibrante paz que encuentras en tu interior cuando entras en el estado de no-resistencia. El Ser te lleva más allá de los opuestos polares de la mente y te libera de la dependencia de la forma. Aunque todo colapsara y se derrumbara a tu alrededor, en lo profundo de tu núcleo interno seguirías sintiéndote en paz. Puede que no te sintieras feliz, pero al menos estarías en paz.

USO Y RENUNCIA DE LA NEGATIVIDAD

Toda resistencia interna se experimenta como negatividad de uno u otro tipo. Toda negatividad es resistencia. En este contexto, ambas palabras son casi sinónimas.

La negatividad va desde la irritación o la impaciencia hasta la ira encendida, desde el estado de depresión anímica o resentimiento hasta la desesperación suicida. A veces la resistencia activa el cuerpo-dolor emocional y, en tal caso, cualquier roce sin importancia puede producir una intensa negatividad en forma de ira, depresión o una pena muy honda.

El ego cree que puede manipular la realidad mediante la negatividad y conseguir lo que quiere.

Cree que la negatividad le permite atraer un estado agradable o disolver un estado desagradable.

Si «tú» —la mente— no creyeras que la negatividad funciona, ¿para qué habrías de crearla? La cuestión es que, de hecho, la negatividad no funciona. En lugar de atraer un estado deseable, más bien le impide emerger. En lugar de disolver un estado indeseable, lo mantiene en su lugar. La única «utilidad» de la negatividad es fortalecer el ego, y por eso al ego le encanta.

Cuando estás identificado con una emoción negativa no quieres soltarla, y en algún profundo nivel inconsciente no deseas un cambio para mejor porque pondría en peligro tu identidad de persona deprimida, enfadada o maltratada. Entonces ignorarás, negarás o sabotearás lo positivo de tu vida. Éste es un fenómeno bastante común. Y una locura.

OBSERVA CUALQUIER PLANTA O ANIMAL Y PERMITE QUE TE ENSEÑE A ACEPTAR LO QUE ES, a rendirte al ahora.

Deja que te enseñe a Ser. Deja que te enseñe integridad, qué significa ser uno mismo, ser real.

Deja que te enseñe a vivir y a morir, y a no hacer un problema de la vida y de la muerte.

Las emociones negativas recurrentes contienen a veces un mensaje, como también lo contienen las enfermedades. Pero cualquier cambio que introduzcas, tanto si tiene que ver con tu trabajo como si afecta a tus relaciones o a tu entorno, será superficial a menos que surja de un cambio en tu nivel de conciencia. Y en cuanto a eso sólo puedo aconsejarte una cosa: mantente más presente. Cuando hayas alcanzado cierto grado de presencia, ya no necesitarás que la negatividad te indique qué necesita tu situación de vida.

Pero mientras la negatividad esté ahí, úsala. Úsala como recordatorio de que has de estar más presente.

Cuando sientas surgir la negatividad en tu interior, tanto si está causada por algo externo como si está provocada por un pensamiento o por nada concreto de lo que seas consciente, considérala una voz que te dice: «Atención. Aquí y ahora. Despierta. Sal de tu mente. Mantente presente.»

Hasta la más leve irritación es significativa y tiene que ser reconocida y registrada para que no haya una acumulación de reacciones no observadas.

Es posible que al darte cuenta de que no quieres tener ese campo energético negativo en tu interior, de que no tiene ningún propósito, simplemente renuncies a él. Pero, si es así, asegúrate de soltarlo completamente. Si no puedes hacerlo, acepta que está ahí y lleva tu atención a la sensación.

COMO ALTERNATIVA, PUEDES HACER DESAPARECER LA EMOCIÓN NEGATIVA imaginándote que te has vuelto transparente a la causa externa de esa reacción.

Te recomiendo que al principio lo practiques con cosas pequeñas, incluso triviales. Digamos que estás tranquilamente sentado en tu casa. De repente oyes el sonido penetrante de una alarma de automóvil que suena en la calle. Surge la irritación. ¿Qué propósito tiene esa irritación? Ninguno en absoluto. ¿Por qué la has creado? No la has creado, la ha creado tu mente. Ha sido una reacción totalmente automática, totalmente inconsciente.

¿Por qué la ha creado la mente? Porque cree inconscientemente que esa resistencia, que tú experimentas como negatividad o infelicidad, disolverá en cierto modo la situación indeseable. Esto, evidentemente, es una ilusión. La resistencia creada por la reacción —la irritación o el enfado, en este caso— es mucho más molesta que la causa original que está tratando de disolver.

Todo esto puede transformarse en una práctica espiritual.

SIÉNTETE COMO SI TE ESTUVIESES VOLVIENDO TRANSPARENTE, por así decirlo; como si no tuvieras la solidez de un cuerpo material. Ahora permite que el ruido, o cualquiera que sea la causa de la reacción negativa, te atraviese. Ya no golpea con una «pared» sólida en tu interior.

Como he dicho, al principio es mejor practicar con cosas pequeñas: la alarma del coche, el ladrido del perro, los gritos de los niños, el atasco de tráfico. En lugar de tener un muro de resistencia dentro de ti, golpeado constantemente por cosas «que no deberían estar ocurriendo», deja que todo te atraviese.

Imagina que alguien te dice algo grosero o con intención de molestarte. En lugar de caer en la reacción inconsciente y en la negatividad, en lugar de atacar, ponerte a la defensiva o retirarte, deja que las palabras te atraviesen limpiamente. No ofrezcas resistencia. Es como si ya no hubiera nadie que pudiera sentirse herido. Eso es perdón. Así es como te vuelves invulnerable.

Puedes seguir diciendo a esa persona que su conducta es inaceptable, si eso es lo que eliges. Pero esa persona ya no tiene el poder de controlar tu estado interno. Entonces eres dueño de ti mismo, no estás bajo el poder de otra persona, y tampoco te dejas controlar por tu mente. Tanto si se trata de una alarma de automóvil, de una persona grosera, de una inundación, un terremoto o de la pérdida de todas tus posesiones, el mecanismo de resistencia es el mismo.

Sigues buscando fuera y no puedes dejar de buscar. Quizás el próximo curso tengas la respuesta; quizás esa nueva técnica. A ti, personalmente, te digo:

NO BUSQUES LA PAZ. No busques ningún estado diferente del que tienes; así no producirás conflicto interno ni resistencias inconscientes.

Perdónate por no estar en paz. En el momento en que aceptas completamente tu falta de paz, la no-paz se transforma en paz. Cualquier cosa que aceptes plenamente te llevará allí, al estado de paz. Éste es el milagro de la rendición.

Cuando aceptas lo que es, cada momento es el mejor. Eso es iluminación.

LA NATURALEZA DE LA COMPASIÓN

CUANDO HAS IDO MÁS ALLÁ DE LOS OPUESTOS MENTALES, te vuelves como un profundo lago. La situación externa de tu vida, y lo que ocurra allí, es la superficie del lago. A veces está en calma, otras veces agitada, dependiendo de los ciclos y las estaciones. Sin embargo, en lo profundo, el lago siempre permanece inalterado. Tú eres todo el lago, no sólo la superficie, y estás en contacto con tu propia profundidad, que permanece absolutamente quieta.

No te resistes al cambio aferrándote mentalmente a ninguna situación. Tu paz interna no depende de ello. Habitas en el Ser —inmutable, intemporal, inmortal— y ya no dependes del mundo externo, de las formas eternamente cambiantes, para sentirte feliz o satisfecho. Puedes disfrutar de las formas, jugar con ellas, crear nuevas formas, apreciar la belleza de las cosas…, pero no necesitas apegarte a nada.

Mientras no seas consciente de Ser, la realidad de los demás seres humanos te evitará porque aún no has encontrado la tuya. Tu mente aceptará o rechazará la forma de los demás, que no es sólo su cuerpo; también incluye su mente. La verdadera relación sólo es posible cuando tienes conciencia de Ser.

Viniendo del Ser, percibirás el cuerpo y la mente de la otra persona como si sólo fueran una pantalla detrás de la cual puedes sentir su verdadera realidad, como sientes la tuya. Por eso, cuando tengas que afrontar el sufrimiento de otra persona o su conducta inconsciente, te mantendrás presente y en contacto con el Ser, y serás capaz de mirar más allá de la forma y de sentir el Ser puro y radiante de la otra persona a través del tuyo.

En el nivel del Ser, uno reconoce que todo sufrimiento es ilusorio. El sufrimiento se debe únicamente a la identificación con la forma. A veces, cuando la persona está preparada, el despertar de la conciencia de Ser produce curaciones milagrosas.

La compasión es la conciencia del vínculo profundo que te une a todas las criaturas. La próxima vez que digas «no tengo nada en común con esa persona», recuerda que sí tienes mucho en común: dentro de unos pocos años —que sean dos o setenta no supone una gran diferencia— ambos os habréis convertido en cadáveres en putrefacción, después en montones de polvo y más adelante en nada en absoluto. Esta toma de conciencia fomenta un sentimiento de cordura y humildad y no deja lugar al orgullo. ¿Es éste un pensamiento negativo? No, es un hecho. ¿Por qué darle la espalda? En este sentido, existe una igualdad total entre tú y todas las demás criaturas.

UNA DE LAS PRÁCTICAS ESPIRITUALES MÁS PODEROSAS es la de meditar profundamente en la mortalidad de las formas físicas, incluida la propia. A esto se le llama «morir antes de morir».

Entra en esta práctica profundamente. Tu forma física se está disolviendo, deja de ser. Después llega un momento en que todas las formas mentales o pensamientos también mueren. Sin embargo, tú, la presencia divina que eres, sigues estando allí. Radiante, plenamente despierto.

Nada real ha muerto jamás; sólo los nombres, las formas y las ilusiones.

En este nivel profundo, la compasión se convierte en sanación en su sentido más amplio. En ese estado, tu influencia sanadora no se basa fundamentalmente en el hacer, sino en el ser. Todas las personas con las que entres en contacto se sentirán tocadas por tu presencia y afectadas por la paz que emanas, seas consciente de ello o no.

Cuando estás plenamente presente y la gente que te rodea muestra una conducta inconsciente, no sientes la necesidad de reaccionar a ella porque no le concedes el carácter de realidad. Tu paz es tan profunda y vasta que cualquier cosa que no sea paz desaparece en su seno como si nunca hubiera existido. Esto rompe el ciclo kármico de acción y reacción.

Los animales, los árboles y las flores sentirán tu paz y responderán a ella. Enseñas mediante tu ser, demostrando la paz de Dios.

Te conviertes en la «luz del mundo», una emanación de conciencia pura, y por tanto eliminas el sufrimiento de raíz. Eliminas la inconsciencia del mundo.

LA SABIDURÍA DE LA RENDICIÓN

La cualidad de tu conciencia en este momento es el principal determinante del tipo de futuro que experimentarás; por tanto, rendirte es la cosa más importante que puedes hacer para provocar un cambio positivo. Cualquier acción que emprendas es secundaria. Ninguna acción verdaderamente positiva puede surgir de un estado de conciencia que no sea de rendición.

Para algunas personas, la rendición puede tener una connotación negativa que implica derrota, renuncia, incapacidad de responder a las pruebas de la vida, letargo, etc. La verdadera rendición, no obstante, es algo totalmente diferente. No significa soportar pasivamente cualquier situación en la que te encuentres sin hacer nada al respecto. Tampoco significa dejar de hacer planes o de iniciar acciones positivas.

LA RENDICIÓN ES UNA SABIDURÍA SIMPLE pero profunda que implica ceder más que oponerse al flujo de la vida. El único lugar donde puedes experimentar el flujo de la vida es el ahora; por tanto, rendirse es aceptar el momento presente incondicionalmente y sin reservas. Es renunciar a la resistencia interna a lo que es.

Resistirse internamente es decir «no» a lo que es mediante el juicio mental y la negatividad emocional. La resistencia suele agudizarse cuando las cosas «van mal», lo que significa que hay una distancia entre las demandas o rígidas expectativas de tu mente y lo que es. En esa brecha anida el dolor.

Si has vivido lo suficiente, sabrás que las cosas «van mal» con bastante frecuencia. Es precisamente en esos momentos cuando tienes que rendirte si quieres eliminar el dolor y el sufrimiento de tu vida. La aceptación de lo que es te libera inmediatamente de tu identificación mental y vuelve a conectarte con el Ser. La resistencia es la mente.

La rendición es un fenómeno puramente interno, que no implica que en lo externo no puedas emprender acciones para cambiar la situación.

De hecho, para rendirte no tienes que aceptar la situación general, sino sólo el pequeño segmento llamado el ahora. Por ejemplo, si mientras vas conduciendo por el campo te quedas atascado en medio del barro, no dirás: «Vale, me resigno a quedarme atascado.» Resignación no es rendición.

NO TIENES POR QUÉ ACEPTAR UNA SITUACIÓN DE VIDA DESAGRADABLE O INDESEABLE. Tampoco tienes que engañarte y decirte que no tiene nada de malo. No. Reconoces plenamente que quieres salir de ella, y entonces limitas tu atención al momento presente sin ponerle ninguna etiqueta mental.

Eso significa que no hay juicio sobre el ahora. Por tanto, no hay resistencia ni negatividad emocional. Aceptas el momento tal como es.

Después te pones en acción y haces todo lo posible por salir de la situación.

Eso es lo que denomino acción positiva. Es mucho más eficaz que la acción negativa, surgida de la ira, de la desesperación o de la frustración. Hasta alcanzar el resultado deseado, continúas practicando la rendición negándote a etiquetar el ahora.

Permíteme una analogía visual para ilustrar el punto que estoy tratando de exponer. Vas caminando de noche por un sendero y estás rodeado por una densa niebla. Pero tienes una linterna muy potente que la atraviesa y crea un espacio estrecho y claro frente a ti. La niebla es tu situación de vida, que incluye el pasado y el futuro; la linterna es tu presencia consciente; el espacio claro es el ahora.

La no-rendición endurece tu forma psicológica, el caparazón del ego, creando así una fuerte sensación de separación. El mundo que te rodea, y en particular la gente, pueden parecerte amenazantes. Surge una necesidad compulsiva inconsciente de destruir a los demás mediante juicios, y también la de competir y dominar. Hasta la naturaleza se convierte en tu enemigo, porque tus percepciones e interpretaciones están gobernadas por el miedo. La enfermedad mental que llamamos paranoia sólo es una forma un poco más aguda de este estado de conciencia, normal pero disfuncional.

No sólo tu forma psicológica, sino también tu forma física, tu cuerpo, se endurece y se pone rígido a causa de la resistencia. Surge tensión en distintas partes del cuerpo y éste en su totalidad se contrae. El libre flujo de energías corporales, que es esencial para la salud, queda muy restringido.

El trabajo corporal y ciertos tipos de terapia física pueden ayudar a recuperar el flujo, pero, a menos que practiques la rendición en la vida cotidiana, esas terapias se limitan a aliviar los síntomas de forma pasajera, porque la causa de la tensión —el patrón de resistencia— no se ha disuelto.

Hay algo dentro de ti que no es afectado por las circunstancias pasajeras que conforman tu situación de vida, y sólo la rendición te permite acceder a ello. Es tu vida, tu Ser mismo, que existe eternamente en el reino intemporal del presente.

CUANDO TU SITUACIÓN DE VIDA TE RESULTA INSATISFACTORIA o incluso intolerable, sólo si empiezas por rendirte podrás romper el patrón de resistencia inconsciente que perpetúa esa situación.

La rendición es perfectamente compatible con la acción, con iniciar cambios o alcanzar objetivos.

Pero, en el estado de rendición, tu acción fluye desde una energía completamente diferente, de otra cualidad. La rendición te conecta con la fuente-energía del Ser, y tu hacer, imbuido de Ser, se convierte en una alegre celebración de la energía de vida que te lleva más profundamente al ahora.

La no-resistencia realza enormemente la cualidad de tu conciencia y, por tanto, la cualidad de cualquier cosa que estés haciendo o creando. Entonces los resultados vendrán por sí mismos y reflejarán esa cualidad. A esto lo podríamos denominar «acción rendida».

EN EL ESTADO DE RENDICIÓN, ves con claridad lo que hay que hacer y empiezas a actuar; vas haciendo una cosa cada vez, te centras en una cosa cada vez.

Aprende de la naturaleza: observa cómo se hace todo y cómo se despliega el milagro de la vida sin insatisfacción ni infelicidad.

Por esta razón Jesús dijo: «Mira los lirios del campo, cómo crecen; ni se afanan ni se enredan.»

SI TU SITUACIÓN GENERAL ES INSATISFACTORIA o desagradable, separa este instante y ríndete a lo que es. Ésta es la linterna que te permite ver en la niebla. Entonces tu estado de conciencia deja de estar controlado por las condiciones externas. Ya no partes desde un estado de reacción y resistencia. Después observa las características específicas de la situación. Pregúntate: «¿Hay algo que pueda hacer para cambiar la situación, mejorarla o apartarme de ella?» Si es así, emprende la acción apropiada.

No te centres en las cien cosas que vas a tener que hacer o que tal vez tengas que hacer en el futuro, sino en la única cosa que puedes hacer ahora. Eso no significa que no debas planificar. Podría muy bien ocurrir que lo que tengas que hacer ahora mismo sea planificar. Pero asegúrate de no empezar a crear «películas mentales» que te proyecten continuamente hacia el futuro, perdiendo de ese modo el ahora. Cualquier acción que emprendas puede no dar fruto inmediatamente. Hasta que lo haga, no te resistas a lo que es.

SI NO PUEDES HACER NADA y tampoco consigues salir de la situación, úsala para entrar más profundamente en la rendición, más profundamente en el ahora, más profundamente en el Ser.

Cuando entras en esta dimensión intemporal del presente, a menudo el cambio se presenta de maneras extrañas, sin necesidad de hacer gran cosa por tu parte. La vida se muestra servicial y cooperativa. Si había factores internos, como el miedo, la culpa o la inercia, que te impedían actuar, se disolverán a la luz de tu presencia consciente.

No confundas la rendición con una actitud de «ya nada me puede molestar» o «las cosas ya no me importan». Si la miras de cerca, verás que tal postura está teñida de negatividad en forma de resentimiento oculto, de modo que no es rendición, sino resistencia enmascarada.

A medida que te vayas rindiendo, dirige tu atención hacia dentro para comprobar si te queda algún rastro de resistencia. Mantente muy alerta cuando lo hagas; de otro modo, una bolsa de resistencia puede seguir escondida en algún rincón oscuro en forma de un pensamiento o emoción no reconocidos.

DE LA ENERGÍA MENTAL A LA ENERGÍA ESPIRITUAL

EMPIEZA POR RECONOCER QUE HAY RESISTENCIA.

Estáte presente cuando ocurra, cuando surja la resistencia. Observa cómo la crea tu mente, cómo etiqueta la situación, a ti mismo, a los demás. Observa el proceso de pensamiento implicado. Siente la energía de la emoción.

Siendo testigo de la resistencia comprobarás que no tiene ninguna utilidad. Al centrar toda tu atención en el ahora, la resistencia inconsciente se hace consciente y ése es su fin.

No puedes ser consciente e infeliz, consciente y negativo. La negatividad, la infelicidad o el sufrimiento, sean del tipo que sean, indican que hay resistencia, y la resistencia siempre es inconsciente.

¿Elegirías la infelicidad? Y si no la has elegido, ¿cómo es que ha surgido? ¿Cuál es su propósito? ¿Quién la mantiene viva?

Aunque seas consciente de tus sentimientos de infelicidad, lo cierto es que te has identificado con ellos y mantienes vivo el proceso de identificación mediante el pensamiento compulsivo. Todo eso es inconsciente. Si fuese consciente, es decir, si estuvieses completamente presente en el ahora, toda negatividad se disolvería casi instantáneamente. No podría sobrevivir en tu presencia. Sólo puede sobrevivir en tu ausencia.

Ni siquiera el cuerpo-dolor puede sobrevivir mucho tiempo en tu presencia. Mantienes viva tu infelicidad dándole tiempo. Esa es su sangre de vida. Si retiras el tiempo mediante una intensa conciencia del momento presente, se muere. Pero ¿quieres que muera? ¿Estás seguro de que has tenido suficiente? ¿Quién serías sin tu infelicidad?

Hasta que practicas la rendición, la dimensión . espiritual es algo sobre lo que lees, sobre lo que hablas, algo sobre lo que escribes libros y que te estimula, algo en lo que piensas, algo en lo que crees o no crees, según el caso. Todo lo anterior no supone ninguna diferencia.

No HASTA QUE LA RENDICIÓN hace que se vuelva una realidad en tu vida.

Cuando te rindes, la energía que emanas y que a partir de ese momento dirige tu vida es de una frecuencia vibratoria mucho más elevada que la energía mental que gobierna el mundo.

A través de la rendición, la energía espiritual entra en este mundo. No genera sufrimiento para ti, para los demás seres humanos ni para el resto de los seres vivos del planeta.

RENDICIÓN EN LAS RELACIONES PERSONALES

Es cierto que sólo una persona inconsciente intentará usar o manipular a las demás, pero es igualmente cierto que sólo una persona inconsciente puede ser usada y manipulada. Si te resistes o luchas contra el comportamiento inconsciente de otros, tú mismo te vuelves inconsciente.

Pero rendirte no significa permitir que te utilice la gente inconsciente. En absoluto. Es perfectamente posible decir «no» a una persona con firmeza y claridad o salir de una situación estando, al mismo tiempo, en un estado interno de completa no-resistencia.

CUANDO DICES «NO» a una persona o situación, esa negativa no ha de venir de la reacción, sino de la intuición, de una toma de conciencia clara de lo que es correcto para ti en ese momento.

Haz que sea un «no» no-reactivo, un «no» de alta calidad, un «no» libre de toda negatividad que no cree más sufrimiento.

Si no puedes rendirte, actúa inmediatamente: expresa tu queja, haz algo que pueda cambiar la situación, o retírate de ella. Asume la responsabilidad de tu vida.

No contamines tu hermoso y radiante Ser interno ni la Tierra con negatividad. No des a la infelicidad, en ninguna de sus formas, un lugar donde habitar en tu interior.

SI NO PUEDES EMPRENDER UNA ACCIÓN, por ejemplo porque estás en prisión, entonces te quedan dos opciones: resistencia o rendición. El cautiverio o la libertad interna de las condiciones externas. El sufrimiento o la paz interna.

La rendición hará que tus relaciones cambien profundamente. Si no puedes aceptar lo que es, eso implica que nunca puedes aceptar a las personas como son. Las juzgarás, las criticarás, las etiquetarás, las rechazarás o intentarás cambiarlas.

Además, si siempre haces del ahora un medio para un fin futuro, también convertirás a cada persona con la que te encuentres o con la que te relaciones en un medio para un fin. La relación —el ser humano— será entonces de una importancia secundaria para ti, o no tendrá ninguna importancia. Lo primordial será lo que puedas sacar de la relación, sea una ganancia material, una sensación de poder, placer físico o algún tipo de gratificación para el ego. Dejadme ilustrar cómo puede funcionar la rendición en las relaciones.

CUANDO TE VEAS ENVUELTO EN UNA DISCUSIÓN o en alguna situación conflictiva, tal vez con tu pareja u otra persona cercana a ti, empieza por observar cómo te pones a la defensiva cuando atacan tu posición, o siente la fuerza de tu propia agresión cuando atacas la posición de la otra persona.

Observa el apego a tus puntos de vista y opiniones. Siente la energía emocional-mental que está detrás de tu necesidad de tener razón y de señalar que la otra persona está equivocada. Ésa es la energía de tu mente egotista. La haces consciente reconociéndola, sintiéndola tan plenamente como puedas.

Entonces, un día, en medio de una discusión, de repente te darás cuenta de que tienes una opción, y quizá decidas abandonar tu reacción simplemente para ver qué pasa. Te rindes.

No me refiero a que dejas de reaccionar diciendo verbalmente: «De acuerdo, tienes razón», con una mirada condescendiente que en realidad está diciendo: «Estoy por encima de esta inconsciencia infantil.» Así sólo consigues desplazar la resistencia a otro terreno, con lo que la mente egotista sigue estando al mando y reivindicando su superioridad. Estoy hablando de soltar todo el campo de energía mental-emocional que estaba luchando por el poder en tu interior.

El ego es astuto; por eso tienes que estar muy alerta, muy presente, y ser totalmente honesto contigo mismo para ver si realmente has renunciado a tu identificación con una posición mental, liberándote así de la mente.

SI TE SIENTES DE REPENTE MUY LIGERO, DIÁFANO Y EN PROFUNDA PAZ, eso es una señal inequívoca de que te has rendido realmente. Observa entonces lo que le ocurre a la posición mental de la otra persona cuando dejas de energetizarla mediante la resistencia. Cuando la identificación con las posiciones mentales se deja de lado, comienza la verdadera comunicación.

No resistirse no significa necesariamente no hacer nada. Lo único que implica es que la «acción» no va a ser reactiva. Recuerda la profunda sabiduría que subyace en la práctica oriental de las artes marciales: no te resistas a la fuerza del oponente. Cede para vencer.

«No hacer nada» cuando estás en un estado de intensa presencia es un poderoso transformador que sana a las personas y las situaciones.

Es radicalmente diferente de la inactividad en el estado de conciencia ordinario —o más bien de inconsciencia— que surge del miedo, de la inercia o de la indecisión. El verdadero «no hacer nada» implica ausencia de resistencia interna e intensa alerta. Por otra parte, si es necesario actuar, ya no reaccionarás desde tu mente condicionada, sino que responderás a la situación desde tu presencia consciente. En ese estado, tu mente está libre de conceptos, incluyendo el concepto de no-violencia. De modo que…, ¿quién puede predecir lo que harás?

El ego cree que la fuerza reside en resistirse, cuando en realidad la resistencia te separa del Ser, el único estado de verdadero poder. La resistencia es debilidad y miedo disfrazados de fuerza. Lo que el ego considera debilidad es tu Ser en toda su pureza, inocencia y poder. Lo que consideras fuerza es debilidad. Por tanto, el ego existe y se mantiene mediante la resistencia continua, y representa papeles falsos para encubrir tu «debilidad», que en realidad es tu poder.

Hasta que se produce la rendición, buena parte de la interacción humana se limita a cumplir papeles inconscientes. Cuando te rindes, ya no necesitas las máscaras del ego ni sus defensas. Te vuelves muy simple, muy real. «Eso es peligroso», dice el ego. «Te sentirás herido. Serás muy vulnerable.»

Lo que el ego no sabe, por supuesto, es que sólo abandonando la resistencia, haciéndote «vulnerable», puedes descubrir tu verdadera y esencial in-vulnerabilidad.

CAPÍTULO NUEVE

TRANSFORMAR LA ENFERMEDAD Y EL SUFRIMIENTO

TRANSFORMAR LA ENFERMEDAD EN ILUMINACIÓN

La rendición es aceptación interna y sin reservas de lo que es. Estamos hablando de tu vida —de este instante—, no de las condiciones o circunstancias de tu vida, no de lo que yo llamo tu situación de vida.

La enfermedad es parte de tu situación de vida y, como tal, tiene un pasado y un futuro. Pero el pasado y el futuro formarán un continuo ininterrumpido, a menos que actives el poder redentor del ahora mediante tu presencia consciente. Como sabes, bajo los diversos estados que conforman tu situación de vida, que existen en el tiempo, hay algo más profundo y esencial: tu Vida, tu Ser en el ahora intemporal.

Como en el ahora no hay problemas, tampoco hay enfermedades. Creyendo en la etiqueta que alguien adhiere a tu malestar, le das fuerza, prolongas la enfermedad y creas una realidad aparentemente sólida de lo que sólo era un desequilibrio temporal. Le das realidad y solidez, y una continuidad en el tiempo que antes no tenía.

CENTRÁNDOTE EN ESTE INSTANTE y evitando etiquetar la enfermedad mentalmente, ésta queda reducida a uno o varios de los siguientes factores: dolor físico, debilidad, incomodidad o incapacidad. Y eso es a lo que te rindes ahora, y no a la idea de que estás «enfermo».

Permite que el sufrimiento te obligue a estar en el momento presente, en un estado de intensa presencia consciente. Usa la enfermedad para iluminarte.

La rendición no transforma lo que es, al menos no directamente. La rendición te transforma a ti. Cuando tú te transformas, todo tu mundo se transforma, porque el mundo sólo es un reflejo.

La enfermedad no es un problema. Mientras la mente egotista tenga el control, el problema eres tú.

CUANDO ESTÉS ENFERMO O INCAPACITADO, no te sientas fracasado, no te sientas culpable. No culpes a la vida por haberte tratado injustamente, pero tampoco te culpes a ti mismo. Todo eso son resistencias.

Si tienes una enfermedad grave, úsala para iluminarte. Cualquier cosa «mala» que te pase en la vida, úsala para iluminarte.

Retira tiempo de la enfermedad. No le des ningún pasado ni ningún futuro. Deja que te obligue a estar intensamente presente en la conciencia del momento y observa qué ocurre.

Conviértete en un alquimista: transmuta el metal inferior en oro, el sufrimiento en conciencia, el desastre en iluminación.

¿Estás muy enfermo y te sientes enfadado por lo que acabo de decir? Entonces está claro que te has identificado con la enfermedad y que ahora estás protegiendo tu identidad, además de proteger la enfermedad.

La condición que denominamos «enfermedad» no tiene nada que ver con tu ser real.

Cuando te ocurra un desastre o algo vaya muy «mal» —enfermedades, incapacidad, pérdida del hogar, de la fortuna o de la identidad social, la ruptura de una relación íntima, la muerte o el sufrimiento de un ser querido, o la inminencia de tu propia muerte— has de saber que esa situación también tiene otro aspecto y que estás a solo un paso de algo increíble: una transmutación alquímica completa del metal inferior del dolor y el sufrimiento en oro. Ese paso se llama rendición.

No quiero decir que te sentirás feliz en esa situación. No será así. Pero el miedo y la pena se transmutarán en una paz interna y una serenidad que vienen de un lugar muy profundo: del No Manifestado mismo. Es la «paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento». Comparada con ella, la felicidad es algo bastante superficial.

Junto con esta paz radiante llega la comprensión —no a nivel mental, sino al nivel profundo del Ser— de que eres indestructible, inmortal. No se trata de una creencia. Es una certeza absoluta que no necesita pruebas externas ni comprobaciones ulteriores.

LA TRANSFORMACIÓN DEL SUFRIMIENTO EN PAZ

En algunas situaciones extremas puede que te resulte imposible aceptar el ahora. Pero la rendición siempre te ofrece una segunda oportunidad.

TU PRIMERA OPORTUNIDAD CONSISTE EN RENDIRTE cada momento a la realidad de ese momento. Sabiendo que lo que es no puede deshacerse —porque ya es—, dices sí a lo que es o aceptas lo que no es.

Entonces haces lo que tienes que hacer, lo que la situación requiera.

Si te mantienes en este estado de aceptación, no crearás más negatividad, ni más sufrimiento, ni más infelicidad. Vives en un estado de no-resistencia, en un estado de gracia y ligereza, libre de luchas.

Cuando no eres capaz de hacerlo así, cuando pierdes esta primera oportunidad, bien porque no eres capaz de generar suficiente presencia consciente para impedir que surja algún patrón de resistencia habitual, o bien porque la situación es tan extrema que te resulta absolutamente inaceptable, entonces estarás generando dolor, sufrimiento de algún tipo.

Podría parecer que la situación está creando el sufrimiento, pero en último término no es así: la responsable es tu resistencia.

ÉSTA ES TU SEGUNDA OPORTUNIDAD DE RENDIRTE: si no puedes aceptar lo de fuera, entonces acepta lo de dentro. Si no puedes aceptar la situación externa, acepta la situación interna.

Esto significa: no te resistas al dolor. Permítelo. Ríndete al dolor, a la desesperación, al miedo, a la soledad o a cualquier forma que adopte el sufrimiento. Obsérvalo sin etiquetarlo mentalmente. Abrázalo.

A continuación observa cómo el milagro de la rendición transmuta el sufrimiento profundo en paz profunda. Ésta es tu crucifixión. Deja que se convierta también en tu resurrección y ascensión.

Cuando sientas un dolor profundo, toda charla sobre la rendición probablemente te parecerá intrascendente y sin sentido. Si sientes un dolor profundo, lo más probable es que te surja un fuerte impulso de escapar de él, no de rendirte a él. No quieres sentir lo que sientes. ¿Qué podría ser más normal? Pero no hay escapatoria, no hay salida.

Puede que haya seudoescapes: el trabajo, la bebida, las drogas, enfadarte, proyectar el dolor…, pero no te liberan del dolor. La intensidad del sufrimiento no disminuye cuando lo haces inconsciente. Cuando niegas el dolor emocional, lo que haces o piensas, e incluso tus relaciones, todo queda contaminado por él. Lo emites, por así decirlo, pues es la energía que emana de ti, y los demás lo notarán subliminalmente.

Si son inconscientes, puede que se sientan obligados a atacarte o herirte de algún modo, o puede que tú les hieras al proyectar inconscientemente tu dolor. Atraes y manifiestas lo que corresponde a tu estado interno.

CUANDO NO HAY ESCAPATORIA, EXISTE UN CAMINO QUE PERMITE ATRAVESAR EL DOLOR; por tanto, no te alejes de él. Afróntalo. Siéntelo plenamente. Siéntelo, ¡no pienses en él! Exprésalo si es necesario, pero no crees un guión mental con el dolor. Pon toda tu atención en lo que sientes, no en la persona, evento o situación que parece causarlo.

No dejes que la mente use el dolor para crearse con él una identidad de víctima. Compadecerte de ti mismo y contar tu historia a los demás te mantendrá atrapado en el sufrimiento.

Como es imposible huir del sentimiento, la única posibilidad de cambio es entrar en él; si no lo haces, no cambiará nada.

