Era importante para mí llegar a tiempo. Y pagar las dos visitas.
Mi visita era a las 5 de la tarde del martes. El tren llegó a las 2 de la tarde. Y yo tenía hambre. Me acerqué donde Julian tiene la consulta y busqué un bar donde tomar algo caliente. Mientras me comía el bocadillo observé como el camarero y una mujer tenian algo especial. Eso que yo tenia, olvidé y tengo por la mujer que amo. La heché de menos.
Me sentía bién y aliviado. El dolor que sentía dentro de mí había mermado gracias a unas palabras de Julian, en su libro. En su primer libro, igual que en todos habla del miedo. Pero en concreto lo que me alivió fué ver que yo no puedo controlar lo que pueda sentir nadie por mí. Durante el viaje, mi mente me machacaba constantemente con pensamientos sobre que siente la mujer que amo por mi, que encontrará otra persona que amar, que cuanto más tiempo pase más posibilidades hay de que alguien aparezca en su vida…y cosas por el estilo. Sé que mi mente es mi peor enemiga. Y que esta enferma.
Gracias a Julian y sus libros, veo como de intoxicado estoy y he estado. En su libro “Sin miedo al miedo” describe como el miedo nos paraliza. El miedo es la base de muchos temores “no reales” que se anclan en nuestras vidas. Y estoy de acuerdo, en cada una de sus palabras.
Recuerdo como toda mi vida ha sido marcada por el miedo a no ser querido. Se ancló de tal manera en mi vida que me olvidé de quererme y de querer a los demás. Sé que mi familia me queria y quiere, y que la mujer que amo, me ama y amará siempre aunque sea en la distancia, si así ella lo prefiere. Pero mis complejos, el deseo de gustar a los demás, el deseo de ser inteligente, y algunos más, eran puro miedo como sentimos la mayoría de las personas. Un miedo básico al rechazo. Tal como dice Julian, en el libro: “Vivir con miedo es la peor manera que conozco de vivir y la mejor manera de ser muy infeliz teniendolo todo para ser muy feliz. El miedo es la enfermedad de la infelicidad y la infelicidad la enfermedad de nuestros dias”.
Segun Julian, hay dos miedos virtuales que són el embrión de todos los miedos que sufrimos a lo largo de nuestra vida: el miedo al fracaso y el miedo al rechazo. En mi vida he sentido muchas veces esas dos pandemias, dentro de mí. Es hora de decir, basta ya! Ahora puedo ver el fracaso y el rechazo, como son. El fracaso es algo que alguien le puso etiqueta un dia y yo me lo creí. Pues ahora sé que no soy un fracasado, ni porque no trabaje, tenga poco dinero, no tenga mujer e hijos…etc. Fracasado es solo aquel que deje que dicha raíz brote en su consciencia. No es la mejor época de mi vida. Y he cometido muchos errores, en ella. Pero tampoco sabía lo que estoy aprendiendo a cada día que pasa. Y valoro cada enseñanza que me regale la vida. He sido y soy muy afortunado por tener a mi alrederor gente que se preocupa por mi y quiere. He disfrutado cada instante, tanto bueno como malo, con la mujer de mi vida. Alguien se entregó en cuerpo, mente y alma a mi porque me amaba. Todo esto y más, no me hacen sentir como un fracasado sino más bien como una persona muy,muy afortunada.
También pude ver los ojos del rechazo. Cuando era pequeño me acuerdo como escondía la barriga para gustar a las chicas. Más reciente, muchas mañanas sentía ese temor cuando miraba a sus ojos perdidos en sus pensamientos. Sentia rechazo cuando veía que no tenía amigos. No tenía porque yo no hacía paso por tenerlos, pero me sentía rechazado de la sociedad. Cuando discutía algun punto de vista y alguien no veía las cosas como las veía, me sentia rechazado. Incluso a veces saber que no era correcto lo que decía, pensaba o hacía producían rechazo de mi mismo. Después de todo mi viaje, lo que siento ahora no es rechazo. El rechazo nos distancia de la confianza. Y aunque es un proceso lento, duro, y con altibajos cada día confío más en mi vida, en mi corazón y en el amor. En esta visita me fijé que Julian, no tiene recepcionista y le solicité el puesto de trabajo. Sé que es algo que me habría gustado hacer. Él se negó por ser mi terapeuta y porque siente la necesidad de trabajar solo un tiempo, lo entendí perfectamente y donde antes habría habido una huella de rechazo, solo había la huella de la comprensión.
Me pidió que hablase sobre nuestro distanciamiento, me sorprendió en un primer instante porque la anterior visita me dijo que hablariamos de mi pasado. Pero no sé por qué sabía que había la posibilidad que no fuese así. Y después de la sorpresa inicial, llegó la aceptación.
Le hablé de todo el recorrido existido entre nosotros. Le hablé de la gran mujer que és y como nos conocimos. Y de como luchó por dar un poco de luz a este pobre idiota. Como era de madura y yo de inmaduro. Le hablé de como se sacrificó varias ocasiones y de mi falta de confianza. A lo que llegamos al punto del que habla en su libro y me alivió: la confianza.
Muchas personas tienen su eje en el control, yo entre una. Cuando algo se desestabiliza, se vienen abajo porque su vida esta basado en el control. Yo vivía con ese control: Soy joven y tenía que trabajar. Debía cuidar de mi madre, aunque sacrificase mi vida en ello. Tenía que tener el máximo dinero posible porque se supone que da la felicidad. Y aunque no los tenía, debía tener amigos con quien salir de marcha y pasarmelo bien, porque eso se supone que tenia que tener: fiesta. Cuando ella llegó a Quito, y vi que la situación no era como creía que iba a suceder, quise controlar la situación.
Pero hay algo que a la gran mayoria se nos olvida o no somos conscientes, y es que la vida no es control. Y que cuanto más deseamos controlar algo o a alguien, más daño nos hacemos. La vida, tal como me decían, es más simple.
Por último Julian, me pidió que le hiciese un ejercicio para la semana que viene. Un listado de mis miedos, ahora. Lo haré Julian, pero te puedo adelantar ya uno, no volver a andar a su lado.