Por tanto, concede toda la atención a lo que sientes y evita etiquetarlo mentalmente. Al entrar en el sentimiento, mantente intensamente alerta. Puede que al principio parezca un lugar oscuro y terrorífico, pero cuando sientas el impulso de huir de él, obsérvalo sin hacer nada. Continúa manteniendo la atención en el dolor, sigue sintiendo la pena, el miedo, el pavor, la soledad…, lo que estés sintiendo.

Mantente alerta, sigue estando presente, presente con todo tu ser, con cada célula de tu cuerpo. Al hacerlo, estás llevando una luz a esa oscuridad: ésa es la llama de tu conciencia.

Llegado a esta etapa, no hace falta que te preocupes de la rendición. Ya ha ocurrido. ¿Cómo? Plena atención es plena aceptación, es rendición. Dando a lo que sientes toda tu atención, usas el poder del ahora, que es el poder de tu presencia.

Este poder no permite que sobrevivan resistencias ocultas. La presencia erradica el tiempo, y sin tiempo no pueden sobrevivir el sufrimiento y la negatividad.

LA ACEPTACIÓN DEL SUFRIMIENTO es un viaje hacia la muerte. Afrontar el dolor profundo, dejarlo ser, poner tu atención en él, es entrar en la muerte conscientemente. Cuando hayas muerto esa muerte, te darás cuenta de que no hay muerte y no hay nada que temer. Sólo muere el ego.

Imagina un rayo de sol que ha olvidado que es parte inseparable del Sol y se engaña creyendo que tiene que luchar por sobrevivir, construirse una identidad diferente a la del Sol y aferrarse a ella. ¿No sería la muerte de esa ilusión increíblemente liberadora?

¿QUIERES TENER UNA MUERTE FÁCIL? ¿Prefieres morir sin dolor, sin agonía? Entonces muere al pasado a cada instante, y deja que la luz de tu presencia retire el viejo yo pesado y ligado al tiempo que pensabas que eras «tú».

EL CAMINO DE LA CRUZ.

LA ILUMINACIÓN MEDIANTE EL SUFRIMIENTO

El camino de la cruz es el antiguo camino hacia la iluminación y, hasta hace poco, era el único existente. Pero no lo descartes ni menosprecies su eficacia, porque todavía funciona.

El camino de la cruz requiere una inversión completa. Significa que la peor cosa de tu vida, tu cruz, se convierte en lo mejor que te ha ocurrido, porque te obliga a rendirte, a «morir», te fuerza a convertirte en nada, a ser como Dios, porque también Dios es una no-cosa, una nada.

La iluminación mediante el sufrimiento —el camino de la cruz— implica entrar en el reino de los cielos gritando y pataleando. Finalmente te rindes porque ya no puedes soportar el dolor, pero el dolor podría prolongarse mucho tiempo hasta que eso ocurra.

ELEGIR CONSCIENTEMENTE LA ILUMINACIÓN significa renunciar al pasado y al futuro y hacer del ahora el foco principal de tu vida. Significa elegir habitar en el estado de presencia más que en el tiempo.

Significa decir sí a lo que es. Entonces ya no necesitas el dolor.

¿Cuánto tiempo más crees que necesitas antes de poder decir: «Ya no crearé más dolor, más sufrimiento?» ¿Cuánto dolor más necesitas antes de poder tomar esa decisión?

Si crees que te hace falta más tiempo, lo tendrás, y también tendrás más dolor. El tiempo y el dolor son inseparables.

EL PODER DE ELEGIR

La elección requiere conciencia, un elevado grado de conciencia. Sin ella, no hay elección. La elección comienza cuando dejas de identificarte con la mente y con sus patrones condicionados, se inicia en el momento en que puedes estar presente.

Hasta llegar a ese punto, espiritualmente eres inconsciente. Eso significa que estás obligado a pensar, sentir y actuar de cierto modo que concuerda con tu condicionamiento mental.

Nadie elige la disfunción, el conflicto, el dolor. Nadie elige la locura. Ocurren porque no hay suficiente presencia para disolver el pasado, porque no hay suficiente luz para disipar la oscuridad. No estás plenamente aquí. Aún no has despertado del todo. Mientras tanto, la mente condicionada dirige tu vida.

Asimismo, si eres una de las muchas personas que tiene un problema con sus padres, si albergas resentimiento por algo que hicieron o dejaron de hacer, aún sigues creyendo que tuvieron elección, que podrían haber actuado de otro modo. Siempre parece que la gente tiene una elección, pero eso es ilusorio. Mientras la mente, con sus patrones ilusorios, dirija tu vida, mientras seas la mente, ¿qué opciones tienes? Ninguna. Ni siquiera estás allí. El estado de identificación con la mente es agudamente disfuncional. Es una forma de locura.

Casi todo el mundo sufre esta enfermedad en distintos grados. En cuanto te das cuenta de ello, no puede haber más resentimiento. ¿Cómo puedes estar resentido con alguien que está enfermo? La única respuesta apropiada es la compasión.

Si estás dirigido por tu mente, aunque no tengas elección, seguirás sufriendo las consecuencias de tu inconsciencia y crearás más sufrimiento. Soportarás la carga del miedo, del conflicto, de los problemas, del dolor. El sufrimiento así creado acabará obligándote a salir del estado de inconsciencia.

NO PUEDES PERDONARTE VERDADERAMENTE ni perdonar a los demás mientras extraigas del pasado tu sentido de identidad. Sólo accediendo al poder del ahora, que es tu propio poder, puede haber un verdadero perdón. Esto quita poder al pasado, y te das cuenta realmente de que nada de lo que hiciste, o de lo que se te hizo, podía dañar en lo más mínimo la radiante esencia que eres.

Cuando te rindes a lo que es y estás plenamente presente, el pasado ya no tiene ningún poder. Ya no lo necesitas. La clave es la presencia. La clave es el ahora.

Puesto que la resistencia es inseparable de la mente, renunciar a la resistencia —rendirse— marca el fin de la etapa en la que la mente es tu maestro el impostor que pretende ser «tú», el falso dios Todo juicio y toda negatividad se disuelven.

Entonces se abre el reino del Ser, que había quedado oscurecido por la mente.

De repente, surge una gran quietud dentro de ti, la sensación de una paz insondable.

Y en esa paz hay una gran alegría.

Y dentro de esa alegría hay amor.

Y en su núcleo más interno está lo sagrado, lo inconmensurable, eso que no puede ser nombrado.

Seamos niños.

Es curiosa la vida. Hace pocas horas sentía, pánico. Pánico, porque mi cabeza me decía que quizas sería la ultima vez que nos veríamos. Me iba a encontrar con “ella” después de 20 días, sin verla. Habían unos temas para arreglar. Lo primero que he sentido, es lo hermosa que está. Estar sin mí, le hace mucho bién,jajaja. Esta más fresca y risueña, que nunca. Es genial y hermoso notar cómo transmite bienestar.

Nos hemos puesto a trabajar, y era agradable estar a su lado: observar sus facciones, cómo le caía el pelo, era divertido verla mordisquear el boligrafo. Su expresión ceñuda acompañada de su palabra favorita: “porras”, le daba ese encanto infantil que me mostró desde el primer día que la conocí. Mi pánico desapareció, al comprender, que siempre estaremos juntos. Aunque “ella” no esté físicamente, mis sentimientos, afecto, cariño,amor…etc no desapareceran nunca. Yo deseaba transmitir todo lo que siento y disculparme en torpes palabras. Ayer en la merienda-cena con Paco, confesaba mi dificultad de comunicarme, de expresar mis sentimientos. Hoy no ha sido diferente de otros días.Trabajo en ello.

Qué bien, se ha portado. Hemos charlado, un rato. Y por mucho que desease que se quedase. Ella, no me quiere. Me ama, igual que yo a ella. Pero tanto dolor y sufrimiento, acaba con cualquiera. Yo no sé, como ha tenido tanta paciéncia. Hace poco, alguien me decía que era para enviarme al coño de mi madre, y tiene razón.

A lo largo de esta relación, nunca he sentido tantas ganas de ser fiél a mi y a mis sentimientos por ella. No sé cuando, pero tarde o temprano, sé que no me tendra miedo y volveremos a confiar en nosotros. Porque eso es lo que más deseo. No hay mejor compañera de viaje que ella. Trabajo para ser si no su compañero, un buen compañero. No pienso amargarme, deprimirme o encerrarme como otras veces. Pienso salir, conocer gente, y pasarmelo bién. Voy a recuperar mi sonrisa…que la tengo bonitaaaa. Viajaré. Pero hasta que no deje de sentir lo que siento por ella, no podré estar con ninguna otra mujer. Es lo que tiene ser fiel a uno mismo y a la persona que ama. No espero nada, ningún milagro. Los milagros nos los trabajamos nosotros, dia a dia. Y voy a poner mi granito de arena para que sepa que todavía soy ese amigo al que conoció y por el que llegó a sentir algo muy especial.

Si teneis a alguien especial, en vuestras vidas. Decírselo!!!. Somos afortunados los que tenemos a personas que nos aman y quieren. Yo debía ser un santo en otra vida, porque con las veces que la cago todavía me quieren mis amigos…jajaja. No tengais miedo a transmitir sentimientos, si son reales y forman parte vuestra. Decir a alguien que quieres: Te quiero, es de lo más bonito y sincero que hay.

Un buen amigo mío, me contaba de las “tonterias” y “fechorias”…jajaja, que hacía. Lo bello no eran sus palabras, sino el brillo de su mirada cuando lo explicaba. Ese hombre, es feliz. No tengamos miedo a esa felicidad. Puede ser con una toalla, unos bocatas y una botella de cava. Puede ser viendo como duerme la persona que amas. Puede ser “jugando” con el culito de ella, en un supermercado. Lo importante es disfrutar, sentir y valorar ese momento. Sin miedo a cuanto dura. Sin miedo a si no volverá. Os acordais de cuando eramos niños? De esos momentos de felicidad sin nada, ni por nada especial? Volvamos a ser niños. Me encantaría pedirle a “ella”: vamos a cenar a los columpios?

Regreso

Hace pocos dias regresamos, de nuestro pequeño viaje, “ella” y yo. Para ser exactos, el 22 de Diciembre. Un viaje de casi 4 meses, por Ecuador y Colombia. Como dicen en las series de TV, continuará. Y eso es lo que voy a hacer, en este pequeño espacio…continuar.

Humor.

Paseando por Quito (Ecuador), vì un velatorio llamado RESURRECCION. Si hubièse llevado càmara , se merecerìa una foto. Todos los dìas, esconden algo de humor. Una situaciòn, una palabra, una mirada…

Invito a no dejar escapar esa oportunidad. Y saber disfrutar de ese regalo, entregado.

P.D: Un hombre que va de Safari decide llevarse a su perro para que conozca África. Un día ya en la expedición, el perrito empieza a corretear detrás de las mariposas y cuando se da cuenta ya se encuentra muy lejos del grupo del Safari, así que empieza a vagar perdido por la selva, cuando ve a lo lejos una pantera corriendo hacia el.

-”¡Menudo problema!”, piensa el perrito y no sabe que hacer.

En eso ve unos huesos de un animal muerto y se pone a mordisquearlos. En cuanto la pantera esta a punto de atacarlo el perrito dice:

-”Aaah, ¡¡qué rica pantera me acabo de comer!!!”

La pantera se frena bruscamente y sale despavorida huyendo del perrito y pensando:

-”¡Qué perro más bestia, por poco me come a mi también”.

Un mono que andaba trepando cerca y que había visto la escena, sale corriendo tras de la pantera para contarle como la engañó el perro.

El mono alcanza a la pantera y le cuenta toda la historia, entonces la pantera enfurecida regresa corriendo . El perrito ve a lo lejos que la pantera viene de nuevo y al ver al mono tras ella, se huele que le ha contado toda la historia

-”Mono chismoso, ¿ahora qué voy a hacer?”

En vez de salir huyendo se queda sentado dándoles la espalda, como si no los hubiera visto, y en cuanto la pantera está a punto de atacarlo de nuevo el perrito dice en voz alta:

-”¡¡¡Ese puñetero mono, hace media hora que lo mandé a que me trajera otra pantera y todavía no aparece!!!”

Según el Sutra de la Atención Mental, mientras se friegan los platos uno debe estar solamente fregando los platos, lo cual quiere decir que mientras se hace eso uno debe estar completamente atento al hecho de que está fregando. A primera vista puede parecer un poco tonto: ¿Porqué poner tanta preocupación en algo tan simple? Pero ese es precisamente el asunto.. El hecho de que yo este aquí lavando las tazas es una realidad maravillosa. Estoy siendo totalmente yo mismo, siguiendo mi respiración, consciente de mi presencia y presente de mis pensamientos y acciones. No hay forma de ser zarandeado estúpidamente de aquí para allá por las olas. La conciencia no puede ser dispersada como la espuma en la cresta de las olas cuando se estrellan contra el acantilado.

Acaso los monjes budistas, no buscan la perfecciòn al barrer, al lavar o al entrenar? Si fuèse facil, lo harìamos todos. Pero si fuèse imposible, no lo harìan ellos.

Si mientras lavamos los platos, solamente estamos pensando en la taza de té que nos aguarda o en cualquier otra cosa que pertenezca al futuro, o nos estamos apresurando a quitarnos los platos de encima como si fuera alguna molestia, entonces no estamos “fregando los platos para fregar los platos”, y lo que es más, no estamos vivos durante el tiempo en que tardamos en hacerlo. De hecho, somos completamente incapaces de apreciar el milagro de la vida mientras permanezcamos ante la pila. Sino podemos fregar los platos, todas las oportunidades serán de que tampoco podremos disfrutar nuestra taza de té; mientras nos la bebemos estaremos pensando en otras cosas, apenas despiertos al hecho de la taza de té que tenemos ante las manos. De ese modo estaremos absortos en el futuro y lo que significa realmente es que seremos incapaces de vivir un solo momento de nuestra vida.

Juzgar

Así como el problema que presenta cada individuo es único, también cada solución es única. Evidentemente la rutina y los consejos al por mayor que la gente siempre está dispuesta a dar, aunque no se les solicite, a menudo son inapropiados y, a pesar de la buena intención, sólo sirven para confundir y desviar.

Esta dificultad para comprender y ayudar a los demás, se acrecienta en los casos en que el individuo está a “prueba” sumergido en un estado de ofuscación. En esta situación surgen del subconsciente elementos inferiores e indeseables. En muchos casos pueden haber sido acumulados en esta vida, en otros es la revivificació n de viejas tendencias e impresiones que surgen de vidas anteriores como fantasmas de un oscuro y misterioso pasado, y son evocadas para disolverlas y aniquilarlas. Este es un hecho necesario y benéfico, pero muy penoso y molesto mientras persiste, produciendo manifestaciones inesperadas. Por lo tanto, tenemos que capacitarnos para reconocer tales hechos absteniendonos más que nunca de juzgar y condenar.

Debemos comprender que además de estas condiciones especiales, cada persona generalmente presenta en las circunstancias comunes de la vida su peor aspecto. La personalidad se evidencia y destaca, y no el hombre interno que lucha por controlarla y hasta puede permitirle hacer su voluntad en las pequeñas cuestiones de la vida diaria. En la mayoría, sólo en raros y excepcionales momentos de tensión, de necesidades o peligro, de aspiración y servicio, el ser interno sale a la superficie y se manifiesta temporariamente.

Lo dicho respecto a los demás, es aplicable en gran medida a uno mismo, pues existe gran necesidad de verdadera autocomprensión, lo cual es también muy difícil de alcanzar. Tenemos más elementos y factores a disposición, pero estaremos más propensos a juzgarnos en forma favorable o parcial. Juzgamos demasiado desfavorable o duramente a nuestros semejantes, y tendemos a ser excesivamente indulgentes con nosotros mismos y a justificar ingeniosamente nuestros propios defectos y debilidades.

Hace poco mi vida sufrió un cataclismo. Me sentía realmente desesperado. Así que empezé a estudiar, investigar que ocurría en mi vida. Que podía hacer para mejorarla? Hubo mucho trabajo interno.

Y un día lo ví claro. No era la persona que realmente deseaba ser. Todos los objetivos de mi vida los había negado. Así que vivia en una burbuja negativa creada por circunstancias, entorno, educación, pasividad y miedo.

Tenía incluidos en mi caracter y personalidad, reflejos de todos los acontecimientos negativos de mi vida. Falta de comunicación, no escuchaba de verdad, falta de concentración, tendencia al pesimismo, muy cerrado a la vida, miedo a enfrentarme a lo nuevo, reservado, desconfiado…y muchas cosas más.

Yo no era la persona que soy en realidad. Así que un día tomé la decisión de cambiar. Sabía que no podía cambiarlo todo de golpe. Es más, intentarlo seguramente, supone el fracaso. Hay una ley de supervivencia básica que dice: “márcate pequeños objetivos”.

Así que el primer paso fué la comunicación. Me prometí que a todo aquel que me preguntase le respondería con total honestidad. El objetivo ser transparente y mejorar la comunicación. Al principio fué dificil. Años de práctica de hablar y no decir nada. Siempre escondiendo una parte de mí. Lo sorprendente fué ver que cuando hablaba honestamente a alguien, ese alguien me hablaba de otra manera. Ví una causa – efecto que me gustó. Ahora ya no es tan dificil. Ahora es un hábito que espero se convierta en mi caracter.

El segundo paso fué dejar de ser negativo. Realmente creo que todo en esta vida tiene su lado positivo y negativo. Así que empezé con pequeños ejercicios de optimización. Un ejemplo: el viernes noche iba por la autopista camino a Barcelona. Hay un momento que te ves obligado a ir a 60. Eso me desesperaba. Así que intenté encontrarle la parte positiva. Lo hize. En la radio sonaba una música que me gustaba mucho. Sabía que iba a pasar un rato agradable en la cena a la que iba. Así que ese agobio desapareció. Y empezé a disfrutar el trayecto. Os invito a que lo probeis. Ojalá todos podamos ver ese lado positivo.

El tercer paso y más dificil fué entender que no amaba a mi compañera. Si fuése así, no sentiría tanto dolor, ni yo haría tanto daño. Yo tenía una proyección de amarla. Y lo que realmente sentía era una dependencia hacia ella. En los 10 secretos del amor abundante (escritos más abajo, en este blog), leí algo que me impactó:” Si amas algo déjalo libre, no seas posesivo. Si vuelve es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue. Incluso dentro de una relación amorosa, la gente necesita tener su propio espacio.” Yo no lo hacía. Mi compañera es la mujer que amo. Así que la he dejado totalmente libre. No es tan dificil como pensaba. Lo más dificil fué ser consciente de como había sido de egoista. Ella me ama y yo a ella así que hay que trabajar para volar libres, en el mismo camino, y no atados.

El cuarto paso, vino solo. Recuperar la fé. No la fé en Dios. Sino la fé en la vida. Estos últimos días veo y siento como este complejo mecanismo encaja de una manera perfecta. Todo esta inter-relacionado. Y si te dejas llevar, podra ser bueno o malo, pero sera natural y fluido. Una de las cosas que muchas veces me hacían sentir agotado era ir tanto en contra corriente. Un ejemplo: Ayer fuí a comer a casa de mi madre. Y un buen amigo me llamó porque habia visto un anuncio y se había acordado de mí. Así que nos vimos a las 8 y hasta las 4’30 estuve con sus amigos. Fué simplemente, mágico.

Otro paso fué el de hacer cosas distintas. Estamos encerrados en una rutina y hábitos que nos bajan la consciéncia. Así que probé de hacer las mismas cosas de manera diferente. Cojer un camino diferente para ir a Barcelona. Quedar con alguien a una hora , no exacta (10’45). Escuchar música diferente…etc.

Un paso importante es el de saber valorar. Cuanto hace que no habeis pensado en el valor real de un acto, sensación, experiéncia. esfuerzo, persona… Ayer valoré y agradecí la suerte de conocer unos nuevos amigos. Valoré y agradecí el esfuerzo realizado por regalarme unas palabras dificiles de aliberar.Valoré y agradecí un trozo de pan, buscado expresamente. Y así…. Da valor a la vida. Si tienes un hijo, un amigo, hermano…etc y te sientes orgulloso de él, díselo. Creemos que eso ya se da por sabido. Pero no hará daño recordarselo, no crees?

Enfrentate a tu dolor, a tu miedo. Yo lo probé hace poco. Las ganas de cambiar me ayudaron a llamar a alguien muy especial para mí. A ese alguien hace años le hice daño. Y cuando llamé estaba preparado para que no quisiese hablar conmigo o me enviase a la mierda. Esa misma noche quedamos y hablamos durante dos horas y media. Sino me hubiese enfrentado a mi dolor, mi miedo , nunca habría vuelto a hablar con él. En ese momento ví como son de etereos algunos de nuestros mayores miedos. Os invito a probar. Como dijo alguien: Si yo puedo, todos pueden.

La vida, un sábado me trajo una conversación que me ayudó. Quedamos un buén amigo, su compañera de piso y yo. Ella, me habló del amor global. Me interesé en ese punto porque me hizo ver como habia vivido siempre hacia dentro. Ese concepto, me ayudó a ver que vivir hacia fuera es eso: amar. Si puedes mejorar la vida de alguien. O podemos aliviar las penas de alguien. Si podemos compartir unos espacios con alguien. A que, esperamos? Por eso, todo este rollo. Por eso, este blog. Mi mayor deseo sería provocar una reacción en cadena. Si a alguien le ayuda algo de lo que lea, aquí podría pasarlo a sus amigos y así sucesivamente. Si de mil personas les sirve a diez, bienvenido sea.

En el libro “El secreto”, leí algo que me gustó. Tiene toda la lógica. Nosotros atraemos aquello que deseamos de manera positiva o negativa. Un ejemplo, sería: “No deseo engordar, no deseo engordar…etc”. Engordarás. Me gustó ese razonamiento. Así que cuido más a la hora de pensar lo que deseo. Y utilizo la positividad. Habrá gente que no cree, que lo que una persona desee o quiera, suceda. Lo respeto y entiendo. A mí me funciona. Hago pequeñas prácticas como ir a un sitio y visualizar lo que deseo que ocurra. Encontrar aparcamiento, podria ser otro ejemplo.

Proyecciones

Antes de hacer mi comentario, me gustaría enseñaros una definición que me ha gustado:

“En psicoanálisis, mecanismo de defensa por el que el sujeto atribuye a otras personas los propios motivos, deseos o emociones. Es una forma de ocultación involuntaria e inconsciente de su vida psíquica consecuencia de la presión del superyó que sanciona como incorrecto el contenido psíquico o de los temores y frustraciones del sujeto. Como estrategia para salvaguardar la seguridad de la persona tiene un valor limitado y puede dar lugar a comportamientos poco adaptados que dificultan la convivencia.” (Freud)

Os suena? Cuantas veces a lo largo de nuestro día, de nuestra vida dejamos que nuestros miedos proyecten lo que observamos, sentimos, creemos y vivimos.

Os invito a romper, esas proyecciones negativas. Enfrentaros a vuestros fantasmas. Lo bueno del caso, es que, después de borrar la primera és más facil romper con las otras. Por muy difícil que sea, vale la pena probarlo, no creeis?

El potencial.

Estoy empezando a ver una película llamada” Amor y otros desastres”. Parece que me gustara, así que la recomiendo.

El caso es, que ha habido una frase que, me ha gustado mucho:

- ….. eso es lo que te preocupa que el tal xxxxxxx es un gigante de la comunicación. Pero recuerda que tú eres un gigante en potencia.
- No he entendido nada

Estamos metidos tan dentro de nuestas superficiales vidas, que no recordamos nuestro potencial. Nuestro potencial está en un continuo letargo.

Os invito a buscar vuestro potencial y exprimirlo al máximo. Como dijo alguien…somos cojonudos.

Desgraciadamente, la mayoría de las conversaciones pueden ser caracterizadas como “mis cosas/tus cosas”. Ellas pueden ser comparadas como un extraño “juego” de tenis, jugado con dos pelotas. Tú despachas tu pelota hacia mí. Yo la dejo pasar y tiro mi pelota hacia tí. Tú la dejas pasar y envías tu propia pelota de vuelta hacia mí. El juego continúa de esta manera; ningún jugador recibe la pelota del otro. En tal ejemplo, es obvio que no se trata de un juego para nada. Y en una conversación con las mismas características, no es realmente una conversación para nada. Tú quieres contar tu historia y yo quiero contar la mía. Nunca escuchamos la historia de la otra persona porque estamos demasiado ocupados contando la propia.

¿Cuántas conversaciones has tenido últimamente que fueron de esta manera? Podemos diluir la ira de otra persona simplemente por poner un punto final al juego de “mis cosas/tus cosas” y escuchar verdaderamente a esa persona. Muy a menudo cuando das a una persona enojada la cortesía de una escucha atenta, sin interrumpirla o responder con ira, su enojo se reduce.

Cuando estés escuchando, focaliza en los sentimientos que la otra persona está expresando, antes que en el estricto significado de sus palabras. Los sentimientos son la parte más importante de cualquier mensaje. Cuando un niño nos dice, “Juan me golpeó”, tendemos a focalizarnos en el golpe en lugar de como se siente el niño. Si puedes responder de una manera que permita que el niño sepa que tú comprendes como se siente, esto tenderá a calmarlo. Aprende a tratar con los sentimientos de una persona airada, de esta manera. Sus sentimientos son usualmente mucho más importantes que el incidente mismo.

Mucha gente encuentra muy difícil expresar directamente sus sentimientos. Cuando alguien arroja un comentario enconado sobre tí, aprende a ponerte en sus zapatos. Volverte consciente de lo que la otra persona está experimentando emocionalmente requiere que tú pongas tus propios sentimientos a un lado. Mira para ver si has provocado su ira de alguna manera. Mira para ver cómo puedes estar causando sentimientos perturbados.

¿ Cómo amar?

Cuenta una vieja leyenda de los indios  Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu….

-Nos amamos…- empezó el joven

-Y nos vamos a casar….- dijo ella.

-Y nos queremos tanto que tenemos miedo, queremos un hechizo, un conjuro, o un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

-Por favor, ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y tan anhelantes esperando su palabra…

-Hay algo,-dijo el viejo- pero no sé…..es una tarea muy difícil y sacrificada.

Nube Azul…-dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendiste?

-Y tú, Toro Bravo -deberás escalar la montaña del trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Azul. ¡Salgan ahora!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas.

Eran verdaderamente hermosos ejemplares.

-Y ahora ¿qué haremos?, -preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

-No – dijo el viejo.

-¿Los cocinaremos y comeremos su carne?- propuso la joven.

-No -repitió el viejo. Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres…

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón. Si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro.

SI QUIEREN QUE EL AMOR PERDURE…….. “VUELEN JUNTOS, PERO JAMÁS ATADOS”

Muy a menudo la ira, el enojo dirigido hacia nosotros se debe a que la otra persona tiene diferentes expectativas a las nuestras.  Ellos están operando bajo la suposición de que actuaremos de una cierta manera, pero cuando no lo hacemos, se dispara su enojo.  Ellos pueden tener diferentes opiniones, ser totalmente ignorantes de nuestro punto de vista o motivación, o simplemente pueden ser muy diferentes de nosotros en muchas maneras.

En el trato con la ira de otras personas, es importante ser consciente del hecho de que la otra persona quiere sacar a la luz, algo de su relación contigo.  La llave es comprender sus expectativas, y ayudarla a comprender las tuyas.  Se llega a tal comprensión por medio de una comunicación signiticativa.
Más bien que esperar que la otra persona sienta de la misma manera que tú acerca de la situación que la hizo enojar, haz un esfuerzo real para averiguar cómo se siente realmente.  A fin de conseguir una comprensión verdadera de lo que está impulsando su ira, -para que puedas últimamente diluirla- necesitarás afilar tus habilidades de escucha y comunicación.

Intenta ser un buen escuchador por aprender cómo “escuchar profundamente” .  Para hacer esto, tienes que poner tus propios pensamientos y creencias a un costado, y focalizarte realmente en lo que la otra persona está diciendo.

Un joven fue a ver a un sabio maestro y le preguntó:

-Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?.

El sabio no contestó. El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda. No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta:

-¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le dijo:

-Ven conmigo.

Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua y pese a los esfuerzos del joven por desasirse de él, allí lo mantuvo. Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento. Entonces preguntó el sabio:

-Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?

Sin vacilar contestó el joven:

-Aire, quería aire.

-¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?

–No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta.

-Entonces -contestó el sabio-, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que querías el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo demás. Debe ser tu única aspiración día y noche. Si tienes ese fervor, conseguirás sin duda lo que quieres.

Una moderna parabola de sabiduria y amor que cambiara tu vida nos dice: no existe mayor error en la vida que mostrarse cínico ante el amor. Cuando llegues al final de tu vida, lo único que contará será el amor que has dado y has recibido. En tu viaje al otro mundo, lo único que te llevarás contigo es amor y lo único de valor que dejarás atrás es amor.

Por eso el amor es el mejor regalo de la vida. Le da sentido y nos crea el deseo de vivirla con pasión. El amor no es algo que sucede, es algo que creamos y todos tenemos esa capacidad. Para amar realmente, debes de comprender a esa persona, necesitas conocerla y respetarla. Es preciso que su bienestar te preocupe de verdad.

Para amar a una persona de verdad debes de verla por dentro (su naturaleza, su espiritu, su alma). Hay cosas que no pueden contemplarse con los ojos. En el amor lo esencial sólo puede verse con el corazón.

Todos tenemos el poder de amar y de que nos amen y la capacidad para crear relaciones amorosas en nuestra vida. Por eso es tan triste que la gente decida vivir sin amor, enamorados de sus miedos.

El amor está disponible para todo el mundo, pero debemos entregarnos a él. Las relaciones no aportan el amor, nosotros ponemos amor en la relación cuando lo tenemos en nuestro interior. Cuando somos cariñosos, es porque el cariño abunda en nuestro corazón. Por eso el amor empieza con uno mismo.

Si deseas amor, debes de renunciar a tus miedos y estar dispuesto a no dejar pasar las oportunidades. Amar significa vivir el presente, el aquí y ahora.

Para ello debes de conocer los diez secretos del amor abundante.

El poder del pensamiento.
El amor comienza con el pensamiento. Nos convertimos en lo que pensamos. Los pensamientos amorosos crean experiencias y relaciones amorosas. Las actitudes sinceras y positivas cambian nuestras creencias, sentimientos y pensamientos acerca de nosotros mismos y de los demás. Si quieres amar a alguien, necesitas tener en cuenta sus necesidades y deseos. Pensar acerca de tu pareja ideal te ayudará a reconocerla cuando entre en tu vida. Pero todo empieza con uno mismo, aprende a amarte a ti mismo, a ser feliz en la soledad, a ser cariñoso contigo mismo. Cuando estés lleno de cualidades positivas podrás compartirlas con la persona que amas, nunca antes.

El poder del respeto.
No puedes amar a nada ni a nadie a menos que antes lo respetes. La primera persona que merece tu respeto eres tú. Para recuperar el respeto por ti mismo, hazte la pregunta: ¿qué respeto en mí?. Para respetar a los demás, incluso a las personas que te desagradan, pregúntate: ¿que respeto de ellos?. Recuerda que las personas que te desagradan reflejan inconcientes cosas de ti que te desagradan, por tanto, no trates de cambiarlos a ellos sino a ti. Un proberbio chino dice: antes de salir a salvar el mundo dale tres vueltas a tu casa.

El poder de la entrega.
Si deseas recibir amor, ¡todo lo que tienes que hacer es darlo!. Cuanto más amor entreges, más recibirás. Amor es entregarte sin condiciones y voluntariamente. Practica al azar actos de bondad. Antes de comprometerte a una relación, no te preguntes por lo que la otra persona te puede dar, sino por lo que tú puedes aportarle a ella. La fórmula secreta de una relación amorosa, feliz y para toda la vida es centrarte siempre en lo que puedes dar en vez de en lo que puedes sacar de ella. Como dijo el maestro Jesús: ama a tu prójimo como a ti mismo. Ese mensaje, y no otro, de nuestro maestro Jesús es lo que nos hace ser verdaderos cristianos, que no te engañen las múltiples sectas e iglesias pseudocristianas. El amor no tiene precio.

El poder de la amistad.
Para encontrar un amor verdadero, primero debes encontrar a un amigo o una amiga verdadera. El amor no consiste en mirar a los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección. Para amar a alguien de verdad debes amarlo por lo que es, no por su aspecto físico. La amistad es la tierra en la que la semilla del amor crece. Si deseas introducir amor en una relación, primero debes aportarle amistad.

El poder del contacto físico.
El contacto físico modifica una de las expresiones más poderosas del amor que existe, destruye barreras y crea vínculos entre la gente. El contacto físico altera nuestro estado físico y emocional y nos hace más receptivos al amor. El contacto físico nos ayuda a que el cuerpo sane y enternece el corazón. Cuando abres tus brazos, estás abriendo tu corazón. El sexo sólo es verdadero, profundo y sincero cuando el amor es completo.

El poder del desprendimiento.
Si amas algo déjalo libre, no seas posesivo. Si vuelve es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue. Incluso dentro de una relación amorosa, la gente necesita tener su propio espacio. Si queremos aprender a amar, primero debemos aprender vivir en la soledad, debemos aprender a perdonar y dejar ir nuestras heridas y dolencias del pasado. Cada relación es única, por tanto, no condiciones tu presente con tu pasado, ¡sánate a ti mismo, sálvate de ti mismo! como diría el Tantra. Amar significa desprendernos de nuestros miedos, prejuicios, apegos, ego y condicionamientos. Hoy dejo atrás todos mis miedos, el pasado ya no tiene poder sobre mí; hoy es el comienzo de una nueva vida. Como dice el Tantra: cada día debemos aprender a morir y renacer.

El poder de la comunicación.
Cuando aprendemos a comunicarnos abiertamente y con sinceridad, la vida cambia. Amar a una persona es establecer comunicación directa con ella. Deja que la gente a la que amas sepa que la amas y aprecias. Nunca tengas miedo a pronunciar las palabras mágicas: te amo. No dejes pasar la oportunidad de halagar a una persona. Despídete de la gente siempre con palabras cariñosas: puede que sea la última vez que veas a esa persona. Incluso cuando hayan cosas de la persona a la que amas que no te gustan díselo, no reprimas, no hagas de un grano de arena una montaña, pero oblígate a ti mismo a buscar las palabras adecuadas que no hieran, hazlo siempre con amor, pues el amor transforma, el odio destruye lo que amas y la culpabilidad te autodestruirá. Si estuvieras a punto de morir y pudieras llamar por teléfono a las personas que quieres, ¿a quién llamarías?, ¿qué le dirías?, ¿a qué esperas para hacerlo?.

El poder del compromiso.
Si deseas amor en abundancia, debes establecer el compromiso de lograrlo, un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos. El compromiso es la verdadera prueba de que el amor está presente. Si quieres tener una relación con amor, debes comprometerte a crear la relación que quieres. Cuando estamos realmente comprometidos a algo o con alguien, abandonar nunca es la opción. El compromiso distingue una relación frágil de una sólida. Pero el compromiso no es firmar papeles, el verdadero compromiso es tener claro que el amor que no se alimenta cada día, se pierde cada día, al igual que una flor que no la riegas cada día se marchita y se muere.

El poder de la pasión.
La pasión enciende el amor y lo mantiene vivo. Una pasión duradera no procede exclusivamente de la atracción física, sino que se origina gracias a un profundo compromiso, entusiasmo, interés, entrega y fascinación por la otra persona. La pasión se puede reavivar recreando experiencias pasadas en las que existe pasión. La espontaneidad y las sorpresas crean pasión. El amor y la felicidad comparten la misma esencia; todo lo que necesitamos hacer es vivir cada día con pasión.

El poder de la confianza.
La confianza es esencial para establecer una relación con amor. si un miembro de la pareja está cegado por la sospecha, la ansiedad y el temor, el otro se sentirá atrapado y emocionalmente ahogado. No puedes amar a una persona plenamente a menos que confíes en ella. Actúa como si la relación que mantienes con una persona nunca fuese a acabarse. Una manera de saber si una persona es la adecuada para ti es preguntándote: ¿confío en ella plenamente y sin reservas? Sí la respuesta es negativa, piénsalo con cuidado antes de comprometerte más.

1
Adam J. Jackson
LOS 10 SECRETOS DE LA
ABUNDANTE FELICIDAD
editorial Sirio, s.a.
2
34ª edición: noviembre 2002
Titulo original: SECRETS OF ABUNDANT
HAPPINESS
Traducido del inglés por Nestor Coronado
Diseño de portada: Pablo Eduardo Fiorenza
C de la edición original
Adam J. Jackson. 1995
C de la presente edición
EDITORIAL SIRIO. S A.
C/ Panaderos, 9
29005-Málaga
España
www editonalsirio com
E-Mail: sirio@editorialsirio.com
I S.B.N.. 84-7808-204-2
Depósito Legal: B-47.500-200
Impreso en los talleres gráficos de
Romanya/Valls
Verdaguer 1, 08786 Capellades (Barcelona)
Escaneo: Esteban_jarf – 2005
3
INTRODUCCION
Recorres el mundo en busca de una felicidad
que está siempre al alcance de tu mano.
Horacio
Si preguntamos a la gente qué es lo que más desean en esta
vida la respuesta más común será: “Quiero ser feliz.” ¿Por qué
son felices tan pocas personas? ¿Por qué la industria de los
antidepresivos es una de las más florecientes? ¿Por qué tan
pocos seres humanos se consideran a sí mismos felices? ¿No
será que hemos estado buscando la felicidad en lugares
equivocados?
Estoy convencido que todos tenemos la capacidad de ser
felices. No importa el dinero que tengas o no tengas, no importa
el tipo de trabajo ni el lugar donde vivas. Cualesquiera que sean
tus circunstancias presentes, tienes en ti mismo no sólo el
poder de ser feliz, sino el poder de experimentar una gran
abundancia de felicidad.
La Abundancia de Felicidad no es sólo librarse de la
depresión y del dolor, sino que más bien consiste en una
sensación de alegría, de contento y de maravillado asombro
ante la vida. Esto no significa que sea posible, ni siquiera
deseable, vivir en éxtasis continuo; hay momentos en los que
nuestras vidas se ven afectadas por tragedias y pérdidas
personales y es totalmente natural sentir tristeza, pena y
decepción. Pero hay diversas formas de hacer frente a tales
experiencias y con mucha frecuencia, los obstáculos y las
adversidades de la vida podemos convertirlos en triunfos.
Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de las parábolas,
todos los personajes que aparecen en este libro están basados en
seres reales (con la excepción del anciano sabio chino, que es una
composición basada en diversos hombres y mujeres sabios que he
conocido). Por supuesto, he cambiado sus nombres y he
modificado algunas circunstancias tratando de mejorar el relato,
pero todos ellos triunfaron sobre sus crisis personales y todos
hallaron la felicidad tal como se expone en cada uno de los
4
capítulos. Espero que sus relatos te ayuden y te inspiren a seguir
su ejemplo y a experimentar las bendiciones de la Abundante
Felicidad.
Adam Jackson
Hertfordshire
Marzo de 1995
LA AVERIA
Todo comenzó una fría y húmeda tarde del mes de Octubre,
mientras volvía a casa del trabajo. Pasaban ya de las ocho y
era la tercera vez en aquella semana que había debido
quedarse en la oficina más tarde de lo usual. El cielo había
5
estado cubierto durante todo el día, sin embargo decidió dejar
caer la lluvia en el momento en que el joven iba camino de su
casa. Los pensamientos que ocupaban su mente fueron de
pronto interrumpidos por una pregunta que surgió de la radio del
coche. Era una pregunta sencilla, que el joven jamás se había
hecho de un modo consciente, y la repuesta le preocupó.
La pregunta formaba parte de una encuesta realizada a nivel
nacional, cuyos resultados mostraron que sólo una persona de
cada 50 se considera a sí misma feliz o satisfecha y que ni
siquiera una de cada diez personas es capaz de recordar un
momento – tan solo un momento – de sus vidas en el que fuera
totalmente feliz. La pregunta que el locutor hizo a sus oyentes
era sencilla y directa: “¿Es usted feliz?”
Esta pregunta hizo que el joven se pusiera de pronto a
reflexionar sobre su vida. No tenía carencia alguna: su salud era
normal, tenía un buen trabajo y de algún modo lograba siempre
pagar sus cuentas e incluso guardar algo de dinero para
pequeños lujos. Tenía un buen grupo de amigos y una familia
envidiable. Pero a pesar de todo ello, internamente se sentía
vacío, como desilusionado con la vida. Algo le faltaba. No sabía
qué. Todo lo que sabía es que en su vida faltaba algo. Había
muchas palabras que hubieran podido servir para describir su
vida, pero definitivamente “feliz” no era una de ellas.
Fue Thoreau quien dijo, “La mayoría de la gente vive sus
vidas en una tranquila desesperación,” y el joven pensó que esa
sí era una descripción justa de su existencia. Cada día, desde el
principio al final, era una lucha; y un día detrás de otro, con las
mismas frustraciones y el mismo estress. No pudo evitar pensar
que su vida había entrado en un círculo vicioso de monotonía.
¿Dónde habían ido a parar todas las esperanzas y los sueños
de la adolescencia? ¿Dónde estaba la pasión y la alegría que
conoció siendo niño? ¿Cuándo empezó a convertirse todo en
una aburrida lucha?
Había leído en algún lugar que ciertas filosofías religiosas
enseñan que la vida es una lucha continua, pero él no podía
aceptarlo. “Estoy seguro,” se dijo a sí mismo, “que en la vida
debe haber algo más que todo esto.” De pronto se sintió
confundido, perdido, como atrapado en un gigantesco laberinto,
sin saber cómo había llegado hasta él ni cómo podría salir.
En aquél punto algo interrumpió otra vez sus pensamientos,
pero ahora fue un humo blanco que salía de la parte delantera
del coche.
“¡Maldita sea! Cuando no es una cosa, es otra,” murmuró
para sí mientras intentaba llevar el vehículo hacia el borde de la
6
autopista. Salió y al levantar el capó un fuerte chorro de vapor
caliente casi lo derriba.
Alzando su chaqueta para cubrirse con ella la cabeza a fin de
protegerse de la lluvia y el viento se dispuso a caminar el
kilómetro y medio que lo separaba del teléfono más cercano,
para pedir ayuda. La telefonista le dijo que el mecánico de
servicio llegaría dentro de una hora. Lo único que podía hacer
era volver al coche y esperar.
Pero una pregunta se había quedado atorada en su mente:
“¿Para qué todo esto? ¿Para qué?”
Por supuesto no obtuvo respuesta alguna. Ni él la esperaba
tampoco. Lo único que llegó a sus oídos fue el zumbido de los
coches que pasaban veloces por la autopista.
Cansado, con frío y mal humor, caminó de vuelta hacia el
coche. En absoluto era consciente de que este suceso sería el
comienzo de uno de los cambios más profundos que iba a
experimentar en su vida. Si hubiera podido saber lo que le
esperaba, sin duda alguna – años después lo confesaba
abiertamente – habría sonreído, sintiendo la presencia de la
Abundante Felicidad.
EL ENCUENTRO
Ya llegando al coche vio que había alguien recostado contra
él. Era un anciano chino de curioso aspecto, con una gabardina
blanca y una gorra de beisbol de color amarillo brillante. De baja
estatura y rasgos amables, su cabello, largo y blanco flotaba al
viento. Pero lo que más llamó la atención del joven fueron sus
ojos. Eran castaños, profundos y sonrientes.
Al acercarse vio que el hombre le sonreía.
– Preciosa tormenta, ¿verdad?
– Si me lo pregunta le diré que para mí es bastante
desagradable – respondió malhumorado el joven.
Pero el chino pareció no darse cuenta de su gesto hosco.
– ¿Sientes la energía? ¿No hueles la frescura del aire? ¿No
te hace sentir bien?
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El joven pensó para sus adentros que no, pero guardó
silencio. En lugar de responderle, se dedicó a observarlo más
detenidamente. Apenas hacía un minuto que había cesado la
tormenta. Al llegar él de vuelta al coche todavía goteaba, sin
embargo el anciano estaba totalmente seco. No le había caído
ni una sola gota de lluvia. Pero antes de que el joven tuviera
tiempo de hacerle algún comentario, el anciano le habló.
– ¿Entonces, qué te ha pasado?
– Me dijeron que el mecánico tardaría al menos una hora en
venir – respondió el joven.
– ¡La vida te da sorpresas! – dijo el viejo con una amplia
sonrisa – ¿Cual es el problema?
– No estoy seguro – explicó el joven –, venía conduciendo
tranquilamente cuando comenzó a salir humo del capó y de
pronto el motor dejó de funcionar.
– Vamos a ver – dijo el viejo mientras se subía las mangas y
comenzaba a examinar el motor.
Tras unos minutos, levantó la cabeza y mirando al joven le
sonrío.
– No hace falta que te preocupes tanto, no es nada imposible
de arreglar.
– ¡Gracias a Dios! – dijo el joven con un suspiro de alivio.
– Te va a costar unos miles de libras… ¡pero se puede
arreglar!
– ¡Oh no! ¿Está usted bromeando, verdad?
El anciano le palmeó el hombro y soltó una carcajada:
– Por supuesto que sí.
Se giró para tomar una llave pero al encontrarse con la
mirada del joven fija en él se detuvo un instante, luego volvió a
inclinarse sobre el motor.
– Podía no haber ocurrido nunca, ¿sabes’?
– ¿Qué? – preguntó el joven.
– Eso que te preocupa.
– Nada me preocupa – cortó el joven.
– Bueno… ya veo. Entonces maravilloso – dijo el viejo y
tomando un destornillador comenzó a silbar una alegre tonada
mientras continuaba trabajando en el coche.
– Parece que ha tenido usted un buen día – le dijo el joven.
– ¡Por supuesto! Cuando se llega a mi edad, cada día que
uno sigue sobre la tierra es un buen día – se volvió para mirar al
joven – y si me lo permites te diré que la vida es demasiado
corta para malgastarla preocupándose. ¿Sabes que la media de
vida son 76 años? Es decir, ¡solamente
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3.952 semanas! Y de ellas 1.317 las pasamos durmiendo, con
lo cual tenemos de vida tan sólo 2.635 semanas, o lo que es lo
mismo, 63.240 horas. ¿Qué edad tienes?
– Treinta y tres años.
– Eso significa que, si tienes la suerte de llegar a los 76años,
¡te quedan tan sólo l. ll4 semanas de vida!
– Muchas gracias, es un pensamiento muy reconfortante –
dijo sarcásticamente el joven.
– Simplemente te demuestra que tu vida es preciosa,
demasiado preciosa para malgastarla siendo infeliz. La vida se
hizo para vivirla. Cada día debe ser una alegría, no una lucha.
Como si estuvieras en mitad de un campo en un día de verano,
no luchando siempre contra una interminable tormenta.
Un escalofrío recorrió la columna vertebral del joven y los
cabellos del cuello se le erizaron. ¿Cómo podía saber aquel
anciano lo que él sentía? Trató de tranquilizarse, diciéndose
que todo era una coincidencia. ¿Sería posible que el anciano
pudiera leer sus pensamientos?
– Siempre me sorprendo de ver la enorme cantidad de gente
que elige ser infeliz – dijo el viejo mientras volvía a inclinarse
sobre el motor. El joven se apoyó sobre uno de los laterales.
– ¿Qué quiere decir con eso? – preguntó. Nadie elige ser
infeliz. Todo depende de las circunstancias. Las cosas que le
ocurren a uno es lo que le hace ser feliz o infeliz.
– Tal vez tengas razón. Pero si la felicidad dependiera sólo
de las circunstancias, ¿cómo es que otra persona puede
experimentar exactamente las mismas tragedias que uno y
reaccionar de un modo totalmente distinto? Una vez conocí a
dos hombres que resultaron ambos muy mal heridos en el
mismo accidente. Desde entonces uno de ellos vivió ya siempre
sumido en la depresión, mientras que el otro estaba contento y
feliz.
– ¿Cómo fue que reaccionaron de un modo tan dispar? –
preguntó el joven.
– El depresivo estaba siempre amargado, preguntándose por
qué le había tenido que ocurrir aquello precisamente a él,
mientras que el otro daba gracias a Dios por seguir todavía con
vida. Como dice el poema: “Dos hombres miran tras las rejas,
uno sólo ve barro, el otro ve estrellas.” Yo no creo que las
circunstancias, cualesquiera que éstas sean, tengan poder
alguno para hacerte feliz o infeliz – siguió el anciano. Tu opinión
y sólo tu opinión sobre dichas circunstancias, es la que
condiciona tu estado de ánimo. ¿Quién es más feliz, el que ve
su botella medio vacía o el que la ve medio llena? ¿Me puedes
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pasar aquella llave? – dijo sacando una mano a su espalda para
recibirla.
– Aquí está – dijo el joven –, pero siempre hay algo que nos
puede hacer felices. ¿O no?
EI anciano dejó la llave y se dio la vuelta, apoyando su
espalda contra el coche para mirar de frente al joven.
– ¿Qué te haría a ti feliz? – le preguntó.
– No estoy muy seguro. Supongo que para empezar no
estaría mal tener más dinero – dijo después de pensarlo un
momento.
– ¿Realmente crees que el dinero da la felicidad? – le
preguntó mientras tomaba otra llave de su caja de
herramientas.
– No estoy seguro, pero al menos le permite a uno ser infeliz
con cierta comodidad – contestó sonriendo el joven.
– Buena respuesta – sonrío a su vez el viejo – pero la
desgracia cómoda sigue siendo desgracia. Podrás estar en un
ambiente más confortable, pero te sentirás exactamente como
si no tuvieras nada. Si el dinero diera la felicidad los millonarios
serían las personas más felices del mundo, sin embargo todos
sabemos que los ricos sufren la infelicidad y la depresión igual
que los pobres. El dinero sólo puede comprar posesiones
materiales, como este coche, pero eso no son más que
distracciones temporales, que no te pueden dar ninguna
felicidad duradera.
El joven miró a lo lejos, pensando en las palabras del
anciano, mientras este tomaba otra herramienta y volvía a
reparar el coche.
– ¿Y un trabajo diferente? – preguntó el joven. Creo que sería
mucho más feliz si tuviera un trabajo distinto.
– ¡Ahora has hablado como el de las lápidas! – dijo el anciano
con una carcajada.
– ¿Quién es ése?
En mi país, hay un cuento sobre un hombre que cortaba y
tallaba rocas para hacer lápidas. Se sentía infeliz con su trabajo
y pensaba que le gustaría ser otra persona y tener una posición
social distinta.
Un día pasó por delante de la casa de un rico comerciante y
vio las posesiones que éste tenía y lo respetado que era en la
ciudad. El tallador de piedras sintió envidia del comerciante y
pensó que le gustaría ser exactamente como él, en lugar de
tener que estar todo el día trabajando la roca con el martillo y el
cincel.
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Para gran sorpresa suya, el deseo le fue concedido y de este
modo se halló de pronto convertido en un poderoso
comerciante, disponiendo de más lujos y más poder de los que
nunca había podido siquiera soñar. Al mismo tiempo era
también envidiado y despreciado por los pobres y tenía
igualmente más enemigos de los que nunca soñó.
Entonces vio a un importante funcionario del gobierno,
transportado por sus siervos y rodeado de gran cantidad de
soldados. Todos se inclinaban ante él. Sin duda era el
personaje más poderoso y más respetado de todo el reino. El
tallador de lápidas, que ahora era comerciante, deseó ser como
aquel alto funcionario, tener abundantes siervos y soldados que
lo protegieran y disponer de más poder que nadie.
De nuevo le fue concedido su deseo y de pronto se convirtió
en el importante funcionario, el hombre más poderoso de todo
el reino, ante quien todos se inclinaban. Pero el funcionario era
también la persona más temida y más odiada de todo el reino y
precisamente por ello necesitaba tal cantidad de soldados para
que lo protegieran. Mientras tanto el calor del sol le hacía
sentirse incómodo y pesado. Entonces miró hacia arriba, viendo
al sol que brillaba en pleno cielo azul y dijo: “¡Qué poderoso es
el sol! ¡Cómo me gustaría ser el sol!”
Antes de haber terminado de pronunciar la frase se había ya
convertido en el sol, iluminando toda la tierra. Pero pronto
surgió una gran nube negra, que poco a poco fue tapando al sol
e impidiendo el paso de sus rayos. “¡Que poderosa es esa
nube! – pensó – ¡cómo me gustaría ser como ella!”
Rápidamente se convirtió en la nube, anulando los rayos del
sol y dejando caer su lluvia sobre los pueblos y los campos.
Pero luego vino un fuerte viento y comenzó a desplazar y a
disipar la nube. “Me gustaría ser tan poderoso como el viento,”
pensó, y automáticamente se convirtió en el viento.
Pero aunque el viento podía arrancar árboles de raíz y
destruir pueblos enteros, nada podía contra una gran roca que
había allí cerca. La roca se levantaba imponente, resistiendo
inmóvil y tranquila a la fuerza del viento. “¡Qué potente es esa
roca!” – pensó – “¡cómo me gustaría ser tan poderoso como
ella!”
Entonces se convirtió en la roca, que resistía inamovible al
viento más huracanado. Finalmente era feliz, pues disponía de
la fuerza más poderosa existente sobre la tierra.
Pero de pronto oyó un ruido. Clic, Clic, Clic. Un martillo
golpeaba a un cincel. y éste arrancaba un trozo de roca tras
otro. “¿Quién podría ser más poderoso que yo?”, pensó, y
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mirando hacia abajo la poderosa roca vio… al hombre que hacía
lápidas.
– Muchas personas consumen su vida entera buscando la
felicidad sin encontrarla nunca, simplemente porque no miran
en el lugar adecuado. Nunca podrás ver una puesta de sol si
estás mirando hacia el Este y nunca encontrarás la felicidad si
la buscas entre las cosas que te rodean. El cuento del tallador
de lápidas te enseña que la felicidad no depende de lo que
cambies en tu vida… salvo que te cambies a ti mismo.
– Sigo sin entender – dijo el joven –, ¿y las tragedias y las
desilusiones personales? ¿Cómo puede uno seguir siendo feliz
en tales circunstancias?
– Cada uno de nosotros es como un barco – siguió diciendo
el anciano – que navega por el mar de la vida. Los vientos y las
tempestades – los desastres naturales y las tragedias
personales – vienen y van, pero mientras tú controles tu timón y
tus velas, podrás ir donde te plazca, independientemente de las
tormentas y de los vientos. De hecho, las tormentas y la lluvia
pueden enriquecer la vida, todo depende de cómo las vea uno.
– No estoy de acuerdo – dijo el joven.
– Las tormentas limpian el aire y traen la lluvia, y ¿qué sería
de la vida sin lluvia? Sin ella no habría crecimiento. Ni riqueza,
ni arco iris. Las tormentas traen vientos y si sabes manejar bien
tu barco, siempre podrás utilizar la fuerza del viento de forma
ventajosa.
– Sí, veo que se ajusta muy bien a su analogía, pero no estoy
de acuerdo. ¿Cómo puede una adversidad convertir- se en
ventaja? – le interrumpió el joven.
– ¿Has oído alguna vez la frase de que toda nube tiene un
borde plateado?
– Por supuesto, pero no es más que una frase. Para mí una
tragedia nunca podrá ser algo positivo.
– Tal vez porque nunca le has buscado ese lado positivo. No
hay ningún problema que no traiga consigo un regalo. Todo
cuanto ocurre tiene una finalidad, un motivo y una lección que
puede enriquecer nuestra vida. Muchos se arrastran por la vida,
esclavos de las circunstancias y a merced de las tormentas y de
los vientos, simplemente porque no se han dado cuenta de que
disponen de un timón y de unas velas, y por supuesto no saben
cómo manejarlos. Han olvidado cómo se maneja el barco y
echan la culpa al tiempo. No se dan cuenta de que,
cualesquiera que sean sus circunstancias, pueden elegir ser
felices.
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– Pero es imposible escoger todos los sentimientos
– insistió el joven.
– Cualquier cosa que creas sinceramente, será verdad para ti
– le dijo el anciano – ¡por ello es tan importante que escojas
bien lo que quieres creer!
– ¡Por favor! – argumentó el joven –, no pretenderá usted
decirme que cualquiera puede ser feliz, sin importar cuales sean
sus circunstancias… ¿Y las personas que están inválidas,
ciegas, sordas o mudas? ¿Cómo puede alguien ser feliz en
tales condiciones?
– Es evidente que nunca has conocido de cerca a un inválido
– le dijo el viejo. Sé que te parecerá raro que alguien que tiene
menos ventajas que tú en esta vida sea feliz, mientras tú no lo
eres, sin embargo esa es la verdad.
¿Sabes lo que respondió Helen Keller – que fue ciega, sorda y
muda hasta su muerte – cuando le preguntaron cómo había
sido su vida con semejantes dificultades físicas?
El joven sacudió la cabeza.
– Pues dijo lo siguiente: “¡Mi vida ha sido tan bella!”
Y el gran escritor Milton, que era ciego decía que “la desgracia
no es ser ciego, sino no ser capaz de aceptar la ceguera.” Y del
mismo modo, la riqueza, la salud, la fama y el poder en absoluto
garantizan la felicidad. Cuando a Napoleón, emperador de
Francia y uno de los hombres más poderosos del mundo en su
tiempo, le preguntaron si su vida había sido feliz, respondió: “En
total no he tenido más de seis días de felicidad.”
El joven estaba perplejo. ¿Qué explicación podía tener
aquello? ¿Cómo alguien con tan serias dificultades físicas podía
ser tan feliz y otro con tanto poder y riqueza, tan desgraciado?
El anciano terminó de apretar algo en el motor del coche y
luego se volvió para decirle al joven:
– La felicidad es uno de los grandes dones de esta vida y
está al alcance de todos. Pero ¿sabes?, la felicidad no se
encuentra, ¡se crea! Cualesquiera que sean tus circunstancias,
tienes en ti mismo el poder y la capacidad de crear tu propia
felicidad.
– ¿Cómo es posible crear felicidad? – preguntó el joven.
– El universo está gobernado por ciertas leyes. Leyes exactas
y precisas que controlan el orden natural de las cosas. Desde el
movimiento de las mareas hasta la salida y la puesta del sol o
las estaciones del año. Todo en la Naturaleza está gobernado
por leyes. Los científicos han descubierto muchas de esas
leyes, como la ley de la gravedad, la ley del movimiento o la ley
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del magnetismo. Pero hay otras que no son tan conocidas, y
entre ellas están las leyes de la felicidad.
– ¿Las leyes de la felicidad? – preguntó perplejo el joven –,
¿qué leyes son esas?
– Son 10 principios que han operado desde siempre y
cualquiera que los siga no puede dejar de crear felicidad.
Algunas civilizaciones pasadas, en su búsqueda de la felicidad
comenzaron a desechar estas leyes y con el tiempo llegaron a
olvidarse totalmente, aunque siempre ha habido un grupo que
ha permanecido fiel a ellas. Así es como se convirtieron en
“secretos.”
– ¿Dónde puedo hallar más información sobre esas leyes? –
preguntó el joven.
– Un momento… esto ya casi está. ¡Listo! ¡Como nuevo! –
dijo el anciano mientras se limpiaba las manos en un trapo. Muy
pronto sabrás sobre ellas, toma esto – y le dio un trozo de
papel.
El joven miró el papel. No contenía secreto alguno, ni leyes,
ni aforismos. Simplemente era una lista de diez nombres y diez
números de teléfono. Le dio la vuelta esperando hallar algo
más, pero el otro lado estaba totalmente en blanco.
– ¿Qué es esto? ¿Dónde están los secretos?
Cuando levantó la vista del papel el anciano ya no estaba allí.
El joven lo llamó a gritos mientras caminaba alrededor del
coche. ¿Dónde se ha metido? ¡Esto es sólo una lista de
nombres! Miró a un lado y a otro de la carretera, pero el chino
había desaparecido.
En aquel momento vio que una camioneta le hacía señales
con las luces, viniendo seguidamente a estacionarse detrás de
su coche. El joven fue corriendo hacia la puerta del conductor.
– ¿Cómo ha hecho usted para…?, – antes de terminar la
frase se detuvo, viendo que el conductor del vehículo no era el
anciano.
– ¿Cuál es el problema? – preguntó el mecánico mientras
bajaba.
– ¡Espere un momento! ¿Dónde está el anciano?
– ¿Qué anciano? ¿De qué está usted hablando? ¿No ha
llamado usted pidiendo un mecánico?
– ¡Sí, pero el anciano chino ya me arregló la avería!
– ¿Qué anciano chino? Espere, déjeme llamar a la central
para ver qué ha pasado. No sería la primera vez que dan el
mismo aviso a dos mecánicos distintos.
El hombre volvió a su coche y habló por radio con las oficinas
de la autopista. Volvió a los pocos minutos.
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– No. Según consta en el ordenador sólo me han dado este
aviso de avería a mí. Al parecer soy el único mecánico que hoy
está de servicio en esta zona. De todas formas, ya que estoy
aquí, voy a revisar el coche. Gire la llave de contacto, por favor.
El motor arrancó inmediatamente y su sonido era suave y
uniforme. El mecánico, tras observarlo un momento, le hizo una
señal con la mano para que lo desconectara.
– Parece que todo está bien. Yo no veo ningún problema.
Diez minutos más tarde el mecánico se había marchado pero
el joven permanecía sentado en su coche, haciéndose todo tipo
de preguntas sobre el anciano chino. ¿Quién era?,,Cómo había
llegado hasta allí? ¿Cómo se fue? ¿Cuales eran los diez
secretos de la felicidad de los que le había hablado con tanta
vehemencia’?
Un rato después puso de nuevo el coche en marcha y
continuó hacia su casa. Sus preguntas quedaron todas sin
respuesta. Todo lo que tenía era un trozo de papel con diez
nombres y diez números de teléfono.
EL PRIMER SECRETO
EL PODER DE LA ACTITUD
En cuanto llegó a su casa comenzó a telefonear a las
personas de la lista. Habló con seis de ellas. A las cuatro
restantes no las pudo localizar pero les dejó mensajes para que
lo llamaran. Curiosamente todos ellos se mostraron muy
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animados cuando el joven les mencionó al anciano chino.
Concertó citas para irlos viendo en el transcurso de las
semanas siguientes.
La primera persona de la lista era un hombre llamado Barry
Kesterman. El Sr. Kesterman era maestro de la escuela local.
Terminaba sus clases a las 5 de la tarde y se mostró encantado
de ver al joven a dicha hora del día siguiente.
Aparentaba como mucho unos cuarenta años y parecía estar
corrigiendo exámenes, cuando el joven llamó a su puerta.
– ¡Pase, pase! – le dijo cálidamente el Sr. Kesterman,
mientras se levantaba para estrecharle la mano. Es un placer
conocerlo. Tome asiento.
– ¡Entonces se encontró usted ayer con el anciano chino!
– Sí. El me arregló el coche.
– ¡Siempre aparece en las situaciones más inesperadas! ¿Le
habló de los Secretos de la Abundante Felicidad?
– Sí. ¿Los conoce usted?
– ¡Por supuesto!
– ¿Y funcionan de verdad? – preguntó el joven.
– ¡Totalmente! Hace quince años me hallaba yo en uno de los
puntos más bajos de mi vida. Me había quedado sin trabajo.
Vivía en un pequeño cuarto a más de 500 kilómetros de mi
ciudad natal. No tenía amigos y me sentía totalmente deprimido,
como envuelto por una densa nube negra, incapaz de ver nada
por lo que valiera la pena seguir viviendo.
Un día fui al parque y me senté en un banco frente al lago,
mientras los problemas daban vueltas sin cesar dentro de mi
cabeza. A los pocos minutos miré a la izquierda y vi que no
estaba solo, un anciano chino se había sentado a mi lado.
El joven apenas podía creer lo que estaba oyendo.
Sintió un cosquilleo en su espalda.
– ¿Le importa si tomo notas?
– ¡No, en absoluto! – respondió el Sr. Kesterman, siguiendo
con su relato. Tal vez era muy evidente que algo me
preocupaba, pero desde el principio tuve la impresión de que el
anciano conocía exactamente mis problemas, como si fuera
capaz de ver en mi interior. Hablamos durante un rato. Me dijo
que iba a ver a un amigo suyo que estaba deprimido. “Mi amigo
simplemente ha olvidado la regla de oro de la Abundante
Felicidad,” me dijo. Yo nunca había oído hablar de ninguna
regla de oro de la felicidad, ya fuera ésta abundante o escasa.
“Es muy sencillo,” me dijo, “uno es todo lo feliz que previamente
él mismo se ha propuesto serlo.”
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En aquel momento no lo entendí, pero más tarde me di
cuenta que es totalmente cierto y hoy le puedo decir que esa
sencilla frase fue una de las lecciones más importantes que he
aprendido en mi vida. Además contiene en sí misma el primer
secreto de la Abundante Felicidad… el poder de tu propia
actitud.
El joven escuchaba atento. El Sr. Kesterman continuó:
– Déjeme explicárselo. Como la mayoría de la gente, yo
siempre había creído que las cosas eran lo que me Hacía feliz,
sin embargo la verdad es que somos nosotros quienes elegimos
ser felices. Recuerdo que una vez vi trabajar sobre el escenario
a un hipnotizador. Dio una cebolla a los espectadores que
previamente había hipnotizado, diciéndoles que era la fruta más
deliciosa que jamás habían probado. Todos comieron la cebolla
con fruición, saboreando con deleite cada mordisco. Después
les dio un melocotón maduro diciéndoles que era un rábano
amargo. Al morder el melocotón todos hicieron un gesto de
disgusto. La actitud adquirida en estado hipnótico fue lo que
determinó sus reacciones, tanto con la cebolla como en el caso
del melocotón.
El problema es que en nuestro paso por la vida vamos
adquiriendo actitudes negativas y ellas son las que realmente
nos hace infelices.
– ¿Qué tipo de actitudes negativas? – le interrumpió el joven.
– Bueno, por ejemplo lo que esperamos de la vida. A mí, por
ejemplo, me enseñaron que tenía que esperar siempre lo peor,
así nunca me sentiría desilusionado.
– Sí. Eso mismo me enseñaron a mí, y parece lógico –
comentó el joven.
– Es una creencia muy común, pero es totalmente falsa y
además destruye todos nuestros sueños y nos impide
experimentar la felicidad.
– ¿Cómo puede ser eso? – dijo el joven. Si uno espera lo
peor y ocurre, no se llevará ninguna desilusión y si no ocurre, se
encontrará con una agradable sorpresa. Sin embargo si espera
siempre lo mejor es seguro que tendrá que sufrir muchas
decepciones.
– Ya sé que así es como parece. Pero le puedo demostrar
ahora mismo que si usted espera lo peor, inevitablemente
experimentará lo peor y al contrario. Mire a su alrededor,
observe esta habitación, y trate de ver cuántos objetos
descubre de color marrón.
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El joven miró a su alrededor. Había varias cosas marrones:
los marcos de los cuadros, el pie de una lámpara, el bastidor de
una cortina, libros y otros objetos diversos.
– Ahora cierre los ojos – le dijo el Sr. Kesterman.
El joven cerró los ojos mientras el Sr. Kesterman
Slguió :
– Ahora dígame uno por uno todos los objetos que ha visto
en esta habitación, que sean de color… ¡azul!
– No me he dado cuenta de que haya nada azul – dijo el
joven sonriendo.
– Abra los ojos y mire a su alrededor – le dijo Kesterman.
Entonces el joven descubrió un jarrón azul, un marco de fotos
azul, un dibujo azul en la alfombra, una carpeta azul sobre la
mesa, muchos libros azules y hasta el propio Sr. Kesterman
llevaba una camisa azul. Cuantas más cosas azules buscaba,
más iba encontrado.
– ¡Fíjese todo lo que no vio antes!
– Pero fue una trampa – sonrió el joven –, lo que yo buscaba
eran cosas de color marrón, ¡no azules!
– ¡Exactamente! Usted buscó cosas marrones y encontró
cosas marrones, sin percibir ni tan siquiera un objeto de color
azul. Eso mismo es lo que hacemos en la vida. Usted espera lo
peor y encuentra lo peor, perdiéndose todas las cosas buenas.
Y a eso es precisamente a lo que le llevan sus expectativas de
lo peor… le impiden tomar conciencia de todas las cosas
buenas de la vida.
Esta es una de las razones por las que muchas personas
ricas y famosas – gente que tiene todo lo que usted se pueda
imaginar – se las arreglan para estar todo el tiempo deprimidos,
convirtiéndose así en alcohólicos y en adictos a las drogas.
Centran su mente en lo que no tienen en lugar de disfrutar todo
lo que tienen, por ello sólo “ven” aquello que les falta en su vida.
Y así es como crean su propia desgracia.
Y del mismo modo, hay personas que teniendo una vida muy
modesta son muy felices, pues enfocan su mente en lo que
tienen. Por eso el que ve su vaso medio lleno es más feliz que
el que lo ve medio vacío.
Al contrario de lo que la gente cree, todo lo externo – dinero,
coches, propiedades, fama y fortuna –, carece de importancia.
Nuestra actitud hacia la vida es lo único que determina nuestra
felicidad. Por eso para ser felices no necesitamos más dinero ni
una casa más grande ni un trabajo mejor, todo lo que tenemos
que hacer es cambiar de actitud. Por eso Samuel Johnson
escribió: “La fuente de la satisfacción debe surgir de la mente, y
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quien tenga tan poco conocimiento de la naturaleza humana
como para buscar la felicidad cambiando algo que no sea su
propia disposición, malgastará su vida en esfuerzos inútiles,
multiplicando la aflicción que intenta eliminar.”
– Nunca lo había considerado de ese modo – dijo el joven –,
pero parece que tiene sentido.
– Es interesante, ¿no le parece? Ahora vamos a ver lo que
generalmente tiende a ocurrir cuando uno espera lo peor – dijo
el Sr. Kesterman.
– ¿A qué se refiere?
– Vamos a suponer, por ejemplo, que va usted a dar una
conferencia ante cientos de personas. Puede ponerse nervioso
y pensar en todo lo peor que le puede ocurrir, por ejemplo, que
pierda el hilo y no sepa qué decir, que se ponga a balbucear y a
tartamudear y que termine haciendo el ridículo más espantoso
ante toda esa gente. Si usted alimenta este tipo de
pensamientos, ¿serán de alguna ayuda en la preparación o en
cuanto a la motivación necesaria para dar la charla? ¿Le harán
sentir más confianza este tipo de pensamientos o le pondrán
más nervioso?
– Me pondrían más nervioso – admitió el joven.
– Por supuesto que sí, ¿y a quien no? Pues el mismo
principio se aplica a todo cuanto hacemos en esta vida. ¿Quién
saltará de la cama por la mañana con más ánimos para
enfrentarse a las tareas del día, la persona que espera que
durante ese día le ocurra lo peor o quien confía en tener un día
fantástico? ¿Cuál de los dos disfrutará más del día?
– Ya veo lo que me quiere decir, pero ¿y cuando las cosas no
suceden según nuestras expectativas? ¿Qué ocurre cuando se
presentan cosas malas?
– Recuerde la regla de oro: ¡usted es quien elige cómo
sentirse! En cada situación de la vida usted puede buscar lo
azul o lo marrón. Siempre puede enfocar su mente en el lado
bueno de la situación en lugar de centrarse tan sólo en lo que
parece malo.
– ¿Y si no hay nada bueno?
– Por supuesto, algunas veces, cuando la tragedia toca
nuestras vidas, las semillas de bondad contenidas en ello
pueden ser difíciles de ver. Pero una forma de afrontar la
tragedia es hallar algo positivo, algo que tenga cierto significado
en el dolor que nos aflige. Tal ves una de las mayores tragedias
que se nos pueden presentar en esta vida es tener que sufrir la
pérdida de un hijo, y en muchos de estos casos, el único modo
de poder vencer al dolor es crear algo positivo.
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Por ejemplo, una joven madre californiana quedó destrozada
al morir su hija de 13 años, víctima de un accidente de tráfico en
el que fue atropellada por un coche cuyo conductor estaba
ebrio. Cuando la madre descubrió que dicho conductor tenía un
abundante historial de accidentes causados tras haber bebido y
vio que las leyes existentes eran inadecuadas para proteger al
público de este tipo de conductores, inició una campaña a nivel
nacional para hacer algo al respecto. Fundó la agrupación
‘Madres Contra Conductores Ebrios,” que influyó notablemente
ante el Congreso y fue en gran parte responsable de que se
aprobaran más de 950 leyes relacionadas con la conducción en
estado de ebriedad. La campaña pronto se extendió a
Inglaterra, Canadá y Nueva Zelanda y desde entonces ha
salvado miles de vidas humanas. Y todo ello empezó porque
una mujer decidió convertir el dolor de su pérdida en algo
positivo.
No hay experiencia en esta vida que no venga con un regalo
– algo que pueda beneficiar nuestras vidas y las de los demás,
solo que tenemos que elegir buscarlo. Por ejemplo, cuando yo
conocí al anciano chino me había quedado sin trabajo y todo lo
que podía pensar al respecto es que era un fracasado y que
nunca encontraría otro trabajo. Sin embargo tras una larga
conversación con el chino comencé a entender que el hecho de
haberme quedado sin trabajo podía también ser algo muy
positivo.
– ¿Cómo puede ser positivo quedarse sin empleo? –
preguntó el joven.
– Para empezar, era la oportunidad de comenzar en una
nueva profesión, de trabajar en algo en lo que yo realmente
creyera – dijo el Sr. Kesterman – así, en lugar de sentirme
deprimido por haber perdido mi empleo comencé a sentir-me
entusiasmado y optimista. Si de todo lo que hablemos hoy tiene
usted que recordar sólo una frase, procure que sea ésta:
Lo que determina nuestros sentimientos sobre los
sucesos que ocurren en nuestras vidas no son los propios
sucesos, sino el significado que nosotros les demos.
Bajo este punto de vista, el hecho de haber perdido mi
empleo suponía la posibilidad de empezar de nuevo, y convertía
aquel momento en un punto crucial de mi vida. Si era sincero
conmigo mismo, debía admitir que aquél trabajo nunca me
había entusiasmado. Simplemente era una forma de ganarme el
sustento. Pero ahora tenía la posibilidad de pensar en lo que
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realmente me gustaría hacer con mi vida. Deseé que mi trabajo
tuviera un impacto positivo sobre los demás y que fuera una
contribución a la comunidad. Entonces decidí que lo que
realmente quería es ser maestro, por lo que poco tiempo
después estaba estudiando de nuevo.
Le voy a dar otro ejemplo – dijo el Sr. Kesterman –,
imagínese que rompe con su novia. Usted puede decidir pensar
que ello significa que no es usted atractivo, que nadie lo puede
querer y que jamás encontrará otra novia. Puede pensar que
incluso si encuentra otra, no será capaz de mantenerla durante
mucho tiempo. Y por el contrario, puede reconsiderar la
situación y decidir que el rompimiento con su novia es una
oportunidad para poder encontrar a otra mucho mejor, a otra
más adecuada para usted. ¿Ya ve? todo depende de la actitud
que usted asuma.
La mayoría de las experiencias de esta vida se pueden
considerar de modo que tengan un significado positivo. En
algunos lugares del mundo, incluso la muerte es un motivo de
alegría y de celebración, pues se cree que al morir la persona,
su alma vuelve a su verdadero hogar y que todos nos
encontraremos con nuestros seres queridos en otro lugar y en
otro tiempo.
– Pero no siempre es fácil ver el lado positivo de una
situación concreta – insistió el joven.
– ¡No si usted no lo busca! Cuando usted no ve ningún
aspecto positivo, generalmente ello significa que no lo ha
buscado. También podemos ayudarnos a crear actitudes
positivas haciéndonos a nosotros mismos preguntas positivas.
En lugar de preguntar: “¿Por qué me tiene que pasar esto a
mí?”, puede uno preguntarse: “¿Qué puedo aprender o cómo
puedo beneficiarme con esta experiencia?”
– No estoy seguro de haberlo entendido bien – dijo el joven.
– Durante todo el día nos estamos haciendo preguntas –
explicó el Sr. Kesterman – sobre las cosas que vemos, sobre lo
que oímos, sobre los olores que percibimos, sobre las cosas
que tenemos que hacer, que hemos hecho o que estamos
haciendo. Desde que usted se levanta por la mañana hasta que
se acuesta por la noche su subconsciente está todo el tiempo
haciendo preguntas. De hecho, el proceso del pensamiento no
es otra cosa más que una serie de preguntas. Las preguntas
generan respuestas y las respuestas producen sentimientos. En
consecuencia, si usted se siente infeliz o deprimido,
generalmente ello significa que se está haciendo las preguntas
21
equivocadas. Se está usted preguntando qué es lo que no
funciona en su vida en lugar de qué es lo que funciona.
La mayoría de la gente cuando deben enfrentarse a una
situación difícil se hacen preguntas como: “¿Por qué me ha
pasado esto a mí?” o “¿Qué voy a hacer ahora?” Este tipo de
preguntas son negativas y debilitantes y producen respuestas
negativas y debilitantes que generan sentimientos de
autocompasión, desesperación y depresión. Si en lugar de ellas
nos hacemos preguntas reforzantes, produciremos unos
sentimientos totalmente distintos.
– ¿Cuáles son las preguntas reforzantes? – preguntó el
joven.
– Aquéllas que crean sentimientos de fuerza y de esperanza.
Por ejemplo, cada vez que me encuentro en una situación
difícil, me hago conscientemente tres preguntas muy poderosas
que automáticamente cambian el modo en el que veo la
situación.
La primera pregunta es: “¿Qué tiene de bueno esta
situación?”
– ¿Y si no tiene nada bueno? – interrumpió el joven.
– Entonces me pregunto “¿Qué podría tener de bueno esta
situación?” Ve usted, esta pregunta nos fuerza a buscar algún
aspecto positivo de la situación e invariablemente
encontraremos alguno, del mismo modo que usted sólo vio las
cosas azules de esta habitación cuando las buscó directamente.
Este es el significado del dicho de que toda nube tiene un
borde plateado y de que todo problema no es más que un
regalo disfrazado. Todo puede ser reconsiderado y al hacerlo,
se nos presenta la posibilidad de enriquecer nuestras vidas con
cada experiencia nueva. Este es el primer secreto de la
Abundante Felicidad.
El anciano me dio una lista de personas, todas ellas me
enseñaron cosas sobre los secretos de la Abundante Felicidad.
Muchas de ellas habían sufrido crisis en sus vidas, pero se
elevaron sobre sus problemas porque habían aprendido cómo
reconsiderar cada situación con un significado positivo.
La segunda pregunta es: “¿Qué es lo que todavía no es
perfecto?” Esta pregunta presupone que las cosas serán
perfectas y crea unos sentimientos totalmente diferentes a si
preguntamos: “¿Qué es lo que está mal?”
La tercera pregunta es: “¿Qué puedo hacer para que las
cosas sean como yo quiero que sean, divirtiéndome mientras lo
hago?” Esta pregunta nos ayuda a encontrar aquello que está a
22
nuestro alcance para remediar la situación y al mismo tiempo
hace que disfrutemos todo el proceso.
Déjeme darle algunos ejemplos de cómo funcionan estas
preguntas. Si al averiarse ayer su coche usted se hubiera
preguntado, “¿Qué tiene de bueno esta situación?”, habría
llegado a esta respuesta: “Ha sido una gran suerte que no haya
provocado ningún accidente” o “¡Qué suerte que en esta
autopista hay un servicio de averías!” o “¡Qué suerte que no se
me averió el coche en una carretera rural, a muchos kilómetros
del pueblo más cercano!”
Luego la siguiente pregunta: “¿Qué es lo que todavía no está
perfecto?” En este caso la respuesta es evidente: “El coche.”
Luego la tercera: “¿Qué puedo hacer para remediar la situación
pasándolo bien mientras tanto? Tras llamar al servicio de ayuda
y mientras llega el mecánico podría utilizar el tiempo en alguna
actividad placentera como leer el periódico o un libro o escuchar
ese programa de radio que nunca tiene oportunidad de oír.
Podría utilizar el tiempo de un modo creativo, planeando sus
próximas vacaciones, escribiendo una carta o comenzando a
escribir ese libro que siempre quiso escribir (siempre que
tuviera papel y lápiz, claro) o simplemente podría recostarse y
echar un sueño hasta que llegara el mecánico.
Otro ejemplo: imagínese que está usted deprimido por estar
excedido de peso. ¿Qué es lo bueno? Lo bueno es que
finalmente ha llegado usted a un punto en el que no se siente a
gusto con su peso y por fin decide cambiar. Es muy bueno que
haya sido usted consciente de la necesidad de un cambio, pues
el exceso de peso aumenta los riesgos de sufrir un infarto.
¿Qué hay que todavía no es perfecto? Su peso y su aspecto.
¿Qué quiere usted hacer para remediar la situación? Aprender
qué es lo que causa la obesidad, cambiar sus hábitos
alimenticios e iniciar un programa de ejercicios. ¿Cómo puede
usted disfrutar mientras adelgaza?
Suscribiéndose a un club de adelgazamiento, donde conocerá a
otras personas con el mismo problema o encontrando un
deporte o un tipo de ejercicios que le gusten o tal vez incluso
bailando, pues el baile es una excelente forma de ejercicio.
Descubrirá alimentos sanos y agradables al paladar y disfrutará
aprendiendo a cocinar comidas sanas y con poca grasa.
– ¡Es increíble! – dijo el joven. De este modo cualquiera
puede conscientemente cambiar sus actitudes esperando lo
mejor, centrándose en lo que tiene su vida de bueno y
haciéndose las preguntas adecuadas.
23
– ¡Exactamente! – dijo el Sr. Kesterman – pero lo esencial
para crear una actitud sana y feliz ante la vida puede resumirse
en una sola palabra: ¡gratitud! Uno de los mayores secretos de
la Abundante Felicidad es simplemente cultivar una actitud de
gratitud.
– ¿Y cómo se hace eso?
– Busque cosas por las que deba estar agradecido –
respondió el Sr. Kesterman. Cada día pregúntese a sí mismo:
“¿Qué hay por lo que yo deba estar agradecido?”
– ¿Y si no hay nada por lo que estar agradecido? – insistió el
joven.
El Sr. Kesterman lo miró levantando las cejas.
– Hace algunos años visité a un amigo que estaba a punto de
morir. Los médicos le habían dado menos de un año de vida.
Esperaba encontrarlo muy deprimido pero en lugar de ello lo
hallé no sólo contento, sino jubiloso.
– ¿Cómo es posible que alguien que le queda menos de un
año de vida estuviera tan contento? – preguntó el joven.
– Eso mismo le pregunté yo: “¿Por qué tan feliz, Jim?”
Y él me respondió: “Porque me he despertado esta mañana y
¡todavía estaba vivo!” Me pareció una respuesta extraordinaria.
Si alguien que está a punto de morir encuentra motivos por los
que estar agradecido, ¿cuántos más no tendremos todos
nosotros?
No importa lo malas que parezcan las circunstancias –
continuó el Sr. Kesterman – siempre hay algo, y generalmente
son muchas cosas, por las que deberíamos estar agradecidos.
La diferencia entre una persona que vive una vida mágica y
otra que vive una vida mundana no está en sus circunstancias,
sino en sus actitudes. La actitud es el pincel con el que la mente
colorea nuestra vida. Y somos nosotros quienes elegimos los
colores.
De vuelta a casa, el joven reflexionaba sobre todo lo que
había oído. Empezaba a darse cuenta de que tenía mucho que
aprender sobre sí mismo y sobre su propia vida, pero lo más
importante es que estaba empezando a comprender por qué
durante tanto tiempo se había sentido tan infeliz.
Por la noche, el joven repasó las breves notas que había
tomado en su entrevista con el Sr. Kesterman.
El primer secreto de La Abundante Felicidad es el poder
de la actitud.
La base de mi felicidad comienza con mi actitud ante la vida.
24
Soy todo lo feliz que he deseado ser. Desde ahora en
adelante desearé ser feliz.
Si espero lo mejor, con mucha frecuencia ¡lo obtendré!
La felicidad es una elección que puedo hacer en cualquier
momento y en cualquier lugar.
Toda experiencia puede ser considerada de forma que tenga
un significado positivo. Desde ahora, voy a buscar algo positivo
en todo y en todos.
En cualquier situación estresante tengo que hacerme estas
tres preguntas:
¿Qué hay de bueno? o ¿Qué podría haber de bueno?
¿Qué es lo que todavía no es perfecto?
¿Qué puedo hacer para remediar la situación, pasándolo bien
mientras tanto?
La gratitud es la semilla de la Abundante Felicidad. A partir de
ahora encontraré cosas por las que sentirme agradecido.
Mis pensamientos son los que me hacen sentirme feliz o
desgraciado, no mis circunstancias. Controlo mis pensamientos,
por lo tanto, controlo mi felicidad.
El Segundo Secreto
EL PODER DEL CUERPO
La segunda persona de la lista era un hombre llamado
Rodney Greenway. El Sr. Greenway resultó ser un conocido
instructor de gimnasia. No sólo era el dueño de uno de los más
importantes gimnasios de la ciudad, sino que también había
escrito varios libros sobre la salud y el ejercicio físico, algunos
de los cuales se habían convertido en best-sellers
internacionales.
25
El joven llegó puntual a la hora acordada, eran las 8 de la
mañana. Fue recibido por un hombre alto y musculoso, vestido
de modo casual, con un pantalón vaquero y una camisa blanca.
Ligeramente bronceado, tenía el cabello castaño y corto y los
ojos verdes, que parecían brillar cuando sonreía.
El Sr. Greenway llevó al joven a su despacho y ambos se
sentaron en sendas hamacas.
– ¿Quiere usted tomar o comer algo? – le preguntó.
Tenemos zumos de frutas, agua mineral, tés…
– Un zumo de fruta, muchas gracias.
El Sr. Greenway llenó dos vasos de zumo de manzana fresco
y le tendió uno al joven.
– ¿En qué puedo ayudarle? – preguntó.
– No estoy muy seguro – respondió el joven, y seguidamente
le contó toda la historia.
– ¡Los secretos de la Abundante Felicidad! – exclamó
Greenway. Los conocí hace ya diez años, cuando todavía
trabajaba como abogado.
– ¿Abogado? – repitió el joven. ¿Dejó su carrera de abogado
para convertirse en instructor de gimnasia?
– Sí, por supuesto.
– ¿Por qué? ¿Por qué abandonó una profesión para la que
había estudiado muchos años y que podía haber sido muy
lucrativa durante el resto de su vida?
– Muy sencillo – respondió el Sr. Greenway –, no era feliz.
Mientras estuve estudiando, en realidad no tenía la menor idea
de lo que deseaba hacer con mi vida y me pareció que estaría
bien ser abogado. Pensé que si una vez terminados los
estudios no me gustaba, siempre sería una buena base para
cualquier otro trabajo.
– Pero no para convertirse en instructor físico.
– No, es verdad. Me hice instructor físico porque esto es
realmente lo que yo quería hacer. Durante varios años me fue
muy bien como abogado, pero en el fondo aquello no me
gustaba. Con el tiempo comencé a sentirme cada vez más
cansado y más deprimido. Llegó un momento en el que incluso
tenía que hacer un gran esfuerzo para levantarme de la cama
cada mañana.
– Sí. Conozco bien esa sensación – dijo el joven,
– Un día me quedé trabajando hasta muy tarde en la oficina.
Llegó el vigilante y se dio cuenta de que algo iba mal. Tenía la
cabeza apoyada sobre mis manos mientras me frotaba los ojos.
Entonces me preguntó si no me gustaría sentirme realmente
bien. “No gracias,” le dije, “no tomo drogas.” “¿Quién le ha dicho
26
que estoy hablando de drogas?”, dijo. De pronto me sentí muy
intrigado. No podía imaginar qué otra cosa que no fuese alguna
droga me podría hacer sentir realmente bien.
El joven sacó de su bolsillo un bolígrafo y un cuaderno y
comenzó a tomar notas.
– Y, ¿sabe usted lo que me dijo el vigilante?
“¡Ejercicio!”
– ¿Ejercicio? – exclamó el joven, levantando la vista de su
cuaderno.
– Sí. Simple ejercicio físico.
– ¿Cómo es posible que el simple ejercicio físico le haga a
uno sentirse muy bien? – preguntó el joven.
– El ejercicio no sólo es necesario para la salud física, sino
también para lograr un bienestar mental y emocional a largo
plazo, y hay sólidas razones para ello. Tal vez se ha dado
cuenta de que a las personas que están un poco deprimidas se
les suele recomendar que emprendan alguna actividad. Y el
motivo de tal recomendación es que sencillamente funciona.
George Bernard Shaw escribió una vez: “El secreto de la
infelicidad es tener el tiempo suficiente para pensar sobre si uno
es o no es feliz.” Sin embargo, el hecho de levantarse y ponerse
a hacer algo no sólo ayuda a apartar la mente de los problemas,
también cambia nuestra percepción de los citados problemas y
libera el estress creado por esos problemas.
– ¿Cómo es posible que el ejercicio varíe el modo en que uno
se siente? – preguntó incrédulo el joven
– Va a ser muy difícil que hoy pueda yo decirle algo más
importante que esto: ¡El movimiento afecta las emociones!
El joven lo escribió.
– Al mover el cuerpo cambiamos nuestro estado emocional.
Es bien sabido que las personas que no realizan ejercicio físico
sufren atrofia muscular, debilidad física y pérdida de calcio en
sus huesos y que tienen más del doble de posibilidades de
morir prematuramente que aquéllos que hacen ejercicio
habitualmente. Pero lo que sin duda es menos conocido es que
quienes no hacen ejercicio, tienden a volverse introvertidos,
tensos e hipersensibles y también a sufrir de depresión,
ansiedad y fatiga mental.
– ¿Por qué ocurre todo eso? – preguntó el joven.
– Los científicos han descubierto que existe una explicación
para este fenómeno. Hoy se sabe que el ejercicio hace que el
cerebro libere ciertas substancias químicas y ciertas hormonas
– endorfinas y encefalinas. Se trata de estimulantes naturales
que nos hacen sentir bien.
27
– ¿Quiere usted decir que uno se siente más feliz si hace
ejercicio habitualmente?
– ¡Por supuesto! respondió el Sr. Greenway.
– ¿Qué tipo de ejercicio?
– Ejercicio aeróbico. Pero antes de que me lo pregunte le diré
que no es en absoluto necesario que siga usted los programas
de Jane Fonda – dijo sonriendo el Sr. Greenway. La palabra
“aeróbico” significa literalmente “con oxígeno” y por lo tanto
incluye todo tipo de actividad o deporte en el cual se respira al
hacer el ejercicio, como nadar, andar en bicicleta, caminar,
correr o incluso bailar. Los ejercicios no – aeróbicos, por otro
lado, son aquellos en los que hay que mantener la respiración,
como por ejemplo el levantamiento de pesas, y su repercusión
sobre las emociones y sobre la salud no es tan favorable.
– ¿Por qué?
– Porque al hacer ejercicios no aeróbicos en lugar de quemar
oxígeno, el cuerpo quema glucógeno, que es el alimento del
cerebro.
– ¿Qué cantidad de ejercicio es necesario para poder sentir
sus efectos benéficos? – preguntó el joven.
– Unos 30 minutos cada día. Eso es todo.
– No parece demasiado difícil – dijo el joven.
– ¡Claro que no! – corroboró el Sr. Greenway –, aunque como
todo cambio en el estilo de vida, en un principio requerirá
determinación y voluntad hasta que se convierta en un hábito.
– ¿Me está usted diciendo que el ejercicio físico nos hace
sentirnos más felices?
– Sí. Yo también tenía mis dudas, – dijo el Sr. Greenway
viendo que el joven no parecía muy convencido.
Aquella noche el vigilante y yo tuvimos una larga charla. El
mencionó los 10 secretos de la Abundante Felicidad y hoy debo
decir que esos secretos cambiaron radicalmente mi vida. Pero
el secreto que yo más necesitaba aprender y sobre el que en la
actualidad estoy más calificado para ayudarle es… el poder de
su cuerpo.
– Al decir “cuerpo” se refiere usted al ejercicio físico, ¿no?
– No. Existen varios aspectos relacionados con el modo en
que usamos nuestro cuerpo que influyen de un modo inmediato
sobre las emociones y el ejercicio físico es tan sólo uno de
ellos.
El joven, fascinado por lo que oía siguió tomando notas,
mientras el Sr. Greenway continuó.
– Lo primero de todo es la postura, el modo en el que
estamos en pie, nos sentamos y caminamos. Si nuestra postura
28
no es la adecuada (por ejemplo si nos inclinamos hacia
adelante o hacia un lado en lugar de mantenernos erectos)
nuestra salud y nuestras emociones sufren las consecuencias.
– Todo esto es bastante difícil de creer. ¿Cómo es posible
que el modo en que nos sentamos o estamos de pie influya en
nuestras emociones? – preguntó el joven.
– Déjeme explicárselo. Imagine que fuera de esta habitación
hay un hombre que se siente aletargado, cansado y deprimido.
¿Cómo cree usted que se sentará o se mantendrá en pie?
– No sabría decirle.
– ¿Cree usted que mantendrá su cabeza erecta? ¿O la
tendrá más bien inclinada y mirando hacia el suelo?
– Seguramente mirará al suelo.
– ¿Estará su pecho salido o hundido?
– Supongo que hundido.
– Sus músculos faciales, ¿estarán tensos y sonrientes o
flácidos y caídos?
– Creo que difícilmente tendrá ganas de sonreír – dijo el
joven.
– Y su respiración, ¿será profunda o tenue?
– Tenue. Ya veo lo que me quiere decir, – concluyó el joven.
Adoptamos posturas distintas según las emociones que
sintamos en cada momento.
– Exacto. Pero se trata de una calle de dos direcciones. Las
emociones afectan a la postura, pero la postura afecta también
a las emociones. Si estamos todo el tiempo inclinados y
mirando hacia el suelo, terminaremos por sentirnos deprimidos,
mientras que si nos mantenemos erectos, inmediatamente nos
sentiremos mejor. Parece increíble, ¿verdad? pero el hecho es
que cambiando la postura del cuerpo inmediatamente
cambiamos nuestro estado emocional. ¿Sabía usted, por
ejemplo, que manteniéndose erecto, respirando profundamente
y sonriendo, es casi imposible sentirse deprimido? Unos
investigadores tomaron un grupo de personas maníaco
depresivas – algunas de ellas habían estado en tratamiento
durante más de 20 años – y monitorearon que no se sentían en
las distintas posturas. Los científicos se sorprendieron mucho
de ver que, estando en pie de esta forma, ninguno de los
pacientes se sentía deprimido ni necesitaba medicación. ¿Se
imagina?
– Seguramente no me estará usted dando a entender que la
solución para todos los problemas es estar más tiempo de pie,
erecto, respirando profundamente y con una amplia sonrisa…
29
– Por supuesto que no. Pero es un buen comienzo. Ayuda a
sentirnos mejor y funciona de un modo instantáneo. Es
simplemente uno de los modos en los que podemos tomar el
control de nuestros estados emocionales, utilizando el cuerpo.
– Uno de los secretos para ser feliz es ser consciente de
nuestra postura. Con frecuencia desarrollamos malas posturas
– nos sentamos inclinados sobre la mesa de trabajo o nos
recostamos excesivamente para ver la televisión. Y eso nos
hace sentirnos deprimidos.
– Pero es muy incómodo permanecer todo el tiempo erecto,
como un soldado que va a desfilar.
– La postura correcta no es estar tieso sin moverse. De
hecho esa es una postura bastante mala, pues acumula mucha
tensión adicional en la espalda. Un postura sana es
simplemente aquella en la que la espalda está derecha y
relajada. Una de las mejores técnicas para mejorar la postura
es lo que yo llamo la “técnica de la cuerda.”
– ¿La técnica de la cuerda? Parece interesante – dijo el
joven.
– Es muy directa y fácil de ejecutar. Todo lo que tiene que
hacer es imaginar que hay una cuerda atada a la cúspide de su
cabeza y que arriba hay un hombre que está todo el tiempo
tirando suavemente de ella, para mantenerlo a usted erecto.
El joven trató de hacerlo e inmediatamente sintió no sólo que
estaba más derecho, sino también que era más alto.
– Al hacerlo, se siente como si suavemente lo levantaran y lo
enderezaran. ¿Verdad? Y a consecuencia de ello, se siente
usted mejor – dijo el Sr. Greenway.
– Otra técnica muy poderosa en la que se utiliza el cuerpo
para cambiar los sentimientos es lo que se conoce como
“anclaje.”
– ¿Anclaje?
– Sí. Es muy simple y extremadamente efectiva. Es un poco
como el perro de Pavlov. Tal vez recuerde usted que cada vez
que Pavlov daba de comer a su perro, tocaba una campana. El
perro asoció el sonido de la campana con la comida y al poco
tiempo el simple hecho de oír la campana era suficiente para
hacerlo relamerse. Lo que el perro de Pavlov hizo fue asociar o
anclar el sonido de la campana con la comida. Y lo mismo
ocurre con los seres humanos. ¿Cómo se siente usted cuando
oye el taladro del dentista? ¿Tenso? ¿Incómodo? Es
exactamente lo mismo, asociamos el sonido del taladro con
dolor, molestias y tensión.
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Con frecuencia subconscientemente creamos anclajes que
no nos llevan en absoluto hacia la felicidad. Le daré algún
ejemplo. Cuando dos personas discuten continuamente, llegará
un momento en que el simple hecho de verse o de oír la voz del
otro será suficiente para que se sientan enojados.
– No estoy muy seguro de la relación que todo eso tiene con
la felicidad – dijo el joven.
– Existen también los anclajes positivos. Seguramente ha
visto usted cómo algunos deportistas cierran sus puños y gritan
“¡Ya!” para animarse mutuamente. Simplemente ese gusto les
hace sentirse confiados y energetizados. Inténtelo usted mismo
y verá.
– No es necesario – dijo el joven ruborizándose ligeramente –
, le creo.
– No me crea. Hágalo. Levántese, cierre el puño y diga “¡Ya!”
El joven se levantó, cerró su puño y dijo, “¡Ya!”
– No. No es sólo decirlo. Tiene que gritar.
Entonces el joven lo hizo de nuevo, pero está vez gritando
con fuerza. Para su gran sorpresa, instantáneamente se sintió
con más energía.
– ¡Es sorprendente! – dijo –, ¡realmente funciona!
– Claro que funciona. Y hay mucho más. Usted puede crear
sus propias anclas para que le produzcan emociones concretas.
Déjeme mostrárselo. Piense en algún momento pasado en el
cual se sintiera realmente feliz.
El joven tuvo que retroceder mentalmente diez años, al
momento en el que celebraba su primera oferta de trabajo.
– Piense en esa escena todo lo claramente que pueda –
siguió diciéndole el Sr. Greenaway – cierre los ojos y trate de
revivirla. ¿Qué decía usted? ¿Qué hacía? ¿Cómo respiraba?
Trate de captarlo todo.
El joven reprodujo mentalmente la escena, luego de repente
sintió que el Sr. Greenaway le tocaba el hombro derecho.
– Ahora recuérdela de nuevo – le dijo otra vez el Dr.
Greenaway.
El joven visualizó de nuevo aquella experiencia pasada. El Sr.
Greenaway le tocó de nuevo el hombro.
– ¿Qué está usted haciendo? – preguntó el joven.
– No se preocupe, tenemos que hacerlo unas cuantas veces
más, luego le explicaré.
Así, el mismo proceso se repitió siete veces más, hasta que
el joven pregunto:
– ¿Para qué es todo esto?
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– Simplemente hemos creado un ancla “feliz” para usted –
sonrió el Sr. Greenaway.
– No entiendo – dijo el joven.
Pero entonces el Sr. Greenaway le tocó el hombro derecho
del mismo modo que antes lo hiciera y para gran sorpresa del
joven, sin ningún motivo ni razón aparente, se sintió
repentinamente feliz.
– He ayudado a su subconsciente para que asocie la felicidad
con el hecho de ser tocado en el hombro derecho, – explicó el
Sr. Greenaway. ¿Ve? ¡Así de sencillo es crear un sentimiento
de felicidad utilizando un “ancla”! Todo lo que tiene que hacer
es recordar un momento en el que se sintiera feliz, realmente
muy feliz y luego, en el momento culminante de la emoción, tal
como usted la recuerda, hacer algo inusual – pellizcarse la
oreja, doblarse la nariz, o cerrar el puño con fuerza.
No importa lo que haga, con tal que sea algo concreto e
inusual, algo que no hace todos los días.
– ¿Por qué tiene que ser así? – preguntó el joven.
– Volvamos al perro de Pavlov. Si estuviera todo el día
oyendo la campana, no la habría asociado a la comida. Lo
maravilloso es que las anclas desencadenan cualquier tipo de
estado emocional, confianza, afecto, compasión, en fin,
cualquier emoción.
– Parece increíble – dijo el joven. Entonces, por ejemplo, si
quiero sentirme confiado, todo lo que tengo que hacer es
recordar un momento en el cual me sintiera muy confiado,
realizar un acto concreto como tirarme de la oreja mientras
recuerdo ese momento, hacerlo una vez y otra y así llegará un
momento en el que todo lo que tengo que hacer para sentir
confianza es tirarme de la oreja…
– Justamente. Pero puede llevarle algún tiempo practicar la
visualización de una experiencia pasada y traer a la memoria un
recuerdo concreto. Además debe alcanzar la cúspide de la
emoción antes de crear el ancla, pero si persevera, verá que es
fácil y que funciona.
– Parece un poco simplista – dijo el joven.
– Sí. Pero funciona. De hecho funciona tan bien que los
profesionales de la publicidad están todo el tiempo utilizando
“anclas” para que asociemos los productos que anuncian con
sentimientos agradables.
– ¿Cómo lo hacen? – preguntó el joven. Los anuncios no nos
tocan.
– Las anclas pueden crearse a través de cualquiera de los
cinco sentidos: el tacto, el oído, el gusto, el olfato o la vista. El
32
ancla del perro de Pavlov era el sonido de una campana y
recuerde el ejemplo que antes le puse, de dos personas que
siempre se peleaban y que se ponían de mal humor con sólo
verse u oírse uno al otro.
– Entiendo lo quiere decir.
– Lo que suelen hacer los profesionales de la publicidad es
tomar una de las figuras más famosas y apreciadas del
momento y dejar que suene su música mientras anuncian el
producto. Muchos se sienten bien al ver a ese cantante o al oír
su voz y pronto esa sensación de bienestar queda anclada al
producto. ¿Por qué cree usted que una importante compañía de
refrescos pagó 15 millones de dólares a Michael Jackson por
utilizar su música y su imagen en sus comerciales?
La publicidad utiliza las anclas constantemente y lo mismo
podemos hacer nosotros, pero para nuestro propio beneficio, no
para el de ellos. Ese es el poder del cuerpo.
Pero hay más. Todavía hay otras formas en las que nuestro
cuerpo influye sobre las emociones. La comida por ejemplo.
– ¿Qué tiene que ver la comida con todo esto? – preguntó el
joven.
– Los alimentos que introducimos en nuestro cuerpo tienen
una influencia sobre el modo en que sentimos. Por ejemplo, los
alimentos procesados y azucarados como el pan blanco, los
pasteles y los chocolates, influyen en el nivel de azúcar de su
sangre y le pueden hacer sentirse cansado e irritable. El exceso
de café, de té y de alcohol también puede causar sentimientos
depresivos. Algunos aditivos artificiales se ha demostrado que
causan depresión. Diversas investigaciones han mostrado, por
ejemplo, que el aspartame, uno de los endulzantes artificiales
más comunes utilizado en muchas bebidas y alimentos “sin
azúcar” en todo el mundo, puede causar en ciertas personas
depresión clínica.
– ¿Hay algún alimento que ayude a sentirse bien? – preguntó
el joven.
– Ciertos estudios han revelado que la rutina, un bioflavinoide
que se encuentra en el trigo sarraceno, tiene cierto efecto
benéfico sobre las ondas cerebrales y que puede ayudar a que
algunas personas salgan de la depresión. Pero básicamente es
necesario seguir una alimentación nutritiva y completa, con
abundante fruta fresca, verduras y cereales integrales (arroz,
avena, cebada, mijo, pan integral, etc.) pues ello ayuda a
regular los niveles de azúcar en la sangre, reduce la irritabilidad
y contrarresta los efectos del estress.
33
El joven pensó en sus habituales comidas rápidas.
Ciertamente en ellas los alimentos frescos no eran muy
abundantes. Tal vez ese fuera también un factor que había
contribuido a su estado de apatía e infelicidad.
– Pero una de las necesidades más abandonadas en lo que
respecta al bienestar emocional, – continuó el Sr. Greenway –,
está relacionada con la necesidad que nuestro cuerpo tiene de
la luz del día.
– ¿La luz del día? – preguntó el joven mientras seguía
tomando notas. Todos recibimos la luz del día, ¿o no?
– Desgraciadamente no con la frecuencia que sería de
desear. Muchas personas trabajan en fábricas y en oficinas que
carecen de ventanas o si tienen ventanas éstas poseen
cristales polarizados que bloquean el paso de los rayos solares.
Por supuesto, en el invierno es todavía peor, pues los días son
mucho más cortos. De hecho la depresión originada por la falta
de luz solar, en la actualidad está considerada como una
enfermedad, es el llamado “Desorden Afectivo Estacional” o
SAD por sus iniciales en inglés. Por eso se dan muchos más
suicidios en los meses invernales.
– ¿Y qué podemos hacer al respecto?
– Lo ideal es salir cada día a la luz natural durante una hora
por lo menos. Si ello no fuera posible se pueden utilizar
bombillas especiales, de las llamadas precisamente “luz del
día.”
– Es asombroso. Nunca imaginé que el cuerpo tuviera tanto
que ver con nuestro estado de ánimo. ¿Por qué no se informa a
la gente de todo esto?
– Precisamente por eso se les llama “secretos” – dijo el Sr.
Greenaway. Yo creo que en nuestro interior todos “sabemos”
cómo usar adecuadamente nuestros cuerpos y cómo ser
felices, pues ese es el estado más natural del mundo, pero la
vida moderna nos ha hecho olvidarlo y algunas veces
necesitamos que nos lo recuerden.
– Cuando aprendí todo esto por primera vez – continuó el Sr.
Greenway –, comencé a incorporarlo a mis rutinas diarias.
Antes de ir al trabajo salía cada mañana a dar un buen paseo.
Procuraba ser consciente de mi postura. Comencé a comer
gran cantidad de frutas frescas y verduras, arroz integral y
patatas e intenté pasar una hora cada día en el exterior.
Los resultados fueron increíbles. A la semana estaba tan
sorprendido de ver cómo me sentía que decidí dedicar mi vida a
compartir este conocimiento con los demás. Estudié
psicoterapia y comencé a trabajar algunas tardes y los fines de
34
semana. A los pocos meses el negocio iba tan bien que decidí
dedicarme a ello todo el tiempo. Es increíble lo bien que uno se
siente cuando cree en lo que está haciendo y lo disfruta. De
hecho ya no se le puede llamar trabajo. Es diversión.
– Y todo gracias al vigilante de su oficina – dijo el joven.
– Sí. Así fue. Traté de hablar con él unas semanas después
para darle las gracias por su ayuda, pero nadie lo conocía, ni
habían oído jamás hablar de él.
– Espere… ¿Era un anciano chino?
– El Sr. Greenway sonrío.
– ¿Quién si no?
Al volver a su casa el joven se sentó y repasó las notas que
había tomado.
El segundo secreto de la Abundante Felicidad es: el
poder del cuerpo.
El movimiento afecta a las emociones.
El ejercicio nos libera del estress y genera ciertas reacciones
químicas que hacen que nos sintamos bien. Es necesario hacer
ejercicio con asiduidad, si es posible cada día, durante 30
minutos por lo menos.
Mis sentimientos son influenciados por mi postura. Una
postura adecuada genera una disposición feliz.
Los sentimientos de felicidad pueden ser desencadenados
conscientemente en cualquier momento mediante el “anclaje.”
Los alimentos que tomamos tienen una influencia notable
sobre cómo nos sentimos. Evitar los estimulantes como el café,
el té, el alcohol, los alimentos que contienen azúcar y los
aditivos artificiales. Tomar fruta fresca y verduras en
abundancia, también cereales integrales.
La falta de la suficiente luz del día puede generar
sentimientos depresivos. Salir a la luz natural durante una hora
cada día siempre que ello sea posible.
El tercer secreto
EL PODER DEL MOMENTO
– Sucedió hace casi veinte años. Las cosas en el trabajo no
me iban muy bien y en casa también tenía problemas. Un día,
iba caminando con rapidez por el centro de la ciudad, eran
sobre las cuatro de la tarde y me dirigía a hacer una
35
presentación para uno de nuestros clientes más importantes.
De pronto oí el claxon de un coche y el alarido de una mujer.
Miré y ví a un camión que venía derecho hacia mí a una
velocidad increíble.
Todo ocurrió como en cámara lenta. Me quedé allí, paralizado
por el miedo mientras el camión se acercaba cada vez más.
Pensé que ya estaba. Que por fin iba a morir, pero en el último
segundo sentí que alguien me agarraba con mucha fuerza y
tiraba de mí hacia atrás. Fue una fracción de segundo, se lo
aseguro. Pude sentir cómo el lateral del camión rozaba mi
gabardina. Unos centímetros más y me habría alcanzado,
produciéndome una muerte casi segura. Me volví para ver quien
me había salvado la vida y allí estaba, ¡un anciano chino!
Tomy Brown tenía unos cuarenta y cinco años. Era un
fotógrafo bastante conocido. Sus fotos aparecían con frecuencia
en los principales periódicos nacionales y también en diversas
revistas. El joven había ido a verlo a su estudio, en el centro de
la ciudad.
– El incidente me dejó muy afectado. Me senté en un banco
cercano. El anciano se sentó a mi lado y me preguntó cómo me
sentía. Le dije que bien. “Esta vez estuvo cerca,” dijo. “Muchas
gracias. Me ha salvado usted la vida.” Le expliqué que en aquel
momento en que me puse a cruzar la calle mi mente estaba en
otro lugar y entonces él dijo algo que me hizo pensar. Dijo: “En
mi país tenemos un dicho:
‘¡El único momento que podemos vivir es ahora!’”
Hablamos tan sólo durante unos minutos, pero antes de
despedirse me dio un trozo de papel.
– ¿Con una lista de diez nombres y diez números de
teléfono? – le interrumpió el joven.
– Sí – respondió sonriendo el Sr. Brown,– así es como
aprendí los secretos de la Abundante Felicidad.
– ¿En qué forma le ayudaron? – preguntó el joven.
– Me enseñaron cómo crear la felicidad. Pero particularmente
uno de ellos me causó una impresión muy profunda,
probablemente porque se trataba de algo que yo jamás había
tenido en cuenta… ¡el poder de vivir el momento!
– ¿Cómo puede un momento contener algún poder o secreto
de felicidad? – preguntó el joven.
– El secreto no está en el momento, se trata de vivir el
momento – dijo el Sr. Brown. La felicidad no se encuentra en
años, en meses, en semanas ni en días, se encuentra sólo en el
momento presente.
– ¿Qué me quiere usted decir? – preguntó el joven.
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¿Significa que no podemos ser felices más que un minuto?
– Por supuesto que no. Lo que le digo es que es necesario
experimentar la felicidad momento a momento. Mire esas fotos.
¿Qué ve en ellas?
El joven estudió las fotografías que colgaban de la pared que
estaba junto a él. Cada una de ellas había captado una
expresión. Había una madre joven acunando a su hijo, un padre
y su hijo riendo mientras jugaban a la pelota, dos ancianos
abrazándose, dos amigos llorando en un aeropuerto y una
multitud de niños jugando en el patio de una escuela.
Finalmente dijo,
– En ellas hay muchas emociones y sentimientos intensos.
Son muy buenas.
– Gracias – dijo el Sr. Brown. Precisamente son las
emociones lo que intento captar. Esa es la belleza de las fotos,
captan una fracción de segundo, un momento que jamás
volverá a repetirse y en el cual experimentamos una emoción.
Ha pensado usted alguna vez en que la gente da mucho valor a
cosas como aparatos de televisión, ordenadores, coches,
dinero, ropas, joyas… en fin, cosas que pueden ser fácilmente
reemplazadas. Pero hay algo en la vida que no puede ser
reemplazado y sin embargo solemos pensar en ello como
totalmente carente de valor. Es nuestro bien más preciado y
pese a ello tendemos a malgastarlo.
Pensar sobre el pasado o preocuparse por el futuro nos priva
del presente. Y el presente – el aquí y ahora – es todo lo que
tenemos y todo lo que podemos tener.
– No estoy seguro de haberle comprendido bien – dijo el
joven.
– Cuando usted mira hacia atrás, a su vida, y recuerda
tiempos felices, ¿qué le viene a la mente?
– Déjeme pensar – dijo el joven mirando a lo lejos.
Pensó en su quinto aniversario, cuando todavía vivía su
padre, luego en las vacaciones con la familia en la playa, en
cuando se graduó en la universidad…
– ¿Cómo recuerda usted esos tiempos? – preguntó el Sr.
Brown. ¿Cómo años, como meses, como semanas, como
días… o como momentos?
– No estoy muy seguro – dijo el joven.
– Piense en uno que se destaque de los demás.
– La fiesta de mi quinto cumpleaños.
– ¿Cuando exactamente se sintió usted feliz?
– Justo un poco antes de que empezara la fiesta.
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Recuerdo que mi madre se me acercó y me dijo al oído: “¡Eres
mi niño especial y te quiero mucho!” Algunas veces, si cierro los
ojos, todavía puedo escuchar su voz.
– ¡Excelente! – dijo el Sr. Brown, contento de poder
demostrar lo que quería. ¿Usted ve? ¡Fue un momento!
Todos los niños viven el momento. Imagine lo que hubiera
ocurrido si en aquel preciso momento usted hubiera estado
pensando en el trabajo de la escuela. Tal vez ni siquiera
hubiese escuchado lo que su madre le decía y se habría
perdido aquella sensación de felicidad. Y su madre también se
habría perdido la felicidad que su reacción sin duda le dio.
– Ya veo lo que quiere usted decir.
– Todos nuestros recuerdos están formados de momentos.
Momentos en los que vemos, oímos o sentimos algo. No
recordamos años, meses ni siquiera días. Tan sólo momentos.
Por ello sólo podemos lograr el máximo de esta vida obteniendo
el máximo de cada momento. Si un momento es especial,
mágico, entonces la vida se convierte en especial y mágica. El
secreto es coleccionar tantos momentos de ese tipo como se
pueda. Nunca habrá otro ahora, por ello lo mejor que podemos
hacer es sacarle el máximo provecho. Recuerde que aunque la
vida en este momento tal vez no es todo lo que usted desearía,
en este momento es todo lo que usted tiene. Por ello, como dijo
una vez un sabio, “¿Por qué no pones una flor en tu ojal y eres
feliz?”
El joven recordó lo que le había contado el Sr. Kesterman
sobre el hombre que, pese a su enfermedad terminal, estaba
contento y feliz, agradecido por cada día que seguía vivo. Aquel
hombre había debido aprender el poder de vivir el momento.
Viviendo momento a momento, día a día, era feliz a pesar de su
enfermedad.
– Quien vive en el momento presente no tiene tiempo para
lamentarse por el pasado ni para preocuparse por el futuro,
para él sólo existe lo que tiene ante sí.
Pero el joven seguía confundido.
– ¿Cómo se logra sacar el máximo provecho a cada
momento? – preguntó.
– Siendo consciente. Dante dijo: “¡Piensa que este día no
volverá a amanecer jamás!”
Si no eres consciente de que alguien te está ofreciendo una
manzana, no la tomarás. Es como el tenista famoso que en un
campeonato juega el primer asalto contra un oponente mucho
más flojo que él y está todo el tiempo pensando en lo que
ocurrirá cuando al final del torneo tenga que enfrentarse a
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rivales realmente peligrosos. Con estos pensamientos se
distrae del juego, comete un error y pierde un tanto. Al repasar
mentalmente la jugada deja otra vez de concentrarse en la
actual, por lo que comete otro error.
Entonces se recrimina a sí mismo por la absurda pérdida de
puntos que está teniendo y comienza a sentir ansiedad: “¿Y si
perdiera este partido?” No es necesario decir que sus
preocupaciones por algo que todavía no había ocurrido le evitan
de nuevo concentrarse en el juego presente y de nuevo pierde
otro punto. Antes de que llegue a darse cuenta todo ha
terminado para él, juego, partido y campeonato.
Lo mismo ocurre en nuestras vidas. Reflexionamos sobre el
pasado y nos preocupamos por el futuro y a consecuencia de
ello nunca le damos al presente toda nuestra atención. Esto nos
genera sentimientos de pesar por lo que ya hemos hecho y de
ansiedad por las cosas que todavía no han ocurrido. Quien no
vive en el momento presente no puede ganar el juego de la
vida.
El joven levantó una ceja. Parecía muy claro, sin embargo él
jamás había pensado de este modo en el significado del tiempo.
– Si queremos ser felices – siguió el Sr. Brown – debemos
aprender a apreciar lo que tenemos y todo lo que tenemos está
aquí y ahora. Las decisiones de hoy son las realidades de
mañana. Debemos aprender a tomar las cosas cuando vienen y
a dejarlas ir cuando se van. Como escribió Thomas Carlyle: “Lo
que debemos hacer no es dedicarnos a atisbar lo que apenas
se distingue en la lejanía, sino hacer aquello que tenemos a
mano.” Si nos centramos en el futuro distante posiblemente nos
sentiremos abrumados y deprimidos. Muchas personas gastan
su tiempo preocupándose por cosas que no han ocurrido y que
probablemente no ocurran jamás. El famoso filósofo francés
Montaigne escribió: “Mi vida ha estado llena de terribles
desgracias… la mayoría de las cuales nunca ocurrieron.” Esta
es una de las razones por las que muchas personas están
abrumadas por las preocupaciones y el estress, para ellas, ¡hoy
es el mañana por el que se preocuparon ayer! Al vivir en el
momento presente no queda lugar para las lamentaciones
sobre el pasado ni para la ansiedad acerca del futuro. En lugar
de centrarnos en lo que ya pasó o en lo que tal vez llegará, nos
centramos en lo que tenemos frente a nosotros.
Por eso vivir en el momento presente, es una de las mejores
maneras de vencer a las preocupaciones y a los quedos.
La mayoría de las religiones han adoptado esta filosofía.
Cuando le preguntaron a Jesús cómo se debe orar recitó en el
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“Padre Nuestro:” “El pan nuestro de cada día dánosle hoy.” No
el pan de mañana, ni el de la semana siguiente ni el del año
próximo, sino tan sólo el de hoy. Una de las formas en las que
quienes han sufrido grandes tragedias en sus vidas logran salir
adelante es tomándose la vida día a día. Si esta filosofía nos
puede sacar adelante en los peores momentos, ¡imagínese lo
que logrará en los buenos tiempos! Por ello se dice que, para el
sabio, cada día es un nuevo comienzo. Yo conservo esto – dijo
tomando una placa de la pared y tendiéndosela al joven – y lo
leo cada día para recordarme a mí mismo de ello y asegurarme
de vivir el momento presente. Me ayuda a obtener el máximo
provecho de cada día y al mismo tiempo, de toda mi vida.
La placa contenía un clásico poema hindú en prosa titulado
Saludo al amanecer:
¡Mira este día!
Pues es la vida, la propia vida de la vida.
En su breve curso
Están contenidas todas las verdades y las realidades de tu
existencia
La bendición del crecimiento
La gloria de la acción
El esplendor de la belleza
Ayer no es más que un sueño
Y mañana es tan sólo una visión
Si vives bien hoy harás que ayer sea un sueño feliz
y mañana una visión de esperanza.
Por ello, ¡mira bien este día!
Este es el saludo al amanecer.
Kalidasa
– Inténtelo usted mismo – dijo el Sr. Brown. Durante el resto
del día centre su mente en lo que esté haciendo en lugar de
pensar en lo que ha hecho o en lo que tiene que hacer.
– Creo que entiendo – dijo el joven,– pero, ¿no debemos
entonces preocuparnos por el futuro?
– Sólo viviendo en el momento actual podremos crear el
futuro que deseamos. Cada momento nos ofrece las opciones
que van moldeando nuestro destino. El pensamiento es la
semilla de la acción, la acción crea el hábito, los hábitos
moldean el carácter y nuestro carácter crea nuestro destino.
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Los pensamientos que elegimos en cada momento
determinan dónde estaremos al momento siguiente. Este es el
modo en el que las decisiones y los actos que realizamos en
cada momento van creando nuestro futuro. Al hablar con la
gente, verá que generalmente están viviendo en el pasado o en
el futuro, en otros tiempos y lugares, en vez de sacar el máximo
provecho de lo que tienen aquí y ahora.
Eso es precisamente lo que me ocurrió a mí, y el pensar con
frecuencia en cosas diferentes a lo que hacía en cada momento
casi acaba con mi vida. Si no vive en el momento presente, tal
vez sus días no terminen bajo un camión, pero sin duda se
perderá la mayoría de las experiencias y de las oportunidades
que se crucen en su camino.
– ¿No estará usted sugiriendo que no se debe planear el
futuro, verdad?
– ¡En absoluto! Antes de emprender cualquier acción, es vital
planearla debidamente. Pero no planee una cosa mientras esté
haciendo otra. Cualquier cosa que haga o piense, concéntrese
en esa actividad, emprendiendo tan sólo una cosa a la vez.
Cuando hable con alguien, préstele toda su atención; cuando
trabaje, enfoque su mente en el trabajo que tiene entre manos y
no cometa el mismo error que yo cometí.
– ¿Qué error? – preguntó el joven.
– Cuando cruce la calle, ¡fíjese en el tráfico! Al vivir en el
momento presente se reducen significativamente los
sentimientos de ansiedad y de depresión, la efectividad en el
trabajo aumenta, las relaciones personales mejoran y en
general su vida resulta enriquecida. ¡Este es el poder de vivir en
el momento presente!
Durante todo el resto del día, el joven trató de mantener su
mente atenta a lo que estaba haciendo. No fue fácil detener los
pensamientos que surgían de vez en cuando, pero en general
logró concentrarse en lo que hacía y al final no tuvo ninguna
duda de que lo había hecho mucho mejor que otras veces. En
lugar de preocuparse por todo el trabajo pendiente que se
acumulaba sobre su mesa, tomó una carta cada vez y por
primera vez desde que empezó a trabajar en aquella compañía,
hacía ya más de tres años, al final del día su carpeta de
trabajos pendientes estaba vacía. Al hablar con sus
compañeros de trabajo les prestó toda su atención y se
sorprendió mucho cuando uno de ellos le dijo, “Gracias por
escucharme, me has ayudado mucho.” Ello le hizo sentirse
internamente muy bien.
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Por la noche, después de cenar, el joven se sentó y examinó
las notas que había tomado durante su entrevista de hoy.
El tercer secreto de la Abundante Felicidad es: el poder
de vivir el momento presente
La felicidad no está en los años, en los meses, en las
semanas, ni siquiera en los días. Sólo se la puede encontrar en
los momentos.
Sólo lograremos obtener el máximo provecho de la vida si
obtenemos el máximo provecho de cada momento.
Los recuerdos están hechos de momentos especiales.
Colecciona todos los que puedas.
Vivir en el momento presente disipa los pesares, vence a la
ansiedad y reduce el estress.
Recuerda que cada nuevo día es un nuevo comienzo, una
nueva vida.
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El Cuarto Secreto
EL PODER DE NUESTRA PROPIA IMAGEN
Hasta una semana después el joven no pudo ver a la
siguiente persona de la lista. Ruth Moses le explicó por teléfono
que era estudiante de Arqueología y que debido a un viaje de
estudios estaría ausente durante unos días, pero que con gusto
lo vería a su regreso.
Al llegar fue recibido por una señora mayor de rostro
agradable, vestida con una falda rosa y un delantal blanco de
algodón.
– ¡Hola! – dijo el joven. Vengo a ver a Ruth Moses.
– ¡Hola! dijo sonriente la señora, pase, por favor.
La anciana lo llevó al salón.
– Póngase cómodo. Tengo agua al fuego, ¿quiere tomar un
té? Hay Earl Grey, café descafeinado y diversos tés de hierbas,
camomila, menta, naranja…
– Un té de menta, muchas gracias – respondió el joven.
Tras unos momentos la señora volvió con una bandeja en la
que habían dos tazas, un cacharro con agua hirviendo, tés de
diversos tipos, una jarra de miel y un plato con galletas caseras.
Se sentó frente al joven y comenzó a servir el té.
– Me intrigó mucho su llamada. Dígame, ¿de qué se trata?
El joven se mostró perplejo.
– Perdone… ¿Es usted Ruth Moses?
– ¡Por supuesto! – sonrío la anciana. ¿Quién creía usted que
era?
– No se… pero como me dijo usted por teléfono que
era estudiante…
– Y lo soy. En la actualidad estoy preparando mi licenciatura
en Arqueología. Si Dios quiere, el año próximo estaré haciendo
el doctorado. ¿Quiere usted un poco de miel?
– No, gracias.
Le pasó una taza de té y le ofreció galletas.
– ¿No bromea?
– ¿Sobre qué?
– ¿Realmente es usted estudiante? – insistió el joven.
– Sí, por supuesto – sonrió la Sra. Moses.
– Perdóneme – dijo el joven, tratando de que su sorpresa no
resultara ofensiva. Es sólo que, después de hablar con usted
por teléfono, pensé que era una joven estudiante.
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– Soy una joven estudiante – insistió la Sra. Moses con una
sonrisa –, ¡joven de ochenta y dos años, para ser exactos!
El joven sonrió.
– ¿En qué puedo servirle? – preguntó la Sra. Moses.
El joven procedió a contarle su encuentro con el anciano
chino.
– Mire esto – dijo la Sra. Moses mientras le tendía una
fotografía.
– ¿Quien es? – preguntó el joven mientras miraba la foto que,
en blanco y negro, mostraba a una señora muy anciana, casi
acabada, que se apoyaba sobre un bastón – ¿su madre?
– No. Soy yo, o mejor dicho, era yo… hace 20 años.
El joven miró la foto con más detenimiento y pudo ver un
cierto parecido en la estructura ósea, en la línea del cabello y la
forma de la boca, por lo demás había muy pocos datos que
sugirieran que la anciana de la foto era la misma persona que
estaba sentada ante él.
– Parece que en lugar de envejecer ha estado usted
rejuveneciendo desde que le tomaron esta foto. ¿Qué ocurrió?
¿Cómo lo hizo?
– Encontré a alguien que cambió mi vida… ¡un anciano chino!
Poco después de jubilarme, hace unos 20 años, comencé a
sentirme vieja por primera vez. En la noche me era muy difícil
conciliar el sueño y durante el día estaba cansada todo el
tiempo. Comencé a perder la memoria y el poder de
concentración y a tener las extremidades torpes y pesadas.
Como podrá imaginar, me sentí desgraciada, pero un día todo
cambió de repente. Me hallaba esperando al autobús y junto a
mí había un anciano chino que llevaba una mochila a su
espalda.
El anciano me sonrío, por lo que yo le sonreí también y
comenzamos a hablar. Me dijo que estaba dando la vuelta al
mundo. No lo creí. ¿Cómo era posible que una persona de su
edad tuviera la fuerza y la energía necesarias para viajar por
todo el mundo con una mochila a la espalda? Le hice esta
misma pregunta y me respondió riendo: “Somos todo lo viejos
que creemos ser.” Comenzamos a hablar de lo que es la vida
después de los 60 y mientras yo sólo veía problemas y
dificultades, para él todo eran oportunidades y ventajas. “¿A
que edad se tiene más experiencia y sabiduría?”, me dijo. Y
luego me preguntó algo que yo nunca había considerado: “Por
haber vivido más tiempo… ¿tiene que ser la vida peor? En todo
caso tendría que ser mucho mejor, ¡pues se tiene más práctica!”
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Al hablar aquél día con el anciano chino me di cuenta de la
gran verdad que encierra el proverbio que dice: “El hombre es
como él cree que es.” Lo que hace a una persona anciana no es
su edad, sino su mente. Disfruté tanto de la conversación con el
chino que dejé pasar al menos cuatro autobuses. Los Secretos
de la Abundante Felicidad me cautivaron. Secretos mediante los
cuales, cualquiera, sin importar su edad, sus creencias o su
color, puede crear felicidad en su vida. Los secretos me dieron
una nueva perspectiva de la vida. Fue como nacer de nuevo.
Como si todo hubiera pasado de ser en blanco y negro a brillar
con los colores más maravillosos. Por supuesto, nada había
cambiado. Sólo yo. Y lo que para mí resultó más valioso de todo
fue… el poder de la propia imagen.
– ¿La propia imagen?
– Sí. La forma en la que usted se ve a sí mismo, sus
creencias sobre usted mismo. Uno de los motivos por los que
mucha gente es infeliz, es que no están contentas con ellos
mismos. ¿Puede usted creer que mucha gente no se gusta a sí
misma? Son muchas las personas que crecen llenas de
complejos. Algunas veces son cosas físicas como “Tengo la
nariz demasiado grande” o “soy feo” o “demasiado joven” o
“demasiado viejo.” Otras veces los complejos son intelectuales
como “soy menos inteligente que los demás,” y otras veces
creen que tienen defectos de personalidad como “no tengo
sentido del humor” o “soy aburrido.” Pero, cualquiera que sea el
motivo, si uno no es feliz consigo mismo, ¿cómo podrá ser feliz
con la vida?
El joven pensó inmediatamente en sus propios complejos, y
tenía bastantes.
– ¿De dónde proceden todos esos complejos? – preguntó.
– De experiencias pasadas. Generalmente de la infancia.
Recuerdo que un hombre me dijo una vez, “Cuando crecí
adopté la forma de hablar de mi padre, las posturas de mi
padre, las opiniones de mi padre… ¡y el odio que mi madre
sentía por mi padre!”
Nuestras impresiones sobre nosotros mismos se forman
durante la infancia. En un principio no sabemos quien somos ni
qué deberíamos ser, hasta que lo aprendemos de quienes nos
rodean, que son mayores, tienen más conocimientos y se
supone que nos quieren.
Le voy a dar un ejemplo. Jimmy va de la escuela a su casa.
Le han dado las notas y son bastante malas. Por el camino se
pregunta a sí mismo: “¿Por qué he sacado unas notas tan
malas? ¿Será que veo demasiado tiempo la televisión? ¿Que
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no he estudiado lo suficiente? ¿Que soy torpe? ¿O simplemente
un poco vago? Al llegar se las entrega a su padre. El padre las
mira y dice, “Bueno, una cosa está clara, ¡por lo menos no las
has falsificado!” Pero luego a medida que va leyendo las
observaciones de los maestros se va poniendo de mal humor y
finalmente le dice: “¡El problema Jimmy, es que eres tonto, que
no te esfuerzas bastante, eres torpe y vago!”
Ahora a Jimmy ya no le queda ninguna duda sobre sí mismo.
Sabe que es tonto, torpe y vago y este conocimiento lo lleva
consigo durante el resto de su vida. Cada vez que se tiene que
enfrentar a un obstáculo se dice a sí mismo, “No voy a poder
porque soy torpe y vago”. Así evita los obstáculos, se siente
inferior a los demás y lamenta ser él mismo.
– ¿Y cómo puede uno librarse de esos complejos y opiniones
negativas?
– ¡Buena pregunta! Lo primero es hacernos a nosotros
mismos una de las preguntas más importantes que se pueden
hacer: “¿Quién soy yo? o ¿Qué soy yo?”
– ¿Por qué?
– Porque la respuesta a esta pregunta nos hará apreciar lo
especiales que somos. Por ejemplo, ¿sabía usted que cuando
su padre y su madre tuvieron relaciones, la posibilidad de que
usted naciera era una entre 300.000 billones?
En su lugar pudieron haber nacido 300.000 billones de
personas distintas, sin embargo, ¡nació usted! Y no sólo eso,
sino que en toda la historia del mundo, nunca ha habido una
persona exactamente igual que usted.
– La siguiente pregunta que nos tenemos que hacer es:
¿Cuales son mis opiniones sobre mí mismo?
– Algo así como, “¿Soy tonto o estúpido?” – la interrumpió el
joven.
– Sí. Y luego razonar, ¿Cómo sé que eso es verdad? ¿Llegó
usted a esa conclusión por lo que alguien hizo o dijo, o sabe
usted positivamente que esa es la verdad? La mayor parte del
tiempo basamos nuestras opiniones sobre nosotros mismos en
los demás. Los demás son una especie de espejos psicológicos
nuestros, pero déjeme enseñarle algo.
La Sra. Moses sacó unos espejos de un cajón. Sostuvo cada
uno de ellos frente al joven para que él se viera a sí mismo.
Eran espejos curvos, como los que hay en las ferias, aunque en
pequeño. Las imágenes que reflejaban estaban muy
distorsionadas, en algunos de ellos el joven apenas se podía
reconocer a sí mismo. Uno hacía su cabeza casi de un metro de
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larga, en otro sus orejas parecían alas y en otro parecía el
hombre más gordo del mundo. El joven rió.
– ¿Cual de ellas es como usted? – preguntó la Sra. Moses.
– Ninguna – respondió el joven.
– ¿Cómo lo sabe?
– Porque son espejos de broma. La imagen que reflejan no
es la realidad.
– Por supuesto. Pero, ¿qué habría ocurrido si usted nunca
antes hubiese visto una imagen suya? Sin duda al verse
reflejado por estos espejos se habría horrorizado.
Afortunadamente, usted sabe cual es su apariencia física
porque ya se ha visto muchas veces en otros espejos que no
están alterados como estos. Pero, ¿ha visto usted alguna vez
una auténtica imagen psicológica suya? Ve usted, existen
espejos que nos reflejan nuestro aspecto físico pero no hay
espejos que nos muestren nuestra apariencia psicológica. En
lugar de ello nos basamos en las reacciones de otras personas,
para a través de ellas, deducir cómo somos en nuestro interior.
Si le dicen que es usted egoísta, tal vez pensará usted que es
egoísta. Y del mismo modo, si alguien le dice que usted es
estúpido, podrá también creerlo. Los demás son espejos en los
que nos vemos, sí, pero espejos distorsionados. Tienen sus
propios prejuicios que distorsionan la imagen de usted.
El mayor error que puede usted cometer en la vida es
basarse en los demás para averiguar quién es realmente.
Cuando un padre o un maestro le dice a un niño: “eres malo” o
“eres egoísta” o “vago” o “estúpido,” le están creando a ese niño
imágenes negativas – y falsas. Es muy posible que el niño haya
hecho o dicho algo que sea malo, egoísta, vago o estúpido pero
ese fue el comportamiento del niño, no el niño. Se trata de una
diferencia sutil, pero muy importante. Es la diferencia entre
decir: “Eres una niña mala” y “Es malo derramar la leche sobre
la alfombra”.
No es lo mismo, ¿verdad?
¿Ha hecho usted alguna vez algo de lo que después se haya
arrepentido? ¿Un tonto error, o simplemente algo estúpido?
El joven asintió con la cabeza.
– Por el simple hecho de haber cometido un error estúpido,
¿significa ello que es usted una persona estúpida?
– Ya veo lo que quiere usted decir – dijo el joven.
– Muchos confunden el comportamiento con la persona y a
consecuencia de ello se forman muchas creencias negativas
que no necesariamente son verdad, pero que sin embargo, las
llevan consigo durante toda su vida.
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El joven comenzó a tomar notas en su libreta.
– Entiendo cómo se forman las creencias y las opiniones
negativas sobre nosotros mismos – dijo –, pero, una vez ya
formadas, ¿cómo se puede uno librar de ellas?
– El primer paso es ser capaz de averiguar de donde procede
dicha opinión negativa – dijo la Sra. Moses. Con frecuencia al
ser conscientes de ello el problema desaparece por sí solo. Sin
embargo, algunas creencias están tan profundamente
enraizadas en la mente que para erradicarlas hace falta algo
más que ser consciente de sus orígenes. En estos casos, la
solución está en las “afirmaciones positivas.”
– ¿Qué son esas “afirmaciones”? – preguntó el joven.
– Una afirmación es una frase que nos decimos a nosotros
mismos, ya sea en voz alta o mentalmente. Una afirmación
positiva es algo así: “Soy un ser humano inteligente, amable y
único.”
– ¿Cómo ayuda eso?
– Si oímos algo repetidamente – explicó la Sra. Moses –,
comenzamos a creer en ello. En realidad, ese es el origen de la
mayoría de nuestras creencias, oírselas una vez y otra a
alguien siendo niños. La publicidad utiliza esta técnica
continuamente. Crean una frase y la repiten una y otra vez en
todos los medios de comunicación hasta que finalmente, la
gente la cree.
– Para poder controlar su vida, es necesario antes controlar
sus creencias y una forma de hacerlo es mediante las
afirmaciones.
– ¿Con qué frecuencia es necesario repetir una afirmación
concreta para que el subconsciente comience a creer en ella? –
preguntó el joven.
– Ello dependerá del tiempo que haya usted mantenido la
creencia negativa opuesta. También es muy importante decir
las afirmaciones con sentimiento, como si uno creyera en ellas,
y no con una voz monótona e impersonal. Yo le diría que al
menos es necesario repetir cada afirmación tres veces al día,
por la mañana, al mediodía y por la noche. Puede usted
escribirla en una tarjeta y leerla cada vez que tenga ocasión.
Otra técnica que puede ser de gran ayuda para cambiar la
imagen que uno tiene de sí mismo es actuar como si uno fuera
justo lo opuesto del complejo que se tiene. Por ejemplo, si cree
que es usted poco atractivo, actúe como si fuera muy atractivo.
Si cree que está falto de confianza, actúe con mucha confianza.
– ¿No es eso comportarse como lo que uno no es?
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– Sí. Pero algo increíble ocurre cuando uno actúa como si
fuera atractivo, feliz y tuviera confianza… pronto empieza uno a
sentirse atractivo, feliz y con confianza.
Quizás se lo pueda explicar mejor con un ejemplo.
Imagínese una muchacha joven que cree que es poco atractiva
y que va al baile con sus amigas. Durante toda la noche
permanece en un rincón donde nadie la ve y en consecuencia,
no la sacan a bailar. Si esa misma chica se comportara como si
fuese muy atractiva, llevando un vestido más elegante por
ejemplo, se relacionaría más con los demás, al hacerlo
adquiriría confianza en sí misma y ello la haría atractiva a los
ojos de los otros.
O imagínese un hombre que va a dar una conferencia. Está
tan nervioso que le tiemblan las rodillas. Si actuara según lo que
siente se levantaría y saldría corriendo de la sala, pero sabe
que tiene que hacerlo y se esfuerza por actuar como si tuviera
mucha confianza en sí mismo. Tras su presentación, que
parece llena de confianza, el público le aplaude y él comienza a
sentir verdadera confianza. Del mismo modo, algunas veces no
nos sentimos felices, pero si actuamos como si lo fuéramos y
sonreímos a la gente, generalmente ellos nos sonreirán a su
vez y eso hará que nos sintamos mejor.
Otra forma de mejorar la imagen que tenemos de nosotros
mismos es buscar aspectos nuestros con los que estemos
realmente satisfechos.
– En teoría parece una buena solución, pero, ¿cómo se
puede poner en práctica? – preguntó el joven mientras seguía
tomando notas.
– Muy fácil – respondió la Sr. Moses. Todo lo que tiene que
hacer es preguntarse: “¿Qué es lo que me gusta de mí mismo?”
o “¿Para qué soy bueno?”
– Sí, pero la respuesta puede ser, “muy poco” o incluso,
“absolutamente nada” – dijo el joven.
– Uno de los rasgos más sorprendentes de la mente humana
es que siempre busca una respuesta para cualquier pregunta e
incluso si no hay respuesta, inventa una. La mayor parte del
tiempo nos estamos haciendo preguntas negativas, “¿Por qué
no soy atractivo?”. “¿Por qué soy tan tonto?”. “¿Por qué no
consigo encontrar un trabajo?”. Su mente siempre encontrará
una respuesta a cualquier pregunta que usted se haga sobre sí
mismo, “Porque tengo la nariz demasiado grande,” “porque mi
cerebro está atrofiado,” “porque valgo menos que los demás.”
Por supuesto todo tonterías, pero la mente, ¡siempre encontrará
una respuesta!
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Si hacemos preguntas positivas, hallaremos respuestas
positivas. Incluso si le resulta difícil encontrar algo que le guste
de usted mismo, puede hacer la pregunta del siguiente modo:
“Si hubiera algo en mí que me pudiese gustar, ¿qué sería?”
Este tipo de preguntas fuerza siempre una res-puesta positiva.
Otras buenas preguntas que pueden hacernos cambiar el modo
en que pensamos de nosotros mismos son: “¿Qué habilidades
tengo?”. “¿Qué es lo que mejor se me da?” “¿En qué podría yo
aportar una ayuda efectiva?”
Las afirmaciones, el actuar como si… y las preguntas
positivas, son modos sencillos y efectivos con los que podemos
empezar a cambiar el modo en el que nos sentimos en relación
con nosotros mismos. Por supuesto, debemos cesar de adoptar
las opiniones que surjan como consecuencia de las reacciones
de los demás. Hay que recordar siempre que aunque los demás
son espejos nuestros, se trata de espejos distorsionados y
prejuiciados.
Lo más importante que debe recordar de todo cuanto hemos
hablado es esto: para criticar no es necesario tener talento, ni
inteligencia ni carácter. Sólo Dios puede crear una flor, sin
embargo cualquier criatura estúpida la puede romper en
pedazos. Cuando los demás son bruscos y hostiles, cuando nos
dicen cosas crueles y desagradables, ello es siempre un reflejo
de su espíritu alterado, no un reflejo de usted. Por lo tanto no
escuche a nadie que trate de decirle cómo o qué es usted,
(salvo que se trate de algo positivo, por supuesto). Si yo hiciera
caso de lo que me dicen, ¿cree usted que a mi edad estaría
estudiando en la universidad? Si hubiera aceptado lo que los
demás me decían, ¿cree usted que hubiera aprendido a esquiar
a los 65 años?, ¿o a pintar a los 68? Si hubiera hecho caso a lo
que me decían, en este momento probablemente estaría ya
muerta, o viviendo tan sólo de recuerdos.
Me dijeron que era una locura iniciar a mi edad todas esas
cosas. Muchos todavía creen que estoy un poco loca.
Tal vez lo esté, pero le diré una cosa: soy feliz con mi vida.
Una vez leí que lo más elevado que se puede lograr en esta
vida es conocerse uno mismo, pues entonces se es
verdaderamente libre. Libre de las limitaciones y de las
restricciones que otros deseen imponernos, y libre para vivir
como debemos vivir… ¡felices!
El joven se sentía inspirado.
– Parece muy sencillo y lógico, pero, ¿realmente funciona?
La Sra. Moses sonrió.
– Sólo hay un modo de averiguarlo, ¡pruébelo!
50
Aquella noche, antes de acostarse, el joven leyó las notas
que había tomado.
El cuarto secreto de la Abundante Felicidad es: el poder
la propia imagen.
Uno es como él cree que es. Si me siento infeliz con-migo
mismo, toda mi vida será desgraciada. Por ello, para que mi
vida sea feliz, debo estar contento conmigo mismo.
Cada persona es especial.
Los demás son un espejo nuestro, pero un espejo
distorsionado.
Para vencer los complejos y las creencias negativas sobre mí
mismo y crearme una imagen positiva debo:
Antes que nada averiguar cómo se forjó esa imagen y si es
cierta. (Si es cierta debo decidir cambiar.)
Hacer cada día afirmaciones positivas, afirmando el tipo de
persona que quiero ser.
Actuar del modo que me gustaría ser.
Preguntarme qué es lo que me gusta de mí mismo.
51
El Quinto Secreto
EL PODER DE LAS METAS
Dos días después, el joven conoció a la quinta persona de su
lista, el Dr. Julius Franks. El Dr. Franks era profesor de
psicología en la universidad de la ciudad y aunque tenía ya 70
años mostraba un cierto vigor juvenil que trascendía con mucho
a su edad y que hizo que el joven se acordara del anciano
chino.
Me encontré con el viejo chino hace muchos, muchos años.
Fue durante la segunda guerra mundial. Estábamos en Extremo
Oriente y yo era prisionero de guerra. Las condiciones de vida
eran muy difíciles, casi insoportables. La comida era mínima, no
teníamos agua y hacia donde uno mirara no veía más que
disentería, malaria e insolaciones. Muchos de los prisioneros no
fueron capaces de afrontar la tensión física y mental, los
pesados trabajos y el insoportable calor y encontraron en la
muerte una salida. Yo también lo pensé, pero un día alguien me
devolvió las ganas de vivir, un anciano chino.
El joven escuchaba atentamente el relato del Dr. Franks.
Una tarde estaba solo, sentado en el patio. Me sentía muy
débil y cansado y comencé a pensar lo fácil que sería correr
hacia la alambrada electrificada. De pronto vi que un viejo chino
se había sentado a mi lado. A pesar de mi debilidad me di
cuenta de lo extraño de su presencia allí y pensé que sería una
alucinación. ¿Cómo podía un anciano chino aparecer de pronto
en un campo de concentración japonés?
El chino me hizo una pregunta, una sencilla pregunta que
literalmente me salvó la vida.
El Dr. Franks se detuvo durante un momento.
El joven se preguntó mentalmente cómo es posible que una
simple pregunta le salvara la vida a alguien.
– Y la pregunta fue: “¿Qué es lo primero que vas a hacer
cuando salgas de aquí?”
Era algo en lo que yo nunca había pensado antes. Pero sabía
la respuesta. Quería ver de nuevo a mi mujer y a mis hijos. De
momento se me recordaba que tenía algo por lo que vivir, una
razón por la cual debería hacer todo lo que estuviera en mi
52
mano para seguir con vida. Su pregunta me salvó la vida
porque me dio algo que yo ya había perdido, ¡una razón para
vivir!
Desde entonces me fue mucho más fácil seguir viviendo,
pues supe que cada día que pasaba me acercaba al final de la
guerra y también a mis sueños. La pregunta del chino no sólo
me salvó la vida, sino que me enseñó la lección más importante
que he aprendido jamás.
– ¿Qué lección fue esa? – preguntó el joven.
– El poder de las metas.
– ¿Las metas?
– Sí. Las metas. Las ambiciones. Las cosas por las que
luchar. Las metas dan a nuestras vidas un propósito y un
significado. Es cierto que se puede vivir sin ellas, pero para vivir
realmente y ser felices, es necesario que nuestra vida tenga un
propósito. “Sin propósito,” escribió el almirante Byrd, “los días
terminan en la desintegración.”
– ¿En la desintegración de qué? – preguntó el joven.
– Del alma. ¿No se ha preguntado nunca por qué tanta gente
pierde la salud y se muere poco tiempo después de jubilarse?
¿Por qué tantos ricos y famosos terminan siendo drogadictos o
alcohólicos?
El joven asintió con la cabeza. Con frecuencia se había
preguntado por qué muchos se vuelven “viejos” después de
retirarse y siempre había sentido cierta curiosidad por un
personaje muy conocido y famoso, alguien que parecía tenerlo
todo, casas lujosas, más dinero del que nunca podría gastar,
una familia y una carrera fabulosa, sin embargo se entregó a las
drogas e incluso terminó suicidándose.
– Una de las razones – le dijo el Dr. Franks – es simplemente
porque sintió que su vida carecía de propósito. No tenía ya
significado alguno. ¿Ha oído usted hablar de Helen Keller?
– Sí. Justo hace una semana. Me dijeron que a pesar de ser
ciega, sorda y muda, era muy feliz con su vida.
– Sí. ¿Y sabe usted por qué? – le preguntó el Dr. Franks –
porque ella dio a su vida un significado. Cuando le preguntaron
cómo se las arreglaba para ser tan feliz pese a sus limitaciones,
respondió: “Muchas personas tienen una idea equivocada de lo
que es la felicidad. La felicidad no se alcanza a través de la
autocomplacencia, sino mediante la fidelidad a un propósito que
valga la pena.” El requerimiento más esencial del alma humana
es la necesidad de que nuestra vida tenga un sentido, y ese
sentido nos lo dan las metas.
53
Las metas crean un propósito y un significado. Con las metas
sabemos donde vamos y vamos hacia algo. Sin metas la vida
tiene muy poco significado y tendemos a vivirla aburridamente.
En general la gente se siente motivada tan sólo por dos cosas,
el dolor y el placer. Las metas hacen que la mente se centre en
el placer, mientras que la ausencia de metas hace que la vida
se enfoque en evitar el dolor.
Las metas pueden incluso hacer más soportable el dolor.
– No estoy seguro de estar comprendiendo bien – dijo el
joven –. ¿Cómo es posible que las metas hagan el dolor más
soportable?
– Déjeme ver… sí, imagínese un terrible dolor abdominal. Un
dolor agudo e intermitente que cada pocos minutos se hace
sentir con más fuerza. Es tan fuerte que le hace gritar y llorar.
¿Cómo se sentiría?
– Muy mal, me imagino.
– ¿Y como se sentiría si el dolor fuera empeorando y viniendo
cada vez con más frecuencia? ¿Se sentiría preocupado o
emocionado?
– ¿Qué tipo de pregunta es esta? ¿Cómo puede alguien
sentirse emocionado a causa de un dolor? ¡Tendría que ser
masoquista!
– No. ¡Tendría que ser una mujer embarazada! Sufre el dolor,
pero sabe que al final del dolor, tendrá un niño. Incluso puede
desear que los dolores sean más frecuentes porque sabe que
cada contracción la acerca al nacimiento de su hijo y también al
final del dolor. Ese propósito y ese significado del dolor lo hace
mucho más soportable.
Es el mismo motivo por el cual los tiempos difíciles son más
soportables cuando sabemos que al final de ellos algo nos
estará esperando. No hay ninguna duda de que el hecho de
tener metas para vivir por ellas me dio la fuerza necesaria para
sobrevivir, cuando de otro modo es casi seguro que habría
puesto fin a mi vida. Desde entonces cada vez que veía a un
compañero con aspecto desesperado le hacía la misma
pregunta: “¿Qué es lo primero que harás cuando salgas de
aquí?” y gradualmente su expresión comenzaba a cambiar, una
pequeña luz brillaba en sus ojos y de pronto se daba cuenta de
que tenía cosas por las que vivir, que tenía un futuro por el que
luchar y que valía la pena hacer todo lo posible por sobrevivir
cada día, sabiendo que la meta estaba cada vez más cercana.
Y le diré algo más: ver a un hombre cambiar de un modo tan
drástico y saber que uno ha jugado un pequeño papel en ese
54
cambio es una sensación maravillosa. Así, hice que cada día mi
meta fuera ayudar a todos los que pudiese ayudar.
Uno de los secretos que nos permiten sobrevivir en las
peores épocas de nuestras vidas es el mismo que sirve para
vivir intensamente la vida en los tiempos mejores. Y ese secreto
es: las metas. Si las metas pueden dar al prisionero de un
campo de concentración la voluntad necesaria para sobrevivir,
¡imagínese lo que harán por quienes viven en tiempos de paz!
Después de la guerra, participé en un interesante estudio que
se realizó en la Universidad de Harvard. Preguntamos a todos
los estudiantes que se graduaron en 1953 si tenían alguna meta
o alguna ambición en sus vidas. ¿Qué porcentaje cree usted
que tenía metas concretas?
– ¿El cincuenta por ciento de ellos? – preguntó el joven.
– ¡Menos de un tres por ciento! – dijo el Dr. Franks.
Imagínese, ¡menos de tres de cada cien, tenían alguna idea de
lo que querían hacer con sus vidas!
Se siguieron sus carreras durante los siguientes veinticinco
años y se descubrió que el tres por ciento que habían declarado
tener alguna meta poseían matrimonios más estables, mejor
salud y una situación económica mejor que el restante 97 /o.
Evidentemente sus vidas eran también, mucho más felices.
– ¿Por qué cree usted que el hecho de tener metas hace a la
gente más feliz? – preguntó el joven.
– Porque no sólo extraemos energía del alimento que
tomamos, sino también del entusiasmo, y el entusiasmo se
logra teniendo metas, puntos a los que llegar, cosas que
esperar. Una de las principales razones por las que muchas
personas son infelices es simplemente porque sienten que sus
vidas carecen de significado, que no tienen propósito alguno.
Por las mañanas, no hay nada por lo que deban levantarse de
la cama, pues carecen de metas que los inspiren, carecen de
sueños. De este modo, se arrastran penosamente por la vida,
sin dirección alguna.
– Si tenemos algo por lo que luchar – siguió el Dr. Franks,– el
estress y las tensiones de la vida casi desaparecen. Se
convierten en obstáculos que deben ser vencidos para alcanzar
la meta. Por eso aconsejo a todos mis pacientes que aprendan
la técnica de la mecedora.
– ¿La mecedora? – preguntó el joven.
– Es una técnica muy sencilla, en la cual uno se imagina que
ha llegado al final de su vida y está sentado en una mecedora
pensando en cómo vivió la vida y en los logros que consiguió en
ella. ¿Qué le gustaría a usted recordar? ¿Qué cosas le gustaría
55
a usted haber hecho? ¿Qué lugares le gustaría haber visitado?
¿Qué relaciones le gustaría haber tenido? Y lo más importante
de todo, mientras está allí, sentado en la mecedora, ¿qué tipo
de persona le gustaría a usted haber llegado a ser?
El joven tomó algunas notas. Eran preguntas muy
importantes que él nunca se había hecho antes.
– Esta técnica le ayudará a crear metas a largo plazo. Luego
se puede hacer lo mismo con las metas a corto plazo. Metas a
cinco años, a un año, a seis meses, a un mes o incluso a un
día. Yo aconsejo a mis pacientes que escriban todas esas
metas y que las lean en cuanto se despierten por la mañana.
De este modo, siempre tienen algo positivo por lo que
levantarse y comenzar el día con emoción y entusiasmo.
– Lo probaré – dijo el joven –, siempre me cuesta mucho
trabajo levantarme por las mañanas.
– También es buena idea leer sus metas durante el día y otra
vez antes de dormirse, para que de este modo se impriman en
la mente.
– ¿Y si cambio de opinión y resulta que de pronto ya no me
interesa una de las que inicialmente había considerado como
metas?
– Esa es una buena pregunta. La prioridad de nuestros
valores en la vida se va modificando a medida que
evolucionamos. Por eso la técnica de la mecedora debe
hacerse con cierta frecuencia, al menos una vez al año. De este
modo siempre tendremos metas con las que estaremos
comprometidos y que darán un propósito y un significado a
nuestras vidas, siendo algo que nos emociona y nos motiva.
Las metas son la base de nuestra felicidad. La gente con
frecuencia cree que el confort y el lujo son requisitos para la
felicidad, cuando en realidad todo lo que se necesita para ser
feliz es algo con lo que estar entusiasmado. Este es uno de los
más grandes secretos de la Abundante Felicidad. En una vida
que carezca de propósito y de significado no puede haber
felicidad duradera. Este es el poder de las metas.
– ¿Vio alguna vez más al anciano chino? – preguntó el joven.
– No. De hecho, durante algún tiempo estuve convencido de
que había sido una alucinación. Una figuración de mi mente.
– ¿Por qué?
– Porque nunca antes lo había visto y nunca más lo volví a
ver. Algunas veces el excesivo sol puede jugar malas pasadas
a la mente. Pero poco después de la guerra descubrí que
realmente existía.
– ¿Cómo?
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– Recibí una carta de un joven. Un joven al que alguien le
había dado mi nombre, se lo había dado… ¡el anciano chino!
Más tarde el joven resumió las notas que había tomado
durante la entrevista.
El quinto secreto de la Abundante Felicidad es: el `poder
de las metas
Las metas dan a nuestra vida un propósito y un significado.
Teniendo metas, nos dedicamos a lograr el placer, más que a
evitar el dolor.
Las metas nos dan un motivo para salir de la cama por las
mañanas.
Las metas hacen que las épocas difíciles sean más
llevaderas y que los momentos buenos sean todavía mejores.
La técnica de la mecedora es una buena ayuda para decidir
cuales van a ser las metas de nuestra vida, a largo y a corto
plazo.
Escribe tus metas y léelas,
– al despertarte por las mañanas
– en algún momento durante el día
– al acostarte por las noches.
Recuerda repetir la técnica de la mecedora al menos dos
veces al año, para asegurarte de que tus metas siguen siendo
lo que tú realmente quieres.
57
El Sexto Secreto
EL PODER DEL HUMOR
– Al principio parecerá absurdo que reírse de los problemas
pueda ayudar en algo, sin embargo es uno de los modos más
efectivos para vencer las situaciones estresantes y para crear
felicidad.
Al joven esta frase lo tomó totalmente por sorpresa. El
hombre que tenía frente a él era Joseph Hart, de baja estatura
pero fornido y como de unos cincuenta y cinco años de edad. El
Sr. Hart era taxista y su nombre ocupaba el sexto lugar de la
lista.
– Hace diez años – siguió el Sr. Hart – mi negocio se hundió.
Todo fue bastante rápido. Perdí mi cliente más importante,
algunos deudores liquidaron sus empresas sin pagar lo que me
debían y de pronto me hallé sin salida. Ví cómo se perdía todo
aquello por lo que había estado trabajando durante tantos años.
Todo lo perdí.
Como podrá imaginar me sentí frustrado, triste y muy
deprimido. Perdí todo el interés por la vida. Alquilé una
habitación en el piso treinta del hotel Hilton, en el centro de la
ciudad, y créame o no, estaba decidido a poner fin a mi vida.
El joven escuchaba atentamente el relato del Sr. Hart.
– Estuve sentado sobre el borde la cama una media hora,
con la cabeza entre las manos tratando de reunir el coraje
suficiente para Llevar a cabo lo que había planeado.
Finalmente me levanté y caminé hacia la terraza. Justo al llegar
al borde oí una voz a mi espalda. Me di la vuelta y vi que había
58
entrado un empleado del hotel y que me preguntaba si estaba
todo bien. Asentí con la cabeza y él se acercó a la terraza. Me
preguntó si deseaba algo y le dije que no.
Observó la vista que desde allí se apreciaba de la ciudad.
Soplaba una fuerte brisa y respiró profundamente.
– ¡Qué día más maravilloso! – dijo.
– ¿Qué tiene de maravilloso? – murmuré yo – y entonces él
me dijo algo que me causó el mismo efecto que si me hubieran
echado encima un jarro de agua fría.
– Si intenta dejar de vivir unos días, ¡lo averiguará por sí
mismo!
Mi tensión era tal que me puse a llorar frente a él. Me
preguntó qué me ocurría y le dije que lo había perdido todo.
Me miró como sin entender y dijo:
– ¿Qué quiere usted decir? ¿Ve usted todavía?
– Por supuesto – respondí.
– Bien. Entonces es obvio que todavía tiene sus ojos
– dijo. También puede hablar y oír y parece que también puede
caminar, entonces, ¿qué es exactamente lo que ha perdido?
Le dije que había perdido todo mi dinero, que me habían
quitado todo cuanto tenía.
¡Ah! – exclamó. ¡Entonces todo lo que ha perdido es su
dinero!
Después me echó otro jarro de agua fría diciéndome:
– ¿Quien tiene más, un millonario con cáncer terminal o un
hombre sano pero sin un centavo?
Entonces comprendí que tal vez yo había exagerado mis
problemas más allá de toda proporción. El empleado me explicó
que muchas personas simplemente pierden la perspectiva de
sus circunstancias y, con frecuencia, ese es el único motivo de
su desgracia.
El hecho de hablar con él no solucionó ninguno de mis
problemas, pero me ayudó a verlos de un modo distinto.
Fue suficiente para hacerme pensar de un modo diferente sobre
mi existencia y aunque nunca se lo dije, su sencilla sabiduría
evitó que aquel día yo me quitase la vida.
Antes de marcharse me dio un lista de personas que según él
me podrían ayudar a arreglar mi situación. Pensé que me
prestarían dinero pero no fue así, me dieron algo mucho más
valioso: los secretos de la Abundante Felicidad.
Y fue mediante esos secretos como gradualmente aprendí a
reconstruir mi vida y a crear felicidad para mí mismo. Fueron
muchas cosas las que tuve que aprender sobre mí mismo y
sobre la vida: la importancia de la fe, de la actitud, de la salud
59
física, del perdón y de las relaciones, pero de todas ellas la que
yo más necesitaba aprender era… el poder del humor.
Hasta entonces yo había sido de esas personas que se
toman todo con gran seriedad. ¡Y no es fácil ser feliz si uno
nunca ríe!
– ¿No es eso poner el carro delante del caballo? – preguntó
el joven. Tendemos a reír más y a tomarnos las cosas menos
en serio cuando somos felices, pero la risa es una
consecuencia de la felicidad, ¡no un medio para conseguirla!
– Tiene usted razón, la risa es un producto de la felicidad,
pero también algo que produce una sensación de felicidad.
¿Sabe usted?, el proceso de la risa, y también de la sonrisa,
libera en el cerebro ciertas substancias químicas que crean una
especie de euforia. Diversas investigaciones han demostrado
que al reír el nivel de las hormonas del estress – adrenalina y
cortisona – en nuestra sangre baja, y como consecuencia de
ello nos sentimos menos ansiosos y menos preocupados.
– ¿Entonces cómo es que muchos de los más grandes
comediantes son individuos seriamente depresivos? – preguntó
el joven.
– Nadie se deprime por reír demasiado – dijo el Sr.Hart –, lo
que ocurre es que mucha gente utiliza instintivamente la risa y
el humor como ayudas para afrontar su propia tristeza.
Recuerde que el humor es sólo uno de los diez secretos de la
Abundante Felicidad. Si queremos crear una felicidad duradera
debemos incorporar todos ellos a nuestras vidas. Tratar de ser
feliz utilizando tan sólo el poder del humor sería tan inútil como
tratar de recuperar la salud solamente haciendo ejercicio, sin
preocuparse para nada de la dieta, del descanso, del estress y
de todos los demás factores que inciden en nuestra salud.
También se ha demostrado que la risa incrementa nuestro
poder de concentración y nuestra capacidad para resolver
problemas mentales. Investigadores de la Universidad de
Maryland realizaron hace algunos años un experimento muy
interesante. Tomaron dos grupos de personas y les dieron
tareas semejantes: la solución de una serie de problemas
idénticos. La única diferencia entre ambos grupos era que a uno
de ellos se le mostró antes un vídeo educativo de 30 minutos de
duración, mientras que al otro grupo se le mostró un programa
humorístico también de 30 minutos. Por increíble que parezca,
quienes habían visto el programa de humor resolvieron los
problemas ¡tres veces más rápido que los del otro grupo!
El joven levantó la vista de sus notas:
60
– Pero cuando alguien tiene un problema o se siente
estresado, es muy poco probable que tenga ganas de reír, ¿o
no?
– Por supuesto. ¡Pero ese es el asunto! Si lo hiciera, su
situación mejoraría. No sólo se sentiría mejor y menos
estresado, sino que también tendría más capacidad para
resolver sus problemas. ¿Nunca le ha ocurrido enojarse o
molestarse por algo y unas semanas después estar riéndose de
ello con sus amigos?
– Sí, ¿no nos ocurre a todos?
– ¿Le preocupaba dicha situación cuando se estaba riendo
de ella?
– No, por supuesto – sonrío el joven.
– ¡Ese es el asunto! – dijo el Sr. Hart. ¿Cómo podría
preocuparle? Entonces, si antes o después nos vamos a reír de
los problemas, ¿por qué no hacerlo antes en lugar de después?
– Entiendo lo que quiere decir, pero ¿cómo es posible reír de
algo que nos está preocupando o molestando?
– El secreto está en hallar algo de lo que reírse. La mente lo
es todo. Elegimos nuestros pensamientos y elegimos en qué
nos vamos a concentrar. En lugar de centramos en “¿Qué es lo
malo de esta situación?” podemos del mismo modo
preguntarnos, “¿Qué tiene de gracioso esta situación?”
– ¿Y si no tiene nada de gracioso? – preguntó el joven.
– Entonces pregúntese: “¿Qué podría tener de gracioso esta
situación?” Generalmente en todas las situaciones hay algo de
lo que uno se puede reír, sólo es cuestión de buscarlo. Y si no
encontrara nada gracioso en dicha situación, piense en otra
cosa graciosa, pues por el simple hecho de reírnos, con
frecuencia tenemos ya ganada la mitad de la batalla.
– Teóricamente parece lógico, pero en la práctica no siempre
es fácil hallar el lado gracioso de todas las situaciones – insistió
el joven.
– No todas las situaciones pueden generar risa – aceptó el
Sr. Hart,– aunque la mayoría de ellas sí. Pero lo importante es
que sólo verá el lado gracioso de una situación si lo busca.
Recuerdo algo que me contaron de John Glenn, el primer
astronauta norteamericano del proyecto Apolo.
Cuando, el día del lanzamiento, John se disponía a entrar en el
cohete, un reportero le preguntó: “John, ¿qué pasará si una vez
en el espacio, fallan los motores y no puedes ya volver de
regreso a la tierra?” John se giró, miró al reportero y le dijo,
“¿Sabes? ¿Eso sí que me echaría a perder el día!”
61
Dudo que mucha gente haya tenido que pasar por
situaciones tan estresantes como la que John Glenn vivía en
aquellos momentos. Y probablemente la mayoría de nosotros
nunca nos veremos en nada así. Pero si pudiéramos aprender a
encarar los obstáculos de la vida con el mismo sentido del
humor, seríamos mucho más felices.
Tras concluir felizmente la misión del Apolo, en una
conferencia de prensa otro reportero le preguntó a John Glenn
qué pensaba mientras estaba entrando de nuevo en la
atmósfera de la tierra. “Lo que pensaba al entrar en la
atmósfera de la tierra es que la cápsula en la que viajaba había
sido fabricada por… ¡la compañía que presentó el presupuesto
más bajo!”
Semejante pensamiento puede ser terrible, pero John venció
sus miedos sirviéndose de su sentido del humor.
Ello simplemente nos muestra que cualesquiera que sean los
retos o los obstáculos con que nos enfrentemos en la vida, lo
mejor que podemos hacer es preguntarnos: “¿Qué hay de
gracioso en esta situación?” o “¿Qué podría haber de gracioso
en ella?”
Un problema que tiene la mayoría de la gente es que se
toman la vida demasiado en serio. Si simplemente nos
detuviéramos un momento y nos preguntáramos: “¿Se notarán
las consecuencias de esto dentro de diez años?”. Si la
respuesta es “no,” ello indica que estamos tomando el asunto
con demasiada seriedad. Es un poco como la fórmula anti –
estress de dos pasos.
– ¿Qué fórmula es esa? – preguntó el joven.
– El primer paso es: no preocuparse por las cosas pequeñas.
El Sr. Hart hizo una pausa.
– ¿Y el segundo paso? – preguntó el joven.
– ¡Recordar que la mayoría de las cosas de esta vida son
pequeñas!
Una mujer de 85 años que padecía una enfermedad terminal
me entregó esta maravillosa prosa – dijo el Sr. Hart mostrándole
un papel, – ¡encierra una gran sabiduría!
“Si tuviera que vivir mi vida otra vez, intentaría cometer más
errores. No sería tan perfecta. Descansaría más. Sería más
flexible. Me divertiría más de lo que me he divertido en ésta. De
hecho, me tomaría muy pocas cosas en serio. Sería más loca.
Sería menos higiénica.
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Correría más riesgos. Viajaría más. Escalaría más montañas.
Me bañaría en más ríos. Iría a más lugares en los que nunca
hubiera estado antes. Comería más helados y menos judías.
Tendría más problemas reales, pero menos imaginarios.
¿Sabes? Yo he sido una de esas personas que viven
profilácticamente, sana y pulcramente hora tras hora y día tras
día. ¡También he tenido mis momentos! pero si pudiera
empezar de nuevo, tendría más momentos de esos, momento a
momento.
Yo he sido una de esas personas que nunca van a ningún
sitio sin un termómetro, una botella de agua caliente, un jarabe
para hacer gárgaras, un impermeable y un paracaídas. Si
tuviera que vivir de nuevo, la próxima vez mi equipaje sería más
ligero.
Si viviese de nuevo en la primavera comenzaría a andar
descalza antes y seguiría descalza hasta mucho más avanzado
el otoño.
Si pudiera vivir otra vez asistiría a más fiestas, vería más
atardeceres y jugaría con más niños.
Pero como ves, no voy a vivir otra vez.”
El joven sonrió mientras lo leía.
– Tiene usted razón, su mensaje es maravilloso. ¿Puedo
sacarle una copia?
– ¡Por supuesto! – dijo el Sr. Hart.
– Gracias por compartir todo esto conmigo. Me ha dado usted
mucho sobre lo que tengo que pensar.
– Me alegro de haber sido de alguna ayuda – dijo el Sr. Hart.
Pero antes de irse, ¿sabe usted cual era para George Burns el
secreto de la felicidad?
– No.
– ¿El secreto de la felicidad? Muy sencillo – dijo Burns
cuando le preguntaron –, un buen puro, una buena comida y
una buena mujer – ¡o una mala, según la cantidad de felicidad
que uno pueda aguantar!
Caminando ya hacia la puerta, el joven se volvió hacia el Sr.
Hart.
– No me ha dicho usted como conoció al anciano chino que
me dio su nombre.
El Sr. Hart sonrió.
– ¿No se lo he dicho? Era el empleado del hotel. Aquel día no
le dije lo que tenía planeado hacer. A la mañana siguiente fui
hasta la recepción para darle las gracias y decirle lo mucho que
me había ayudado, pero allí nadie lo conocía.
63
– ¿Entonces nunca volvió a saber de él? – preguntó el joven.
– No, nunca – dijo el Sr. Hart con una sonrisa, – pero estoy
seguro que él sí sabe de mí. Le dio mi nombre y mi teléfono,
¿no?
Aquella noche, el joven, antes de acostarse repasó sus notas.
El sexo secreto de la Abundante Felicidad es: el poder
del humor.
El humor alivia es estress y crea sentimientos de felicidad.
La risa incrementa nuestro poder de concentración y aumenta
nuestra capacidad para resolver problemas.
En cualquier experiencia, si buscas el lado gracioso, es casi
seguro que lo encontrarás.
En lugar de centrarme en lo que una situación parece tener
de malo, debo buscar su lado gracioso.
Seguir siempre la fórmula anti – estress de dos pasos:
– No preocuparse por las cosas pequeñas
– Recordar que la mayoría de las cosas.. ¡son pequeñas!
El Séptimo Secreto
EL PODER DEL PERDON
Al día siguiente el joven estaba sentado en el despacho de la
séptima persona de su lista. Se trataba del Dr. Howard
Jacobson, de 42 años, alto y musculoso, con cabello abundante
y ojos azules. Era el cirujano jefe más joven que jamás había
tenido el hospital de la ciudad. Su despacho estaba en la planta
superior de un alto edificio. Dos de sus paredes eran de cristal,
lo cual le proporcionaba una hermosa vista de toda la parte
oriental de la ciudad.
– Conocí los secretos de la Abundante Felicidad hace casi 20
años, dijo el Dr. Jacobson.
– ¿Le sirvieron de ayuda? – preguntó el joven.
– ¡Una ayuda definitiva! – dijo el Dr. Jacobson.
Cambiaron totalmente mi concepción de la vida. Hasta entonces
yo nunca había sido feliz. Siempre “iba” a ser feliz más
adelante. Inicialmente pensé que sería feliz al ir a la
universidad, pero al llegar a ella nada cambió. Luego creí que
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sería feliz al graduarme como médico, pero tampoco fue así.
Luego, cuando me convertí en cirujano. Cuando me casé y tuve
hijos. Pero lo cierto es que, a pesar de tener éxito en la vida,
una hermosa casa, una esposa y una familia adorable, nunca
fui realmente feliz.
Mirando hacia atrás, creo que mis problemas comenzaron
cuando a los diez años mi padre me mandó – contra mi
voluntad – a un colegio interno. Mi madre había muerto en un
accidente de coche el año anterior. Murió en el acto, según me
dijo mi padre, quien escapó sin un solo rasguño.
Creo que subconscientemente siempre lo culpé por el accidente
y aunque es terrible admitirlo, comencé a odiarlo.
– ¿Por qué? – preguntó el joven.
– Supongo que pensé que me mandaba a un colegio interno
porque no me quería o no quería tenerme en casa.
El Dr. Jacobson hizo una pausa y miró por la ventana.
– Viví con ese odio durante 15 años – dijo, y luego, bajando
un poco la voz continúo. Es difícil ser feliz cuando uno lleva en
su interior tanto odio y tanto resentimiento.
Un día en el aeropuerto, iba a dar una conferencia en otra
ciudad, de pronto oí por los altavoces: “Dr. Jacobson, por favor,
pase por información.” Fui y me dieron un mensaje urgente: mi
padre acababa de sufrir un infarto y estaba en la unidad de
cuidados intensivos del hospital de la ciudad. Me senté y volví a
leer el mensaje, confundido, sin saber qué hacer. Durante los
últimos cinco años no había hablado con él.
Arrugué el papel e iba a tirarlo a la basura cuando de pronto
alguien me preguntó si el asiento contiguo estaba libre. Levanté
la vista y era… un anciano chino. Se sentó e inmediatamente
comenzó a hablar. Me dijo que iba a ver a un amigo suyo que
había perdido una pierna en un accidente de tráfico. Un coche
pasó en rojo mientras él cruzaba la calle, destrozándole
totalmente la pierna derecha. Tenía suerte de haber escapado
con vida. Al parecer el conductor tenía mucha prisa y no vio al
hombre que cruzaba tranquilamente la calle. “Odio a ese tipo de
gente,” dije, pero el anciano me miró horrorizado. “¿Por qué
odiar a alguien que ha cometido un error?” “En un momento u
otro de nuestras vidas todos cometemos errores. Si odia usted
a todo el que cometa un error, tendrá que odiar a todo el
mundo… incluido usted mismo.”
Luego se giró hacia mí y sonriendo, me miró directamente a
los ojos mientras decía, “En mi país tenemos un dicho: ‘Quien
no perdona no es feliz’”
65
– No siempre es fácil perdonar – argumenté –, depende de lo
grande que sea el error.
– Si así fuera – dijo el anciano –, el cielo sería un lugar muy
solitario.
Luego habló durante unos cuantos minutos más y mencionó
las leyes de la vida y los secretos de la Abundante Felicidad. Yo
nunca antes había oído nada semejante pero al escucharlo a él
algo vibró en mi interior. Unos minutos después el anciano
chino me dejaba del mismo modo que me había encontrado,
mirando el papel que tenía en la mano. Pero ahora yo sabía lo
que quería hacer.
Cancelé el viaje y fui directamente a visitar a mi padre al
hospital. Estaba acostado, con tubos por todos lados y un
monitor cardíaco junto a la cama. Fui junto a él, me senté en el
borde de la cama e hice algo que no había hecho desde que
era niño… tomé su mano. El siguió sin moverse, pues ni
siquiera podía hablar y los médicos creían que tampoco oía.
Me incliné sobre él y le susurré al oído, “Papá, soy yo, soy
Howard.” Entonces ocurrió la cosa más hermosa que he
experimentado jamás. Una lágrima rodó por su mejilla y por vez
primera en muchos, muchos años, lloré. Había llegado el
momento de perdonar y de olvidar el pasado.
Durante las dos semanas siguientes lo visité cada día y
aunque sus ojos permanecían cerrados, al yo sostener su mano
sus párpados se movían un poco y él apretaba ligeramente mi
mano. Finalmente, el milagro por el que yo había estado orando
ocurrió. Un día llegué al hospital y lo encontré totalmente
despierto y tomando una taza de té.
Nos abrazamos – algo que no hacíamos desde que yo era
niño. Aquella tarde hablamos más de lo que habíamos hablado
durante los últimos 15 años. Entonces me enteré cómo había
sido el accidente en el que murió mi madre y por qué se me
había enviado a un colegio interno contra mi voluntad. Un
camión perdió el control sobre una placa de hielo y golpeó al
coche de mi padre por el lado del pasajero, muriendo mi madre
en el acto. No fue culpa de nadie, fue un accidente. Y aunque
en aquel momento no lo demostró, mi padre quedó
internamente destrozado. Al hablar de ello las lágrimas
volvieron a sus ojos. Mi madre y él habían sido novios desde
niños. Entonces pensé en todo el dolor que había debido pasar
mientras yo pensaba sólo en mí mismo. El tenía entonces un
empleo muy bien pagado, pero que le obligaba a viajar con
frecuencia al Extremo Oriente y a América. Por ello pensó que
66
en un colegio interno yo estaría mejor atendido y recibiría una
educación más completa.
Se suele decir que el tiempo cura las heridas, pero no es así.
Es cierto que el odio y la amargura se van diluyendo con los
años, pero salvo que estemos decididos a perdonar, nunca
abandonan totalmente al alma. No, la clave del perdón no está
en el paso del tiempo, sino en la comprensión. Los indios sioux
tienen una oración maravillosa:
Oh, Gran Espíritu, apártame de juzgar o criticar a otro,
mientras no haya caminado en sus mocasines durante dos
semanas.
Con frecuencia culpamos a otros, pero nunca podemos estar
seguros de que en las mismas circunstancias externas e
internas, nosotros reaccionaríamos de un modo diferente. Por
ejemplo, yo nunca pensé en lo que tuvo que pasar mi padre
debido.a la muerte de mi madre, ni por qué insistió en que yo
fuera a un colegio interno. Elegí verlo todo sólo desde mi punto
de vista. Subconscientemente pensé que me mandaba a un
colegio interno porque no me quería, cuando la realidad era
justo lo contrario. Lo hizo porque pensó que era lo mejor para
mí. También él había perdido a mi madre y sus obligaciones
profesionales le impedían atenderme debidamente.
El joven pensó en su propia vida. En ella había muchas
personas a las que debía perdonar. Rápidamente le vino a la
mente su jefe, que siempre lo estaba presionando y también un
amigo que hacía ya más de un año le había pedido dinero
prestado sin devolvérselo hasta la fecha. De pronto pensó que
nunca había considerado la situación desde el punto de vista de
ellos.
– Puedo entender que cuando no ha habido malicia en el
hecho, las cosas se deban perdonar, pero si alguien nos
perjudica intencionalmente, ¿por qué hay que perdonarlo?
– preguntó el joven.
– ¿Y por qué no?
– ¡Porque algunas cosas son imperdonables! – argumentó el
joven.
– No esté tan seguro de ello – dijo el Dr. Jacobson. Tomemos
por ejemplo quienes abusan sexualmente de los niños.
Difícilmente se puede pensar en un delito más odioso y
repugnante, ¿no es así?
El joven asintió con la cabeza.
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– ¿Sabe usted que el 95 por cien de los violadores de niños
fueron a su vez violados siendo niños? ¿Está usted seguro de
que si hubiera pasado lo mismo que ellos, no cometería los
mismos errores?
– Supongo que no, pero no es tan fácil perdonar.
– Nadie ha dicho que sea fácil. Ya sabe lo que dicen: “Errar
es de humanos, perdonar es divino.” Pero sirve de mucha
ayuda considerar las cosas desde el punto de vista de la otra
persona. Y, ¿que ocurre si no es usted capaz de perdonar?
¿Quién sufre? ¿Quién debe soportar las úlceras de estómago y
la presión alta? ¡Usted!
– No si antes se cobra la deuda. Incluso la Biblia dice, “ojo
por ojo y diente por diente.” ¿No es buena para el alma la
venganza?
– La Biblia también dice, “Pon la otra mejilla” y “Deja la
venganza a Dios.” Si cada vez que se nos ofende buscáramos
vengarnos, como dijo una vez Mahatma Gandhi, “El mundo
entero terminaría ciego y sin dientes.” La venganza no puede
dar la paz, sólo alimenta más venganza. Es un círculo vicioso,
que nunca termina.
Si su cuerpo está lleno de odio, ¿cómo puede haber en él
lugar para el amor y la felicidad? El perdón libera a su alma del
odio y crea espacio para que pueda entrar el amor.
El Dr. Jacobson caminó hasta el otro extremo de la
habitación, donde había dos sillas de respaldo alto, apoyadas
contra la pared.
– Es como estas dos sillas – dijo. Una de ellas es el amor y la
felicidad, la otra el resentimiento y el odio. Y no puede llevar las
dos al mismo tiempo.
– Bueno, se puede perdonar, pero no olvidar – insistía el
joven.
– Eso no es perdonar. Perdonar es borrar todo, dejando la
pizarra totalmente limpia. Es abandonar el odio y la condena,
como quien deja caer una pesada roca. Si se aferra a la roca
ella lo arrastrará. Déjela ir y no tendrá ya ningún poder sobre
usted. Finalmente será libre. Por eso dijo Confucio: “Ser
engañado o ser robado no es nada, salvo que uno siga
recordándolo.”
Todas las religiones del mundo hablan del poder del perdón.
¿Cómo podernos esperar que Dios nos perdone si nosotros no
perdonamos a los demás? El hombre que no es capaz de
perdonar está quemando el puente sobre el cual tendrá que
pasar él mismo pues todos, alguna vez, necesitamos ser
perdonados.
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– ¿Cuantas veces se puede perdonar a alguien?
– Tantas veces como le ofenda o le perjudique. Recuerde
siempre que quien sufre por no perdonar es usted, pues usted
es quien carga con el odio y el resentimiento. El perdón lo libera
de todo eso. Por ello es tan importante, si quiere usted ser feliz.
Sólo abandonando toda condena y todo resentimiento se puede
experimentar la alegría y la felicidad. Creo que, con el tiempo,
todos pagaremos nuestras malas obras, ya sea en esta vida o
en otra. Si hay alguna ley de la que se pueda estar seguro en
este universo, es la ley de causa y efecto, o como se dice: “Uno
recoge lo que sembró,” nuestras acciones vuelven siempre a
nosotros. Si usted cree esto, comprenderá que no tiene sentido
mantener amarguras ni odios. Por supuesto, no estoy seguro de
que el universo funcione de ese modo, tal vez yo esté
equivocado, pero he elegido creer en ello y así soy más feliz.
¿Sabe a quien le va a costar más trabajo perdonar?
¿Hacia quién le resultará más difícil sentir compasión?
– No.
– ¡A usted mismo!
– ¿Qué significa eso? ¿Por qué no tendría yo que querer
perdonarme a mí mismo?
– Cada vez que cometa un error del cual luego se lamente,
debe recordar que todos somos seres humanos y que la mayor
parte del tiempo tratamos de hacer las cosas lo mejor que
podemos. Pero somos humanos y los humanos cometen
errores. Todos hacemos cosas de las cuales luego nos
avergonzamos y desearíamos poder cambiar.
De vez en cuando es bueno sentarse y verse a uno mismo
como cuando era un niño pequeño. Sea amable con ese niño.
¿Cómo podrá ser feliz si no se ama y se respeta a sí mismo? Si
Dios le perdona, ¿por qué no se perdona usted también? Un
antiguo proverbio dice: “El sabio se cae siete veces cada día,
pero se levanta otras siete!”
– Nunca antes lo había considerado de este modo – dijo el
joven. Suena lógico, pero no parece que sea un sendero
muy fácil de seguir. Todo lo que puedo hacer es
intentarlo.
Antes de acostarse aquella noche el joven releyó sus notas:
El séptimo secreto de la Abundante Felicidad es: el poder
del perdón.
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El perdón es la llave que abre la puerta de la Abundante
Felicidad.
Mientras tenga resentimientos y odio me será imposible ser
feliz. Nadie sufre por mi amargura, sólo yo.
Los errores y los fallos son lecciones de la vida. Perdónate a
ti mismo y perdona a los demás.
Recuerda la oración sioux:
“Oh Gran Espíritu, apártame de juzgar o criticar a otro,
mientras no haya caminado en sus mocasines durante dos
semanas”.
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El Octavo Secreto
EL PODER DEL DAR
Dos días después, el joven se hallaba sentado en la galería
que dominaba la piscina del centro deportivo municipal,
esperando a la siguiente persona con la que se iba a
entrevistar, su nombre era Peter Tansworth. La galería estaba
vacía pero hasta el joven llegaban los gritos y las risas de los
niños que se encontraban en la piscina.
– ¡Hola! ¿Es usted la persona con quien hablé por teléfono? –
le gritó un hombre desde la orilla del agua.
– ¿El Sr. Tansworth?
– Yo soy – dijo sonriendo el hombre del traje de baño
brillante.
– En breve estaré con usted. Dentro de diez minutos o así.
Ya estamos terminando.
– Muchas gracias.
La escena le pareció al joven muy común. A primera vista no
había nada raro en ella. Un grupo de unos 20 niños, disfrutando
de su clase de natación. Pero a medida que los pequeños
comenzaron a salir del agua el joven observó que a un niño le
faltaba un brazo, otro no tenía piernas. Al seguir mirando se dio
cuenta de que todos aquellos niños eran disminuidos físicos.
Unos minutos después el Sr. Tansworth llegó a la galería.
– ¡Hola! Mucho gusto en saludarle – dijo sonriendo mientras
le estrechaba la mano al joven.
El Sr. Tansworth estaba ligeramente bronceado y poseía
unos ojos grandes y sonrientes. El joven le relató su encuentro
con el anciano chino y las entrevistas que ya había tenido con
otras personas de la lista.
– Cuando conocí al anciano chino, hace ya casi cinco años,
también resultó ser un punto crucial en mi vida – dijo el Sr.
Tansworth. Entonces yo era el dueño de una importante
empresa de informática. El negocio me iba muy bien. Ganar
dinero había sido siempre mi primera finalidad en la vida y
cuando cumplí los 35 años era millonario… pero también infeliz.
– ¿Por qué? – preguntó el joven.
– Como usted sabe alguien escribió: “¿De qué le sirve al
hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” Esta frase
resume lo que era mi vida entonces. En mi carrera hacia la
cúspide había ido perdiendo todas las cosas que realmente me
importaban: mi esposa se había divorciado de mí. Tenía muy
71
pocos amigos y cada día era simplemente una lucha por ganar
más dinero del que nunca podría gastar.
Recuerdo que una Navidad me sentí tan desgraciado que me
compré un Rolex para animarme. Me costó 5.000 libras y
durante un momento me sentí orgulloso de mi adquisición. Pero
media hora después aquella sensación me había abandonado
ya y otra vez me sentí tan desgraciado como antes. Mirando
hacia atrás, no puedo imaginar cómo pude creer que un reloj
me haría feliz. Era como la mayoría de los demás relojes, todo
lo que hacía era dar la hora.
Recuerdo muy bien aquel día, era el día de Nochebuena… las
calles estaban llenas de gente y yo me senté en un banco de un
centro comercial, mirando al frenético bullicio de la gente.
Aunque estaba sentado entre miles de personas que pasaban
junto a mí, nunca me había sentido tan solo. Aquella terrible
sensación de soledad me hundía.
La Navidad puede ser un momento del año muy bonito, pero
también puede ser una época solitaria y desgraciada. Cada
año, cientos de miles de personas se sienten desgraciadas:
aquéllos que no tienen familia o amigos, dinero, comida o casa.
Para ellos Navidad es sólo un momento en el cual sus
carencias parecen todavía mayores. Aquel día pude entrever lo
desgraciada y solitaria que puede llegar a ser la vida, pero
entonces ocurrió algo que cambiaría para siempre mi destino.
– ¿Qué fue? – preguntó el joven.
– ¡Se sentó a mi lado un anciano chino!
– El joven sonrió.
– El chino se volvió hacia mí y me dijo: “¿Sabía usted que el
único momento durante los cuatro años que duró la primera
guerra mundial, en que los soldados dejaron sus armas e
hicieron la paz fue en la Navidad de 1914?” Yo no tenía la
menor idea, ni tampoco el más mínimo interés en ello, pero sin
embargo él continuó: “Los soldados ingleses y los alemanes
salieron de sus trincheras y se felicitaron en tierra de nadie,
compartiendo sus alimentos y su bebida.”
El Sr. Tansworth hizo una pausa y luego añadió,
– Parece increíble, ¿no?
– Sí. Supongo que sí – asintió el joven.
– Luego el anciano siguió: “Durante todo el año la gente
busca la felicidad en el tener, en el adquirir y en que los demás
los sirvan, pero tiene que llegar un momento como la Navidad
para recordarnos que la verdadera felicidad sólo se encuentra
en el dar y el servir.”
72
Las palabras del anciano chino me hicieron pensar en mi
vida. Yo siempre había creído que uno es feliz adquiriendo
cosas. Adquiriendo más dinero, un trabajo mejor, una casa más
grande y un coche más rápido. Pero el hecho era que a pesar
de haber adquirido todo lo que me había propuesto adquirir,
seguía siendo desgraciado.
– Mantuve una larga conversación con el anciano y esa fue la
primera vez que oí hablar de los 10 secretos de la Abundante
Felicidad. A través de él conocí a algunas personas
maravillosas que compartieron conmigo esos secretos y me
ayudaron a enriquecer mi vida. Pero hubo un secreto que fue
especialmente importante para mí… el secreto del dar.
Es increíble pensar que una de las cosas que más deseamos
en esta vida, la felicidad, podamos obtenerla del modo más
fácil… dándola. Esta es una de las leyes más mágicas de la
Naturaleza: cuanto más da uno, más recibe. Es como sembrar.
Por cada semilla que siembre, recibirá cien.
– ¿Cómo es posible dar algo que no se tiene? – preguntó el
joven.
El Sr. Tansworth sonrió.
– ¡Esa es su gran belleza! Se consigue, al darla. Cuando
usted da felicidad, instantáneamente la recibe de vuelta. Es
como el perfume.
– ¿El perfume? – preguntó el joven.
– Sí. Es imposible echárselo a otros sin que le caigan
también a usted algunas gotitas. Veamos por ejemplo la
sonrisa. Si usted sonríe a alguien, invariablemente la otra
persona le sonreirá a usted. La felicidad es como un
boomerang, cuanto más da, más regresa hacia usted.
Estoy seguro que podrá usted recordar algún momento en el
cual hiciera algo por alguien sin esperar nada a cambio, aunque
fuera algo muy simple, como indicar una dirección a alguien que
se ha perdido, ayudar a un ciego a cruzar la calle o
simplemente acordarse del cumpleaños de un amigo. O felicitar
sinceramente a otro, mostrarle su aprecio y darle las gracias.
– Sí, por supuesto – asintió el joven.
– ¿No le hizo ello sentirse bien? No porque la persona se
mostrara agradecida, sino simplemente porque uno se siente
bien cada vez que ayuda en algo a otro ser humano.
El joven recordó un suceso que le había ocurrido hacía
algunos años. Una señora extranjera se le acercó
preguntándole por una dirección. El lugar que ella buscaba
estaba como a unos tres kilómetros de distancia. Era en pleno
invierno, estaba nevando y la mujer temblaba de frío. Imposible
73
que ella sola pudiera llegar hasta allí con tan mal tiempo. De
modo que la llevó en el coche hasta donde ella quería ir. Ahora,
mirando hacia atrás, recordaba lo bien que se había sentido
aquel día.
– ¿Sabe usted? En el fondo los seres humanos no somos
egoístas. Somos capaces de hacer por otros mucho más de lo
que haríamos por nosotros mismos. La mayoría de los padres,
por ejemplo, sacrifican con gusto su propia comodidad por sus
hijos.
– Aquél día, en el centro comercial, después de hablar con el
chino pasé por delante de un grupo humanitario que estaba
cantando villancicos. Frente a ellos un gran cartel decía: “Ayuda
a los que no tienen casa en esta Navidad.” Casi sin pensarlo fui
a la tienda y devolví el Rolex. Al regresar entregué a la persona
que recogía las contribuciones un cheque por 5.000 libras.
Nunca olvidaré el asombro y la gratitud que se reflejaron en el
rostro de aquella mujer. Las lágrimas llenaron sus ojos mientras
mostraba el cheque a una compañera. “Esto va a hacer que
todo sea diferente,” dijo. “Muchas gracias y que Dios le
bendiga.” Entonces comencé a entender lo que me había dicho
el anciano, pues recibí más placer al dar aquellas cinco mil
libras y saber que iban a suponer una diferencia, aunque
pequeña, en las vidas de otras personas, del que habría
recibido llevando el reloj durante todo el resto de mi vida.
Recuerdo que hace algunos años leí sobre un padre que
quería enseñarle a su hijo el valor del dar, a una edad muy
temprana. Era el sexto cumpleaños del niño y su abuela le
había regalado una gran cantidad de globos de colores llenos
de helio. Después de la fiesta, el padre le dijo al niño que sabía
cómo podían pasarlo muy bien con los globos… dando algunos
a otras personas! Huelga decir que el niño no se mostró
demasiado entusiasmado con la idea, pero el padre le aseguró
que lo iban a pasar muy bien, hasta que finalmente, aunque con
grandes dudas, el niño aceptó.
Fueron a un asilo de ancianos y el niño entró en el salón
llevando en la mano los hilos de los 20 globos de helio,
seguidamente dio un globo a cada una de las personas que allí
había. De pronto todos se pusieron a reír y a hablar
entusiasmados. Una anciana que no había tenido visitas
durante los últimos tres años lloraba de emoción. Fue como si el
niño hubiera accionado el interruptor, iluminando de pronto todo
el lugar. Le dijeron lo maravilloso que había sido al acordarse
de ellos y pronto todos estaban riendo y queriéndolo abrazar. El
niño disfrutó tanto cada minuto de aquél suceso, que en el
74
camino de vuelta a casa le preguntó a su padre cuando podrían
volver a hacerlo otra vez. Aquella fue una lección que jamás
olvidaría. A partir de entonces buscó la oportunidad de dar, en
lugar de sólo retener.
– Es un relato muy bonito – dijo el joven.
– Permítame que le cuente otro que a mí me emociona de un
modo muy especial – dijo el Sr. Tansworth. Hace algunos años
conocí a un hombre llamado Paul que me contó cómo había
aprendido el poder del dar, siendo estudiante universitario. A
Paul, su hermano mayor le había regalado un coche nuevo el
día de su 18 cumpleaños y naturalmente lo llevó a la facultad
para enseñárselo a sus compañeros. Los jóvenes daban vueltas
alrededor del flamante coche admirando todos sus detalles.
“¿Qué os parece?”, preguntó Paul. “¡Es fantástico.”, respondió
un muchacho bastante más joven que los demás, “¡Fantástico.”.
Cuando Paul le explicó que era un regalo de cumpleaños de su
hermano mayor el niño se mostró anonadado, “¿Tu hermano te
lo ha regalado?”, preguntó. “¡Oh! ¡Cómo me gustaría…” Paul
sabía lo que el niño iba a decir: “Como me gustaría tener un
hermano así.” Pero lo que dijo fue algo totalmente diferente,
hasta tal punto que sus palabras se le quedaron a Paul
grabadas para todo el resto de su vida. El muchacho dijo:
“¡Cómo me gustaría poder yo ser un hermano como el tuyo!”
A Paul le emocionaron tanto las palabras del niño que le
ofreció dar una vuelta en el coche a la hora de la comida. El
joven no podía ocultar su emoción y le preguntó a Paul si podía
parar un momento frente a su casa. Paul sonrío para sí. Pensó
que sabía lo que el niño quería, quería que sus amigos y
vecinos vieran que llegaba a casa en un coche nuevo.
Diez minutos después se detenían frente a su casa y éste
corrió adentro. Al momento salió empujando a un niño pequeño
en una silla de ruedas. “¡Oh.”, exclamó el niño con los ojos muy
abiertos. Entonces ocurrió algo que hizo que los ojos de Paul se
llenaran de lágrimas. El joven dijo a su hermano pequeño:
“Algún día, Sam, te voy a comprar un coche igual que este.” Al
oír esto Paul dijo, “Sam, ¿quieres tú también venir a dar una
vuelta en mi coche?”. Entre los dos subieron al coche al niño
paralítico y fueron los tres a dar un paseo. Aquel día, el
orgulloso dueño del coche nuevo entendió por primera vez en
su vida por qué está escrito: “Es mayor la bendición de quien
da, que la de quien recibe.”
– De este modo – dijo el Sr. Tansworth –, dando a los demás,
no sólo apartamos la mente de nuestros problemas. Para mí es
el más importante de los secretos de la Abundante Felicidad:
75
todo lo que hay que hacer para traer felicidad a nuestras vidas
es darla a otros.
Por eso siempre busco lugares y gente a los que pueda dar
una ayuda, no sólo dinero, sino también tiempo. Ahora he
tomado este trabajo en el que enseño a nadar a niños con
deficiencias físicas. Me hace muy feliz contribuir a que sus vidas
sean un poco más felices. No creo que pueda haber ninguna
felicidad mayor que la que se obtiene cuando podemos ayudar
o dar felicidad a otro ser humano.
En el camino hacia su casa el joven pensó en lo que el Sr.
Tansworth había dicho en relación con su propia vida. Durante
los años pasados, había estado tan involucrado en sus propios
problemas que no se había preocupado por los de los demás.
Nunca se le ocurrió pensar que el hecho de mostrar
consideración hacia los demás y dedicar algún tiempo a hacer
algo por ellos, especialmente por aquéllos más cercanos, le
habría beneficiado a él más que a ningún otro.
Al llegar a casa resumió sus notas.
El Octavo secreto de la Abundante Felicidad es: el poder
del dar
La felicidad no se halla en tener ni en adquirir para nosotros
mismos, sino en dar y ayudar a los demás.
Cuanta más alegría y felicidad damos, más recibimos.
Cada día puedo crear felicidad en mi propia vida, bus-cando
la forma de dar felicidad a los demás.
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El noveno Secreto
EL PODER DE LAS RELACIONES
Dos días después, el joven se encontró con la siguiente
persona de la lista en un café del centro. Ed Hansen vivía solo
en un pequeño apartamento situado en la parte oriental de la
ciudad. Pero no siempre había estado solo. En una época vivió
en una casa con jardín y cuatro habitaciones, junto con su
esposa y sus dos hijos, pero de eso hacía ya mucho tiempo.
Fue antes de que comenzara a beber.
– No me puedo quejar – le decía el Sr. Hansen al joven –, ni
le puedo echar la culpa a nadie más que a mí mismo. La verdad
es que estoy agradecido por haber tenido una segunda
oportunidad. Hace ya diez años que no bebo.
– ¿Cómo comenzó todo? – preguntó el joven.
– Hace ya muchos, muchos años. El estress y las tensiones
del trabajo, las preocupaciones, la ansiedad, usted ya sabe.
Una noche, después del trabajo me detuve en un bar para
tomar una copa con algunos compañeros. Simplemente fueron
unos vasos de vino, que me quitaron la tensión y me sentaron
muy bien. De hecho me sentaron tan bien que al día siguiente
volví otra vez. Cuando me quise dar cuenta estaba ya
tomándome una botella de vino cada noche después del trabajo
y pronto se convirtieron en dos o tres. No hizo falta mucho
tiempo – unos meses tal vez – para que comenzara a beber
también durante el día. Como se podrá imaginar, mi vida se
hizo pedazos. En el trabajo tuve problemas y pronto me
77
despidieron y mi mujer tomó a los niños y se fue. Incapaz de
pagar los gastos de la casa, a los pocos meses la perdí. Desde
entonces viví en las calles.
El relato del Sr. Hansen impresionó al joven. Nunca había
conocido a nadie que hubiera vivido en las calles.
Subconscientemente siempre pensó que quienes vivían de ese
modo eran otro tipo de gente, diferentes a él mismo y a los
demás, sin embargo el Sr. Hansen parecía muy normal. Se dio
cuenta de que cualquiera que se sintiera desesperadamente
infeliz y no fuera capaz de afrontar los problemas o la tensión
de cada día, podía muy fácilmente caer en la misma situación.
– ¿Cómo logró enderezar su vida?
– No fue fácil. Y me ayudaron mucho. En aquel entonces
jamás hubiera yo admitido que necesitaba ayuda, pero la
necesitaba y de un modo desesperado. Me sentía atrapado,
totalmente impotente. Una noche de invierno, el frío era tan
intenso que ni siquiera el alcohol lograba disminuir el dolor que
me causaba en todo el cuerpo. Pensé que finalmente iba a
morir. Hacía tres días que no comía nada. Allí, acostado sobre
los cartones y temblando, todo lo que podía hacer era rezar
para que mi final fuera rápido y no demasiado doloroso.
Lo siguiente que recuerdo es que alguien se detuvo frente a
mí. La noche era tan obscura que no pude ver de quien se
trataba, pero su voz era suave y amable. Me dijo, “Ven
conmigo, Ed, ya es tiempo de que dejes todo esto,” y me tendió
su mano. Yo pensé que tal vez me había muerto ya, pues en el
momento en que su mano me tocó, todos los dolores de mi
cuerpo desaparecieron. Me llevó por algunas calles y unos
minutos después nos detuvimos frente a un gran edificio.
Entonces lo miré y vi que era un anciano chino. Me dio un trozo
de papel y me dijo: “Aquí empieza tu nueva vida Ed, vívela
bien.” Miré al papel que me acababa de entregar y cuando
levanté la vista ya se había ido.
El joven ya había sospechado quien podía ser el misterioso
redentor de Ed, pero ello no evitó que de pronto sintiera algo en
su garganta y los ojos se le pusieran vidriosos.
– Dentro del edificio se estaba celebrando una reunión –
continuó el Sr. Hansen –, una reunión de “Alcohólicos
Anónimos.” Pero había calefacción y hasta mí llegaba un
maravilloso aroma de café, por ello me quedé. Miré al papel que
me había entregado el anciano y…
– En él había una lista de diez nombres – lo interrumpió el
joven.
78
– Sí. Pero lo más sorprendente fue que el último nombre de
la lista era el mismo que estaba escrito en la pizarra. Era
precisamente la persona que estaba hablando en aquél
momento, el Sr. John Mapland.
Al terminar la reunión fui hasta donde estaba el Sr. Mapland y
le enseñé el papel. Entonces él puso su brazo sobre mis
hombros y me dijo, “No te preocupes, Ed, aquí todos somos
amigos. Si necesitas ayuda, este es el lugar adecuado, la vas a
recibir.” Aquella noche comencé a vivir de nuevo, justo como
me había prometido el anciano chino. Pese a mi aspecto
desastrado todos fueron muy amables. Por primera vez en
mucho tiempo, alguien me escuchaba sin juzgarme ni
criticarme.
Desde entonces asistí a las reuniones de AA y con tiempo,
fuerza de voluntad y la gracia de Dios, dejé de beber. Fui
conociendo a las otras personas de la lista y ellos me
enseñaron y me inspiraron a vivir de nuevo, gracias a los
secretos de la Abundante Felicidad. Todos los secretos me
ayudaron de algún modo pero el que realmente me salvó la vida
fue… el poder de las relaciones.
– ¿Las relaciones? ¿A qué se refiere‘? – preguntó el joven.
– A las relaciones amorosas e incondicionales. Sin relaciones
la vida está vacía. Después de todo, la vida se hizo para que
fuese una celebración y, ¿no le parece que una fiesta en la que
sólo estuviera usted, no sería muy divertida?
El ser humano es una criatura social. Necesitamos hablar,
comunicarnos, sentirnos queridos y necesarios.
Todos nos necesitamos los unos a los otros. Incluso la Biblia lo
dice: “No es bueno que el hombre esté solo.”
Ahora, cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de cómo en
mi lucha por tener éxito en los negocios fui perdiendo a mi
familia y a mis amigos. Tal vez ese fue uno de los motivos que
me impulsaron a beber.
No sé mucho, pero sí sé que nunca hubiera sido capaz de
vencer mis problemas sin el apoyo y el amor de un grupo de
personas, que todas ellas entendían por lo que yo estaba
pasando y que me aceptaban por lo que yo era, ofreciéndome
su ayuda sin pedir nada a cambio. Algunas veces en la vida,
uno se encuentra en un agujero tan profundo que sencillamente
es imposible salir de él por sí mismo. En esos momentos es
cuando se necesita que alguien tire de uno hacia arriba.
El Sr. Hansen hizo una pequeña pausa.
79
– Si me preguntara usted qué lecciones he aprendido en la
vida, en el primer lugar de la lista estaría esta: la calidad de
nuestras vidas es la calidad de nuestras relaciones.
– ¿En qué sentido? – preguntó el joven.
– La felicidad surge, en primer lugar, de su relación con usted
mismo, pero luego, del amor y de la amistad que contengan sus
relaciones con los demás. ¿Qué placer puede uno obtener si se
ve obligado a hacerlo todo solo?
– Es cierto – dijo el joven –, el año pasado fui solo de
vacaciones a las islas Seychelles y, aunque resultó maravilloso,
faltó algo. No fue lo mismo que si hubiera tenido alguien con
quien compartir todo.
– Exactamente – dijo el Sr. Hansen –, el hecho de tener al
lado a otras personas a quienes se aprecia, hace que las
experiencias buenas sean todavía mejores pero también hace
que los momentos difíciles sean menos duros. ¿No ha notado
usted que automáticamente se siente mejor después de haber
contado a alguien sus problemas? Posiblemente no le den
ningún consejo ni ningún tipo de ayuda tangible y usted siga
con sus problemas, pero de algún modo, no se sentirá ya tan
mal.
El joven asintió. En muchas ocasiones había comentado sus
problemas a un amigo sintiéndose después mucho mejor.
– Pero algo de lo que tal vez no se haya dado usted cuenta –
continuó el Sr. Hansen –, es de que tendemos a sentir más
ansiedad, más preocupación y a deprimirnos y sentirnos más
infelices cuando mantenemos nuestros problemas para
nosotros mismos. Si nos guardamos los problemas para
nosotros solos es muy posible que los veamos cada vez más
grandes hasta que finalmente nos sintamos abrumados e
impotentes ante ellos. El viejo dicho de que “dos cabezas son
mejor que una” es totalmente cierto, no porque se dispone del
doble de capacidad mental para aplicarla a la solución del
problema, sino que por el simple hecho de compartir un
problema, nos quedamos ya sólo con la mitad de él. Como dijo
Lord Byron:
Todo lo que trae alegría debe compartirse, la felicidad nació
gemela.
Al joven le parecía todo bastante lógico. El siempre se había
guardado sus problemas para sí. Aunque tenía una familia y
buenos amigos, muy raramente trataba sus problemas con
80
ellos. La verdad es que nunca le había resultado fácil
desarrollar una relación.
– Todo eso está muy bien y lo entiendo perfectamente – dijo
el joven, – pero a algunas personas les resulta más difícil que a
otras relacionarse con los demás.
– Si usted encuentra difícil relacionarse, la vida le será difícil
– dijo el Sr. Hansen.
– Sí – aceptó el joven –, pero siempre he sido un poco
solitario. Nunca me fue fácil hacer amigos ni desarrollar
relaciones estrechas.
– ¿No ha oído usted nunca la frase: “El pasado no es el
futuro”?
– No.
– Quiere decir que, sólo porque algo ocurrió ayer, no tiene
por qué volver a ocurrir otra vez mañana. El hecho de que usted
haya tenido problemas con sus relaciones en el pasado no
significa que va a tener el mismo problema en el futuro. Quizás
en el pasado simplemente siguió usted un camino equivocado.
– ¿A qué se refiere? – preguntó el joven.
– ¿Qué es lo que hace que alguien le caiga bien o mal?
– No lo sé. Algunas veces congenio con una persona y otras
no.
– Vamos a verlo de otro modo. ¿Se siente usted mejor con
alguien que al hablar lo mira a los ojos o con alguien que evita
el contacto visual?
– Con quien me mira a los ojos.
– Bien. ¿Se siente usted mejor con quien le da la mano de un
modo firme o con quien le tiende una mano que parece un pez
muerto?
– Con quien da la mano de un modo firme.
– Por supuesto. ¿Prefiere usted a quienes sólo hablan de sí
mismos o a quienes también se interesan por los asuntos de
usted?
– Prefiero a quien también se interesa por mí pero, ¿no es
todo eso demasiado evidente?
– Tiene usted razón – dijo el Sr. Hansen –, es evidente pero,
¿hace usted conscientemente todas estas cosas cada vez que
conoce a alguien? Le sorprendería descubrir cuanta gente hay
que no lo hace, y luego se preguntan por qué les resulta tan
difícil establecer relaciones con los demás.
El joven miró a lo lejos durante un momento.
– Tiene usted razón. Si quiere que le sea sincero, creo que
nunca había pensado en ello.
81
– Y si queremos seguir manteniendo a los amigos tenemos
que aprender a aceptarlos por lo que son, sin centramos en lo
que consideremos sus defectos. En lugar de ello deberemos
enfocamos en sus cualidades positivas o admirables. Cuando
cometan algún error debemos estar dispuestos a perdonarlos,
al igual que nos gustaría que ellos nos perdonaran a nosotros.
– Sí – dijo el joven –, la semana pasada mantuve con alguien
una larga charla sobre el perdón.
– El perdón es muy importante para ser feliz – dijo el Sr.
Hansen –, porque sin él terminaríamos solos y amargados.
Cuando valoramos nuestras relaciones, automáticamente
tratamos a la gente de un modo distinto. Y cuando tratamos a
los demás bien, ellos tienden también a tratarnos bien.
– Pero a pesar de todo, las relaciones no siempre son fáciles,
¿o sí? – preguntó el joven. En toda relación surgen problemas y
desacuerdos.
– Por supuesto que sí. Pero yo descubrí una sencilla técnica
que me ayuda mucho en todo lo referente a mis relaciones.
– ¿Qué técnica es ésa? – preguntó el joven.
– Intento tratar a todo el mundo como si fuera la última vez
que los voy a ver. ¿Se imagina usted cómo serían las
relaciones con sus amigos, con sus compañeros de trabajo, con
la familia o incluso con los desconocidos, si usted los tratara
como si fuera la última vez que los ve?
El joven movió la cabeza.
– No estoy muy de acuerdo, – dijo.
– ¿Cómo se comportaría con su esposa o con su novia, si
fuera la última vez que la va a ver? ¿La dejaría ir sin besarla o
abrazarla?
– No.
– ¿Le diría “adiós” sin antes hacer las paces sobre alguna
disputa pendiente?
– No.
– ¿La dejaría ir sin decirle todo lo que significa para usted?
– No.
– Y en lo que respecta a sus compañeros de trabajo, amigos
y otros miembros de la familia, si usted supiera que no los va a
ver más, ¿no intentaría que el tiempo que está con ellos fuera lo
más memorable posible? ¿No haría todo lo que estuviera en su
mano para evitar que le guardaran algún resentimiento o
rencor?
El joven asintió. Las palabras del Sr. Hansen habían hecho
vibrar en su interior una cuerda muy tensa. Trajeron a su
memoria la última vez que vio a su madre. Era un caluroso día
82
de verano y ella se iba de vacaciones al extranjero. El tenía
mucha prisa pues unos amigos lo estaban esperando para jugar
al tenis, de modo que la besó rápidamente en la mejilla. No
sabía que nunca más la volvería a ver y esa fue su despedida
final. Desde entonces había pensado muchas veces en ello. Era
el momento de su vida que más lamentaba y así sería para
siempre. Ahora sabía cómo evitar el mismo error con otras
personas a quienes apreciaba y quería. Era muy sencillo. Como
le dijo el Sr. Hansen: “Trátelos como si nunca más los volviera a
ver.”
– Muchas personas – dijo el Sr. Hansen –, simplemente no
valoran sus relaciones. Yo, entre mi familia y mi trabajo elegí el
trabajo, y de este modo los perdí a ambos. Otros eligieron el
dinero y las posesiones en lugar de sus relaciones personales.
Le sorprendería saber cuantos hermanos, hermanas, padres y
hijos están deseando abalanzarse sobre el dinero. Sacrifican
sus relaciones más cercanas y sin darse cuenta, también su
felicidad.
Por la noche, el joven resumió las notas que había tomado
aquel día.
El noveno secreto de la Abundante Felicidad es: el poder
de las relaciones.
La calidad de mi vida es la calidad de mis relaciones.
Nadie es una isla. Todos necesitamos relacionarnos con los
demás.
Las relaciones estrechas hacen que los buenos tiempos sean
mejores y que los malos sean menos difíciles. Toda alegría
compartida se multiplica por dos, sin embargo al compartir un
problema éste se reduce a la mitad.
Trata a todos aquellos con quienes te encuentres como si
fuera la última vez que los vas a ver.
El Décimo Secreto
EL PODER DE LA FE
Pasó una semana antes de que el joven pudiera entrevistarse
con la siguiente persona de su lista. Durante ese tiempo tuvo
oportunidad de repasar y practicar algunas de las cosas que
había aprendido. Hizo de la felicidad una prioridad y trató
83
siempre de buscar los aspectos positivos de las situaciones
difíciles. Comenzó también a utilizar el poder de su cuerpo,
haciendo ejercicio con asiduidad y cuidando su dieta.
El secreto de vivir el momento le resultó muy práctico en el
trabajo. Se dio cuenta de que avanzaba más. Hacía más trabajo
que antes y mucho mejor. Además, con mucha menos tensión y
menos preocupaciones. Incluso su jefe se dio cuenta de que la
productividad del joven había aumentado y alabó sus esfuerzos.
Cada día repetía afirmaciones positivas como ayuda para
mejorar la imagen de sí mismo y también se hacía preguntas de
poder cada mañana. Ahora se sentía mucho más entusiasta,
con más ganas de enfrentarse a los retos del día.
Había ya utilizado la técnica de la mecedora, estableciendo
las metas para toda su vida y también otras a más corto plazo.
Las tenía escritas y las leía tres veces cada día para que se
fueran imprimiendo en su mente. Se dio cuenta de que al tener
cosas que conseguir y por las que luchar su energía y su
entusiasmo eran mucho mayores.
También comenzó a tomarse a sí mismo mucho menos
seriamente y a buscar conscientemente el aspecto gracioso de
cualquier suceso, especialmente de las situaciones estresantes.
Al mismo tiempo se aseguró de tratar a todos como si fuera la
última vez que los fuera a ver, de este modo, se halló
tratándolos con mucha mayor consideración que antes y ellos a
su vez lo trataron a él del mismo modo. No dejó pasar la
oportunidad de hacer saber a quienes le rodeaban – amigos,
familia y compañeros de trabajo – cuanto los apreciaba.
Una de las cosas importantes que el joven descubrió fue que
al buscar la forma de ayudar a los demás estaba difundiendo
felicidad y al mismo tiempo la recibía. Se dio cuenta de que se
sentía bien al hacer que otros sonrieran. La sensación de estar
haciendo la vida de otra persona más agradable es muy
agradable.
Por la noche adoptó la costumbre de perdonar a todos los
que durante el día lo hubieran molestado. De este modo nunca
más se durmió con sentimientos de amargura ni resentimiento.
No había la menor duda de que tenía mucha más energía,
más entusiasmo y era más feliz de lo que nunca había sido. Ya
no tenía duda de que los secretos de la Abundante Felicidad
realmente funcionaban.
Se estaba preguntando a sí mismo, qué más le podría
enseñar la décima persona de la lista. ¿Qué le faltaba todavía
por aprender?
84
La Srta. June Henderson vivía en un pequeño apartamento
de los suburbios, a unos kilómetros del centro de la ciudad. Era
una mujer bonita, de unos cuarenta años, delgada, con cabello
largo de color caoba y grandes ojos verdes.
– Entonces, ¿ha conocido usted al anciano chino?
– Sí, hace unas semanas. Apareció justo cuando se me había
averiado el coche.
– Es asombroso, ¿verdad’? Cuando uno menos se lo espera,
ocurre algo maravilloso.
– Sí. Supongo que sí – dijo el joven.
– Es lo que se llama el principio de la hora once. ¿Ha oído
usted hablar de él?
– No – contestó el joven negando con la cabeza.
– Se trata simplemente de que al igual que la noche es
generalmente más fría y más obscura cuando ya va a
amanecer, muchas veces ocurre algo espectacular en el
momento en el que las cosas parecen más negras.
El anciano chino siempre aparece en la hora once.
– Supongo que así es – dijo el joven.
– Cuando yo lo conocí, era muy desgraciada.
– ¿Por qué? – preguntó el joven.
– Hacía un mes que había muerto mi madre. Lo recuerdo
todavía como si hubiese ocurrido ayer.
– Lo siento – dijo el joven.
– Yo tenía entonces 21 años y acabada de terminar mis
estudios. El impacto que para mí tuvo su muerte fue terrible. Mi
madre, pese a fumar mucho, siempre había disfrutado de muy
buena salud, pero tarde o temprano eso se paga. Murió
repentinamente, de un infarto, estando de vacaciones.
Un día estaba yo sentada en la terraza pensando en ella. No
sé el tiempo que llevaría allí cuando de pronto sentí que no
estaba sola. En el balcón del apartamento vecino había un
anciano chino, nuestros ojos se encontraron y él me sonrió y me
dijo “¡Hola!” Seguidamente empezamos a hablar. Todo fue muy
raro. Nunca antes lo había visto pero me sentía como si nos
conociéramos de mucho tiempo atrás.
El joven recordó que también él se había sentido muy bien
contándole al anciano detalles íntimos de su vida, a los pocos
minutos de conocerlo.
– El anciano era muy sabio y muy amable – siguió la Srta.
Henderson –, parecía saber lo que me ocurría y fue él mismo
quien trajo a la conversación el tema de la muerte. Me dijo que
en su país la muerte es un motivo de celebración, no de pena.
85
– ¿Cómo puede ser un motivo de celebración el hecho de
perder a un ser querido? – preguntó el joven.
– Esa misma pregunta le hice yo – dijo la Srta. Henderson –,
y entonces él me explicó la regla de oro de la felicidad.
– Oh Sí. También me la dijo a mí – recordó el joven.
“Nuestros sentimientos dependen de nuestras actitudes y
nuestras creencias, no de las circunstancias externas.”
– Exactamente – dijo la Srta. Henderson sonriendo. El
anciano me explicó que en su país se cree que la vida
comienza mucho antes de nuestro nacimiento. Este mundo es
simplemente como una escuela, a la que venimos a aprender
ciertas cosas y de la que nos vamos cuando ya estamos listos.
De este modo, cuando alguien muere, su alma continúa el viaje.
Todas las grandes religiones comparten la creencia de que,
aunque el cuerpo muera, el espíritu sigue viviendo y que en otro
tiempo y otro lugar nos encontraremos otra vez con nuestros
seres queridos. Incluso la Biblia describe a la muerte como un
“sueño” del que un día despertaremos.
La Srta. Henderson señaló una placa que colgaba de la
pared, a un lado del joven.
– Encontré esas palabras en un cementerio, grabadas en la
losa de un tumba que tenía más de 300 años. La placa decía:
“Existe la antigua creencia
de que en algún solemne lugar
más allá de la esfera del pesar
los seres queridos se reunirán de nuevo.”
– Para quien crea que la muerte es una separación completa
y definitiva, la pérdida de un ser querido debe ser horrible. Sin
embargo si pensamos que es tan sólo una separación temporal,
y que el alma sigue viviendo, no es ya tan dramático.
– Pero aunque se trate tan sólo de una separación temporal,
no definitiva, cualquier separación es triste ¿no cree usted? –
preguntó el joven.
– Sí, incluso una separación temporal puede ser muy triste –
asintió la Srta. Henderson – aunque en algunas religiones
orientales se alegran cuando alguien muere pues creen que el
alma del ser querido ha regresado finalmente a su verdadero
hogar, que ha ido a un nivel más elevado de aprendizaje. Pero
aquel día, el hecho de hablar con el anciano chino hizo mucho
más que ayudarme a soportar mi pena, me hizo reconsiderar
todas mis creencias.
– ¿En qué sentido? – preguntó el joven.
86
– Tal vez no lo crea pero yo era una persona que se
preocupaba por todo. A los doce años ya me preocupaba el
hecho de que ¡un día tendría que morir! ¿Se imagina‘? Me
preocupaba por todo, por las cosas que había hecho o dicho,
por lo que tenía que hacer, por lo que había salido mal y por lo
que pudiera salir mal. Y si no tenía nada por lo que
preocuparme, me preocupaba pensando que ¡debería estar
preocupada por algo!
El joven la comprendía perfectamente. El mismo había
pasado la mayor parte de su vida preocupado por un asunto u
otro – las fechas en las que tenía que entregar un trabajo, las
facturas pendientes, la salud –, siempre temía que algo pudiera
no salir bien.
– Mientras estaba allí sentada, hablando con el anciano –
siguió la Srta. Henderson – me di cuenta de lo insignificantes
que eran la mayoría de las cosas por las que siempre me había
preocupado. Ante la muerte de la persona más cercana a mí,
todas las preocupaciones por las cuentas pendientes, la
hipoteca, los exámenes, el trabajo… todo se había vuelto
insignificante.
El anciano me habló de los secretos de la Abundante
Felicidad y debo decirle que esos secretos cambiaron
totalmente mi vida. Fueron una verdadera revelación. Nunca
antes había pensado que yo misma era el arquitecto de mi
felicidad o de mi desgracia. Por ejemplo, aprendí la importancia
que tienen mis actitudes y mis creencias, el efecto de mi cuerpo
sobre las emociones, el poder de una imagen propia fuerte, lo
necesario que es tener unas metas y tener sentido del humor y
aprendí a valorar cada día y a tratar de vivir en el momento
presente. Pero el secreto que yo más necesitaba y que por ello
tuvo un efecto más profundo sobre mi vida fue… el poder de la
fe.
– ¿La fe? – repitió el joven. ; Qué tiene que ver la fe con la
felicidad’?
– Simplemente para vivir, todos necesitamos una cierta
cantidad de fe, cuanto más para ser felices – respondió la Srta.
Henderson –, déjeme ponerle un ejemplo, ¿conduce usted?
– Sí.
– ¿Cómo sabe usted que puede estar tranquilo mientras va
en su coche?
– Lo llevé a pasar la revisión el mes pasado.
– ¿Cómo sabe usted que el mecánico hizo debidamente su
trabajo?
– No lo sé con seguridad pero…
87
– Es decir, que tiene usted fe en el mecánico. Y mientras va
conduciendo, ¿cómo puede estar seguro de que no va a tener
un accidente?
– Voy con todo cuidado – respondió el joven.
– Es decir, que tiene fe en su habilidad para conducir. Eso
está bien, pero es muy posible que los otros conductores no
sean tan cuidadosos, ¿no cree?
– Es posible – admitió el joven –, pero creo que la mayoría de
la gente conduce con cuidado.
– Es decir, que también tiene fe en los demás conductores.
¿Se da cuenta? Tan sólo para conducir un coche necesita usted
tener fe en la gente que construyó el vehículo y en quienes lo
han revisado, en los demás conductores que en ese momento
están en la carretera y en usted mismo. Imagínese cuánta más
fe tendrá que ser necesaria para vivir, si no queremos vivir
constantemente en la ansiedad y el miedo.
– Entiendo lo que quiere decir – respondió el joven.
– Pero hay una fe que es la que más necesitamos – dijo la
Srta. Henderson –, y es la fe en Dios, en un Poder Superior, en
la Fuerza Universal, no importa cómo le queramos llamar.
– ¿Me está usted diciendo que para ser felices necesitamos
tener fe en Dios?
– No digo que no se pueda ser feliz sin tener fe en Dios, pero
sí le aseguro que sin ella es muy difícil lograr una felicidad
duradera. La fe es la base de la Abundante Felicidad.
Imagínese dos personas que se construyen cada uno de ellos
una casa. Uno construye su casa sobre la roca y el otro sobre
arena. Mientras el tiempo es favorable ambos están felices con
sus casas, pero en cuanto llegó la tormenta la casa que había
sido construida sobre la arena se derrumbó. La fe es la roca
sobre la que se construye la felicidad duradera. La fe vence a
todas las adversidades y da esperanza y ánimo a aquellos que
la tienen.
William James escribió: “La fe es una de las fuerzas por las
que vive el hombre y la ausencia total de fe es sinónimo de
colapso.” Y Mahatma Gandhi dijo en una ocasión: “Sin fe, haría
ya mucho tiempo que me hubiera vuelto loco.” Sin fe en un
Poder Superior, la vida se convierte en un conjunto de dudas,
ansiedad y miedo. Diversos estudios psicológicos han
demostrado que la gente con una fe religiosa fuerte sufre
menos depresión, padece menos desórdenes relacionados con
el estress y soporta mucho mejor las desgracias. Déjeme
enseñarle esto.
88
Se levantó y tomó un libro de una estantería. Su titulo era El
hombre moderno en busca de un alma por el Dr. Carl Jung.
– Escuche lo que escribió Jung:
“Entre todos mis pacientes que se hallaban ya en la segunda
mitad de su vida, es decir, que habían superado los 35 años de
edad, no he hallado ni uno solo cuyo problema de fondo no
fuera encontrarle un sentido religioso a la vida. Puedo decir con
seguridad que todos ellos se pusieron enfermos porque
perdieron eso que las religiones de todas las épocas han dado
a sus seguidores, y ninguno de ellos se curó realmente sin
recuperar antes ese aspecto religioso.”
– Entiendo lo que usted me quiere decir, pero yo no estoy
seguro de que exista un Dios – dijo el joven.
La Srta. Henderson se quedó pensando un momento.
– Si yo le dijera que el barco QE2 se fue formando durante
millones de años, y que durante ese tiempo pequeños trozos de
metal, de plástico y de madera se fueron uniendo con una serie
de diferentes productos químicos usted pensaría que estoy
loca, ¿no?
– Sí, por supuesto.
– Porque usted comprende que el Qe2 fue diseñado y
construido, por lo cual alguien lo debió diseñar y construir, ¿no
es así?
– Sí – respondió el joven.
– Si estudia usted el cuerpo humano hallará un diseño mucho
más complejo que el del QE2. El transbordador espacial
Columbia consta de más de cinco millones de piezas, sin
embargo los componentes del cuerpo humano son más de un
billón. Los científicos no dejan de maravillarse ante el
funcionamiento de nuestro cuerpo y pese a todos los avances
tecnológicos, ni siquiera un ordenador del tamaño del edificio
del Empire State, sería comparable al cerebro humano. En toda
la Naturaleza no vemos más que un diseño y una perfección
increíbles.
– Si existe un Dios – preguntó el joven –, ¿por qué permite
que haya tanta desgracia en el mundo?
– Usted me dijo que hace unas semanas era desgraciado –
dijo la Srta. Henderson. ¿Por qué era usted desgraciado
entonces y ahora ya no lo es?
– Porque he aprendido los secretos de la Abundante
Felicidad – respondió el joven.
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– O sea, que es usted quien tiene el poder de crear su
propia felicidad. ¿Quién podría crear la felicidad de otro?
– Entiendo lo que quiere decir. Todos somos responsables de
nuestra propia felicidad.
– Por supuesto. Y si somos desgraciados, es a causa de
nuestros propios pensamientos y de nuestros propios actos. No
a causa de Dios. Para mí ésta ha sido la lección más
maravillosa que he aprendido de los secretos de la Abundante
Felicidad: sólo hay una persona que le puede hacer feliz o
desgraciado y esa persona es usted.
– Sí, supongo que así debe ser – asintió el joven.
– Finalmente, la fe es algo que tenemos que encontrar por
nosotros mismos. Pero yo creo firmemente que todo aquél que
busca la verdad, la encuentra. Y muchas veces, cuando más
confundidos nos sentimos ocurre algo que hace vibrar nuestra
alma. Un pequeño milagro, podríamos decir.
– ¿Como qué? – preguntó el joven.
– ¡Como encontrarse con un anciano chino!
Aquella noche el joven, antes de acostarse, leyó las notas
que había tomado.
El décimo secreto de la abundante Felicidad es: el poder
de la fe.
La fe es el fundamento de la Abundante Felicidad.
Sin fe no hay felicidad duradera.
La fe crea confianza, nos da paz mental y libera al alma de
las dudas, las preocupaciones, la ansiedad y el miedo.
90
EPILOGO
El joven sintió en su frente las primeras gotas de lluvia,
mientras caminaba hacia su coche. Unos minutos después la
tormenta descargaba toda su fuerza. Los truenos y los
relámpagos precedieron a una lluvia torrencial, que golpeaba
violentamente los cristales del coche. A su mente vino aquélla
otra tarde, poco más de un año atrás, en la que se encontró con
el anciano chino. Recordó lo desgraciado que aquél día se
había sentido y sonrió al imaginarse a sí mismo caminando de
vuelta hacia el coche, bajo el viento y la lluvia, sin pensar que
iba a conocer a un misterioso ser que cambiaría su vida para
siempre.
Desde entonces la vida del joven había cambiado de un
modo impresionante. Ahora tenía mucha más energía y era más
feliz de lo que nunca antes había soñado. Los demás también
se daban cuenta, pues sus ojos brillaban de un modo diferente,
su paso era más alegre y con mucha más frecuencia que antes,
en sus labios asomaba una sonrisa. Sin embargo seguía con el
mismo trabajo, tenía el mismo coche y se veía con los mismos
amigos de antes. Sólo una cosa había cambiado en su vida y
esa cosa era… él mismo.
La gente solía preguntarle por qué estaba siempre tan
animado. En tales ocasiones él les relataba su encuentro con el
anciano chino y su aprendizaje de los secretos de la Abundante
Felicidad. Siempre hallaba un gran placer en compartir con
otros lo que él había aprendido, pues sabía que ello tendría un
efecto positivo en sus vidas, al igual que lo había tenido en la
suya. En más de una ocasión le sugirieron que escribiera un
libro contando su historia.
De pronto oyó una fuerte explosión y de la parte delantera del
coche comenzó a salir un humo denso. El joven logró llevar el
vehículo a un lado de la carretera, luego salió y caminó dos
kilómetros y medio hasta el teléfono de ser-vicio más cercano.
Mientras volvía hacia el coche para esperar al mecánico no
pudo evitar sonreír para sus adentros. Sentía una gran emoción
al pensar que tal vez cuando llegase se encontraría al anciano
chino apoyado en su coche, esperándolo, como había ocurrido
un año atrás. Estaba ilusionado y ansioso por agradecerle al
anciano su ayuda y por contarle cómo los secretos de la
91
Abundante Felicidad habían cambiado su vida. Pero no pudo
ser, el anciano no estaba allí.
El joven dio la vuelta al coche y cuando iba a introducir la
llave en la cerradura algo le llamó la atención: en el suelo había
un objeto de un color amarillo brillante. Se agacho para
recogerlo y con gran sorpresa vio que se trataba de… ¡una
gorra de beisbol!
Ya sentado en el interior, mientras esperaba al mecánico un
pensamiento le vino a la mente. Tomó un lápiz, abrió su
cuaderno de notas y se puso a escribir: “Todo comenzó una fría
y húmeda tarde del mes de Octubre…”
INDICE
Introducción…………………………………………………….. 3
La avería…………………………………………………………. 5
El encuentro……………………………………………………..7
Primer secreto: el poder de la actitud…………………… 16
Segundo secreto: el poder del cuerpo…………………… 27
Tercer secreto: el poder del momento………………….. 38
Cuarto secreto: el poder de la propia imagen………… 46
Quinto secreto: el poder de las metas………………….. 56
Sexto secreto: el poder del humor………………………. 63
Séptimo secreto: el poder del perdón………………….. 70
Octavo secreto: el poder del dar…………………………. 77
Noveno secreto: el poder de las relaciones…………… 84
Décimo secreto: el poder de la fe……………………….. 91
Epílogo……………………………………….. …………………99

Mi buen amor

Letra:

Hay amores que se esfuman con los años
Hay amores que su llama sigue viva
Los inciertos que son rosa y son espina
Y hay amores de los buenos como tu
Hay amores que se siembran y florecen
Hay amores que terminan en sequia
Los que traen desengaños en la vida
Y hay amores de los buenos como tu

Mi amor, mi buen amor, mi delirio
No prentendas que te olvide así no mas
Que tu amor fue mar cuando sediento
Me arrime a tu puerto a descansar
Que tu amor, amor solo el que un da
En tu pecho vida mia, me dio la felicidad
Hay amores que nos llevan al abismo
Hay amores que jamas se nos olvidan
Los que dan toda ternura y fantasia

Son amores de los buenos como tu
Mi amor, mi buen amor, mi delirio
No pretendas que sea poco mi penar
Que tu amor fue luz de pleno dia
Cuando todo era oscuridad
Que tu amor, amor solo el que un dia
En tu pecho, vida mia… me dio la felicidad …

En tu pecho, vida mia… me dio la felicidad …

Realidad vs. Realidad

(Pantalla grande)

Michael Green: Mi mujer es una alcohólica, la mejor persona que he conocido. Tiene 600 clases distintas de sonrisas…, todas te iluminan la vida. Pueden hacerte reir a carcajadas. Así, sin más. Pueden hacerte incluso llorar. Así, sin más. Y eso sólo sus sonrisas. Tendriais que ver con sus hijas. Tendriais que ver como las niñas la miran, cuando no se da cuenta.Pienso en todas las cosas de la vida por las que ha pasado, y yo no pude ayudarla.
Alice Green: A lo mejor, ayudarla no era tu trabajo.
Michael Green: Bueno, no lo era. Mira, yo la amo. Y lo he intentado todo, excepto escuchar, escuchar de verdad, y  así es como la dejé sola. Me sentía tan avergonzado de ello y jamás pude decírselo. A lo mejor si de lo digo ella me amará de todos modos.
Alice Green: O más. Ella podría amarte aún más. Creo que deberías decirle todo eso a tu mujer.

———————————————————————————————————————————————–

Este es un buen ejemplo de lo importante que és saber escuchar. Vivimos con personas a las que amamos y no nos paramos a escucharlas, de verdad. Damos por sentado tantas cosas, vamos con el piloto automático…y no nos damos cuenta de cuanto necesitan ser escuchadas las personas que queremos.

Invito a todo el mundo, a escuchar. No sólo oigas sus palabras. Activa tu parte frontal del cerebro e intenta entender lo que te dicen. No las interrumpas. No las dejes plantada con la palabra en la boca. No cambies de conversación, cuando te sientas incómodo. Apaga la Tv, la radio y concéntrate en ellas. Si quieren hablar es porque realmente te necesitan. Demuestra que las quieres, escuchándolas desde lo más profundo de tu ser.

Paul: ¿Ha estado alguna vez en la guerra?

Alberto: (Receloso) ¿Por qué?

Paul: Porque durante cuatro años es todo lo que he estado haciendo. Luchar. Manteniéndome encerrado en mí mismo para evitar sentir algo. Pensé que quizás…

Alberto: ¿De qué demonios estás hablando?

Paul: De su hija. Lo impresionante que es…su vitalidad. Toda mi vida he soñado por conseguir ese tipo de amor que su hija intenta darle a usted. Daría mi vida por lo que usted tiene…pero cuando veo que tan sólo escupe sobre él, la manera que trata ese…regalo de Dios…No puedo entender por qué tiene que controlarla. ¿Por qué no puede tan sólo quererla? Es tan facil querer…

Alberto: ¡Tú no sabes nada sobre mi hija! ¡Me oyes! ¡Nada!

Paul: Sé que es buena. Y fuerte. Y se merece todo el amor de este mundo… ¿No se da cuenta? ¿Está tan ciego como para no darse cuenta de lo maravillosa y especial que es?

Alberto: ¿Ves estas tierras…estos viñeros? Esto son 365 días de trabajo. ¿Por quién piensas que hago esto? ¡Por ellos!

¡Todos ellos! ¡Amo, a mi familia!

Paul: Debería decírselo.

————————————————————————————————————————————————-

Esta escena de “Un paseo por las nubes”, me recuerda tanto a mi vida. Una vida encerrado. Una vida sin transmitir lo que pienso y siento. Un poco como el señor Alberto. Igual que yo, sé que hay mucha gente. ¿ Tan difícil es decir a las personas que queremos, que amamos, lo que sentimos? Sea bueno o malo. Estoy rompiendo con eso. Ha sido necesario un cataclismo en mi vida. Pero grácias a él me he dado cuenta de que no quiero ser más esa persona. Así que soy lo más transparente que puedo ofrecer. Expreso mis verdaderos sentimientos. A veces, es dificil, son años de ser otro. Pero si continuo por este camino…mi vida seguirá igual. Y seré otro señor Alberto, incapaz de decir o mostrar lo que siente y cuando lo siente. Creemos que mostrar afecto ya és suficiente y NO lo és.

Invito a todo el mundo, a ser transparente. Responder con honestidad a lo que nos pregunten. Decir lo que sentimos. Ser nosotros y no un reflejo de nosotros.

Hoy, es tu santo!

” Quien crea que su propia vida y la de sus semejantes está privada de significado no es sólo infeliz, sino que apenas es capaz de vivir.” (Albert Einstein)

No puedo decir que mi vida esté llena de significado en este momento. Pero sí que se la encuentro a la tuya. El significado de tu vida es el mejor de los dones. Ayudarnos y enseñarnos a amarnos y a vivir.

Felicidades!

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